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Del garaje a la escena, el hardcore bogotano a través de Ataque en Contra

Cristian Chaves, guitarrista de la banda, repasó el hardcore de los 90 en Bogotá y nos contó en qué consiste el próximo disco del grupo
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Ataque en Contra y el aguante hardcore.

Neo Sebas Fotografía

“A nosotros todo nos tocaba muy guerreado”, recuerda Cristian Chaves, guitarrista de Ataque en Contra, la banda de hardcore que lleva más de 20 años manteniendo este estilo de vida. El grupo nació en 1995, cuando solo había una tienda en Bogotá donde se encontraban discos del género: Antífona. En los otros locales musicales, como las casetas de la 19, había más punk y metal, aunque a veces se colaba algún álbum.

En ese entonces, la referencia era Nueva York con agrupaciones como Sick of It All, Agnostic Front y Minor Threat, que estaban llenando a la juventud neoyorkina con breakdowns desde mediados de los 80 y fomentando el “hazlo tú mismo”. En Colombia, los fanáticos de este tipo de música se enteraban de lanzamientos a través de fanzines o el voz a voz.

La mayoría de los integrantes de Ataque vivían en Normandía. Ahí ensayaban, escuchaban música y compartían esta pasión. “El garaje de nuestra casa era gigante. En los cumpleaños, el de mi hermano (Maycol, vocalista) y el mío, hacíamos conciertos”, cuenta Cristian. Llegaban con sus amplificadores, montaban la batería y “se armaban unos despelotes los hijueputas”. Él tenía unos 15 años cuando empezaron a hacer estos toques.

Las cinco bandas que rotaban en el garaje de la familia Chaves organizaron su primera presentación en El Fuerte. “Un roto el hijueputa”, dice Cristian, “era más bien un vivero que adaptaron para un sitio de rock”. Tocaron Exigencia, Realidad Interna, De Frente, Ataque en Contra y Pitbull.

Pero pasar de El Fuerte a bares para consolidar una escena no fue fácil. Todo era autogestionado y muchos lugares ni tenían dónde poner una batería o un sistema de sonido que aguantara un toque. Ellos mismos creaban sus afiches, iban a una tienda al lado de la Universidad Jorge Tadeo donde los fotocopiaban, hacían el grudo y a empapelar las paredes.

“Nos tocó vivir la experiencia de armar una escena”, confiesa Cristian. “Hoy la tienen muy fácil. Un pelado en su computador hace un cartel, lanza una promoción y se le fatigó el dedo derecho”.

El metal y el punk tenían cientos de seguidores, y estaban creciendo los diferentes grupos de skinheads. Entre esos tres movimientos, el hardcore empujaba por hacerse un hueco. Aunque era complicado. A un concierto podían llegar los punks a sabotear la presentación. ¿Qué quedaba por hacer? Defenderse a puños.

Pero la pelea daba sus frutos. Los toques crecían y las puertas de más lugares se iban abriendo. El Auditorio Macondo fue un sitio fundamental. La dueña era novia de uno de los miembros de Exigencia, había tarima, un sonido suficientemente bueno y un precio razonable. Entre 1997 y 1998 ya convocaban a 200 personas para romperse a punta de guitarras. En esos toques se empezaron a formar bandas nuevas como Opresor y Lealtad a la Crew. Influenciados por la movida estadounidense, también organizaron conciertos los domingos, al estilo Sunday Matinee.

En esos toques había una sensación de permanencia y pertenencia. En la era digital, muchas cosas se van con un soplido. “El arte en sí es efímero, pero hay cosas que perduran más que otras, movimientos que perduran más que otros”, explica Cristian. “Sobre todo porque el hardcore no es solamente un estilo musical, también un estilo de vida”.

Agrupaciones como Minor Threat apoyaban la ideología straight edge, que busca impulsar una vida libre de drogas y alcohol, representada por las “X”. De ahí las siglas del New York Hardcore escritas NxYxHxC. Hasta el día de hoy es una mentalidad que se mantiene. El hardcore ha trascendido el espectro musical como género, para convertirse en un lente el cual miles de personas usan para proyectarse ante la sociedad.

“Invita a la autoreflexión, siempre. Porque no es una doctrina”, comenta Cristian. “Te deja pensar lo que querás y por eso hay muchas vertientes. El straight edge, el happy hardcore, los tough guys, hace poco empezó el beatdown. Al final es incluyente, valora la individualidad del ser y cada quien lo apropia a su manera, no hay una biblia”.

Es tan amplio que en Bogotá hubo una banda con ideología de ultraderecha que se llamaba Sin Salida. Juan Carlos Melo, quien estuvo en agrupaciones como Fátima y Resplandor, le contó a la revista Shock que Stalin, integrante de este grupo, “Organizó a los primeros grupos fascistas con un movimiento llamado GRAE (Grupo Rapado Antiextranjeros)”. El autor del artículo, Fabián Páez López, añade que las letras del grupo defendían el paramilitarismo y la limpieza social. Unos años más tarde, aparecería un video en el que Raúl Hernández, líder de Sin Salida, dirigía una charla a la juventud neonazi.

