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Drake busca el amor en todas partes, menos en sí mismo para Certified Lover Boy

El último álbum del rapero consigue vencer a enemigos reales e imaginarios, pero ¿A qué costo?
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El intérprete se apega cada vez más a su imagen de hombre romántico en un disco que lo despoja de su estatus de ‘fuckboy’.
Republic Records

Drake

Certified Lover Boy

Desde hace poco más de un año, Drake mantiene un diseño en forma de corazón en la parte delantera de su cabeza. Ha lucido este peinado tan impenitente con el vigor de un actor metódico que no está dispuesto a abandonar su personaje. En las redes sociales, el músico de 34 años aparece en varias fotos con el adorno caricaturesco colocado sobre su cabeza como un personaje de los Looney Toons. Se trata de un esfuerzo de relaciones públicas del rapero para su sexto álbum de estudio, Certified Lover Boy, que salió a la venta la semana pasada. La portada del LP, diseñada por el artista británico Damien Hirst, presenta una docena de emojis de mujeres embarazadas, naturalmente en una variedad de tonalidades étnicas. 

Sin embargo, las canciones del disco no inspiran nada de la ligereza que sugieren el corte de pelo de Drake y la portada del álbum. A excepción de la extraña y superflua Way 2 Sexy, que cuenta con un vídeo musical repleto de animación al estilo de los años noventa, el músico se muestra más melancólico en todo el álbum. Su enfoque, como sugiere el título, es el amor. Pero a lo largo de una lista de 21 canciones, que son una prueba de resistencia, parece estar tan fuera del alcance del cantante como en cualquier otro momento de su carrera. 

No obstante, ya estamos acostumbrados a esto. Para el enamorado desesperado es imposible alcanzar aquello que anhela. El personaje interpretado por Drake, un romántico sin remedio, despertó a la generación actual de músicos masculinos malhumorados. Incluso se podría argumentar que es el responsable del arquetipo de ‘Fuckboy’, tan agobiado por una experiencia singular con sus propias emociones, que toma decisiones imprudentes con los sentimientos de los demás. El arte de la portada del álbum bien podría hacer referencia a una parte importante de la población masculina existente. En la descripción del LP, Drake califica el disco como una “combinación de masculinidad tóxica y aceptación de la verdad que es inevitablemente desgarradora”. 

Y evidentemente, la ‘masculinidad tóxica’ es palpable en este proyecto. “Recuerdo que te dije que te echaba de menos/eso fue más bien un mensaje larguísimo”, rapea en Papi ‘s Home. Sin embargo, este es el mismo Drake que canturreaba “debería haberte puesto en un lugar donde nadie pudiera encontrarte” a una amante del pasado en Desires, un tema incluido en  su mixtape Dark Lane Demo Tapes. Hasta ahora, ha sido capaz de equilibrar lo que podría describirse caritativamente como una letra deprimente con una especie de patetismo cálido. La búsqueda, a lo largo de su obra, ha sido el amor verdadero. ¿Quién no puede identificarse con eso? 

El pleito público contra Kanye West, a quien el álbum le arroja uno que otro verso directa e indirectamente, parece haber afectado en gran parte su arte. La abultada lista de canciones del álbum se debe en parte a la cantidad de canciones que no sirven más que para airear las quejas entre celebridades millonarias. El tema Knife Talk, con la colaboración de 21 Savage y Project Pat, es útil, pero parece más bien una cara B de una de las listas de reproducción, recopilaciones y mixtapes de Drake. Lo mismo ocurre con la excesivamente dramática Love All, en la que Jay-Z lanza dardos agudos dirigidos a su antiguo colaborador Kanye. Tiene toda la intensidad de las discusiones escolares, pero con algo menos en juego. Parece que Kanye y Jay-Z ya no se llevan bien. Drake recluta al neoyorquino para un tema en el que dice algunos insultos codificados sobre Kanye y… !A quién le importa!

