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ENOC

Ozuna traza el camino para el reggaetón de los próximos años.
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Cortesía Ozuna

Ozuna

ENOC

El boricua, que enfrentó la pandemia como muchos otros artistas, desde un ángulo creativo, se enfrentó a sus propios temores para desarrollar canciones que están en otro nivel artístico y un paso más allá de sus propios álbumes. “Poco a poco fui aprendiendo y estoy en mi mejor momento creativo. Hemos aprendido, hemos experimentado”, afirma. “Este álbum fue más sencillo para mí porque ha sido cuestión de aplicar todo lo que he aprendido. Fue identificar los errores que cometimos en los discos anteriores, y no volver a caer en lo mismo”. El tiempo de sobra que dejó la pandemia en la agenda de Ozuna le dio el espacio para sentarse a pensar lo que realmente quería hacer. “Cuando llamé a Doja Cat y a Sia fue realmente rápido. Igual cuando llamé a Daddy Yankee, todo eso tomó no más de 24 horas”. El álbum se grabó en La Base, el Estudio de Wisin en Cayey. 

ENOC es un álbum que rescata el estilo clásico del reggaetón, con melodías de piano, arreglos de guitarra y además, múltiples colaboraciones que también trascienden la barrera del idioma, como es el caso en Del mar, una canción de playa en donde colabora con Sia y Doja Cat. Ozuna, sin escatimar, presenta un álbum magistral que navega en ritmos de todo el caribe: dembow, dancehall, soca, reggaetón, trap y hip hop.

Enemigos ocultos es un gangsta rap de casi ocho minutos, con la participación de Arcangel, Wisin, Myke Towers y Cosculluela, que evoca inmediatamente a una de las canciones clásicas de Wu-Tang Clan o de La Coka Nostra. Es una declaración de principios de lo que son los artistas puertorriqueños en el género. Aquí no hay lugar para artistas que no estén a la altura en el verso. “¡Los he tirado en todos los round! Tú no eres ningún maleante de nada, ¡todo lo que eres es un boy scout!”, dice Wisin en una de las intervenciones más pendencieras de los últimos años en el reggaetón. “Yo me compré un avión porque quería volar”, dice Ozuna, que descarga todas las municiones de una metralleta en verso boricua.

No se da cuenta es un dembow en el que Daddy Yankee lidera un coro melódico. Un éxito listo para la discoteca. “Si nos gustamos tanto, ¿cuál es el dilema?” dice J. Balvin en Una locura, en un juego de tonos con Chencho. Un Get, es una atmósfera de soca lenta, otra canción para el verano caribeño. El reggaetón es un tema clásico que recuerda la escena de los noventa, con una caja seca y un bombo sin adornos. El Oso del dinero es un trap estadounidense. “Se juntaron todos para hacerme frenar”, dice Ozuna en su faceta más rapera de todo el álbum, palabras no le faltan en un verso conciso y beligerante. En Duele querer vuelve el piano retomando la balada romántica. Gracias, es una carta de agradecimiento espiritual personal de Ozuna, “Diosito te doy gracias, me has bendecido con tu gracia”.

Ozuna tiene la fuerte responsabilidad de mantener a la música en español y al reggaetón en el tope de los listados. Con su corta edad es de lejos, el presente y el futuro de la música urbana. Ha colaborado con los exponentes más importantes de toda la industria, y su futuro podría ser el puente para una generación de nuevos artistas que mueven millones de seguidores pero que aún no encuentran un sonido. Algo en lo que él es un especialista: sonar auténtico y ser refrescante en un mar de agua salada.

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