Por su lado, Ataque en Contra comenzó con una ideología de izquierda. “Pero el hardcore está más allá de la política”, recuerda Chaves. “Ellos tenían letras de limpieza social y nosotros teníamos canciones contestatarias, dedicadas a la policía; lo contrario a eso… Cada persona debe tener la capacidad mental de apropiar lo que le está diciendo alguien en una tarima”.

Unos años después, los temas políticos dominarían la escena, lo cual llevaría a una ruptura en el hardcore bogotano. Los fanáticos y las bandas se dividieron ideológicamente. “Es exactamente de lo que no se trata”, reflexiona el guitarrista, aclarando que Ataque en Contra no era parte de esa polarización. “No es crear una rivalidad, es absolutamente incluyente. Pero se dio eso y estaba la noción de que, a los que nos gustaba el New York Hardcore, éramos fachos. El que no era político, facho. Y la vuelta no era así”.

En 1998 salió el compilado Sudamerica Hardcore, hecho por el sello argentino Pinhead. Ahí estaba Notoken representando a Ecuador, Self Conviction a Brasil, Indiferencia de Argentina y, desde Colombia, Ataque en Contra. Se mostró que en nuestro país existía una escena. Un año después se publicó otra recopilación, Hardcore Reality: Colombia en tu cara. Ahí aparecían las bandas más representativas que gracias a Dirección Positiva, que trabajaba de la mano de Pinhead en Colombia, pudieron grabar sus álbumes.

La escena se vivía en la calle y el voz a voz seguía siendo fundamental. Tocaba rebuscarse los discos. Los pedidos por Internet no funcionaban bien; a veces llegaban otros álbumes y en otras ocasiones los compradores terminaban tumbados. Por eso los compilados seguían siendo fundamentales para saber lo que estaba sucediendo.

Un nuevo golpe vino con Rock al Parque. “Nos presentamos, pasamos, tocamos y esa mierda fue el estallido”, confiesa Cristian al hablar de ese concierto en 2001. “Eso trajo un montón de punketos, metaleros y skaters que no nos habían escuchado. Mostró que había una escena, que el hardcore no era solo de Estados Unidos… Pasamos de conciertos de 200 personas a tener de 500”.

Desde entonces, la escena hardcore ha crecido pero se ha descentralizado. Un combo de amigos comenzó con toques en el garaje de los Chaves. Eso fue creciendo hasta los conciertos en Macondo o La Mama. En ese punto, todos eran del mismo parche. Lo que sucede ahora es que hay diferentes grupos esparcidos por Bogotá. Al final, de eso es de lo que se trata: De la diversidad de sonidos, de pensamientos, de acordes y de toques.

Una de las características de Ataque, y que es un reflejo de esto, es su cercanía al hip-hop. En Fuerza y fe hay una referencia a Fuck Tha Police de N.W.A., aunque esa conexión es más evidente en la colaboración con NeckBreakerz, Una sola línea, en la que se mezclan los beats y las rimas del rap, con las guitarras y los gritos del hardcore.

El grupo también está influenciado por la sinceridad de la salsa. El video de Todavía en pie comienza con un sample de Hacha y machete de Héctor Lavoe. “Nosotros no crecimos escuchando solamente hardcore, que era un género aspiracional”, revela Cristian. “Acá teníamos rap y salsa. Nuestros cuchos tenían colecciones de discos brutales y eso era lo que oíamos en la casa. Es imposible no sentirse influenciado por un género musical en el que, al final, habla de lo mismo. Hay muchas letras de salsa que son muy parecidas a las de hardcore”,

Los temas sociales y políticos que cantan los músicos de salsa, son el mismo espíritu que Ataque en Contra quiere mantener en sus letras; compartir la impotencia de un país lleno de problemas que en cualquier momento puede implotar. La rabia de ver a políticos hacer lo que se les da la gana sin tener consecuencias mientras el resto de la sociedad se rompe el lomo por salir adelante.

Más de dos décadas después, los integrantes de la banda se han dado cuenta de que lanzar 20 madrazos en unas pocas canciones no entrega el mensaje. Es una evolución, en palabras del guitarrista, “de lo visceral, a lo intelectual”. Ya no es únicamente una denuncia o una crítica, sino animar al público a que haga algo, y en su próximo álbum ese es un punto muy importante.

El grupo ya ha publicado unos cuantos adelantos del disco. El código, un homenaje al hardcore en el que aseguran que, más allá de la nueva escuela o la vieja escuela, “la intención es lo que cuenta”; Traficantes de fe, una crítica a los políticos latinoamericanos; y Fango, un cover de La Pestilencia.

“Estamos contando el cuento de acuerdo a cómo vivimos, desde una óptica de personas de clase media que están luchando por salir adelante en un país que no brinda oportunidades”, concluye Cristian. “Pero también tiene muchos matices de hermandad. Al final, de hardcore”.