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LAND OF HOPES AND DREAMS: Springsteen en su granja de Colts Neck, Nueva Jersey en agosto. Fotografías por Danny Clinch

Guitarras fantasmas y la mezcla E Street

Bruce Springsteen confrontó a la muerte, vio a Clarence Clemons en sus sueños y sacó un nuevo álbum con la mejor banda de bar del mundo

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Bruce Springsteen está parado en la entrada de su casa, entrecerrando los ojos mientras mira al cielo. Esta mañana, una tormenta de agosto sacada de sus propias metáforas retumbaba a través del Condado de Monmouth de Nueva Jersey, empapando Asbury Park, golpeando Freehold, y dejando tierra lodosa aquí, en Colts Neck. Ya es tarde y por encima de la granja de Springsteen las nubes se están dispersando, con el sol asomándose. “Terminó siendo un día medio decente”, dice con verdadera gratitud. (Cuanto más tiempo pasa en semiaislamiento aquí, más termina centrándose en el clima).

Su cabello es gris y negro, y tiene una camiseta blanca delgada sobre su todavía esbelto torso, no muy diferente a la que llevaba en la cubierta de Darkness on the Edge of Town, con un cuello bajo y un pequeño agujero al costado. E increíblemente, solo usa un par de sandalias de cuero sin medias, y un jean azul claro. Han pasado seis meses de una pandemia global, e incluso Bruce Springsteen ha estado trabajando desde casa durante mucho tiempo.

Como siempre, es ligeramente estremecedor estar de pie junto a él, como si una de las cabezas del Monte Rushmore se hubiera despegado del acantilado para hablar. Y cuando apenas has hablado con alguien más cara a cara durante meses, es incluso más raro. Yo también crecí por aquí, así que cuando nos dirigimos a un porche cubierto, tenemos una pequeña charla sobre la ciudad y nos lamentamos el cierre de una querida tienda de helados que se convirtió en un Dunkin’ Donuts. Nos sentamos en sillas de mimbre a dos metros de distancia con una mesa de piedra blanca en medio. Para un hombre nacido para correr, que está más o menos atrapado en un lugar, hay peores sitios en los que ha estado.

Entonces, ¿cómo le va? “Aguantando, como todos los demás”, dice Springsteen, hundiéndose aún más en su silla. “En cuanto a mis propios planes, ya sabes, creo que me preocupa volver a tocar”. (Dice esto a la ligera, y más tarde se esforzó por aclarar que está más preocupado por los “músicos que trabajan semana a semana, y todos en su equipo”). “Eso pesa en tu mente porque… bueno, fue divertido. Parte de la incertidumbre que el virus ha traído consigo es algo con lo que todo el mundo tiene que vivir. Pero en general, estoy bien”. No duele que Springsteen, quien ha sido honesto sobre su lucha con la depresión, todavía esté tomando medicamentos. “¡Estoy medicado!”, dice más tarde. “¡Así que estoy bien!”.

WESTERN STAR: Springsteen en los establos de su granja de Colts Neck. En su propiedad, él y la E Street Band grabaron Letters to You en cinco días. Danny Clinch

En noviembre del año pasado, en un día nevado, a pocos metros de donde estamos sentados, en el estudio de madera que comparte con su esposa, Patti Scialfa, Springsteen reunió a la E Street Band para cinco días de grabación. Consiguieron hacer un álbum entero. “Estábamos haciendo una canción cada tres horas”, dice Steve Van Zandt, quien compara el ritmo con las primeras sesiones de los Beatles. “Básicamente terminamos el álbum en cuatro días. Reservamos cinco días y al quinto no teníamos nada que hacer, así que lo escuchamos”.

En el estudio, todos brindaron por el tour que estaban seguros debía venir. Ahora, no hay “ninguna gira a la vista”, según Springsteen, aun así, Letter to You salió el 23 de octubre. Decidió que no tenía sentido guardarlo. “Cuando hago música”, dice, “la voy a lanzar”.

