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Marilina Bertoldi arrastra el rock de vuelta a lo marginal

La cantante argentina habla sin tapujos de la necesidad de darle espacio en los grandes escenarios a las nuevas voces y propuestas
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GONZALO ALIPAZ

‘El rock de los hombres ha muerto’, ha dicho Marilina Bertoldi en más de una ocasión, como respuesta a esa frase ya trillada del fallecimiento del género. Para la cantante argentina nunca va a desaparecer, solo que ahora está en otro espacio. Desde hace más de medio siglo, cuando Chuck Berry agarró su guitarra, Elvis cantó That’s All Right (Mama) y Bill Haley llegó a lo más alto de los listados con Rock Around the Clock, el rock ha sido dominado por los hombres.

Obviamente han existido excepciones. Desde Janis Joplin hasta Andrea Echeverri, pasando por Joan Jett, todas las bandas noventeras del riot grrrl y hasta las punketas colombianas como Mónica Moreno de I.R.A. o Polikarpa y sus viciosas, han tomado el rock como un camino para alzar la voz. En Argentina es más difícil encontrar referentes.

Ese fue el contexto en el que Marilina y su hermana Lula (vocalista y guitarrista de Eruca Sativa) se criaron. Los 90 puede ser la última gran década del rock, con una figura como Kurt Cobain en el grunge, la explosión de las bandas latinoamericanas, el brit pop y hasta esa unión con electrónica a cargo de The Chemical Brothers y Prodigy. Luego vendría la experimentación de Radiohead. Al sur de América Latina, Soda Stereo se tomaba el continente, mientras los Fabulosos Cadillacs rodaban en MTV con Matador y Fito Páez se convertía en leyenda. Charly y Spinetta seguían escribiendo su propia historia.

Las Bertoldi tenían que mirar al exterior para encontrar referentes femeninos. “En Argentina estaban Fabiana Cantilo y María Gabriela Epumer (conocida por su trabajo como guitarrista de Charly García), quien tiene dos discos solistas increíbles que nunca trascendieron”, cuenta Marilina desde su casa. “Andrea Echeverri también me influyó, pero Shakira cuando apareció, ¡Dios! Yo estaba escuchando Jagged Little Pill de Alanis Morissette, viendo a PJ Harvey y ahí la percibo a Shakira, fue increíble. La guardo en un lugar muy hermoso de mi corazón. Se mandó y tiene muchos ovarios”.

EN UN TEMPLO DEL ROCK ARGENTINO: Bertoldi festejó el Gardel de oro con un concierto histórico en el Teatro Flores. GONZALO ALIPAZ

“Me encantaría que hables, que te resistas cada vez más alto” – Fumar de día

Bertoldi comenzó su carrera en la música hace más de una década. En 2010 formó Marilina Connor Questa, un grupo que cargaba el espíritu guitarrero del rock de Seattle. Luego cambió de nombre y se quedó únicamente Connor Questa. Al mismo tiempo, por su lado escribía y componía. En 2012 lanzó el primer trabajo como solista, El peso del aire suspirado, que tiene un gran protagonismo acústico, a Lula cantando coros en Sales y un aire oscuro a lo largo de sus seis cortes.

En 2015, después de dos discos publicados, Connor Questa se disolvió. Un año antes Marilina presentó su segundo álbum solista, La presencia de las personas que se van, que se siente como una unión de lo mejor del primer lanzamiento (esa fuerza acústica junto a las guitarras ambientales), con lo de la banda (las seis cuerdas pesadas), además sumándole pianos y experimentando más con su voz entre falsetes y algún grito.

Sexo con modelos llegó en 2016 y llevó a Bertoldi hacia guitarras más densas como la canción que titula el disco o Rastro, mezcladas con riffs sensuales de temas para después de la media noche en Cosas dulces o Y deshacer. Acá también está la entrada de las máquinas y sintetizadores. En su país ganó el Gardel a mejor álbum de artista femenina de rock y estuvo nominada a mejor disco de rock en los Grammy Latino. Ahí agarró vuelo para lo que vendría.

Dos años más tarde presentó Prender un fuego y tomó por sorpresa a la música de su país. Lo que venía construyendo desde Connor Questa, los elementos con lo que experimentó en sus discos pasados, acá se unen como un rompecabezas de sonidos. Hay guitarras distorsionadas, hay solos ultra rocanroleros y más rebeldía, junto a nuevas texturas con la incorporación de sintetizadores. Por primera vez, las seis cuerdas no son exclusivamente protagonistas, aunque nunca dejan de brillar. Se siente la unidad, la intención de que una canción fluya hacia la otra en un viaje por diferentes ambientes.

