fbpx

Divino Niño, una experiencia mística más no religiosa

La música de esta banda colombo-estadounidense es un viaje por todos los sentidos.
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Los artistas que han influenciado el sonido de Divino Niño van desde los Beatles y los Beach Boys, hasta Roberto Carlos y Jeanette.

Ash Dye

Cuando Camilo Medina me contó que no fue sino hasta los 20 años cuando escuchó a los Beatles por primera vez, yo, siendo hija de un ‘beatlemaníaco’, no lo podía creer. “Cuando estaba en la universidad acá en Chicago, un amigo me preguntó si no los había escuchado entonces me puso el Álbum Blanco, el Sgt. Pepper, todos”, dice antes de tararear Hey Jude, la única canción de la que tenía algo de conocimiento.

Él es el vocalista de Divino Niño, una banda de dream pop psicodélico conformada por Camilo, Javier Forero, Pierce Codina, Guillermo Rodriguez y Justin Vittori, que tiene raíces colombianas pero que está ubicada en Estados Unidos. El cantante la conformó con Javier, a quien conoce desde que estaban en primaria aquí en el país, pero por azares de la vida se alejaron y tal como una línea argumental un tanto cliché, se reencontraron en Miami unos cuantos años después. “Él era super hip hop y yo era super punk. Éramos muy diferentes pero a los dos nos gustaba la música y nos volvimos a hacer amigos”, recuerda el cantante.

Al preguntarle el porqué del nombre del grupo me contesta, “Nació como un chiste, no tiene nada que ver con el Divino Niño”. Está más relacionado a un asunto familiar pues su madre solía darle una figura del Niño Jesús cuando abordaban algún avión, “Me decía: ‘si lo coges, no se cae’”. Le parecía curioso y le causaba gracia la manera en la que las personas de Chicago pronunciaban estas dos palabras (algo como “Divinou ninio”), así que decidieron bautizarla así.

En medio del aislamiento, Divino Niño se ha ido reuniendo para crear lo que será su segundo (o cuarto) trabajo discográfico.

Su sonido característico se debe en gran parte a la influencia que tuvieron de los Beatles. “Javier y yo queríamos sonar igual a ellos. Todo lo que no se escuchaba así era música mala”, pero con el paso del tiempo fueron expandiendo sus gustos y explorando sonidos de cada década, incluyendo dubstep y grindcore.

Pero otra cosa que caracteriza a Divino Niño, es la inusual combinación entre el español y el inglés, “Cuando recién llegué aquí, empecé a tocar música por Blink 182 y solo quería hacer canciones de punk en inglés. La música en español me parecía super cursi”. Sin embargo, como una especie de traición a ese espíritu de adolescente rebelde, hace algunos años le comenzaron a gustar las baladas y se dio cuenta de que existía una forma de cantar en este idioma. Aunque dice que la fusión entre las lenguas surgió más espontáneamente al unir fragmentos de letras inconclusas que tenían la misma onda.

El año pasado la banda lanzó Foam, su tercer trabajo discográfico que ellos consideran como si fuera el primero dado que se sintieron más ajenos a su álbum debut, Pool Jealousy, y a la recopilación de demos, The Shady Sexyfornia Tapes. “Fue la primera vez en la que nos sentamos a grabar 10 canciones que nos gustaran, para presentarlas en una gira”, menciona Camilo.

Actualmente, se encuentran trabajando en su próximo disco que esperan sacar el próximo año. Hace poco publicaron el primer sencillo, Made Up My Mind, el cual terminaron estando confinados en una cabaña poco antes de que estallara la crisis mundial.

La canción suena diferente a todo lo que ha hecho Divino Niño en el pasado. Al darse cuenta de que sus acordes no suelen ser muy complejos, invitaron al músico Sen Morimoto para que tocara ese saxofón que le añade ese toque hipnótico de jazz. No por nada es la favorita de Camilo, para él tiene una narrativa como de película, “Me gusta la música así”.

 Camilo asegura que su próximo lanzamiento será distinto. En sus letras ya han hablado de las diferentes etapas del amor de modo que ahora desean explorar las “tinieblas” que esconde cada ser humano. Dice que sonará “super loco”, y no lo dudo pues escuchar su música, ver sus videos y admirar el arte de las portadas es una experiencia mediada por la sinestesia que nos embarca en un viaje psicodélico, que simplemente da ganas de seguirle la pista a lo que Divino Niño tiene por mostrarle al mundo.