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Frente Cumbiero, en primera línea de su batalla cultural

Hablamos con Mario Galeano sobre el nuevo EP colaborativo que grabó con la banda japonesa Minyo Crusaders. Su guitarrista, Katsumi Tanaka, también nos habló de esa experiencia
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Yuji Moriwaki

El nuevo EP colaborativo entre Frente Cumbiero y Minyo Crusaders abre con un tema que se llama Mambonegro Daisakusen. “Es como la batalla de Mambonegro”, dice Mario Galeano, líder del grupo colombiano. Pensando en la fuerza que tienen los temas de samuráis y guerras en la cultura japonesa, Galeano le pidió a los Crusaders que le dijeran distintas palabras para referirse a una batalla. “Me mandaron una lista como de 15 conceptos, hay una cantidad impresionantes de variaciones”, explica. “Esta que escogimos se hubiera usado en películas de comedia, no es una batalla súper mística a muerte, más como una batalla entre comedia, es más ligera”.

Si la historia entre estos grupos, uno colombiano y el otro japonés, fuera un largometraje, empezaría en 2018, exactamente en el festival Fuji Rock. “Nosotros tuvimos dos toques ahí. Y después de uno, se acercó el parche de Minyo, me regalaron el CD”, recuerda Galeano. “Nosotros corrimos al backstage para presentarnos. Les dijimos, ‘¡Somos una banda japonesa de cumbia!”, dice por escrito Katsumi Tanaka, guitarrista, director de la banda y coproductor del EP Minyo Cumbiero (From Tokyo to Bogotá).

Mario los vio en ese mismo evento, después de recibir el disco, y quedó “tramadísimo con el sonido de los manes”. La conexión estaba hecha. Empezaron a intercambiar discos y vinilos, mientras Galeano les mostraba a sus amigos una banda de Japón que tocaba con arreglos de cumbia, reggae, boleros y boogaloo.

La música caribeña “no tiene una gran escena, pero hay exploradores por todo Japón”, dice Tanaka. El nombre de su grupo viene de min’yō, que son composiciones japonesas tradicionales. “El cantante Freddy Tsukamoto expresa el significado en nuestras canciones, como los músicos trabajando con él para que la música sea más atractiva. Entre más groove tengamos, más relajada será la canción”, explica el guitarrista.

Minyo Crusaders y Frente Cumbiero en Bogotá, a mediados de 2019. Yuji Moriwaki

En 2019, Minyo Crusaders aterrizó en Bogotá para presentarse en Colombia al Parque como invitado internacional del festival, una labor titánica en la que Mario estuvo muy involucrado. Traer a una banda de más de 10 personas desde Japón es bastante costoso: en plena época de pandemia por el coronavirus, un vuelo de ida y vuelta desde Bogotá, para ir a Tokio a comienzos de septiembre por una semana, al momento de escribir este artículo, cuesta más de 3 millones de pesos, y la mayoría de los tiquetes están por encima de los 4 millones. De esa parte se encargó el Gobierno japonés gracias a un subsidio que consiguió MinCru, como le dicen al grupo los fanáticos en su país.

“¡Tengo muchos recuerdos! Abelardo Carbonó fue increíble, nos cautivó su presentación. Aprendimos de la historia de la champeta y cómo hacer voces raras en la música colombiana”, cuenta Tanaka de su estadía en el país. “Yurika, un muralista, nos mostró la ciudad en la noche. Había un museo gigante de grafiti. El ilustrador Mateo [Rivano] tocó un DJ set en su casa, hubo una canción de cumbia que nadie había escuchado que se quedó en mi cabeza. Es el mejor DJ que he visto. Mario y la banda hicieron lo mejor para hacernos sentir especiales en el estudio”.

Minyo Cumbiero (From Tokyo to Bogotá) tiene cuatro cortes que las dos bandas grabaron el año pasado. El EP abre con Mambonegro Daisakusen, que está inspirada en unas melodías de videojuegos ochenteros, pero el primer tema que se conoció fue Cumbia del Monte Fuji, un cover de Cumbia del Monte de Pascual Rovira con arreglos de Mario y la letra fue traducida a japonés para que Tsukamoto le pusiera el sello oriental. Las últimas dos canciones, Tora Joe y Okepeke, son originalmente min’yō.

Según Tanaka, se dice que Tora Joe es el tema más antiguo para bailar en los festivales de Japón y que las palabras han cambiado muchas veces con el paso de los años. “Entre más vieja sea una canción tradicional, más letras distintas tiene”, aclara el músico. “Se canta en las regiones del norte y tiene una historia muy larga. También hay una zona en la que la gente baila alrededor de una cruz de madera, que dicen que es la tumba de Cristo”.

