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Jens Koch

¡Enciendan las alarmas!

La banda más exitosa y provocadora de Alemania lanzó un nuevo álbum después de diez años, e inmediatamente generó controversia. Rammstein polariza como nadie y está en boca de todo el mundo. ROLING STONE habló en exclusiva con ellos.

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No te acerques demasiado a Rammstein a menos que quieras quemarte. Ni siquiera en un sentido metafórico, ideológico o figurativo. El tema va más allá. Realmente podrías terminar con ampollas y quemaduras de tercer grado. En el peor de los casos, podría ocurrirte cuando el cantante Till Lindemann rostiza al teclista Flake Lorenz con un lanzallamas en Mein Teil, una canción que hace alusión al canibalismo. O, como en una caricatura de Tom y Jerry, si estás parado en el lugar equivocado cuando un géiser de fuego se dispara a través de la rejilla del suelo. Incluso si logras esquivar las chispas voladoras, aún podrías quemarte con una de las llamas que arrojan las alas de acero de Lindemann en Engel(Ángel). Durante su gira mundial Made in Germany en 2011 y 2012, la banda tenía calcomanías conmemorativas para los fans de las primeras filas de algunos shows. En ellas se podía leer: “Sobreviví en primera fila con Rammstein”.

¿Qué quiere decir el fuego? La verdad es que habla indistintamente. Se enciende, estalla y echa chispas. Representa una fuerza que se consume del todo y deja cenizas para que un Fénix renazca más adelante. Simboliza ideas épicas que arrastran las viejas certezas, buenas y malas, para abrirle un espacio a algo nuevo… y así sucesivamente. Pero, para ser honesto, después de una carrera internacional de 25 años de amores y odios, también es un símbolo que se ha utilizado en exceso. ¿Rammstein? Fuego. ¿Rammstein? ¡La banda pirotécnica! Música brutal y un espectáculo ardiente. Incluso el 3,7 % de la población mundial que nunca ha escuchado alguna de sus canciones lo sabe.

Dicho eso, (y esta es la primera teoría, por si no lo notaste) Rammstein – la banda de rock contemporáneo más exitosa, controvertida, simple y complicada de Alemania – hace música que no tiene nada que ver con el fuego. Se trata del riesgo de quemarse; una distinción que marca una delgada línea de suma importancia. Se trata del momento justo antes de la explosión o de la catástrofe, del último segundo en el que aún se podría evitar el desastre. Al menos la mayoría de las veces.

“No estamos tratando de sorprender a la gente”, dice Flake al final de esta entrevista. “El impacto paraliza. No produce una reacción. No queremos eso. Queremos provocar a la gente para que se mueva”. Pero retomaremos esto más adelante.

En todo caso, probablemente sea una buena idea reunirse con el sexteto en algún lugar donde el fuego esté prohibido. El escenario: un estudio fotográfico en Berlín-Tiergarten, un miércoles soleado, muy temprano en la mañana, durante la primavera de 2019. El motivo: su séptimo álbum de estudio, que lleva el nombre de la banda y fue lanzado después de una pausa de casi una década; una eternidad para un grupo. En el pasado, uno habría considerado esto como un regreso. Pero ya no se llama así, porque en el mundo del pop actual, casi todos aquellos que todavía están medianamente activos vuelven en algún momento.

En la puerta dice “Fotoshooting Lunik”. El nombre en clave les permite a los mensajeros saber a dónde llamar, pero mantiene alejados a los frenéticos Instagrammers. La entrevista es una oportunidad que no se presenta con frecuencia: Rammstein es famosa por ser reacia a hablar con la prensa. Aparte de la música y los conciertos, la banda se comunica con su público a través de sus propios documentales.

Las giras de promoción que solían hacer, donde habitualmente daban entrevistas, comenzaron a parecerles molestas después de un tiempo, me dice Flake mientras desayunamos. Es una lástima porque cuando tienen que hacerlo, y no hay escapatoria – como hoy – Rammstein es excelente explicando lo que hace.

