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Mirar hacia atrás para abrir nuevas puertas

El simple hecho de ofrecernos obras inéditas de Luis Alberto Spinetta ya hace que esto sea un tesoro
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Un álbum póstumo que nos hace volver a casa.
SONY MUSIC

Spinetta

Ya no mires atrás

Una USB, algo de apariencia insignificante que cabe en la mano de un niño, una joya. Un regalo inesperado. Eso fue lo que Catarina Spinetta, hija de ‘El Flaco’, encontró revisando las cosas de su padre fallecido hace ya ocho años. La carpeta de archivos se llamaba “Folder”.

De ahí provienen estas siete canciones grabadas en el estudio La Diosa Salvaje entre 2008 y 2009 junto a la banda de base que lo acompañó durante sus últimos conciertos: Nerina Nicotra (bajo), Claudio Cardone y Juan Carlos Fontana (teclados) y Sergio Verdinelli (batería).

Desde el primer momento, con Veinte ciudades, estamos viviendo un reencuentro. Un regreso al hogar. A ese lugar profundo y elevado, liviano y sofisticado que Spinetta siempre construyó con su música. No es necesario que su guitarra vaya al frente, incluso parece un disco más entregado al piano y a los teclados que arropan sus estrofas. Esa voz delicada, llena de emotividad, carácter e identidad, es más que suficiente para acogernos y hacernos sentir como en casa, aunque no seamos necesariamente grandes fanáticos.

De cualquier modo, esos grandes fanáticos se encuentran acá con la maravilla de Luna nueva, mundo arjo, una pieza que Spinetta había tocado muchas veces en vivo sin llegar a registrarla debidamente en un estudio, aunque para él representaba casi una definición de sus sentimientos sobre la Argentina que vivió. “Este es nuestro jardín y debemos defenderlo, es lo único que sé”, dijo antes de tocarla en una presentación que hizo en la Casa Rosada.

Este es el segundo álbum póstumo que conocemos del argentino, después de Spinetta Los Amigo (sin ‘s’ al final), que se grabó en 2011 y vino a ver la luz en 2015. A diferencia de ese primer ejercicio, en el que se sumaron luego teclados y orquestaciones, lo que oímos en Ya no mires atrás es exactamente lo que se grabó en el momento, y no tuvo overdubs ni grabaciones posteriores. Habría sido en extremo delicada la tarea de añadir, quitar o pulir algo en este documento.

Y si algo parece sobrar es, tal vez el rap de Dante y Valentino (hijos del maestro) incluido en Merecer; no aporta mucho y alcanza a sentirse como en fuera de lugar.

Más allá de ese detalle, lo que Catarina encontró en aquella USB es oro puro.