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Ebru Yildiz

El merengue incendiario de Vicente García

Con Candela, su nuevo álbum, el dominicano ha desafiado a su público y a la industria musical. Esta es una declaración de principios que es capaz de ponernos a bailar sin que nadie nos diga cuál es el ritmo a seguir.

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Cuando en septiembre del año pasado pudimos escuchar Loma de Cayenas poco antes de su lanzamiento, lo primero que se nos vino a la cabeza fue que difícilmente podía haber una canción más rebelde en el contexto de la música actual. Lanzar ese sencillo, un merengue dominicano grabado junto al gran Juan Luis Guerra, ante una industria sometida por la monocromía totalitaria de ‘lo urbano’, era un acto de valentía indiscutible. A simple vista podría entenderse como una canción bailable que apelaba a la nostalgia, pero en el fondo es mucho más que eso. Loma de Cayenas y Candela (el álbum de Vicente García que la contiene) son el reflejo de una férrea postura ante las tendencias y presiones de un sistema que lleva ya unos buenos años tratando de anular cualquier cosa que no se ajuste a las estéticas del trap y el reguetón.

La idea de reconsiderar una música bailable que no cabe en los cánones predominantes en las grandes disqueras ya era el anuncio de un acto desafiante. Especialmente si venía de un artista firmado por Sony Music. De esta forma asumimos la llegada de Loma de Cayenas: un merengue con espíritu punk que mandó al carajo las insistentes y aplastantes presiones de un mercado musical empobrecido, monotemático y desesperado.

“En primera instancia Candela se puede entender como el típico sabor caribeño y la típica sabrosura, pero en esencia tiene que ver con la intensidad caribeña, pero no solo pa’ la fiesta; pa’l sufrir, pa’l mal de amor”, dice Vicente García en un video en el que aparece hablando con Daniel Álvarez, de su equipo de management. “Se vive muy a flor de piel toda la parte de la pasión”. Esa pasión es evidente en cada corte del disco, y fue indispensable para sacar adelante un proyecto que no nació para darle gusto a las plataformas de streaming. Ya tenemos que soportar a demasiados artistas enfocados exclusivamente en eso, y que un tipo como Vicente se pare en la raya es algo que agradecemos con el corazón.

No importa si no llega al Número Uno, si no consigue esos extraños discos de oro o platino que siguen entregando a cambio de clicks porque ya casi nadie compra discos de verdad. Estas canciones no fueron hechas para durar tres meses codeándose con “el sencillo del viernes”, fueron creadas para la posteridad. Acá lo que importa es el arte por el arte. La música como manifestación sublime del sonido, como inspiración y reflejo de nuestras culturas, de nuestras raíces y emociones. La música como resultado del trabajo apasionado, artesanal y consagrado de hombres y mujeres que unen los sonidos de sus almas para abrirnos a nuevos horizontes, no para rogarnos por un like o una reproducción.

Vicente y Visitante El trabajo de estos años los ha llevado a convertirse en grandes amigos y a conformar una dupla creativa que debe seguir dando muy buenas sorpresas. Cortesía Trending Tropics
Vicente y Visitante El trabajo de estos años los ha llevado a convertirse en grandes amigos y a conformar una dupla creativa que debe seguir dando muy buenas sorpresas. Cortesía Trending Tropics

“Es Candela también por eso, es una queja… ¡mierda, no entiendo qué coño está pasando con la música ahora mismo! No entiendo hacia dónde quieren que yo vaya, no entiendo por qué quieren ponerme igual a todos, por qué quieren quitarme la esencia…”, confesaba Vicente en ese video, con una exaltación reprimida pero evidente.

El disco responde a una necesidad disruptiva que también encontró respuesta en Trending Tropics, el proyecto de García con Eduardo Cabra que reflexiona sobre nuestra adicción a la tecnología. “[Candela] Te jode, te quiere joder, el que quiera trabajar un plan de marketing para esto me odia, porque dice ‘no entiendo la mierda’, y yo lo sé. Perdón, y gracias”. Así de claro.