Este LP sufre de una sobrecarga de voces y armonías. No existe una razón lógica para que Drake y Kid Cudi colaboren en un tema en 2021, pero aún así podemos escucharlos juntos en IMY2, el cual curiosamente traduce You Only Live Twice (Solo Se Vive Dos Veces), una destilación perfecta de la química entre Rick Ross y el canadiense en una canción que los unió al gran Lil Wayne (junto a uno de sus mejores versos en años). En lugar de disfrutar de los triunfos de la composición, el intérprete intenta inútilmente igualar el gemido característico de Kid Cudi. Todo para demostrar aparentemente su influencia en la industria. 

Es una pena, ya que Certified Lover Boy podría haber sido el mejor disco de Drake. Sónicamente, es su oferta más impresionante hasta la fecha. Durante años, él y el productor Noah ‘40’ Shebib han construido una parrilla de sonidos que se unen maravillosamente aquí. La selección de muestras, desde la pista de apertura de The Gabriel Hardeman Delegation en Until I Found the Lord, a la muestra de Way 2 Sexy de Right Said Fred I’m Too Sexy, y la reconfiguración embriagadora de N 2 Deep del himno del rap de Houston Get Throwed, hacen que sean algunos de los ritmos más emocionantes sobre los que se está rapeando ahora mismo. La afinidad de Drake por la producción exuberante y espaciosa permite que brillen los momentos genuinamente convincentes del álbum. 

Por ejemplo, la desgarradora Pipe Down, en la que ‘Drizzy’ se acerca a lo que realmente le preocupa. La postura conflictiva, que vacila entre un soldado de corazón frío y un ser humano profundamente solitario y dolido, se desmorona, y el equipo de producción Working on Dying está ahí para atraparlo. “Escribir estos sentimientos, ha sido excesivo/No sé cuántos bolígrafos voy a necesitar para superarte”, canta Drake, consiguiendo impregnar un poco de introspección real en el disco. A esta canción le sigue la angelical Yebba’s Heartbreak, un interludio chispeante y lento en el que la cantante y compositora de West Memphis, ‘Yebba’, nos ofrece una balada llena de amor: “¿Cuánto mejor puedo demostrar mi amor por ti/que decir sí, sí, sí?”.

Antes de que las cosas se vuelvan demasiado reales, el canadiense cambia el juego con No Friends In The Industry, un ir y venir de rimas que sueltan al intérprete en un territorio osado, voleando vagas amenazas y promesas de retribución a todos y a nadie en particular. Por su parte, Drake está rapeando a un nuevo nivel a lo largo de CLB, y vale la pena señalar que, por muy soso que sea a estas alturas, estos son algunos de sus mejores versos, lo cual, quizás dependiendo de tu nivel de masculinidad tóxica, es algo bueno. 

El tramo de dos canciones entre Race My Mind y, posiblemente el mejor tema del álbum, Fountains (la cual cuenta con la participación del músico Nigeriano) brinda un brillo diferente al LP. En ambas composiciones el rapero encuentra un balance entre su cinismo y su corazón ensangrentado. En el primer tema, él y su extraña enemistad con los 40 se convierten en una especie de musa embriagadora. Casi a la mitad del track el campo de tempo característico del artista llega con ciertos indicios que delatan sus años de práctica para ello.

En Fountains, se nota la influencia afro-pop que hizo gran parte de la mejor música de Drake en la última década. Tems, una superestrella por derecho propio, lleva la canción a nuevas cotas emocionales: “No tengo nada que admirar, sabor seguro/Baby, anhelarte me haces sentir algo”, canta. Pese a todos los memes que el acento de África Occidental de Drizzy engendra en las redes sociales, la afectación vocal le obliga a sacar algo genuino. El hecho de que se necesite casi todo el disco para conseguir una muestra del admirablemente esforzado acento naija del canadiense es un crimen en sí mismo.

Es difícil saber qué impacto tuvo todo el asunto de Kanye en el producto final, pero uno se pregunta cómo habría sonado un Certified Lover Boy libre de controversias. En momentos como Fountains, Drake ofrece un agudo recordatorio de por qué es amado por tanta gente en todo el mundo. Si solo pudiera convencerse a sí mismo de ese hecho.