fbpx

Paul vuelve al country

McCartney vuelve al sonido de sus primeros trabajos en solitario para entregarnos una joya llena de tranquilidad
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Mary McCartney

Paul McCartney

III

Todas las décadas deberían comenzar con un álbum de Paul McCartney como “one man band”, y esta lo necesita más que ninguna otra. McCartney III continua con la tradición de discos caseros, como su debut acústico de 1970 y su excentricidad de synth pop de 1980, McCartney II. Al igual que sus dos predecesores, este álbum muestra a Macca en su punto más alegre. No está preocupado por ser una leyenda, un genio o un Beatle, solo es un hombre de familia relajándose en cuarentena, escribiendo un par de canciones para mantenerse en forma. Es el álbum más  cálido y amigable de los que han salido en la cuarentena, básicamente es una mezcla entre Ram y Folklore.

Como nosotros, Macca ha estado en aislamiento, pasándolo en su granja con su hija y sus nietos sobre su regazo, tocando la guitarra acústica bajo el sol del verano inglés. Escribió, tocó y produjo casi todas las canciones de McCartney III, lleno de punteos folclóricos. En los 70, uno de sus compañeros de Wings dijo que solo era “un granjero que toca la guitarra” y esa es la vibra a la que le apuntó acá. Paul no ha sonado así de rustico desde sus comienzos como solista, desde Mary Had a Little Lamb hasta Mull of Kintyre. Al cantar sobre ovejas y gallinas, uno sabe que realmente está hablando de los animales y no son metáforas.

McCartney III funciona mejor cuando se basa completamente en el concepto acústico. Comienza con la maravillosa Long Tailed Winter Bird con un par de minutos de una guitarra folk frenética antes de siquiera comenzar a cantar. También está la balada de yatch rock Women and Wives y el tema que evoca a Abbey Road, Lavatory Lil.

Ilustración por Mark Ulriksen

McCartney ha estado en una racha de composición recientemente. Han pasado solo dos años desde el excelente Egypt Station, uno de sus mejores discos en solitario con el tema al estilo de Alex Chilton, Dominoes, que definitivamente es un clásico en el Top 10 de Paul. Egypt Station también fue un éxito Número Uno, y no pienses que Macca no se lo toma en serio, fue su primer álbum en encabezar los listados desde Tug of War en 1982, estableciendo un nuevo récord para el periodo de tiempo más largo entre álbumes que alcanzaron el Número Uno.

McCartney III no es ambicioso como Egypt Station; es una limpieza de paladar después de un cuidadoso proyecto de estudio. Las únicas fallas del disco llegan cuando le sube a los sintetizadores y rockea. El álbum llega a su punto máximo con The Kiss of Venus, un romance pastoral que es como una versión moderna de Mother Nature’s Son, tocando notas altas y conmovedoras con su voz magníficamente envejecida. Termina con Winter Bird/When Winter Comes, una dura historia de la vida en el campo. Al comienzo parece el listado de tareas de un granjero: “Debo cavar un drenaje en la plantación de las zanahorias”. Pero también es un retrato de la felicidad en la vejez, con una pareja de ancianos junto al fuego, lo cual le da un sorprendente poder emocional a la canción; es como la otra cara de When I’m Sixty-Four, con Paul recordando 1978. En McCartney III no está arremetiendo contra el invierno, es solo la oportunidad para que el maestro se relaje y sonría.