Entre Melodrama, su primer álbum como solista, y A la mar hubo un salto muy grande. En primer lugar porque pasaron unos cinco años entre disco y disco. En segundo lugar porque en Melodrama se siente la intención de experimentar con sonidos caribeños, pero “en aquel entonces era ‘mira cómo hago música tropical sin que te des cuenta’”, confiesa. De algún modo esa actitud era producto del miedo a involucrarse plenamente con un lenguaje musical que no conocía profundamente.

Ese primer disco nos hablaba del Caribe con acento de gringo. “En Melodrama estaba queriendo ser ‘Jack Johnson caribeño’”, afirma en una de las tantas charlas que sostuvimos durante el proceso de construcción de esta historia. Su primer disco se sentía impregnado por ese Caribe de Miami que no termina de cuajar. Sin embargo, para Eduardo, “desdeMelodrama ya estaba el virus de la búsqueda de un sonido particular, de una investigación que viene desde allá”.

El niño y el ídolo Un día, siendo apenas un niño, supo que J. L. Guerra estaba frente a su casa y llamó a un amigo desde un inalámbrico para que el artista saludara al incrédulo al otro lado de la línea. Cortesía Vicente García.
El niño y el ídolo Un día, siendo apenas un niño, supo que J. L. Guerra estaba frente a su casa y llamó a un amigo desde un inalámbrico para que el artista saludara al incrédulo al otro lado de la línea. Cortesía Vicente García.

Para A la mar se dio un paso gigantesco, que en parte tuvo que ver con la profunda investigación realizaba por Vicente de los sonidos y la cultura ancestral de la República Dominicana. “Mi mamá me decía, ‘¿en qué estás?, estás oyendo una música que tú nunca oías”, recuerda. “Era extraño, y también había como un personaje que me decía, ‘¿pero tú qué estás haciendo?’”. En A la mar tuvo la firme intención de mostrarse como alguien que miraba de frente a sus raíces. Ya se sabe que las disqueras no entendieron inicialmente esa intención, ellas hubieran querido 20 canciones parecidas a Te soñé, el exitoso sencillo que se viralizó gracias a un video de YouTube.

De cualquier modo, la industria que casi le cierra le puerta, posó a su lado para las fotos cuando recibió los tres Grammys Latinos de 2017 por un disco que casi no se publica. Y también estuvo a su lado durante el proceso de Candela para pedirle que repitiera la fórmula. Mucha gente pensó que lo más inteligente era hacer un disco igual, aplicando una lógica que funciona para el tenis más que para el arte: no cambie su juego cuando vaya ganando. Él no quería repetir la fórmula porque “eso se desliga de mi motor, que es la experimentación”.


Hace unos cuatro años, cuando Monsieur Periné se encontraba grabando su segundo disco, Caja de música, Vicente estuvo acompañando a la banda en el proceso de producción, y allí conoció a Eduardo Cabra, el Visitante de Calle 13, y la conexión musical entre ellos empezó a darse de forma muy natural.

Un día organizaron un encuentro antes de las sesiones, y Vicente le mostró algunos experimentos que estaba haciendo con recursos electrónicos y samples de folclor, cosas que luego ayudaron a dar forma a Trending Tropics. Desde ese momento nació entre ellos una gran amistad y un dialogo que se mantiene vivo gracias a una comunicación “casi telepática” en el estudio de grabación.

El disco de ese proyecto se fundamentaba en un concepto que ellos definieron como “música sin rostro en la época del selfie”. El hecho de no tener una cara al frente partía de la utilización de un robot que prestaba su pantalla a la imagen de artistas como Li Saumet, Pucho de Vetusta Morla, Canalón de Timbiquí, Ana Tijoux, Ziggy Marley e iLe (hermana de Visitante y Residente). Todo giraba en torno a reflexiones sobre el uso y el abuso de la tecnología y las dependencias que hemos desarrollado ante las redes sociales.