Si no fuera por la intervención de una catástrofe mundial, Springsteen, quien cumplió 71 años el 23 de septiembre, ya se estaría preparando para esa gira mundial con la E Street Band. Se suponía que empezaría en la primavera de 2021, pero en cambio: “Mi antena me dice que, en el mejor de los casos, sería en 2022. Y pensaría que la industria de los conciertos es afortunada si sucede para entonces… Yo sería muy afortunado si solo me pierdo de un año de vida de gira. Cuando llegas a los 70 te queda una cantidad determinada de tours y años. Entonces, si pierdes uno o dos, no es tan bueno. Sobre todo porque siento que la banda es capaz de tocar a un nivel muy, muy, muy superior en este momento. Y me siento tan vital como nunca me había sentido en mi vida… Es no poder hacer algo que es como una fuerza vital fundamental, algo por lo que he vivido desde que tenía 16 años”.

¿Y conciertos por Internet? Para un tipo que surfeó en la multitud en su séptima década y que sin duda saltaría sobre cualquier masa sudorosa de asistentes en este preciso momento si pudiera, no es lo mismo. Hizo un set acústico con Scialfa desde su estudio en beneficio de Jersey Covid-19, y tocó remotamente con los Dropkick Murphys en mayo, transmitiendo en una pantalla en el Fenway Park de Boston. Pero le pareció muy extraño trabajar con algo parecido a su habitual frenesí por dos canciones, para luego solo volver a una habitación vacía. “Son algunas de mis personas favoritas”, dice Springsteen. “Y siempre es divertido, pero fue muy extraño estar en una habitación con una banda y luego detenernos. Así que no es algo en lo que quisiera hacer una carrera”.

Tal vez la E Street Band no se pueda reunir en este momento, un grupo lo suficientemente grande como para constituir una reunión de masas por derecho propio. Pero, Letter to You suena lo suficientemente viva como para hacerte sentir un poco culpable al escucharlo, como si estuvieras violando la cuarentena. Eso hace que el álbum sea aún más preciado, y la falta de una gira aún más dolorosa. Letter to You es la primera vez desde Born in the U.S.A. en que Springsteen y la E Street Band graban en vivo en el estudio, hasta el momento, y es posible que sea su álbum más crudo con casi cero overdubs.

“Realmente fue como en los viejos tiempos”, dice el baterista Max Weinberg. “Fue pura energía musical, con la sabiduría musical y profesional de tipos de 70 años, o acercándose a los 70”. También resulta ser el álbum más clásico y descaradamente E Street desde al menos The River. Es una especie de renacimiento en una época tardía, y comenzó pensando en la muerte.

En los primeros días de la primera banda real de Springsteen, un grupo de adolescentes de Jersey llamados los Castiles, había un miembro destinado al éxito. Tenía un tenor suave y puro, y era el rompecorazones del grupo. Su nombre era George Theiss e invitó a Springsteen a la banda como guitarrista principal al comienzo. “Éramos los únicos fenómenos en el condado de Monmouth”, dijo Theiss una vez a Rolling Stone, aunque Van Zandt, en Middletown con su banda The Shadows no estaría de acuerdo. Theiss y Springsteen chocaron con el paso del tiempo, especialmente cuando Bruce comenzó a cantar más, y los Castiles se separaron en 1968. Al final, uno de los dos se convirtió en Bruce Springsteen, y el otro no. Theiss se casó a los 20 años, trabajó como carpintero y siguió tocando música por su lado.

No debe haber sido fácil para Theiss ver a su excompañero de banda saltar de un éxito inimaginable a otro. “Son caminos diferentes”, dice Springsteen. “No sé cómo darle más sentido”. Nunca se dejaron de hablar del todo, pero Springsteen y Theiss se reconectaron en los últimos años. Cuando el músico se enteró en julio de 2018 de que Theiss tenía una enfermedad terminal, voló a Carolina del Norte para sentarse con él “en sus últimos dos días de su vida”. Springsteen actuaba en Broadway cinco noches a la semana, hablando de su pasado una y otra vez. Se dio cuenta de que era el último miembro sobreviviente de los Castiles, una revelación con la que vivió por un tiempo. “La mayoría de los chicos de la banda murieron jóvenes por una razón u otra”, dice Springsteen. “No puedes pensar en ello sin pensar en tu propia mortalidad”.