En primer lugar aparece Paul Landers, el guitarrista que cofundó la banda precursora de Rammstein, Feeling B, en su adolescencia en Alemania Oriental, y el segundo miembro más viejo de la banda (54 años) después de Lindemann. De fondo suena música de Little Richard y Jerry Lee Lewis. El plato de Landers está lleno de carne picada, que combina con pan de centeno (knäckebröd ) –un vicio inofensivo que tiene–. Consume hasta un paquete al día de una variedad extra crujiente que importa de Suiza. “Me hubiera tatuado knäckebröd en la espalda”, dice, tirando migajas por todo el lugar. Afortunadamente, los demás están demasiado ocupados para escucharlo.

La primera pregunta es muy simple: Señor Rammstein, ¿qué ha estado haciendo todo este tiempo? “Nos tomamos un año libre de vez en cuando”, responde Landers. “Es para evitar enloquecernos, para vivir un poco. Cuando nos vimos después de tomar un descanso luego de la gira de nuestro último álbum, nos miramos y dijimos: ‘¡Tomémonos otro año!’”. La pausa les sentó bien, pero cuando se reunieron la segunda vez, comenzaron a aparecer tensiones. “Problemas interpersonales; había algunos puntos críticos. Por un tiempo, nos resultaba difícil estar juntos en una habitación. Hacer música es similar al sexo: uno tiene que llevarse bien para que funcione”. Así, se tomaron otro año hasta que todo el mundo estuviera realmente listo.

Para entonces era 2015, y ya era hora de sacar algo nuevo. “En privado, muchas veces pienso que no estaría mal dejar las cosas así”, Dice Landers. “Pero como banda, uno tiene una cierta responsabilidad. Todavía le debemos al mundo al menos un álbum. No podemos parar todavía”. No obstante, esta vez cambiaron todo lo que fuera posible. Eligieron un nuevo productor, dejando de lado al sueco Jacob Hellner, quien había dirigido todas las sesiones de la banda. Había un nuevo estudio, un nuevo enfoque: volver a lo básico, al viejo terreno común y a toda su razón de ser. Casi como los Beatles en 1969, cuando formaron un círculo de autoayuda para los ensayos de Get Back.

“Pero si estás en un bosque por primera vez, puede que a veces tomes el camino equivocado”, dice el guitarrista. “Es por eso que todo tardó años y fue tan agotador”.

El álbum, titulado Rammstein, suena como si la banda hubiera estado cavando profundamente en la oscuridad de la noche para encontrar sus raíces. Es una especie de catecismo, un recorrido relámpago por el paisaje sombrío del sexteto. Una carrera de obstáculos de sus temas más polémicos de los últimos 25 años. Algunos dirían que es misma melodía de siempre, que es Rammstein de lejos, que ya lo hemos escuchado todo. Pero el álbum es una destilación. Llega al fondo del asunto como nunca antes. Tiene todos los puntos esenciales, y estos cuelgan en un hilo rojo, como si se tratara de un tendedero en el infierno.

FLAKE LORENZ Teclado.
FLAKE LORENZ Teclado.

El nuevo álbum habla de la violencia mística dentro de la iglesia en Zeig Dich; de carne, dolor y belleza en Tattoo; del trauma infantil en Puppe; y de sexo en Sex. En resumidas cuentas, tiene un lenguaje transgresor. Cuenta con momentos que se debaten entre la percepción física y mental; esas interesantes constelaciones en las que un ser humano se convierte en un animal –durante periodos cortos o largos–, casi siempre con plena consciencia.