“Empecé a meterme mucho más en la producción de los temas. Antes los armaba en la computadora, yo les llamaba preproducciones, y se los daba a alguien porque no me sentía completamente apta para hacerlo por esas inseguridades”, explica sobre Prender un fuego. “Cuando empezás a producir te ponés a jugar. Las guitarras pasan por ese lugar, entonces las comencé a usar más ambientalmente. El efecto que tenés, el dry y el wet, tirándolo más al wet para que sea como un colchón, que no se escuche la guitarra pero sí el efecto. Trabajar con esas texturas”.


“Supongo que hice cosas sin tener nunca referentes y sin saber a dónde ir porque nunca vi a una mujer en el lugar que ocupo hoy en día”.


Su proyecto artístico tiene que ver con la forma de trabajar de Radiohead, una de sus bandas favoritas que la llevó desde el Pablo Honey más guitarrero hasta la experimentación electrónica de OK Computer. Lo que más admira de Thom Yorke y compañía es que “siempre estuvieron en una búsqueda. A mí me gustan los artistas que evolucionan y te hacen evolucionar como oyente”, confiesa. “Es esa rebeldía de romper con lo que acaba de aceptarse”.

Si Sexo con modelos significó un reconocimiento ante la opinión, con este LP de 11 canciones puso al underground argentino, a las nuevas propuestas y las mujeres rockeras en el mapa de los aplausos que están reservados para las largas trayectorias.

El Gardel de oro, explica Marilina, es “el premio a la música más importante del país […] Es importante más que todo por la repercusión que genera quién lo gana”.

Desde que se empezó a entregar en 1999, Mercedes Sosa había sido la única mujer en recibirlo por su disco Al despertar. El año pasado estaban nominados Andrés Calamaro (que iba por su tercer galardón) con Cargar la suerte, Los Auténticos Decadentes con el MTV Unplugged, Discutible de Babasónicos (iban por el segundo), el grupo de jazz Escalandrum (también buscaba el segundo) gracias a Studio 2 y Bertoldi con Prender un fuego.

“Estuve haciendo investigaciones sobre esto. La única persona que no es hombre que ha ganado este premio es Mercedes Sosa hace 19 años”, dijo cuando recibió el Gardel de oro. “Hoy lo gana una lesbiana”.

Y añadió: “Para mí, cuando yo era chica estos premios eran algo imposible. Inicialmente eran algo lindo para ver en la tele, después, a medida que fui creciendo, me fui alejando porque no representaban nada de lo que yo escuchaba. Creo que, sobre todo, lo festejo como un artista nuevo, como un artista que viene a cambiar las cosas, a decir algo distinto, de otra forma, y eso me parece lo más importante”.

En las entrevistas que después le hicieron, insistió en que el Gardel no va a tener un verdadero peso si se lo siguen entregando a los artistas de siempre, si no le dan espacio a las mujeres y a las nuevas bandas que tienen algo distinto por decir. Son esos grupos los que realmente le están hablando a la juventud argentina, que están planteando nuevas formas de expresarse y de interpretar lo que hay a su alrededor. Y es un mensaje que también podría replicarse en Colombia.

Pero no es un cambio que se da de un año para otro. Requiere de generaciones que volteen la forma de pensar porque “hay gente muy aferrada a su machismo, que además desconocen que lo tienen, está tan naturalizado que ni lo eligieron”, explica Bertoldi. “Les tocó por cómo los educaron. Pero siento que sí están cambiando por la condena social que tiene no hacer ciertas cosas, por el miedo a que no pasen, por cuidarse. Igual, nos falta muchísimo”.

DE FRENTE Y A LOS OJOS: La cantante defiende sus ideales así le toque pelearse. “Yo levanto mí bandera, de lo que puedo aportar al feminismo”, dice. GONZALO ALIPAZ

Esto va de la mano de una transición que se ha visto en la música de Argentina, sobre todo en el rock, con propuestas como la ley de cupo femenino en los festivales. Un conjunto de artistas, que tuvo a Lula como una de las caras más visibles, logró que se convirtiera en ley la obligación de que el 30 % de un cartel de cualquier evento musical esté compuesto por mujeres.

“Como nunca me visualicé en esos lugares, siempre trabajé en pos de la música, fui muy rebelde y me chupó todo tres huevos porque nunca tuve nada por perder. Esa siempre fue mi actitud”, dice Marilina. “Entonces supongo que hice cosas sin tener nunca referentes y sin saber a dónde ir porque nunca vi a una mujer en el lugar que ocupo hoy en día”.

