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De Dublín para el mundo: Fontaines D.C. recorre el camino del héroe punk

Hablamos con Conor Curley, guitarrista de la banda irlandesa, sobre su nuevo álbum A Hero’s Death
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De izquierda a derecha: Carlos O’Connell, Tom Coll, Grian Chatten, Conor Curley, Conor Deegan.

Fotografía por Daniel Topete

La pandemia agarró al mundo con los pantalones abajo, pero a algunos más acomodados que otros; o al menos esa es la visión desde Bogotá después de unos meses. Conor Curley, guitarrista de Fontaines D.C., contesta desde su celular y parece que está en una cabaña con techo de paja. “La señal acá no es muy buena”, dice con sus gafas de sol y una camiseta azul de rayas horizontales. “Espera un segundo, voy a cambiarme de lugar que acá la red molesta”.

Cuando sale, un solazo deja blanca la pantalla. “Estoy en Tulum”, añade con los pies en la arena. “Estaba en Irlanda, pero terminé en México porque no pude entrar a Estados Unidos. Quería ver a mi novia, entonces nos encontramos acá. Seguramente volveré a Irlanda, pero es que no nos veíamos desde hace tres meses”.

A la mitad de la primera pregunta se traba la imagen y se cae la llamada. Cuando Conor regresa está adentro y sentado. Mientras le repito lo que le estaba diciendo, se quita las gafas, agarra una cerveza dorada y se echa un sorbo. Afuera de la ventana, en Bogotá, el cielo está nublado. Esto fue lo que hablamos.

Cómo fue la transición entre Dogrel y A Hero’s Death, porque el año pasado estuvieron bien ocupados con el lanzamiento del disco y promocionándolo, ¿cuándo grabaron este álbum?

Tuvimos tiempo para grabar, lo que sí fue muy limitado fue el tiempo para escribir. Pero creo que eso nos benefició porque cuando estábamos de gira, llegábamos a casa y estábamos súper motivados para escribir, pero también hacerlo en el tour era algo que nos conectaba a lo que dejábamos atrás, lo único que era familiar. La grabación fue muy parecida a la anterior. Hicimos dos sesiones con Dan Carey (Hot Chip, The Kills, Bat for Lashes, Black Midi), quien también produjo Dogrel.

Leí que el título del disco, A Hero’s Death, está inspirado en una obra de Brendan Behan. ¿Cómo se relacionan el álbum, la canción con el mismo nombre y esta obra de Brehan?

Vienen de una obra de Behan que se llama The Hostage, que es una historia representativa que sucede durante la Rebelión Irlandesa, cuando se formó la idea de la independencia de Irlanda. Entonces habla del ideal republicano y hay un personaje que dice, “Todos están buscando la muerte de un héroe”. De ahí salió la canción.

Después, cuando hablábamos del álbum, A Hero’s Death funcionaba muy bien porque es nuestro segundo disco, entonces es chistoso referirse a la muerte de un héroe. Supongo que de algún modo eso influyó en el disco porque decíamos que no queríamos hacer una segunda parte de Dogrel, que seguramente dejaría contenta a mucha gente, pero eso no nos haría crecer como compositores o artistas.

Ahora que dices que no querían grabar un segundo capítulo Dogrel, hay algunas canciones que son diferentes a lo que sonó en ese disco, como Oh Such a Spring o Sunny. ¿Tenían una idea musical antes de entrar a grabar o fue algo que se dio naturalmente en el estudio?

Sunny es de las canciones grandes del disco y la hicimos pensando en los Beach Boys. Supongo que estábamos en ese estado de ánimo. El resto de los temas, o la mayoría, vienen de unir otras cosas que nos inspiran. Por ejemplo, hay una influencia muy grande de Rowland S. Howard, que fue guitarrista de The Birthday Party, y que después tuvo su carrera solista. Tiene un sonido en la guitarra muy surf, pero también con un toque western o vaquero. Él fue una gran influencia en las canciones más guitarreras, como Love Is The Main Thing o Televised Mind.

Me acuerdo que en Dogrel la última canción es Dublin City Sky, y A Hero’s Death abre con I Don’t Belong. También es muy común de las bandas irlandesas agarren una canción tradicional y la reinventen con su sonido. ¿Cómo es la relación de ustedes con su país y con Dublín?

Nuestra relación con Irlanda es algo rara. Pasamos dos años sin estar en Dublín, pero hablábamos todo el tiempo sobre estar ahí. Me siento raro en Dublín, parece que es un lugar que ya ni conozco. Pero volver a casa y estar en la ciudad, cuando no hay turistas, es genial, porque es una ciudad muy pequeña. Viéndolo desde lejos, desde México, me parece que es un lugar con mucha riqueza y le tengo mucho cariño, pero a medida que pasa el tiempo me siento cada vez más extraño allá. 

También es que viajamos mucho, entonces creo de ahí viene un aire nómada que se siente en el álbum, de no tener un lugar fijo en tu vida, un lugar al cual aferrarte. Por un lado eso puede ser muy liberador, pero al mismo te das cuenta que de pronto te alejas demasiado. En un momento estás por allá en la playa, y puede pasar una corriente, no te das cuenta y te sigues yendo.