Parafraseando a Plautu: “El hombre es un lobo para el hombre”. En el álbum también aparecen temas que todavía no han sido tocados tan explícitamente por Rammstein en el pasado, como los sentimientos ambivalentes hacia su patria (en Deutschland) y la experiencia de crecer en Alemania Oriental (en Radio, una canción movida que sería el equivalente socialista de Radio GA-GA de Queen). Es un álbum conceptual, una autobiografía de dolor presente y recordado, genuino e imaginado. Porque al escuchar a Rammstein, uno tiene la sensación de que se han vuelto mejores evaluando y dominando su propia música con el pasar del tiempo, y también, que este es su mejor trabajo hasta la fecha.

El hecho de que mencionar del nombre de la banda cause reacciones violentas en mucha gente también es importante en la historia. Y, desde luego, el dilema no puede ser descartado tan fácilmente. Los antiguos debates dentro del universo del pop –como, por ejemplo, si la voz de Dylan es buena o no, y si Radiohead es aburrida o visionaria– tienden al menos a basarse en criterios estéticos que son relativamente específicos en la música. La sensación de malestar con Rammstein rápidamente adquiere una dimensión política que va mucho más allá del pop lúdico y las referencias musicales. Los críticos incluso los acusan de esconderse deliberadamente.

Sus contradictores objetan lo que consideran una actitud marcial por parte de la banda, unas inclinaciones machistas y una abierta tendencia (aunque ahora es menos evidente) por las imágenes totalitarias. Y es que una banda que se ocupa tan intensamente de la violencia y sus consecuencias – el miedo, la represión y el escapismo humano, y no de manera introspectiva, sino mediante gestos superlativos, afirmaciones subversivas, un sonido ensordecedor, exorcismo, parodia y un extraño bricolaje–, corre el riesgo de generar malentendidos como estos, y juega con la posibilidad de ser equiparada con el papel que está interpretando.

“Rammstein no desvirtúa la ideología totalitaria con una distancia irónica”, dijo el neomarxista Slavoj Žižek hace diez años, en su defensa, en un artículo muy leído de Die Zeit. “Lo hacen confrontando los rituales asociados con una fisicalidad obscena, y esto los hace inofensivos”. También podría decirse que al criticar el arte de Rammstein se olvidan dos reglas muy antiguas. La primera: los artistas y sus personajes creativos no son lo mismo. La segunda: no se debe suponer que el resto del público es mucho más estúpido que uno.

Con un lenguaje que evoca los Cuentos de los Hermanos Grimm y con letras minimalistas, Till Lindemann evidentemente canta sobre el presente –sobre los debates que tienen lugar en los quioscos de cerveza alemanes, en manifestaciones, en los periódicos y en las secciones de comentarios. Sobre patria e identidad, abuso de poder y actitudes de los consumidores. Al igual que la fantástica canción Mein Land (Mi país), que pasó desapercibida en 2011, casi como un bonus track, su música también habla de la migración, el nacionalismo y los países hostiles.

PAUL LANDERS Guitarra rítmica.
PAUL LANDERS Guitarra rítmica.

Pero Rammstein no llega a un nivel más abstracto en sus canciones, lo que probablemente ofrecería una perspectiva más cómoda de ver y comentar. En cambio, descienden al abismo. En el reino de la motivación, el instinto y el narcisismo, se rozan unos a otros, como ocurre con los sonidos característicos de las guitarras de Landers y Richard Z. Kruspe.

La portada del nuevo álbum es un fósforo sin encender sobre un fondo blanco. Puede ser visto como una amenaza. Como una invitación a los pirómanos. Como una advertencia. Pero, como ya he mencionado, no se trata del fuego: se trata de peligro al acecho. Es la amenaza con la que todos tenemos que lidiar –de una u otra manera–, como individuos y como sociedad, siempre y cuando haya fósforos.

Richard Z. Kruspe tiene un encendedor. Han terminado sus fotos, y ahora está fumando un cigarrillo. “Siento que este álbum nos ha regresado a donde empezamos”, dice el guitarrista. “Hemos completado un círculo, en términos de contenido y música. Es el final, pero también un nuevo comienzo. Lo que extraño en este momento son algunos aspectos positivos dentro del álbum; un rayo de esperanza. Tal vez no existan en este instante… aunque el mundo cambia rápido”.

