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Pedro Capó, frescura y redención

Con Calma, su más grande éxito, este puertorriqueño ha puesto a sonar la música latina en todo el mundo
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FENÓMENO VIRAL: El video de la versión de Calma junto a Farruko ya supera los dos mil millones de reproducciones en YouTube.

Prensa Pedro Capó/ Manuel Vélez

Como parte de El pulso de la cultura, el podcast que Rolling Stone ha empezado a desarrollar en este 2020, presentamos una conversación con Pedro Capó, un hombre que tiene mucha más historia de la que podríamos imaginar a simple vista, y que ha lanzado recientemente Munay, un LP que ha venido triunfando con una anticipación pocas veces vista en la industria musical.

Quisiera empezar por recordar en qué momento o qué recuerdo tienes… ¿cuál fue el primer momento en tu conexión con la música?

Desde que tengo uso de razón. Nací con la noción de que mi abuelo, Bobby Capó, era una estrella de la música, un gran compositor. Así que siempre tuve esa información conmigo, además de eso, mi padre, músico también, cantautor, siempre me incluía en el proceso creativo, siempre estaba escribiendo en la casa. Me daba a opinar, me preguntaba: “¿Qué opinas de esto? ¿Le cambiarías las rimas? ¿Sientes que hay una frase mejor?”. Y eso fue como despertando la chispa, mi vocación en mí. Y desde niño fui el típico chamaquito con el cepillo frente al espejo, cantando en cada esquina. Mi papá me subía al escenario y ese tipo de cosas. Ya en la adolescencia empecé a gravitar hacia mis gustos personales, en ese momento del rock alternativo, el latinoamericano, el de Seattle; empecé a montar bandas y ese tipo de cosas.

¿Esa herencia tan fuerte generó algo de presión en ti?

Pues no directamente, porque yo siento que al ser dos generaciones aparte, una generación en medio, que ha sido la de mi padre… Él sí sufrió bastante. Se llama Bobby Capó Hijo, y había recortes de periódico, recuerdos de él. “Bobby Capó Hijo va por Bobby Capó”, y había un poquito de animosidad con eso. Yo no, nunca sentí presión. Claro, responsabilidad sí, tengo un apellido que hay que cargar bonito. Y que tengo que demostrarme, en algún momento tenía que demostrar que tenía lo mío. Y siempre me sentí capaz. Así que con mucho orgullo siempre y con gratitud. Pero, presión como tal, nunca la sentí.

Teniendo en cuenta que naciste en Puerto Rico, un país tropical, caribeño y más ahora que me mencionas que también tuviste como una adolescencia muy conectada al rock alternativo, ¿cómo es esa decisión para un nativo de Puerto Rico de dedicarse a hacer pop o dedicarse a hacer rock, sabiendo que tiene unas raíces tan tropicales?

Bueno, volviendo a mi abuelo, él fue uno de los compositores más versátiles de su época. El primer latino en escribir una balada tipo rock ballad. Siempre estaba buscando cómo innovarse, cómo refrescarse, cómo contribuir a los nuevos sonidos, y eso es algo que siempre me ha parecido bonito. En Puerto Rico la musicalidad es muy versátil, no solamente lo tropical o lo tradicional, por nuestra condición política, por nuestra posición geográfica, por nuestras diásporas y ese intercambio cultural y musical que ha pasado a través de los años y las generaciones. Nuestra música ha sido muy rica siempre, independiente de nuestra raíz. Como factor, nuestra raíz siempre se siente en cualquier género que adaptemos, el pop de Puerto Rico pues siempre ha tenido colores caribeños, el urbano puertorriqueño. El reguetón puertorriqueño que es algo que viene del dancehall y el dembow jamaiquino, también tiene unos colores del folclor puertorriqueño. Así que nunca me sentí que estaba tratando algo fuera de mis ámbitos, de mi espacio. Al contrario, sentía que tenía una riqueza musical que me acompañaba. Que podía tal vez darme también ángulos de cómo marcarla y contribuir a esos espacios.

¿Cómo ha sido tu proceso creativo durante todos estos años de carrera artística y cómo ha cambiado?