“Cuando llegas a los 70 te queda una cantidad determinada de giras y años. Entonces, si pierdes uno o dos, no es tan bueno”.


Antes de 2019, Bruce no había escrito una canción que creía podría funcionar para la E Street Band “en unos seis o siete años. He compuesto otros tipos de música”. Tuvo un estallido de composición particularmente fructífero a principios de la década, que lo llevó a Wrecking Ball en 2012 (letras populistas de protesta con una producción experimental para Bruce), el año pasado lanzó tardíamente Western Stars (melódicamente sorprendente, pop orquestal e ingeniosamente autobiográfico), y un tercer álbum que está “en espera”, comenta negándose a decir más. Es esquivo acerca de cualquier otra composición de la década pasada, pero también hubo una aclamada autobiografía de 500 páginas; el ganador del Tony Springsteen en Broadway y High Hopes de 2014, una colección de covers y canciones antiguas, la mayoría escrita en la década de 2000.

“Estás en las minas y buscas diferentes venas de creatividad. A veces desgastas una, así que tienes que buscar otra. Esa vena puede desgastarse en años o semanas a la vez… También estás a merced de los acontecimientos”. Para Springsteen, pocos eventos fueron más conmovedores que la muerte de uno de sus amigos más cercanos en 2011, el saxofonista de E Street y la fuerza de la naturaleza Clarence Clemons, especialmente tras la pérdida del organista Danny Federici en 2008. Aunque el cantautor no hace la conexión por sí mismo, es difícil no darse cuenta de que su mala racha de composición para la E Street comenzó en ese entonces.

Solo la muerte de Theiss, un amigo que había conocido aún más, logró sacarlo de ese estado. “Fuimos muy cercanos en un período muy intenso de nuestras vidas”, dice Springsteen. “Y aprendí casi todo lo referente a mi oficio en ese grupo”. Bruce tuvo mucho más éxito con una banda posterior, Steel Mill, la cual tocó sus canciones originales a multitudes de hippies. Pero los Castiles rebuscaban día a día en su audiencia; hicieron covers de Sam y Dave, los Beatles, Bo Diddley, Jimi Hendrix, lo que fuera necesario para poner a los jóvenes a bailar en un club de playa o en el sótano de la iglesia o en una pista de patinaje. Ese fue el marco al que Springsteen regresó después de lograr su contrato discográfico en 1972. “Todavía tengo un profundo hilo emocional que me une con los Castiles”, comenta. “Fue una banda muy buena, que brindó un servicio fundamental al público local. Y eso no está tan lejos de la idea que tenía sobre lo que la E Street Band puede ser: la banda de bar más grande del mundo”.

En algún momento antes del fallecimiento de Theiss, un fan —de Italia o eso cree— le dio a Springsteen una guitarra acústica en su puerta del escenario de Broadway. “Le agradecí y solo le di un vistazo rápido, parecía una buena guitarra, así que la llevé conmigo”. La guitarra, hecha por una compañía de la que nunca ha oído hablar, se quedó en su sala durante meses, hasta que Springsteen la recogió a comienzos del año pasado.

Sin previo aviso, “todas las canciones del álbum estuvieron hechas”, dice sorprendido. “En menos de 10 días, quizá. Solo deambulaba por la casa y escribí una canción todos los días. Escribí una canción en mi cuarto, en nuestro bar, en la sala de estar”. La primera en surgir fue Last Man Standing, una de las canciones más autobiográficas en el catálogo de Springsteen, siguiendo los conciertos de los Castiles (“Knights of Columbus and the Fireman’s Ball/ Friday night at the Union Hall/The black-leather clubs all along Route 9”), antes de saltar a un futuro atormentado por la pérdida: “Cuentas los nombres de los desaparecidos, así como cuentas el tiempo”.