En la primavera de 2018 la banda llegó a Saint-Rémy-de-Provence, al sur de Francia, para grabar cerca de 30 canciones. El productor fue Olsen Involtini, el “Leonardo da Vinci” de la escena musical berlinesa, que ha producido el sonido en vivo de Rammstein durante mucho tiempo. Involtini también mezcló el álbum, ya que el trabajo realizado por Rich Costey en Los Ángeles no fue convincente. “Rammstein tiene fuego, agua y tierra”, dice Kruspe. “Cuando tocamos, todo es dinámico, explosivo, profundo. Pero hacía falta el cuarto elemento: el aire y la ligereza. Y Olsen trajo eso al disco”.

Realmente parece haber una diferencia. El sonido se siente más fresco, y se percibe una verdadera banda; menos espectáculos con vapor y músculos, menos tormentas blancas metálicas. En el pasado, solo se podían ver el humor, los enfrentamientos, los juegos de rol y los momentos climáticos, tan distintivos de Rammstein, en sus videos y shows en vivo. Pero, a lo largo de los años, esta dimensión se ha vuelto más audible en su música.

Durante el interminable trabajo en el álbum, una canción en particular exigió una mayor atención al comienzo: un tema típico de Rammstein, medianamente movido y rítmico, que, a su vez, era profundamente melancólico. En el primer demo, Richard Z. Kruspe cantó la letra “Mother” porque había estado pensando en su familia mientras la escribía. Ese podría haber sido el título. Pero Rammstein había lanzado una canción llamada Mutter en 2001.

“En algún momento, a alguien se le ocurrió la idea de cantar ‘Alemania’ y convertirla en una canción con temática alemana”, dice Christoph Schneider, el baterista que, en los últimos conciertos, se ha destacado por usar una peluca de mujer mientras guía al resto de la banda por el escenario como si fueran perros. “Desde luego, cuando tomamos esa decisión, todo se complicó. ¿Podemos hacer una canción así? ¿Cómo podemos hacer que la letra funcione? No es fácil tratar un tema tan importante en pocas palabras. Pero Till se las arregló”.

OLIVER RIEDEL Bajo eléctrico.
OLIVER RIEDEL Bajo eléctrico.

En julio de 2019, la canción Deutschland ya no necesita presentación. A principios de mayo tenía 45 millones de visitas en YouTube y cerca de 21 millones de reproducciones en Spotify. Prácticamente todos los canales de medios alemanes han mencionado la canción. Grupos enteros de personas en bares, picnics y reuniones la han discutido casi hasta la muerte. Y, el algún lugar del mundo, alguien la está oyendo nuevamente. “Alemania, tu amor es una maldición y una bendición. Alemania, no puedo darte mi amor”, canta Till Lindemann con su voz profunda.

Probablemente no hay necesidad de entrar en los pormenores de por qué Rammstein enciende las alarmas al cantar una canción sobre su país. Tendríamos que volver contar la historia del video de Stripped; ese que se estrenó hace 22 años y que tiene fragmentos de la película Olympia, de Leni Riefenstahl. Y tendríamos que volver a hablar de la pronunciación palatal de las erres de Till Lindemann. Volvería a aparecer el tema del arte totalitario y la afirmación subversiva, así como de la frecuencia y la claridad con la que los artistas deben distanciarse de las connotaciones, a veces radicales, que se les atribuyen a sus obras, ya sea en el MET de Nueva York o en el teléfono de un metalero de 16 años, principalmente por parte de filósofos de escritorio.