Una montaña rusa. Yo creo que, como artistas, primero pasamos por un camino marcado por nuestras primeras influencias, las cosas que escuchamos en nuestra casa, en nuestro alrededor, en la escuela, los sonidos mainstream del momento. Pues eso lo va formando a uno y uno va viendo la música desde ese punto de vista.

Ya en la adolescencia empecé a gravitar hacia mis intereses personales, ya empezando a formar mi identidad y sonido personal. Empecé a sonar a Eddie Vedder, sonando a cosas que me gustaban a mí, que imitaba y emulaba. Luego, me mudé a Nueva York y seguí recogiendo diferentes sonidos y gravitando a diferentes cosas. Empecé a moverme del rock un poquito más a motown, soul, ese tipo de cosas, y a sonar así. Eventualmente, en el ejercicio, uno va encontrando su voz, que es de las cosas más esenciales en la trayectoria de un artista. Encontrar tu espacio, tu sonido. Así que dentro de todos esos sonidos, poquito a poquito me fui encontrando yo.

Siempre me he considerado un artista de música popular. Y acepto y me gusta, me seduce el reto del cambio de los tiempos. Así que me doy a la tarea de poner el oído en el piso, de comprender el sonido del momento y, manteniendo mi identidad, mi integridad, busco cómo contribuir también a ese sonido, desde mi capacidad. Así que el proceso creativo ha sido bien abierto, nunca me he cerrado a posibilidades. Pero siempre tiene que ser honesto al final del día, porque ahí está la conexión.

Cuando hiciste Calma, ¿te proyectabas que iba a ser una de las canciones con mayor impacto en la música en español?

Para nada, nunca me lo imaginé. La verdad que no, Calma se escribe vacilando en el estudio con George Noriega y Rec808. No estábamos buscando un sencillo, estábamos en un proceso de composición y de exploración. Recuerdo que Rec trajo este beat súper básico, basado un poquito en una canción que tenía ya llamada Fiebre de amor, y veníamos buscando por ahí. Y sale todo como una catarsis, toda la idea melódica, un proceso de improvisación medio subconsciente, que nos sigan zumbando cosas y entran palabras, y empiezo cantando como si estuviera cantando una balada. Y por allá la cosa hasta que cae el drop del beat y salgo a la playa naturalmente, y empezamos a gozar, a bailar, a brincar como nenes chiquitos, tú sabes. Tres caribeños conectando con una estampa muy común para nosotros que es ir a la playa. Hablar de algo en el punto, la parte lírica, hablarle a algo a lo que todos tenemos acceso, a las cosas lindas que son sencillas, que no cuestan mucho, que todos podemos disfrutar la vida, independientemente de nuestra clase social.

Y así fue, la presentamos a Sony como una de las canciones que había escrito: “Está chévere, pero esto no es”. Lo acepté y en ese momento, como era para sacar sencillo, yo dije: “Pues a lo mejor no lo es”. Pasa un tiempo, un gran amigo mío que falleció hace dos años, escuchó la canción. A él le encantaba la cerveza Medalla, y conoció a alguien de esa compañía, y me dice: “Oye, envíame la canción esa de la playa que se la voy a enseñar”. Y la persona de Medalla dice: “Yo paro mi campaña de verano y nos montamos en esto”.

PREMIOS Y MÁS PREMIOS: En 2019 recibió el Grammy Latino por la Canción del Año con Calma, y en 2020 seguramente se alzará con un nuevo gramófono. Prensa Pedro Capó/ Manuel Vélez

Sony me dijo que soltara la canción y de inmediato hubo una viralidad al respecto. Algo empezó a pasar que no había pasado nunca en mi carrera. Yo puse un post de agradecimiento y Farruko, a quien yo no conocía, lo comentó. A mí me sorprendió muchísimo, le agradecí por mensajes internos. A la semana me escribe y me dice: “Oye, tengo una conexión personal con la canción, yo creo que esto puede ser un himno mundial”. Él tuvo la visión clarísima. “Si te animas, le metemos un remix”. Y así fue, no solamente por la plata, fue más por la  plataforma súper fuerte que tiene Farruko, por su contribución creativa y artística también. La llevó al próximo nivel y la convirtió en un himno. Esa frase de “Pa’ vacilar no hay que salir de Puerto Rico” es casi insignia de la canción y eso es gracias a su contribución.