Springsteen había comenzado a crear su primer set de canciones sobre lo que se sentía estar en una banda. También escribía sobre ser perseguido, no de manera desagradable, por los muertos en la conmovedora Ghost (“Subiré el volumen y dejaré que los espíritus me guíen/Los encontraré, hermano y hermana, en el más allá”) y el tema de cierre, I’ll See You in My Dreams.

THE WILD AND THE INNOCENT: Springsteen en su estudio de Colts Neck el año pasado. Rob Demartin

“La pérdida de Clarence y Danny todavía resuena en mi vida”, afirma. “Todavía no lo creo. Pienso: ‘¿No volveré a ver a Clarence? ¡No es posible!’. En este momento de mi vida vivo con los muertos todos los días. Ya sea mi padre, Clarence o Danny, todos caminan a mi lado. Sus espíritus, sus energías, sus ecos siguen resonando en el mundo físico… Lo que nos dejan los muertos es una parte hermosa de la vida”.

Y realmente ve a sus amigos en sus sueños. Terry Magovern, su amigo y asistente de toda la vida, quien murió en 2007, pasa a visitarlo “un par de veces al año”. “Veo a Clarence de vez en cuando”, dice. “Veo las casas en las que vivía siendo niño y camino por sus pasillos. Vemos a esas personas en nuestros sueños hasta que nosotros mismos nos convertimos en un sueño”. El sobrino de Clarence, Jake Clemons, lo reemplazó en la banda, y Charlie Giordano, un organista con raíces musicales similares, se hizo cargo del lugar de Federici. Pero los difuntos todavía nos acompañan al paseo. “Es un poco aterrador”, dice Roy Bittan, teclista de la E Street Band desde 1974 y persona clave en cuanto al sonido de la banda. “Estás tocando, y supongo que podrías decir que los fantasmas de Danny y Clarence están allí… Los extrañamos mucho, pero están parados junto a nosotros”.

Poco después de que Springsteen escribiera las nuevas canciones, almorzó con Bittan y le contó sobre el material. El músico tenía una sugerencia: “Yo le dije: ‘Oye, ya sabes, no hagas demo de nada’”, recuerda Bittan. “‘Hagámoslo como solíamos hacerlo; tocamos la canción y la grabamos’”, Fue un consejo perspicaz con profundas implicaciones para el álbum. Se asemejaba a lo que Van Zandt le había dicho a Springsteen por años.

“Sabía que tenía razón”, comenta Bruce. Uno de los momentos más cruciales de su carrera llegó en 1981, cuando envió a un roadie a comprar lo que se convirtió en su primer estudio en casa: una grabadora Tascam de cuatro pistas que terminaría en exhibición en el Salón de la Fama del Rock & Roll. En Nebraska, lo que estaba destinado a ser demos para la E Street Band se convirtió en su primer álbum en solitario, iniciando toda una carrera aparte de la banda. Tunnel of Love de 1987, fue esencialmente bedroom pop casero, y la línea entre demos y grabaciones lanzadas se difuminó desde entonces; por ejemplo, la dolorosa soledad de un hombre en Streets of Philadelphia.

En la década de 2000, los ecos del trabajo de Springsteen con la E Street Band fueron fáciles de encontrar, ya que actos desde Arcade Fire hasta The Killers apuntaron a la grandilocuencia. Sin embargo, últimamente, su material en solitario es lo que parece más influyente, desde The War on Drugs hasta la producción con sintetizador del reconocido fan, Jack Antonoff, para Taylor Swift, Lorde y Lana Del Rey. (Springsteen puso a The War on Drugs en su excelente programa de radio, From My Home to Yours, y le tiene cariño a Del Rey: “Patti y yo somos grandes fans”, dice. “¡Norman Rockwell! Solo el detalle de la escritura… Es realmente novelístico y cinematográfico, bastante encantador”).

Springsteen continuó haciendo demos incluso después de reanudar la grabación con la E Street Band en The Rising (que, de alguna manera, ya tiene 18 años y a Springsteen le parece “alucinante”, ya que “¡ese es uno de mis álbumes más nuevos!”). Pero el año pasado, finalmente encontró una razón para detenerse. “Cuando hago un demo, comienzo a agregar más cosas para ver si funcionan”, comenta. “Y de repente, me quedo en un arreglo y la banda tiene que acomodarse a ese arreglo. Y de repente, no tenemos un álbum de la E Street Band. Así que, de manera intencional, no hago demos”. Pasando por alto su estudio, grabó las canciones en su iPhone, en rápidas versiones acústicas para asegurarse de que las recordaría.