A mediados de los 90, al comienzo de la carrera de Rammstein, la compañía discográfica Motor Music, supuestamente le pidió a la banda que imprimiera esvásticas tachadas en la parte trasera de sus portadas de CD para adoptar una postura anti neo-nazi durante aquellos tiempos políticos convulsionados. Rammstein no quiso hacerlo. ¿Por qué deberían disculparse sin razón alguna por algo con lo que no tenían nada que ver? Incluso hoy en día, a una celebridad mediana la criticarían por posar de manera barata frente a una cámara para una campaña antinazi. A Rammstein no se le puede acusar de hacer lo contrario.

Quieres mi corazón en el lugar indicado/pero luego miro hacia abajo/está latiendo a la izquierda”, cantaba Lindemann, en 2001, en Links 2 3 4, como reacción al escándalo del video con imágenes de Riefenstahl. Era una declaración necesaria. Su nueva canción,Deutschland, también lo es: responde a la pregunta de lo que una banda de Berlín Oriental ve en estos días cuando, después de una pausa creativa tan extensa, analiza un país donde los neonazis hacen marchas con protección policial y los judíos vuelven a temer por sus vidas. En otras palabras, en los últimos 20 años nunca había habido un momento más oportuno para que Rammstein hiciera una canción acerca de Alemania como en 2019.

RICHARD Z. KRUSPE Guitarra líder.
RICHARD Z. KRUSPE Guitarra líder.

“Se pueden tener diferentes opiniones sobre el contenido y los aspectos creativos”, comenta Schneider, el baterista, sobre Deutschland. “Pero hay algo claro. Hemos tocado una fibra sensible con esa canción, y hemos creado algo que se mueve y atrae a muchas personas. Creo que es bueno que la canción se vea como si estuviera separada del álbum. Y estoy muy contento de que el disco no se llame Deutschland”.

Llamo a Specter Berlin, otro de los principales creativos de Berlín: un director de arte y cine con gran influencia, cuyo nombre real es Eric Remberg, aunque no le gusta que lo llamen así. En 2001 cofundó el importante sello de hip-hop Aggro Berlin y, con sus videos para Sido, Fler, B-Tight, Marteria y otros, prácticamente ha resumido en una mezcla visual la escena del rap callejero alemán. A principios de 2019, filmó su primer video de rock: Deutschland de Rammstein.

“Cuando escuché la canción por primera vez, me dio un poco de risa nerviosa”, dice Specter. “Pensé que esta era la canción que todos habían estado esperando: la imposibilidad de amar a Alemania. El valor de la banda para abordar el tema me impresionó enormemente.”, concluye.

Pero encontrar un concepto para el video se volvió un proceso doloroso. “Se me ocurrieron cuatro o cinco ideas, pero las terminé descartando”, dice Specter. “Fue como un parto”. Los diversos escenarios y elementos históricos del video tardaron varias semanas en cristalizarse: se incluyeron la batalla del bosque de Teutoburgo, las Cruzadas, el Tercer Reich, la RAF, el régimen Stasi de Alemania Oriental y un rayo de luz roja como símbolo para mostrar la cronología de la historia. Cuando Specter presentó su concepto, la banda quedó sorprendida

Lo único que le preocupaba era la figura de Germania. La guerrera, que encarna el alma alemana en el video, dividida entre el sueño utópico y la violencia represiva, era rubia y de ojos azules en el primer guión; un estereotipo de Cate Blanchett. La idea de que fuera interpretada por una mujer afroalemana terminó con las preocupaciones creativas de Specter. La elegida fue una joven actriz de teatro de Berlín, llamada Ruby Commey, quien se convirtió en la estrella del video.

En el papel, el video costaba entre cinco y seis veces más que los videos de los principales artistas alemanes. Pero el equipo de Specter filmó con disciplina en tan solo cuatro días, y el costo resultó estar muy por debajo del presupuesto. Algunas escenas planeadas originalmente se descartaron para mantener el proyecto en curso, como esa en la que los miembros de Rammstein volaban en un Trabis a través del muro de Berlín explotando.

