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Explotando los encantos de la nostalgia

Superficialidad ochentera para en un disco sincero, cálido y elegante
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Carlos Serrao

John Mayer

Sob Rock

Nadie está más consciente de lo que la gente piensa sobre John Mayer que el mismo John Mayer. El título de su octavo álbum reconoce acusaciones pasadas de su triste quejadera. Los colores pasteles apagados de la portada, con la imitación de un sticker que Columbia Records solía pegar en los discos de oferta, te invita a verlo como un artista de rock anticuado y superficial.

¿Es una autocrítica? ¿Un golpe a sus críticos? De cualquier manera, la autopercepción de la portada no está presente en la música de Mayer. Puede parecer superficial en las entrevistas, pero tiene la bendición –o maldición– de ser incapaz de mantener una distancia irónica frente a su material, por lo cual, lo que podría parecer como un experimento llamativo, suena tan sincero como lo que escribes en tu diario. El tipo ni siquiera puede cantar de manera impostada un cliché como “el camino sigue por siempre”.

Ilustración por Alias Ce

Mayer es un artesano ingenioso, un camaleón virtuoso con la guitarra, experto en imitar estilos dispares. Un resonante inicio de batería anuncia la canción principal Last Train Home, que suena como la recreación histórica de una canción olvidada de los 80, completa con algunas ráfagas de guitarra que evocan a Eric Clapton. El productor veterano de hip hop No. I.D. colaboró con el músico en el tema de pop funk New Light. Y en la desilusionada I Guess I Just Feel Like, Mayer toca con el tono de Jerry García que le dio la oportunidad de girar con Grateful Dead.

El cantautor ha reunido un sofisticado grupo de cómplices para Sob Rock. El productor Don Was consolidó su nombre en los 80 y 90, ayudando a rockeros de mediana edad como Bonnie Raitt y los Stones a adaptarse a estilos contemporáneos sin exagerar. La pionera del country pop Maren Morris contribuyó con armonías que encajan bien. Y en cuanto a músicos de sesión, tanto su banda de gira, el bajista Pino Palladino y el baterista Aaron Sterling, como Greg Phillinganes, el teclista que apareció en Thriller y Songs in the Key of Life, son lo mejor de lo mejor.

Líricamente, Mayer puede sonar amargado al quejarse en It Shouldn’t Matter But It Does, “Deberías estar triste, en vez de ser tan jodidamente cruel”, o filosófico al bromear en el tema lamentablemente titulado Why You No Love Me, “Lastímame una vez, lo dejo pasar/Lastímame dos veces, estás muerta para mí/Tres veces, ya eres familia”, o incluso esperanzador en ‘Til the Right One Comes. Sin embargo, al unificar estos estados de ánimo y los diferentes estilos en los que el músico incursiona, la calidez en su voz nunca pone demasiado peso en su sufrimiento o en su felicidad. Canta como un hombre que sabe cuál es su lugar en el mundo.