Tras ganar el Gardel se presentó en el Teatro Flores, una tarima por donde han pasado todos los grandes de su país. “Justo elegimos ese lugar que es como el templo del rock de Capital Federal. Fue un evento histórico para nosotros porque de repente veías pibas haciendo pogo en tetas, todas tranquilas”, comenta, “ese es el tema, es algo que nunca hubiésemos imaginado. Fueron muchas victorias que evidenciaban que algo está cambiando, me parece que es eso lo que estábamos festejando”.

“Estaba enojada y ahora estoy preparada” – ¿O no?

A Marilina se le nota cuando está incómoda en una conversación. En YouTube hay unas cuantas entrevistas en las que es evidente. Y no lo esconde, le importa un carajo. “Yo levanto mí bandera, de lo que yo puedo aportar al feminismo. Soy buena para pelearme con giles, me peleé ya con un montón de chabones públicamente y eso es lo que hago”, afirma. “Estoy ahí y defiendo lo que creo que es correcto que, ante todo, para mí es que no hayan faltas de respeto y que se den cuenta de cuándo sus discursos no tienen sentido, cuándo están siendo muy misóginos, cuándo están siendo muy discriminatorios”.

Pero al hablar de música está en su zona. Se suelta, se ríe, mueve las manos, cambia su forma de sentarse varias veces. Describe los sonidos de la guitarra que le gustan, el lugar que les está dando en sus nuevas composiciones, las bandas que ama. Profundiza en la historia del rock como una respuesta a lo establecido. En su país, durante la dictadura militar entre 1976 y 1983, agrupaciones como Serú Girán combatieron la censura, mientras que músicos como Piero y Gustavo Santaolalla tuvieron que salir de Argentina buscando nuevos horizontes creativos.

“Me puse a analizar qué es lo que nos gusta y lo que diferenció al rock a lo largo de todos los estilos, de todos los subgéneros”, examina Bertoldi. “Siempre partió de nichos, de lugares donde estaban los que eran mal vistos, los freaks que se levantaban y hacían su estilo, generaban en su público algo que los identificaba. Empezaban a pelear por los oprimidos, por los que estaban en los márgenes. Eran cosas que no se decían y estaban en contra de las generaciones anteriores”.

Sin embargo, en las últimas décadas cayó en un estado de comodidad: los mismos nombres son los que llenan los estadios y coliseos, los mismos artistas encabezando los festivales, los mismos mensajes y pocos discursos diferentes. La rebeldía desactualizada de hace 30, 40 o 50 años.

UNA VOZ FRESCA: Marilina Bertoldi carga la bandera del nuevo rock argentino. GONZALO ALIPAZ

“Hoy en día quienes tienen algo que decir, porque han sido oprimides, somos las mujeres y las disidencias. El hombre, hoy en día, se entendió por un clic que dio la historia, es el opresor. Más allá de que individualmente vos o mi amigo no sean el opresor”, comenta. “Se entiende que nosotras tenemos algo que decir que es colectivo. Me parece que es darle vida otra vez a ese rock que nos gusta, que es poner luz donde no había luz. Y digo que el rock de los hombres se murió porque ahora empiezan a salir muchas bandas de rock de mujeres, y dicen que se murió. Mi respuesta es igual de agresiva”.

Marilina explica que en Argentina hay muchas escenas distintas que le han dado el escenario a estas propuestas que tienen algo qué decir, un punto de vista diferente. Y no se trata únicamente de guitarras y riffs. Para ella, el trapero chileno Kidd Tetoon es totalmente rockero. Más allá de que ya no ocupe un espacio entre lo comercial, el rock ahora está en un lugar de resistencia, “un lugar también muy lindo”, aclara Bertoldi.

Han pasado dos años desde que se lanzó Prender un fuego y uno desde que ganó el Gardel de oro. Debido al confinamiento, el próximo álbum se ha retrasado, pero ya está trabajando en eso. Recibir el premio más importante de la música en Argentina le ha metido algo de presión, pero sobre todo ánimo y confianza.

“Bueno, me dieron el premio, estamos acá, logré todas estas cosas”, concluye Marilina, “voy a sacar mis mejores discos ahora. Y no van a quedar dudas, ni una. Siento que estoy haciendo los mejores temas de rock de este momento, me los atribuyo. No es agrande, solo que lo estoy disfrutando todo, estoy tan feliz que quiero todo. Quiero todo”.