Otro de los grandes Pablo (hermano de Vicente), el pianista Ricardo Muñoz, Rubén Blades, Vicente y el percusionista Diego Cadavid, en el backstage de un show que abrieron para el panameño DESDE ARRIBA (EN EL SENTIDO DEL RELOJ): CORTESÍA TRENDING TROPICS; CORTESÍA VICENTE GARCÍA; PEACE MUSIC MANAGEMENT. en España. Cortesía Vicente García.
Otro de los grandes Pablo (hermano de Vicente), el pianista Ricardo Muñoz, Rubén Blades, Vicente y el percusionista Diego Cadavid, en el backstage de un show que abrieron para el panameño. Cortesía Vicente García.

Cuando ROLLING STONE presentó a Trending Tropics en sus páginas, Eduardo recordó que “Vicente y yo estamos trabajando juntos desde hace unos tres años. Un día, trabajando en el estudio, a mí se me ocurre hacer un proyecto que descentralizara el asunto del cantante principal; un proyecto de producción

en el que hagamos música, como un taller de producción en el que nosotros podamos tirar ideas y hacer temas con colaboraciones”.

Por su parte, Vicente aseguraba que “desde hace tiempo sentía ganas de trabajar otras cosas y sacarlas a la luz porque siempre he trabajado en mi casa con la música electrónica, con los samplers y las cajas de ritmos, pero nunca había tenido la oportunidad de llevarlo más allá. Cuando Eduardo me planteó el proyecto me gustó mucho la idea porque siempre me agrada la idea de la versatilidad en el arte”.

Sin caer en moralismos o juicios de valor, TT pone preguntas sobre la mesa, y cada uno es libre de soltar el celular para buscar en alguna parte las respuestas. “El cielo se pixeló / Todo se desconectó / Ahora en vez de los gorriones / Una bandada de drones / Por cadenas anunciaron / Que el futuro ha pasado”, cantan las voces de Canalón de Timbiquí en Alabao.

La banda se presentó a finales de enero en Bogotá, en el marco del Festival Centro, y la reseña de ROLLING STONE señalaba que “[Eduardo Cabra y Vicente García] ocupan los lados del escenario sin hacer mayores aspavientos; no necesitan atención, necesitan la libertad creativa que reciben al entregar el protagonismo a los demás. Cabra es quien se dirige al público, pero mantiene su lugar casi secundario, mientras García toca la guitarra, suelta samples y canta en unos cuantos temas. No es un retroceso, es un nuevo comienzo. Un punto de partida que deja importantes lecciones y merece ser visto por cientos de miles, aunque es claro que eso no obsesiona a sus protagonistas. El balance es la esencia de Trending Tropics porque se fundamenta en una contradicción que hace muy humana su música. Abordando temas trascendentales de nuestra existencia, fue capaz de poner bailar a cientos de personas con canciones como Dandy del CongoLa enfermedadThe farm o Elintelné, ese demencial sencillo que hace pensar en Jossie Esteban y La Patrulla 15 tomando esteroides”. El encabezado resaltaba el hecho de que habíamos visto otra posibilidad con una rara avis que en pleno Siglo XXI era capaz de prender la fiesta sin apelar a la estupidez.


Con el paso del tiempo, Vicente necesitó entrar a trabajar de lleno en su proyecto como solista, y no se detuvo tan pronto terminó el proceso de la banda. Trending Tropics dejó importantes lecciones y puntos de partida que se activaron para dar vida a Candela; fortaleció la comunicación al interior del equipo, y contribuyó a estructurar la ruta de un disco conceptual.

En Samaná, sobre la costa noroccidental de República Dominicana, empezaron a trabajar, y surgieron varias canciones del disco, a partir de la improvisación conjunta. “Para este disco yo quería auxiliarme de la banda”, dice García. “No quería ser el compositor que estaba ahí esperando una inspiración con una buena copa de vino. Teníamos todos los instrumentos en la sala de un lugar hermoso donde se veía el mar, nos levantábamos, oíamos dos horas discos de merengue haitiano, dominicano, música africana, y luego empezábamos a tocar”. A diferencia de sus discos anteriores como solista, para Candela no llegó con las canciones armadas. “Yo creo que esto tuvo mucho que ver con el proceso que viví con Eduardo de nunca parar, desde A la mar nunca hemos parado de trabajar en el estudio”.