Con el éxito que tuvo Dogrel, ¿sentían alguna presión adicional mientras escribían o grababan A Hero’s Death?

Sí, éramos muy conscientes de sentir esa presión, y al tener eso en la cabeza, entre los cinco nos ayudábamos para mantener la calma. Pero entendimos que Dogrel tuvo una recepción muy buena porque todos fuimos muy honestos en nuestra forma de escribir canciones, entonces teníamos que seguir haciendo eso. En lugar de darle gusto a la gente que le gustó Dogrel, preferimos ser sinceros con nosotros mismos. Si una canción pasa los estándares de los cinco, tiene que ser buena.

En es ese sentido fue algo muy interno, seguimos siendo nuestros propios críticos. Porque antes no recibíamos críticas. Cuando lanzamos Dogrel fue que la gente empezó a hablar de nuestra música. Lo que queremos es repetir esa misma sensación.

Con las giras de los últimos años, la grabación de Dogrel, el éxito, las entrevistas ¿qué has aprendido de la industria de la música o de la vida del artista, que antes no conocías o que no esperabas?

Me parece que algo positivo ha sido que en la vida de un músico como yo, puedes tocar en lugares para 2.000 personas en todo el mundo. El estilo de vida que viene con eso es bastante humilde, no creo que sea como en los 80 o en los 90, cuando compraban jets privados y todas esas cosas.

Pienso que por el streaming y esas plataformas, ese lado de la música desapareció. Pero me parece que es algo bueno. Más allá del arte maravilloso que hicieron, no creo que merezcan un jet privado, nadie lo merece. Uno debería poder hacer su arte y tener lo suficiente para vivir con sencillez, pero no tener mucho dinero, eso arruina tu arte. Eso me sorprendió.

También es un trabajo más. Es trabajo. El cliché de “no es como lo imaginas, es una puta locura”, no es tan cierto. Estamos en una van por tres meses con las mismas cinco personas, yendo de una ciudad a otra, todo el tiempo los mismos. Claro, es una aventura, pero viene con el trabajo, aunque vale la pena.

¿Qué tan extraño es lanzar un álbum nuevo en medio de esta pandemia mundial?

A mí me parece genial, me gusta que lo hayamos hecho. Menos mal no nos hicieron esperar un año para volver a conseguir conciertos. Es mejor lanzarlo ya porque lo vamos a recordar para siempre, “¿Se acuerdan cuando lanzamos un disco y no lo pudimos promocionar?”. Es muy salvaje como todo tiene que adaptarse.

La industria de la música también ha tenido que acostumbrarse. Es un poco chistoso. Ahora hacemos estas entrevistas con el computador o los celulares, y desde hace rato pudimos hacerlo, pero viajábamos a hacer esto mismo en persona. ¿Son cambios que llegan para quedarse? No sé, pero es interesante ver cómo se adapta la industria, y ojalá los artistas y los grupos no pierdan mucho dinero como para dejar de tocar. Deberíamos apoyar más a las bandas, sobre todo las que tienen mensajes importantes.

¿Recuerdas el último concierto en el que tocaste?

Sí, fue en el Brixton Academy en Londres, que es el show más grande que hemos hecho. Es una locura pensarlo. No te puedo describir las sensaciones que tenía en la semana previa al concierto, y después tocar en un lugar tan grande, tan conocido. De algún modo es perfecto que ese haya sido el último toque. Pero me hace mucha falta el escenario, estoy inquieto por volver.

¿Y te acuerdos el último concierto al que fuiste como público?

De hecho no. [Se queda pensando un buen tiempo]. No me acuerdo, a comienzos del año no fui a muchos porque andábamos tocando. [Sigue pensando, mira hacia arriba y se toma un sorbo de cerveza]. ¡Ya! Creo que este fue el último, el toque de un amigo. Fui DJ en el evento de una banda que se llama Native Sun, de Nueva York.

Acá nos llegan cosas de escenas de Londres o Nueva York, pero no mucho de Dublín. ¿Qué pasa con la música y el rock allá?

Me parece que hay bandas muy buenas, tal vez sea algo como la tormenta perfecta. Mi generación, gente de 25 o 26 años, venimos de la crisis económica a comienzos de los 2000 y crecimos con malas noticias en radio y televisión, un ambiente medio triste con problemas en la economía. Y cuando te crían con la idea de tener que apretarte el cinturón, de no gastar mucho, porque nosotros no es que tengamos mucha plata, se crea muy buena música.

De ahí salen bandas como Just Mustard y The Murder Capital. Se está haciendo música muy buena. Hay otra banda que me encantaría que la gente escuchara más, se llama Altered Hours, son de la ciudad de Cork y son músicos increíbles.

Para cerrar, ¿cuál es el mensaje que te gustaría que se quedara en la gente después de escuchar A Hero’s Death?

El mensaje, especialmente para las personas en Colombia, es que cuando se acabe todo esto vamos a ir y hacer un concierto. Mientras tanto, aguanten. Y no den nada por sentado. Pásenla bien.