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Lady Gaga regresa a la pista de baile con Chromatica

Su mirada atrás al disco, el electro pop y el house llegó en el momento indicado
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Lady Gaga regresa al dance pop en Chromatica, su nuevo álbum, y suena como si se sintiera en casa.
Norbert Schoerner

Lady Gaga

Chromatica

Si alguien le quisiera escribir una carta de amor a la disco y al house en una época donde ir a una discoteca es igual de raro a usar un vestido hecho con carne, tenía que ser Lady Gaga. Aunque tenía planeado lanzar Chromatica al comienzo de la pandemia, hay algo de confortante en la manera en que el álbum captura ese sentimiento de fiesta en el momento más solitario y aislado de la historia. Puede que no haya sido su intención cuando grabó el álbum, lo que devela el regreso a sus raíces electro pop, pero entre sus coros esperanzados y sus beats explosivos, ella plasmó el deseo de unión de la gente, mientras usan sus audífonos, miran de reojo sus cámaras y bailan a solas en sus cuartos. 

Desde que Gaga se introdujo a sí misma con Just Dance, pasó por varias etapas: una estrella pop inocente e ingenua, una cantante de jazz, una baladista de rock y una ganadora de un Óscar. En Chromatica, su sexto álbum de estudio, muestra todas las facetas de las que sus fans se enamoraron en primer lugar: es romántica, transparente, coqueta, íntima y, sobre todo, una mujer que necesita curarse después de haber sido lastimada demasiadas veces. Su objetivo sigue siendo bailar, pero esta vez parece más tridimensional, más humana que esa fama de monstruo que se ha atribuido a lo largo de los últimos años. 

Cuando el verso “All I ever wanted was love” [Lo que siempre quise fue amor] aparece en su sencillo principal Stupid Love, suena como una revelación nueva. Cuando ella declara que “I’m still something if I don’t got a man” [Todavía soy algo si no tengo a un hombre] en el himno Free Woman, es muy valiente. Y cuando con tranquilidad se dice a sí misma “I’m not perfect yet, but I’ll keep trying” [Todavía no soy perfecta, pero seguiré intentando] en 1000 Doves, parece ser un descubrimiento. No lo podrías adivinar de la portada, que parece una ilustración de una edición antigua de la revista Heavy Metal, pero Chromatica en términos generales es una terapia pop para alguien en busca de una revelación emocional.

Dos años después de que la serie Pose retratara el mundo de finales de los 80 y rememorara para el mainstream la cultura de la bola de cristal, Lady Gaga se rebela en su álbum dentro del mundo de las discotecas y la moda. Chromatica no es el único álbum que se estrena este año con ese color neón de los 90 (Future Nostalgia de Dua Lipa), pero Gaga lo hace de una manera deferente y mejor rodeada instrumentalmente.

En este punto de su carrera, Gaga sabe cuáles son sus marcas registradas, y ella y sus productores (entre ellos BloodPop, Axwell, Max Martin e incluso Skrillex) introducen nuevos hooks cada segundo, logrando que los 43 minutos de duración del LP sean divertidos y fáciles de escuchar. Alice, la primera canción real del álbum, abre con un coro: “My name isn’t Alice, but I’ll keep looking for Wonderland”, que decora con “ahhs”, y con un “oh ma-ma-ma” que nos recuerda el “ra-ra-roma-ma” de Bad Romance. Hay dulces de todos los sabores. Rain on Me, un dueto junto a Ariana Grande que habla de superar los momentos difíciles, tiene una fuerte influencia del R&B de los 90, y Sour Candy mezcla el house con el hip hop y el sonido dulce del k-pop, gracias a la colaboración con el grupo Blackpink. 

Ella está en su mejor momento a la hora de tomar riesgos musicales, como en 911, una canción de new wave que parte las diferencias entre The Buggles y Kraftwerk, filtrado a través del caleidoscopio de Gaga, y en su dueto junto a Elton John para Sine From Above, en la que logra compactar el drama y los sintetizadores de funk en un sencillo de pop progresivo. 

Por otro lado, algo común en el caso de Gaga, se tropieza cuando intenta ser demasiado conceptual. Plastic Doll, una fantasía en la que usa a Barbie como una metáfora de su fragilidad en el amor, se siente demasiado exagerada comparado con el resto del álbum y con sus epifanías personales, y la última canción, Babylon, con una letra de la que se puede arrepentir y un rap que se parece demasiado a Vogue de Madonna, tienen un lugar asegurado en el olvido. Es como si todo el drama de Born This Way nunca hubiera sucedido. Pero esas son solo sombras. 

En su mayoría, Gaga enfocó el espectro de Chromatica en el tipo de música de baile que sale naturalmente de su talento. El dance siempre será su salvación, y su renacimiento pop no pudo surgir en el mejor momento.