Increíble el poder de una canción tan sencilla, que habla de cosas simples, que habla de la jerga boricua, del lingo boricuo, que yo pensaba que nadie iba a entender de qué estaba hablando.

¿Cómo te sentiste en ese momento? Más allá de Calma, ¿cómo te sentiste en ese momento en que diste un paso, no definitivo, pero sí muy fuerte entre el pop y el urbano?

Bien, especialmente porque siento que encontramos honestidad en cómo presentarlo. Yo pasé por un proceso cuando todo cambió, el pop latinoamericano cambió. Yo pasé un proceso de reencontrarme, de reinventarme, de incomodidad, de decir: “Yo no quiero hacer un dembow”, y empecé a soltar poco a poco, a entender que la música popular siempre está en movimiento, hablamos del disco. Era la música bailable del momento. Volviendo a que siempre me he considerado un artista de música popular, siento que es bonito siempre también aceptar el reto de los cambios del tiempo y ver cómo puedes acomodarte y contribuir desde tu honestidad y tu capacidad e integridad artística. Entonces, fui soltando un poquito con Calma, fue como un regalo. Dije: “Ok esto es real, esto es Caribe, es mi playa, estos son sonidos con los que crecí también”. Así que no era algo extraño para mí y me pareció bonito, y al fin del día también tengo que decir que el pop latinoamericano, el pop en español estaba como atascado, como que todo venía sonando a lo mismo, la misma balada, con colores medio country, entonces yo creo que hay que reconocer la labor de los colegas del género urbano porque sí empujaron, no solamente un movimiento que hoy en día es la música principal, fácilmente en el mundo entero, sino que también movieron un poco el pop latinoamericano. Y el pop, hoy en día, no es reguetón no es pop, es popetón, no sé [Risas], una mezcla entre la melodía más clásica, más fresca, los hooks y el beat.

¿No te parece que ese hecho, si bien te permite hacer parte de la tendencia, también puede ser muy desafiante teniendo en cuenta que hay posiblemente cientos o miles de artistas, tanto de urbano como de pop, yendo como hacia el mismo lugar? Es muy difícil ser o crear algo que impacte, ¿no?

Claro, y yo creo que ahí está el reto interesante. Tú pones un gimnasta a hacer 20 piruetas en una cancha grande que hay espacio o a hacerlo en una cocina, a ver qué le sale. Entonces, ahí está el ejercicio. Cuán astuto, cuán autentico puedes ser, qué puedes proponer en algo relativamente pequeño. Entonces, hay que redescubrir. Vemos colegas que están utilizando melodías de canciones antiguas como covers para refrescarlos, entonces sigue siendo un reto de cómo poner una estampa. Por eso te pongo el ejemplo de la cocina; haz cuatro piruetas, pero que te queden bien bonitas y que sean tus piruetas.

Además, yo creo que también nuestra labor es empezar a empujar eso, y ya se empieza a sentir, a traer acordes interesantes, a traer cosas bonitas musicalmente que empiezan a retar la intención colectiva de la composición y eso es bonito. Va empujando hasta que la música empieza a florecer de otra manera. Sí, creo que hay mucha cosa que se repite, que suena igual, pero ahí está el reto bonito, no caer en eso.

¿Qué expectativas tienes con Munay? ¿En qué canciones tienes puestas esperanzas? Ya hablando un poco de la realidad de la industria. Expectativas… primero que todo, que conecte y que cumpla con la misión de, quién sea que le meta la oreja, tenga un momento de luz, de paz, de alegría, de reflexión. Está la intención puesta ahí para que, ciertas canciones traigan ese tipo de introspección y de momento personal. Estamos viviendo unos tiempos difíciles. Expectativas, quiero que se vendan 40 mil millones [de copias], pues claro, ¿quién no quiere? Pero no voy a perder el sueño por eso, quiero que tenga la vida que merece tener, es un disco que me llena de orgullo en estos tiempos, creo que es un tipo de propuesta necesaria. Ojalá que traiga cambios bonitos, que traiga alegría a mucha gente. Y claro, confiado siempre de mi equipo que empujan con la misma intención, que creen con la misma fe y que son todos capaces.