Por otro lado, Opekepe nació durante la modernización de Japón entre mediados del siglo XIX y comienzos del siglo XX. “Es una de forma de cantar sobre los temas de la actualidad, improvisando en una esquina en la calle. Se dice que es el rap más viejo de Japón”, confiesa el músico japonés. “Opekepe es un grito y no tiene ningún significado, pero es la sensación de ‘descartar todo’”.

Los cuatro cortes los hicieron en bloque, y la lengua no fue ninguna barrera. Mario asegura que ahí se dio cuenta de ese gigantesco cliché de ‘la música es un idioma universal’. No hicieron falta traductores. Un día ensayaron y al siguiente grabaron, sin gran trabajo de producción.

“Hay que concentrarse mucho porque son las tomas que vamos a dejar, toda esa energía que no es sonora es capturada de alguna forma por los micrófonos”, dice Galeano sobre la experiencia de grabar en bloque. “Como si también estuvieran capturando el magnetismo. Son bastante fotográficas en el sentido que están capturando un momento sin mucho maquillaje”.

Mario y Tanaka encuentran diferentes valores en este tipo de intercambios culturales. Para el japonés, es una forma de llevar las tradiciones de su país a otras fronteras, rescatando la música min’yō que, según él, con el paso de los años ha detenido su evolución y se ha quedado en un espacio en el que “la comunidad ha cuidado demasiado su escena y perdió la esencia”. Y añade que “Japón debe reintegrarse al resto del mundo porque, cuando logremos esto, mostraremos lo divertida que es nuestra cultura y nosotros mismos, una vez más, nos daremos cuenta de eso”.

Para el colombiano, por su lado, se trata de “quitarle el foco anglocentrista a nuestra sociedad”, y cita cómo los medios, históricamente, le han cerrado las puertas a una parte importante de los proyectos colombianos. “Decir, ‘jueputa nos metimos acá y estamos poniendo pausa a la información anglocentrista por un momento y estamos mostrando otra cosa’. Otra cosa que es muy importante, un ejercicio tiene que ver con el intercambio de cómo juntar las sociedad a través de la música o los seres humanos, así uno tenga todo tipo de preconceptos sobre venir de dos mundos tan diferentes”.

Ver a una banda japonesa que toca cumbia o a una agrupación de Colombia abriéndose un espacio en el mercado nipón moviendo los límites de un género tradicional, es una forma de quebrar la visión que se tiene de lo oriental y lo nacional.

Frente Cumbiero lleva más de una década demostrando que en Colombia se puede vivir en la independencia. Camilo Pachón

“Nosotros no hemos tenido ningún tipo de espacio en los medios convencionales, en la radio comercial, no sonamos en la televisión; sonamos solamente en las radios públicas y universitarias”, comenta Mario sobre esa batalla cultural en la que ha peleado por más de una década. “Internet es el único campo que tenemos, pues nosotros nunca hemos hecho parte de la programación de las emisoras comerciales, donde hay una mafia extraordinaria y unos intereses y unas figuras de poder que básicamente se niegan a dar ese espacio a las bandas de acá, mientras se las abren a las bandas de otras partes”.

Esa es una deuda histórica que los medios tenemos con la música nacional, con bandas que aún merecen un reconocimiento histórico mucho más grande, como La Columna de Fuego, Los Speakers o Génesis. “La escena colombiana es una potencia admirada en todas partes del mundo, que se conoce mucho más afuera que acá”, asegura Galeano, y añade una historia que le contó Arturo Astudillo de Los Flippers. A mediados de los 80, cuando estaba pegando el rock más comercial de Estados Unidos, fue con el disco Llegarás a las emisoras. Cuando sonaba, los locutores pedían perdón por poner algo en español. “Eso es casi una radiografía de lo que vemos hoy en día, gente como Alejandro Marín le da pena que nosotros sonemos así. Si pudiera decirlo en los micrófonos lo haría, pero obviamente no lo va a hacer”.

Para mostrar un ejemplo concreto, Mario habla de Brasil. “Lleva 50 años de una evolución musical que ha partido de los encuentros con el rock, con el funk, con el jazz, con el reggae y ha desarrollado un lenguaje propio increíble. Nosotros hemos desarrollado ese lenguaje propio, pero arrancamos en el año 2000”. Sidestepper, Bomba Estéreo, Systema Solar, Ghetto Kumbé, Mitú, Meridian Brothers, junto a otros de sus proyectos como Los Pirañas y Ondatrópica, son una muestra de la exploración musical con los sonidos tradicionales, el mismo ejercicio que hace MinCru con min’yō, y que además han tenido una repercusión internacional.

A 10 años de Frente Cumbiero Meets Mad Professor, ese experimento sabroso entre cumbia y dub con el productor británico, Mario Galeano y compañía añaden un toque japonés en el diccionario de nuestro lenguaje musical. En la mira ya tienen otro disco (este año lanzaron dos sencillos, Porrovía y El método de la cera perdida), y suenen donde suenen, van a seguir dándole, repartiendo cumbiones por todo el mundo.

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