Nadie estaba más feliz con esta decisión que Van Zandt, quien prosperó en los primeros días de improvisación, cuando podía contribuir con sus formidables habilidades de hacer arreglos. Para Van Zandt, el período Brendan O’Brien de los álbumes de la E Street —The Rising, Magic y Working on a Dream— fue “una especie de transición”, con Springsteen lentamente dejando de pensar en sí mismo como un “artista solista”. “Finalmente volvimos a una sensibilidad como banda”, dice Van Zandt, “donde Bruce se siente cómodo confiando en la banda y pensando como un miembro de ella”. Solo le tomó 37 años, le digo y Van Zandt se ríe. “Es un poco lento”, dice, “vamos a llamarle… deliberado”.


“Letters to You no es un álbum de himnos antiTrump. Sería el álbum más aburrido del mundo”.


Letter to You también está lleno de los característicos adornos estilísticos que Springsteen ha evitado durante décadas: el glockenspiel, las introducciones de piano líricas, los acordes de órgano, y los extraordinarios solos de Jake que evocan a Clarence. En un momento de las sesiones, Springsteen le dijo a Bittan que tocara más E Street. “Me da risa, porque hubo momentos en que dijo: ‘¡No toques como E Street!’”.

“Quería revisitar ese sonido en mi material actual”, dice el cantautor. “Creo que el público siempre quiere dos cosas: sentirse como en casa y sorprenderse”. Ya en 1978, Darkness on the Edge of Town se estaba alejando del sonido que había establecido en Born to Run. “En tus primeros discos… solo haces música”, dice. “Entonces, cuando tienes un golpe, pasas a un modo reaccionario y autoprotector. Y a partir de ese disco, no tuve a nadie que tocara ese estilo fundamental E Street. No quería repetirme”. Pero en esta etapa de su carrera, ya no está preocupado. “Eres menos consciente de ti mismo”, dice. “Y menos rígido. Así que pienso: ‘¿Qué sería creativo? ¿Qué sería divertido para los fans? ¿Qué disfrutaríamos haciendo?’ Es como mandar a la mierda tus propias reglas”.

Con ese espíritu, llegó a liderar la banda a través de reordenamiento de tres canciones inéditas (a menudo pirateadas) de 1972 o 1973. Song to Orphans, Janey Needs a Shooter (que la banda ensayó en 1979 y llevó a Warren Zevon a tomar medio prestado el título para su propia Jeannie Needs a Shooter), y el alegre sacrilegio, If I Was the Priest, llegaron al nuevo álbum. El año pasado, Springsteen estaba buscando en sus archivos para una secuela de su set de outtakes de 1998, Tracks, cuando “se encontró con estas canciones”. No hay ningún mensaje en particular en su inclusión, simplemente quería escuchar a la banda tocarlas ahora, “para poder volver y cantarlas con tu voz adulta pero con las ideas de tu juventud… Fue divertido, porque las letras de todas esas canciones eran muy locas”.

A pesar del lanzamiento días antes de las elecciones, Letter to You no es un álbum de himnos antiTrump. “Sería el álbum más aburrido del mundo”, afirma. Asumió el 11 de septiembre con The Rising y los fracasos de George W. Bush con Magic, pero esos reportes del discurso del estado de la Unión son excepciones. Con su enfoque en la pobreza, el destierro y el sufrimiento de los inmigrantes de México, The Ghost of Tom Joad de 1995 fue su álbum más profético, pero lo lanzó durante los años de auge de Clinton.

La canción que parece abordar más directamente la era Trump en Letter to You es un temible rock llamado Rainmaker, en el que un estafador ofrece falsas esperanzas a los agricultores azotados por la sequía. Springsteen reconoce la relevancia: “Se trata de un demagogo”, pero la escribió unos años antes de que Trump asumiera el cargo. “Esa fue como la que reemplazó el álbum que no hice”.