A la sombra Con Trending Tropics Vicente García asume un papel secundario que le da mucha libertad sobre la tarima. Cortesía Vicente García.
A la sombra Con Trending Tropics Vicente García asume un papel secundario que le da mucha libertad sobre la tarima. Cortesía Vicente García.

El proceso de Candela tomó alrededor de 15 meses con un trabajo que no pudo ser constante por culpa de las giras, y Trending Tropics contribuyó arrastrando recursos electrónicos que se sumaron la idea de reemplazar algunos elementos característicos del merengue con teclados como el Roland Juno y el Farfisa, de una marca italiana de órganos que se hizo muy popular entre los sesenta y los ochenta. Este instrumento también fue fundamental en el concepto sonoro del álbum, sumándose a las guitarras y otros elementos, para ceñirse a lo que Vicente define como “descentralizar los vientos, la trompeta, trombón y saxofón, que son esenciales en el sonido del merengue, pero nosotros queríamos retar eso; no queremos ser una orquesta de merengue”.

Hay múltiples experimentos similares en los que los instrumentos tradicionales de un género son reemplazados por otros más modernos y prácticos a la hora de mover una gira internacional. Vicente recuerda a Fella Kuti, Antibalas o Los Pirañas de Mario Galeano, Eblis Álvarez y Pedro Ojeda. En nuestra conversación sale a flote también el nombre del maestro Rubén Blades, que en su momento quiso alejarse del sonido de la salsa que traía con Willie Colón, y trabajó el género a partir de teclados y violines, por ejemplo.

En el caso de García, era necesario escapar del imaginario del merengue dominicano y sus orquestas, así como escapar del personaje en que se había convertido con sus primeros discos como solista. Para él, su disco más reciente también heredó de TT la crudeza y la falta de concesiones ante nada que no sea el propio instinto: “Esa vaina de no tener un compromiso con nada, ni con nadie… ni siquiera con un público”.

Como es apenas lógico, para A la mar se editó solo una parte del material que estaba compuesto en ese momento, y por fuera se quedaron unas 20 canciones que siguen ahí. Lo fácil habría sido arreglarlas, grabarlas, y tener un disco que hiciera eco del éxito obtenido. “Si hago eso, no estoy haciendo lo mismo que en A la mar en términos de la intención real de proponer”. Ahí apareció la electrónica, que había sido clave en Trending Tropics, jugando en el contexto tropical para llevar los sonidos por otros terrenos. Visitante y el pianista Ricardo Muñoz, director de la banda de Vicente, fueron fundamentales en estos logros.


Candela exagera intencionalmente el apasionamiento que nos caracteriza como latinoamericanos, y esa dinámica se manifiesta en varios puntos del disco, especialmente en la secuencia compuesta por Detrás del horizonte y Murió con flores. [Antes de continuar, aclaremos que la expresión “murió con flores” se relaciona para los dominicanos con el final definitivo de algo que no tiene vuelta atrás] Acá encontramos una tremenda canción, que debería ser un sencillo exitoso en cualquier universo regido por la lógica; una melodía hermosa y pegajosa en la que la guitarra asume los patrones rítmicos para sostener unas estrofas muy sentidas: “No quiero pensar que esto murió con flores / Antes de que salga el sol / Yo me esconderé detrás del horizonte / Antes de perder tu amor / Yo me quedaré detrás del monte…”. Tan pronto termina la canción, entra Murió con flores, una especie de interludio, como los skits de un disco de rap, como la respuesta de un coro en el teatro griego, para que una voz femenina mezcle el humor con la crueldad, y responda implacablemente: “Murió, murió, murió con flores, ¡el cariño que te daba, negro, murió con flores!”.

Fotografía por Ebru Yildiz.
Fotografía por Ebru Yildiz.

EnCandela quiso explorar el merengue desde sus diferentes perspectivas sonoras, teniendo en cuenta que antes de la llegada del acordeón a la República Dominicana esta música utilizaba mucho los instrumentos de cuerda. Eso está presente a lo largo de todo el álbum, y las guitarras funkeras de La tambora y Sanbá pueden recordarnos por momentos la introducción de Woman del Callao, el poderoso clásico de Juan Luis Guerra.