Specter sugirió publicar un teaseren Internet antes del estreno del video, en el que se mostraba una breve escena en un campo de concentración. “Para mí, es increíble cuando los artistas citan el sufrimiento de las víctimas de la guerra de esta manera. Y luego, al final, aparece la palabra ‘Deutschland’, como en un obituario. No sé cómo la gente podría llegar a malinterpretarlo”.

¿Qué ocurría? El clip de 35 segundos muestra a Oliver Riedel, Lindemann, Landers y Lorenz en un campo de concentración, con los trajes marcados con estrellas de David, y con el triángulo rosado que designaba a los prisioneros homosexuales. Los cuatro tienen sogas en el cuello, esperando su ejecución. La imagen final es la palabra “Deutschland”. Es simbólico para un país irremediablemente ligado a las atrocidades y la culpabilidad. Pero también es una campaña especulativa de promoción.

Cuando el tráiler fue presentado el 26 de marzo de 2019, dos días antes del lanzamiento del video, ni siquiera los espectadores más inteligentes pudieron adivinar el significado de la escena. “¿Por qué los miembros de la banda no usan uniformes de las SS y asumen el papel de los hombres que empujan los butacos junto a la horca?”, comentó Christoph Heubner, director general del Comité Internacional de Auschwitz. ¡Eso fue exactamente lo que Rammstein hizo en el video! La mayoría de quienes comentaron, desde el Consejo Central de Judíos de Alemania hasta el comisionado de antisemitismo del Gobierno, ni siquiera trataron de descifrar su significado. No importaba de qué se tratara el video, declararon que bajo ninguna circunstancia es admisible usar el símbolo del peso del Holocausto para promocionar algo tan ligero como una canción de pop comercial.

CHRISTOPH SCHNEIDER Batería.
CHRISTOPH SCHNEIDER Batería.

¿Cómo ven los músicos la acusación? “No pensé que fuera a haber tanto alboroto”, responde Christoph Schneider. “Para mí, es una escena fuerte que representa bien el video. No se burla de nadie, no se burla de nada, pero el hecho de que Rammstein esté colgando de la horca es una provocación para algunos. Después discutimos si estaba bien, si debimos haber elegido una escena diferente. Pero me mantengo firme con esa decisión”.

Richard Z. Kruspe admite que hay cosas que podrían haber hecho de manera diferente. “Queríamos llamar la atención para el video, y eso funcionó. El tráiler atrajo un número increíble de espectadores”. Dos días después, cuando se publicó el espectacular video de Deutschland –de más de nueve minutos–, la respuesta fue mucho más positiva. Algunos se deleitaron con la avalancha de imágenes, otros elogiaron la astucia con la que Rammstein citó los típicos elementos visuales de la historia alemana, trastocándolos a través de momentos perturbadores.

El periódico populista de derecha, Junge Freiheit, fue uno de los pocos en hacer una crítica del video. En ella, se refirió a los músicos con arrogancia: “Nada estaría peor que acusarlos de Germanomanía, cuando claramente no pueden ni siquiera lidiar con sus raíces de una forma normal”. Y el autor de ROLLING STONE, Jens Balzer, resumió la estrategia de Specter para la revista Zeit Online de la siguiente manera: “Victimarios y víctimas, crueldad y empatía, cinismo y humildad fugaz, actitudes fascistas y antifascistas sangran implacablemente y durante tanto tiempo, que lo único que logran es dejarlo a uno aturdido”.

La música de Rammstein no ofrece la sublime pero improductiva sensación de bienestar que da el hecho de estar del lado correcto. Y es precisamente por eso que el gusto por su música puede generar tanta tensión. Alguien podría haberles aconsejado que no lanzaran el teaser con la escena del campo de concentración para evitar que la gente pensara que se habían personificado como víctimas, incluso durante 48 horas. Alguien podría haberlo hecho. Pero no hubiera ayudado.