La única referencia real a los acontecimientos actuales está en una frase, una referencia a un “payaso criminal” que “ha robado el trono” en una canción que de otra manera trascendería la política: el himno House of Thousand Guitars. Esa canción, que pinta una imagen cautivadora de un cielo del rock & roll en la Tierra, un lugar “donde la música nunca termina” y reina la hermandad, es lo suficientemente importante para él como para haber corrido a su casa a buscar su MacBook y escucharla otra vez antes de discutirla.

En 1965 con su primera banda, los Castiles, incluyendo al cantante y guitarrista George Theiss. Billy Smith Collection

Cuando vuelve, pone la canción en los altavoces de la computadora, cerrando los ojos y asintiendo con la cabeza al ritmo de Weinberg. “Es sobre todo este mundo espiritual que quería construir para mí mismo”, dice, “y dar a mi audiencia y vivir con mi banda. Es como esa canción de góspel I’m Working on a Building. Ese es el edificio en el que hemos estado trabajando todos estos años. También habla un poco de la vida espiritual de la nación. Puede ser una de mis canciones favoritas, se basa en todo lo que he estado tratando de hacer durante los últimos 50 años”.

Hay una referencia a iglesias y cárceles, y pregunto si es un guiño a una frase similar en Jungleland. Springsteen se ríe. “Esa frase ha estado en mi mente desde que grabamos el disco”, dice. “¡Y no estaba seguro de dónde la oí! Pero me acabas recodar dónde fue”.

Incluso si no es el foco actual de su composición, Bruce todavía está dispuesto a sumergirse en la política, como lo dejó claro su aprobación y breve aparición en un video de la Convención Nacional Demócrata usando The Rising en agosto. Piensa que los últimos años han sido un “momento muy perturbador”. “En general, como alguien que era un populista nato, tengo un poco menos de fe en mis vecinos que hace cuatro años”.

Le digo que muchos de izquierda, incluido su amigo Tom Morello, ven a Trump como un síntoma de problemas más grandes. “Probablemente no estoy tan a la izquierda como Tom”, dice Springsteen. “Pero mira, si queremos tener los EE. UU. que imaginamos, va a necesitar algunos cambios sistémicos bastante serios hacia la izquierda”. En cuanto al político líder de la izquierda: “Me gusta mucho Bernie Sanders”, comenta. “No sé si él fue mi primera opción, pero me gusta Elizabeth Warren y me gusta Bernie”. Sin embargo, por el momento está totalmente a bordo con el candidato demócrata y centrista. “El poder de la idea estadounidense ha sido abandonado”, dice. “Es una pena y necesitamos a alguien que pueda darle vida otra vez… Creo que si gana Joe Biden, va a ayudarnos a recuperar nuestro estatus en todo el mundo. El país como luz brillante de la democracia ha sido destrozado por esta administración. Abandonamos amigos, nos hicimos amigos de dictadores y negamos la ciencia climática”. ¿Su opinión de la convención republicana? “Horrible. Fue sembrada con mentiras constantes y una distorsión total del concepto estadounidense. Es desgarrador y terrible. Lo primero es sacar a la administración de Trump de la oficina y empezar de nuevo”.

Para Springsteen, el movimiento Black Lives Matter ha desenterrado verdades que no había captado del todo, incluso cuando se convirtió en el extraño rockero blanco que se enfrentó a la violencia policial contra los estadounidenses negros con American Skin (41 Shots), en 2000. “La supremacía blanca y el privilegio blanco han ido mucho más allá de lo que pensaba”, dice. “Creo que antes de los últimos tres o cuatro años pensaba que el racismo, la supremacía blanca y los privilegios blancos eran venas en nuestras extremidades, en vez de una aorta que atraviesa el corazón de la nación, que es lo que pienso ahora. Así que eso fue revelador, sin importar que yo fuera estúpidamente inocente al respecto o no”.

