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Lorde encuentra la calma en medio de una crisis de vida en Solar Power

Su tan esperado tercer álbum de estudio es ingrávido y playero, pues pretende encontrar la serenidad en tiempos de ansiedad
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Ophelia Mikkelson Jones

Lorde

Solar Power

Nada impulsa más una crisis a los 20 que una catástrofe climática y una pandemia, así que Lorde llegó justo a tiempo. Con Solar Power, justamente ella está atravesando por esto: está cansada de la fama adolescente y el capitalismo, está preocupada por el estado de la Tierra y está haciendo el duelo por la pérdida de su amada perra Pearl. Para apaciguar el creciente mar de angustia y estrés, escapa a un resort en una playa ubicada en su mente. Este es el comienzo de una nueva Lorde, una que trata de canalizar su paz interior obteniendo resultados variados.

La canción que lo titula es la que encamina el ciclo del disco; un corte de sunshine pop comercial que conserva algunas armonías de sus dos álbumes anteriores, pero que se aleja de su oscuridad subyacente. El resto de Solar Power maneja el mismo concepto: Clairo y Phoebe Bridgers hacen los coros sobre una mezcla entre sonidos acústicos al estilo Laurel Canyon y baladas serenas. Y como lo promete en Oceanic Feeling, su “labial color cereza oscuro está acumulando polvo en el cajón/Ya no le necesito”.

Lorde pasa gran parte del álbum mudando de piel. Los celulares son arrojados al agua y se despide de “todas las botellas y todos los modelos”. La música que amó cuando tenía 16 años es dejada atrás en Nueva Zelanda, probablemente junto a su labial acumulando polvo. Prácticamente se borra a sí misma de su pasado, llevando consigo unos cuantos recuerdos, como aquella vez en la que Carole King le entregó un Grammy (California). Pero incluso su relación con la música es tensa: “Pensé que era una genio/Pero ahora tengo 22 años y estoy comenzando a sentir como si todo lo que supiera hacer fuera ponerme un traje y quitármelo/Con mi puñado de canciones que duele tocar”, admite en The Man With the the Axe. La balada en sí misma es un poco aletargada, pero a lo largo del disco se teje un ambiente de tensión emocional que no siempre se traduce en la forma en la que suenan las canciones, ocasionando que algunas de esas reflexiones parezcan menos serias de lo que deberían.

Por otra parte, esas visitas hacia el interior de su psique no terminan de encajar y a menudo comprometen los momentos más satíricos. Mood Ring, que es un éxito desde el punto de vista sonoro pero un desacierto desde el lírico, es una de las sátiras más evidentes ya que aborda la cultura del bienestar a través del lente de la vida en las comunas hippies de los años 60. Pese a ser un intento osado, lo que le hace falta es una de las mejores partes de la composición de Lorde, su asombrosa solemnidad. Cuando se deja llevar, como en Oceanic Feeling y Big Star, es una fuerza pop imparable.

Solar Power deambula en medio de la ansiedad, y resulta fácil identificarse debido a todo lo que está pasando en el mundo, aunque admite que se regodea en sus pensamientos más profundos e inconclusos. Incluso Robyn, quien aparece al final de Secrets from a Girl (Who’s Seen It All) como una asistente de vuelo en Strange Airlines con destino a Sadness, no tiene idea de adónde te llevará el viaje.

Pero las circunstancias del lanzamiento de su LP más introspectivo hasta ahora son un poco graciosas: estamos viendo el impacto de sus primeros dos discos dominando la música popular. Su influencia ha dejado una marca indeleble en artistas como Olivia Rodrigo e incluso Billie Eilish, quienes saben lo agotador que puede ser alcanzar la fama antes de llegar a los 20. Por estos días estamos escuchando una versión de Lorde en todas, pero ella misma no puede notar nada de esto ya que tiene un par de conchas sobre sus orejas, escuchando cuidadosamente los sonidos de las olas chocando en la distancia. Está descifrando su vida en tiempo real, indagando quién es y quién puede llegar a ser a través de su música. ¿Ya encontró la iluminación? No, profesa, pero lo está intentando.