En El reperpero Vicente encarna a un campesino que habla sobre cosechar la yuca o picar la caña, y tal vez no exista algo más rebelde que eso en el contexto de la música actual. Hoy lo que vemos son videoclips en los que se le canta –de forma ramplona e ingenua– al Rolex, el Lamborghini y la piscina de dólares que nunca tendremos, muchos de esos personajes tampoco los tienen (tu apellido no es Kardashian, bájate de esa nube), y terminan haciendo una apología a la cultura traqueta que supuestamente cuestionamos.

Un punto determinante que se evidencia cuando escuchamos Candela es que las voces juegan un papel fundamental, con armonías llenas de color y coros que potencian muchísimo cada canción. De manera consciente o inconsciente, es otro recurso con el que el disco se distancia de las tendencias sonoras más populares en la actualidad. Varios temas presentan coros de la tradición zulú que nos transportan a montañas que miran al mar. “Es una influencia directa de Graceland, de Paul Simon”, reconoce.

A lo largo de su vida en el colegio, Vicente siempre estuvo metido en el coro, y su pasión por el trabajo vocal lo convirtió en el comodín del grupo, el que conocía las partes correspondientes a cada voz. “La formación más constante que tuve, desde cuarto o tercero de primaria hasta que terminé, fue en el coro del colegio”, recuerda. “Para mí es la parte más divertida de grabar una canción. Cuando tú oyes esa armonía, para mí es como magia, no hay otra cosa más poderosa”.

La intención inicial era contar con el coro adventista de alguna iglesia haitiana, pero la situación política del país y las difíciles relaciones fronterizas entre República Dominicana y Haití lo hicieron muy difícil. Afortunadamente se encontró una buena solución al invitar a algunos cantantes surafricanos que trabajan para el montaje de The Lion King en Broadway.


En varios momentos del proceso de Candela las discusiones con la disquera estuvieron a punto de “engavetar” el disco. “El juego se trancó varias veces”, recuerda García. Evidentemente no se trataba de una manifestación de simple rebeldía; a nadie se le ocurre involucrar a Juan Luis Guerra en una canción para hacer una pataleta. Lo que pasa es que la industria no se siente responsable por el fomento, resguardo y difusión de valores culturales. No parece entender que, aunque el arte y el entretenimiento pueden convivir armónicamente cuando se afrontan con respeto e inteligencia, es absurdo poner a un artista serio en el papel de youtuber o recreador para ganar clicks y views.

“Todo el mundo trata de enganchar a la primera, y yo no”, dice Vicente. “Yo trato de que la gente se enganche en la cuarta o en la quinta”. Por eso el disco está lleno de guiños muy locales y expresiones de la República Dominicana de antaño, cosas que no se entienden fácilmente, pero permiten construir y mantener un lazo con una audiencia verdaderamente interesada en la música, no solo en la fiesta. “¿Qué tu prefieres? ¿Poner incómodo al escucha o repetir la misma mierda durante toda tu vida, haciendo las mismas canciones de cuando tenías 14 años? Yo prefiero ponerlo incómodo”, sentencia.

Y no es que haya algo en contra del reguetón y sus variantes, lo que pasa es que no puede ser lo único. Sería como si McDonald’s buscara (y lograra) que todos los restaurantes, incluyendo los de comida típica, metieran en su menú la Big Mac para ir desplazando a los demás platos de la carta. Es lo que estamos viendo, porque ya nadie se salva: vemos a artistas muy consolidados, con obras indispensables, tratando de revitalizar sus carreras al colaborar con estrellas de reguetón, como si algunas leyendas padecieran el síndrome de Peter Pan.