Está orgulloso de que su hijo Evan, de 30 años, haya marchado en Nueva York. “No va a haber ninguna sociedad posracial”, dice Springsteen. “Eso nunca va a suceder. Pero creo que una sociedad donde la gente se ve como hombres y mujeres plenos, como estadounidenses, es posible. Es un movimiento de tremenda esperanza, y es un grupo tremendamente diverso de jóvenes que están en la calle. Es un movimiento que la historia exige en este momento”.

Springsteen hojea un cuaderno de hojas sueltas que tomó de la casa, donde ha estado escribiendo sobre Clarence Clemons y BLM, entre otros temas. Encuentra una página con la letra “C” en la parte superior. Parte de la reacción de su audiencia a sus travesuras escénicas y la hermandad palpable de Clemons, piensa que se debe a que estaban viendo “un Estados Unidos que les gustaría imaginar que existiera. Y no creo que haya sido completamente involuntario. Nuestra idea era presentar a nuestra audiencia una versión musical de la ‘comunidad querida’ de John Lewis’”. El difunto congresista y líder de los derechos civiles a menudo se refirió a esta frase de Martin Luther King Jr., que Lewis describió como “una sociedad basada en una simple justicia que valora la dignidad y el valor de todo ser humano”.


“La supremacía blanca y el privilegio blanco han ido mucho más allá de lo que pensaba”.


El cantante sabe que no siempre fue fácil para Clemons, quien solo experimentó de manera breve la vida en una versión medio blanca, medio negra de la E Street Band, la que grabó Born to Run. Los miembros negros se enfrentaron al racismo en la carretera, pero las tensiones raciales no eran un problema dentro del grupo, el baterista Ernest “Boom” Carter una vez me dijo: “Ninguna de esas cosas llegó a la banda. La única vez que tuve problemas fue fuera de la banda”. Cuando Carter y David Sancious se fueron juntos en 1974 para iniciar un grupo de jazz fusión, Clemons fue, a partir de entonces, el único miembro negro de una banda blanca, tocando a menudo para un público blanco. “Éramos demasiado unidos como para fingir que la raza no era un problema”. (Clemons le dijo al autor Peter Ames Carlin que estaba muy contento de finalmente tocar para un mar de rostros negros en el primer show de la E Street Band en África, en 1988: “Fue la primera vez que vi a más de una persona negra en los conciertos de Bruce… Pensé: ‘Wow, ¡árboles púrpuras y nada de blancos! ¡Esto debe ser el Cielo!”).

En los viejos tiempos y con bastante frecuencia, Springsteen le daba un beso en los labios a Clemons en el escenario, yendo por todo el lugar hasta encontrarlo con los brazos abiertos. Por años, este gesto provocó la teorización de estudios culturales —matices queer, subversión racial, etc.— y últimamente, ha inspirado collages de fotos en redes sociales de jóvenes fanáticos de la música, fascinados ante la idea de estrellas de rock, aparentemente muy heterosexuales, desafiando los elementos más cuadrados de su audiencia. Cuando le digo todo esto a Springsteen, se muestra tan divertido como estupefacto. “Estás bromeando”, dice. “Te diré la verdad, nunca lo pensé. Honestamente puedo decirte que nunca me sentí consciente de ello ni lo pensé. Simplemente éramos muy cercanos”.

Más tarde, añade: “Estamos hablando de una de las relaciones más profundas de mi vida. No puedo reducirlo a un ejercicio intelectual, no puedo reducirlo a una explicación sociológica de 45 años de trabajo y amor con uno de mis amigos más queridos”.

Desde algunos ángulos hay una inquietante sensación de finalidad que rodea a Letter to You. La portada muestra a Springsteen en un paisaje invernal, pero admite que la canción que da el título al álbum es una especie de resumen de su producción artística; todo fue una carta que envió al mundo, donde “intentaba evocar todo lo que mi corazón considera verdadero”. Incluso desenterrar las tres canciones de los 70 le da una sensación de cierre, por más que el músico insista en lo contrario.