Su disposición y valentía para asumir riesgos, y su frecuente insensibilidad, también definen las cualidades artísticas únicas de la banda: el atractivo catártico, cómico, enérgico y nervioso de sus espectáculos es la razón por la que se han vuelto tan populares. Mientras nadie más resulte herido, Rammstein no hace concesiones con nadie. Y así es como quieren que los vean. Juegan con fósforos hasta que todos se dan cuenta de lo cerca que está el fuego. Es imposible mirar para otra parte.

El teclista Flake Lorenz finalmente se sienta en la sala de maquillaje. En vivo desempeña un papel cómico que contrasta con el carnicero diabólico de Till Lindemann. Y desde 2015, ha publicado dos grandes biografías sobre su época punk en Alemania Oriental y como miembro de Rammstein. En la conversación, Flake ahonda un poco más en el concepto de la banda.

“El tráiler era importante para mostrarle al público lo rápido que reacciona sin siquiera conocer el contexto”, dice Flake. “De vez en cuando es bueno preguntarnos por qué somos tan sensibles en lo que respecta a Alemania. Por supuesto, nuestra intención era provocar. Queríamos mostrarle a la gente cuán rápido se traga todo lo que le lanzan”.

Pero, ¿por qué Alemania? ¿Por qué ahora, por qué así? ¿Y por qué no ser sensibles sobre el tema de Alemania? “La canción habla de la relación ambivalente que tenemos con el país. Y el video muestra de dónde puede surgir esta relación”, comenta. Por supuesto, no queríamos hacer una canción trivial y directa. ¡Rammstein no es una banda de punk que llame ‘cerdos’ a la policía! Ni gritamos ‘¡a la mierda Alemania!’. Como artistas, jugamos con estos temas usando metáforas, yendo más allá de los simples lemas. Ese es nuestro objetivo principal”.

Muchas veces se pasa por alto que el hecho de que los miembros de la banda crecieran en Alemania Oriental refleja una sensación única de dolor respecto a este tema, tanto en retrospectiva como frente al presente político. “Crecimos como ciudadanos de la RDA y, de un momento a otro, ya no existía; nuestras biografías habían sido destrozadas”, resume Flake. “Es ahí donde deberíamos ir más allá: ¿es este nuestro problema personal en esta situación histórica en particular? ¿O esta lucha por la identidad se ve a lo largo de toda la historia alemana? Si uno se fija bien, notará que es una historia de violencia, guerras y sufrimientos. Eso es interesante, si se tiene en cuenta que la gente sale a las calles hoy y grita ‘¡Alemania!’, tanto en Chemnitz como en cualquier otro lugar.

Las cosas con Rammstein son así. De cierta forma, su arte generalmente es mucho más concreto de lo que nos gustaría que fuera. Hace malabares con términos fuertes como si fueran pelotas de tenis negras, y esto los expone a la crítica. Pero, por otro lado, las imágenes que producen son demasiado estilizadas, mitológicas y contradictorias para proyectar una posición inequívoca. Juegan con la intimidad y la distancia, el viejo juego freudiano del Fort-da. Lanzan preguntas y contradicciones, ofreciendo respuestas sin ninguna certeza. Es la banda perfecta para tiempos difíciles y convulsionados.

“No estamos tratando de sorprender a la gente”, dice Flake. “El impacto paraliza. No produce reacción. No queremos eso. Queremos provocar a la gente, para que se mueva. Eso es lo opuesto al entretenimiento. Si quieres entretener al público, has llegado al final del arte, en mi opinión. Entonces puedes detenerte”.

¿Pero no se ha convertido la provocación en un terreno increíblemente complicado? ¿Es tan fácil? “Es igual que siempre”, dice Flake. “Los Rolling Stones lo hicieron. Nosotros lo hacemos. Incluso en 25 años, habrá artistas que lo hagan. Simplemente se ve diferente. Y la gente todavía estará muy molesta por eso”.

Estar en medio de chispas voladoras, pero no sufrir daños. Meter la lengua en el fuego, pero no sentir dolor. Rock & roll. El estado incombustible del ser.