De hecho, Vicente asegura que ha hecho experimentos con productores del urbano, pero aclara que jamás las sacaría por sacarlas; eso atentaría contra su narrativa y su ética de trabajo. “Yo no estudié música, yo estudié Ingeniería Electrónica, y me identifico con los muchachos del barrio, que simplemente aprendieron a usar un software y le dieron pa’allá, yo vengo de ahí también”. El éxito de lo urbano no representa una amenaza, ni perturba su proceso creativo. “Lo que sí se mete es cuando vienen los científicos de la industria a decirme que lo que tengo que hacer es eso, ahí ya se jode la vaina, empieza a deshacerse el suelo, porque yo sí abogo para que todo pueda coexistir. ¿Si esos muchachos lo están haciendo tan bien, pa’qué tú quieres que yo vaya pa’allá? No me digas lo que tengo que hacer porque le estás quitando validez a mi trabajo y a lo que yo respiro día a día”. Y añade que si algún día le interesa lanzar algo de lo que hoy se entiende como ‘urbano’, lo hará recorriendo un camino desde la raíz, metiéndose en los orígenes jamaiquinos, el rocksteady, el dancehall y el dembow, buscando también a gente fundamental, como Tego Calderón. No haciendo canciones urbanas con bandas de pop adolescente.


Vicente no es un tipo que necesite el lujo y la atención desbordada del estrellato mainstream. No busca el Rolex, el Lamborghini o la piscina de dólares que ya mencionamos. No está hecho de esa madera, y entiende perfectamente que gran parte de esto es una fantasía, que seguramente su trabajo tiene sin cuidado a los vecinos del teatro lleno de fans.

Volando alto En agosto de 2018 García llenó dos veces el Teatro Colsubsidio de Bogotá con un espectáculo en el que presentó su música con la compañía de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Fotografía por Andrés Alvarado.
Volando alto En agosto de 2018 García llenó dos veces el Teatro Colsubsidio de Bogotá con un espectáculo en el que presentó su música con la compañía de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Fotografía por Andrés Alvarado.

“Yo llego de una gira, y lo que hago es lavar ropa, si la casa está sucia me pongo a barrer, a fregar”, confiesa, asegurando que el exceso de atención y cortesía llega a estresarlo. Esos séquitos de colaboradores que suelen rodear a los artistas le producen una gran incomodidad. “Mi equipo de trabajo es precisamente todo el que no sea así. Para mí una de las pesadillas más grandes es estar rodeado de gente que te da la razón siempre. Lo que parece un confort para uno, realmente te deprime. Yo quiero ser normal, díganme que me equivoco, mándenme al carajo. No me hablen en dos días”. La motivación no está en la sumisión de los demás. La motivación está en el arte.

El espíritu explorador de García hace que en nuestras conversaciones aparezcan con frecuencia artistas inquietos como Café Tacvba, David Byrne, Sting o Rubén Blades. El británico ha hecho discos muy rockeros, así como un álbum con Shaggy, o cosas tan particulares como Songs from the Labyrinth con las composiciones renacentistas de John Dowland, un artista de los siglos XVI y XVII. Por su parte, el panameño ha hecho world music (Mundo), salsa sin vientos son los Seis del Solar, e incluso grabó un disco (Nothing But the Truth) en el que participaron Lou Reed, Elvis Costello y el mismísimo Sting. En Vicente hay mucho de eso, basta oír A la mar y Trending Tropics para que las evidencia salgan a flote.

Antes de A la mar, la idea era hacer cuatro discos de cuatro géneros distintos, pero Cabra le dijo a Vicente, “no, loco, vamos a hacer un disco que tenga los cuatro géneros”. Esa idea de explorar muchísimos estilos ha estado siempre en la cabeza del dominicano, que tras el lanzamiento de Candelatiene en mente algunas exploraciones con el R&B, seguramente muy marcadas por la música de Stevie Wonder, uno de sus más grandes ídolos. Y la cosa no queda ahí; algún día sueña con grabar música para niños.

Eduardo Cabra se refiere a este tipo de artistas que evolucionan constantemente como personajes que enfocan su carrera como una maratón: “Eso está cabrón, son gente que no desaparece y siguen ahí, dándole. Vicente está corriendo esa maratón, y la va corriendo a buen paso”.

Tal vez las canciones de Candela no tengan de forma evidente la profundidad de Visa para un sueño o Plantación adentro, pero su propuesta estética las hace muy necesarias como testimonio de resistencia y honestidad, como prolongación de un valioso legado cultural. Cerrarles nuestros oídos sería como restringir la difusión de El abrazo de la serpiente o Roma por el simple hecho de que fueron creadas en la misma época de las 22 películas de Avengers.