 ¿Podría ser este el último álbum de la E Street Band? “Creo que la conclusión a la que Bruce ha llegado, es que puede que sí lo sea”, dice Van Zandt. “Enfrentar su propia mortalidad es tan honesto como realista, y puede ayudar a personas que están en ese estado mental; pueden estar a punto de irse o un ser amado se fue. Y para cuando esto salga, podríamos ser 200 mil de nosotros. Podría ser catártico para esas personas, también podría ser literal. Para este punto, si tienes algo que decir, ¡es mejor que lo digas ahora! ¡No esperes más! Porque, ¿quién sabe? No creo que lo haya dicho en serio. Y si es el último álbum, ya sabes, nos vamos peleando. Y si no lo es, vamos a tener que volver, ¡y vamos a tener que superarlo!”.

Springsteen reconoce que “el mañana no está garantizado”, pero eso es todo lo que dirá al respecto. Y probablemente vale la pena señalar que en el coro de Ghosts está prácticamente gritando: “¡Estoy vivo!”. “Tengo planes”, me comenta, “tengo un largo camino frente a mí… Algunos de mis recientes proyectos han sido beneficiosos, pero en realidad, ha sido beneficioso para esta etapa de mi vida laboral. Tengo mucho que hacer, y pienso continuar”.

Tiene “muchos proyectos” en desarrollo, incluyendo todo el trabajo en sus archivos, que incluyen varios “álbumes perdidos” junto con tomas más dispersas. (Por ejemplo, en los últimos tres años, Weinberg ha estado en el estudio regrabando al menos 40 canciones antiguas “en todos los estilos posibles”. “Cualquier otro artista mataría por conseguir estas canciones”, dice el baterista). Algunas de estas canciones aparecerán en un segundo volumen de Tracks, algunas quizá en otros formatos. “Queda mucha música buena”, dice Springsteen, señalando que le gusta colaborar con su antiguo yo. “Solo tienes que devolverte, no es tan difícil. Si saco algo de 1980 o 1985 o 1970, es increíble cómo puedes pasar a esa voz. Es como una especie de estado mental, todas esas voces están a mi alcance, si las quiero usar”.

En el escenario, frecuentemente Bruce le daba un beso en los labios a Clemons. “Solo éramos muy cercanos”, dice. Rick Diamond/Getty Images.

Ha sido una tarde larga, y Springsteen me acompaña al carro, seguido por dos perros, un pastor alemán llamado Dusty (¡Dusty Springsteen!) y un pequeño terrier llamado Toast, antes de cambiar los planes. Nos dirigimos al estudio, donde Ron Aniello, su productor desde Wrecking Ball, y el ingeniero Rob Lebret están trabajando en algún proyecto misterioso del día. En un atril hay un pedazo de papel que enumera un conjunto de acordes con un título desconocido en la parte superior. “Esto”, me dice Springsteen, señalando los instrumentos en cada esquina, “es la casa de las mil guitarras”.

También muestra el garaje contiguo, lleno de motocicletas y coches antiguos, incluyendo el Corvette de la portada de su autobiografía, el cual uno de sus hijos reconstruyó hace poco para que se vea exactamente como en la foto. Le pide a Aniello que saque una botella de Cuervo helado, y nos sentamos frente a una enorme pantalla plana para ver la película de Thom Zimny sobre las sesiones de Letters to You; su antiguo documentalista estuvo allí para capturar cada momento de grabación, a blanco y negro, justo donde estamos sentados. (“Había como 20 camarógrafos”, recuerda Weinberg). El plan de Springsteen es mostrar, más o menos, 10 minutos de la película que acompañará al álbum.

En vez de eso, terminamos viéndola toda durante hora y media, con Springsteen tomando el control a cada rato para subir el volumen a los niveles del MetLife Stadium. Sirve un poco más de tequila a medida que la película avanza, riéndose de los chistes y cantando de vez en cuando. Es solo otra tarde en Jersey, viendo a Bruce Springsteen ver a Bruce Springsteen grabando un álbum con la E Street Band.

Antes de que comience la película, el cantante sirve tequila para mí y Aniello, y ofrece un brindis. “Por el rock & roll”, dice, haciendo una larga pausa antes del remate: “O lo que queda de él”.  Se ríe, y todos bebemos.