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Las reseñas discográficas, un entierro de tercera

¿Qué tanto sentido tiene que se sigan reseñando álbumes en la era de TikTok?
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Ilustración por Alias Ce. TAYLOR SWIFT: JORDAN STRAUSS/INVISION/AP; WEEKND: GETTY IMAGES; DUA LIPA: EFE/EPA/HAYOUNG JEON; BRUNO MARS: CORTESIA ARTISTA; LIDO: GALIT RODAN/THE GLOBE AND MAIL

Los hechos

La primera edición de Rolling Stone que se editó y publicó en Colombia, en 2003, tenía en su portada a Andrea Echeverri, y en su sección de reseñas aparecían 23 discos comentados por 19 periodistas. La edición estadounidense de Rolling Stone en octubre de 2004 tenía en la tapa a los artistas de Vote For Change (Pearl Jam, Dave Matthews Band, Bruce Springsteen, R.E.M., y Divie Chicks, entre otros), que luchaban para evitar que George W. Bush fuera reelegido, y apoyaban a John Kerry. En esa revista fueron reseñados alrededor de 30 álbumes, comentados por un número similar de periodistas. Andrés Calamaro estuvo en la carátula de RS Argentina en diciembre de 2005, que reseñaba más de 20 discos lanzados para ese mes.

Lo más seguro es que eso nunca vuelva a verse. Las reseñas discográficas se han desdibujado, adelgazado, envilecido y banalizado hasta un punto en el que muchos preferirían que se extinguieran para siempre. Actualmente, en un mes no encuentras 20 discos que merezcan reseñas serias, ni encontrarás un medio (al menos en América Latina) con 20 periodistas haciendo crítica musical. Hoy nadie tiene forma de pagar un equipo de ese tamaño.

¿Por qué?

La lista de razones es larguísima, pero podemos empezar con un buen cliché: lo bueno de la tecnología es que ahora todo el mundo puede hacer música. Y lo malo de la tecnología es que ahora cualquiera puede hacer música. Hace unos años salían tantos discos, que era necesario optar por evitar los malos discos para concentrarse en recomendar y comentar solo los buenos, aunque fueran muy pocos. Lo peor es que cada vez se publican menos álbumes, de los de verdad.

Otra cosa fundamental, algo que sabe cualquiera con dos dedos de frente, es que tras la masificación de Internet los medios vivimos una crisis que nos limita en recursos humanos y económicos, impidiendo que alcancemos a cubrir la desbordada producción cultural que impulsa la tecnología. Es una tragedia en la que se pierden, sin llegar al público que podría estar buscándolas, muchas obras magníficas en un mar infinito de basura digital.

No tiene mucho sentido reseñar otro disco pésimo, es preferible dedicar nuestros recursos a recomendar los pocos álbumes increíbles que encontramos de vez en cuando. Ahora, si el disco horrible corresponde a una súper estrella, con un presupuesto gigante de mercadeo, y un ejército impulsando sus apariciones en prensa, entonces es probable que sí le dediquemos un rato a hacerle contrapeso. Que se oiga una voz en medio de la euforia pagada.

En un mundo superficial e infantilizado, las redes sociales también se han convertido en una de las razones para que haya menos reseñas. Eres un artista, y encuentras una reseña negativa sobre tu nuevo sencillo, entonces publicas en tus redes sociales dando la queja a tus miles de fans, de esta forma presionas al medio y al periodista para que no se vuelva a repetir. O te lamentas en un podcast porque el periodista no quiso aplaudir tu más reciente genialidad. A ver cuándo creces. Si eres una figura pública tendrás que aceptar las duras y las maduras. Madura.

Existen ahora montones de portales en los que la gente puede hacer sus propias reseñas y calificaciones, entonces el público prefiere guiarse por estos sondeos “democráticos”, en lugar de atender las recomendaciones de periodistas y expertos, que en muchos casos pueden estar guiados por una trama de relaciones públicas complicadísima. Todo hay que decirlo.

Por otra parte, si ya no hay álbumes, casi no tiene sentido destinar grandes esfuerzos a reseñar un formato medio extinto. Ahora todos son sencillos, y antes de que se “lance” el disco completo (en un simple ejercicio de mercadeo) la gente ya ha oído prácticamente todas sus canciones. No hay disco porque ya hubo 11 lanzamientos sueltos e inconexos que seguramente no constituyen una pieza articulada y memorable.

El fenómeno de las reseñas en YouTube es muy interesante para cierto tipo de mercados, y puede contradecir estos planteamientos, pero las tendencias que impone el mainstream no se revertirán fácilmente desde la independencia. Personajes como The Needle Drop podrían replantear sus publicaciones cuando llegue el día en que la gente ya haya oído el 75% del álbum al momento del lanzamiento.

Lo otro que se ha vuelto muy frecuente es dividir el álbum en tres o cuatro entregas de acuerdo con algún concepto que enmarque la obra. Así el artista busca más atención de los medios, pero no puede esperar tres o cuatro reseñas en un año, mientras todos los colegas apelan a las mismas estrategias.

Eres periodista musical y un día llega a tu casa una caja que contiene camiseta, mug, gorra, cuaderno, llavero, stickers, postales, almanaque, un lapicero y un disco. Solo falta una freidora. ¿Qué quieren que reseñes? ¿El merchandising? ¿Esperan que hagas un unboxing en tus redes sociales? Si el álbum necesita todo eso, es probable que algo no ande bien. Pero no hay nada que hacer, son los tiempos que nos tocan. La industria está llena de artistas con más dinero que talento, dispuestos a pagar el equipo que les garantiza un espacio en los medios, un espacio que les quitan a los que tienen más talento que dinero.

Tal vez los artistas deberían invertir todo ese esfuerzo y dinero (el de los regalos, los influencers y la serie interminable de lanzamientos con sencillos) a hacer que sus composiciones sean más profundas, auténticas, impactantes y originales. A ensayar más, a leer más, a producir mejor, a tomarse menos fotos y explorar musicalmente más. A ofrecernos algo que jamás hayamos escuchado; ese es su trabajo.

Se dice que cada día suben a Spotify más de 40.000 canciones, y aparentemente la pandemia ha incrementado estas cifras por la falta de shows en vivo. ¿Qué vamos a hacer en ese panorama? ¿Oír discos una vez para reseñarlos a la carrera y mantenernos en la pelea del click y el like? ¿Decir cualquier cosa elogiosa para permanecer vigentes en las redes sociales? Para reseñar de verdad un álbum, necesitas oírlo completo al menos diez veces, pero si lo haces vas a estar retrasado en otras 40.000 canciones que tampoco alcanzarás a oír honestamente.

Las redes imponen una presión, y los medios podemos caer en la tentación de darles gusto. Por otra parte, es interesante que se elimine el carácter jerárquico de la relación entre el crítico y el público; probablemente ha llegado la hora de que ese crítico se convierta (o vuelva a ser) un divulgador honesto e incorruptible, en la medida de lo posible.

Los periodistas musicales tenemos una gran responsabilidad en este panorama.

Todos vamos a salir perdiendo a largo plazo si las reseñas se convierten en ejercicios de relaciones públicas; el algoritmo y la plata nos habrán derrotado. ¿Si ahora todos los discos son geniales, eso significa que todos son lamentables? ¿Vamos a nivelar por lo bajo?

Por mi parte, y solo puedo hablar por mi parte, trataré, en la medida de lo posible, de enfocarme especialmente en lo que encuentre interesante, único, honesto, y con potencial para perdurar, aunque sea en la memoria de unos pocos ñoños.

Y recordaré que probablemente la peor reseña es la indiferencia.