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P&R: Francisca Valenzuela

La chilena lanzó un álbum lleno de sinceridad influenciado por su experiencia como activista con Ruidosa
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CORTESÍA CRITERIA ENTERTAINMENT

Francisca Valenzuela pasó cuatro años en silencio musical, desde que lanzó su disco Tajo abierto en 2014 hasta que reveló Tómame, el primer sencillo de lo que sería La fortaleza, en 2018. Aunque pasó más de media década entre un álbum y el otro, fue un tiempo que la chilena aprovechó.

En 2016 fundó Ruidosa. “A lo largo del tiempo me di cuenta de que en el mundo de la música, como en muchas otras industrias, estaban invisibilizando a muchas mujeres”, dice sobre la plataforma, que luego se convertiría en un festival de empoderamiento femenino y adelantaría un estudio sobre la participación de las mujeres en los festivales.

Tomando como referencia ese trabajo, en Argentina se pasó la ley de cupo femenino, con la que se garantiza que en todos los festivales debe haber al menos un 30% de mujeres en la programación. Esa experiencia en la que mostró una faceta activista mucho más fuerte (aunque en su música siempre ha estado presente), fue fundamental para crear el concepto de La fortaleza, su álbum más reciente.

AGENCIA UNO

Relacionando La fortaleza con Ruidosa, ¿de qué modo afectó Ruidosa el resultado de este disco?

Yo creo que van de la mano. Mi música, mi proyecto artístico y todo lo que creo siempre tiene perspectiva de género, desde el primer disco. Sin embargo, esta identidad que tiene que ver con el feminismo o los temas sociales va evolucionando.

La fortaleza de alguna manera retrata este proceso de transformación y de crecimiento personal para mí. Es decir, es de alguien que parte de un lugar oscuro y llega a la luz. Esta transformación sin duda tuvo que ver en una parte con herramientas y elementos que me fue entregando el feminismo, o mi búsqueda del feminismo. En gran parte este cambio de crecer y mirarse a sí mismo con mayor amor, de luchar contra la inseguridad.  Si bien es un disco confesional, personal e interno, tiene que ver con esa conexión con el mundo exterior que va enseñándote cosas, que te hace crecer.

Por otra parte, es interesante también pensar en cómo reformular el concepto de “la fortaleza”, que es también totalmente vulnerable, que puede ser frágil, que no solamente tiene que ser el puño en alto o la batalla, sino también estas características que no hemos reconocido como algo fuerte, y que al final del día sí lo son.

El primer sencillo fue Tómame y salió en 2018, ¿en ese entonces ya tenías claro el concepto de lo que iba a ser La fortaleza?

No, todavía no. Fue un proceso que empezó con Tómame, pero cuando lancé la canción no lo tenía 100% claro, ni el momento que iba a retratar. Lo empecé a ver en los meses que vinieron después, que terminé de componer y que terminamos de grabar. Empecé a coleccionar las canciones que iban a estar en el disco, me eché para atrás y me di cuenta de que estaba este relato, que había pasado por esto personalmente.

Y es que no solamente tiene que ver conmigo, es también una historia de lo que está pasando colectivamente. Cómo encontrar esa fortaleza, cómo transformarnos todos, cómo superar ciertas cosas. Tiene un discurso, pero es un álbum pop que recorre esas caídas, esa catarsis, esas resoluciones, esa resiliencia. Hay una diversidad de temáticas y una historia global que lo atraviesa.

GRANDES ESCENARIOS, GRANDES PALABRAS: Durante su presentación en el Festival de Viña 2020, Francisca Valenzuela salió con una gabardina negra con mensajes contundentes: paridad, no más impunidad, feminismo, revolución y no más feminicidios. VALENTINA PALAVECINO

Escuchando el disco me parece que uno de los mensajes más fuertes es la idea de quererse a uno mismo, aparte con todas esas reglas sociales que hombres y mujeres tenemos; hay que lucir de cierta forma, hablar de cierto modo. ¿Para ti cómo ha sido ese proceso de valorarte a ti misma?

Estoy de acuerdo contigo de que esta batalla la damos todos. Esas inseguridades, ese deber ser, independiente de dónde viene cada uno, está muy fuerte. Yo creo que de todas maneras el proceso para mí ha sido bien largo y difícil. Batallar contra la duda, contra el autosabotaje, batallar para creer que eres suficientemente bueno para hacer algo.

Esas dudas tan íntimas son súper difíciles de encarar, identificar y, más aún, trabajar. Proyectos como estos, en los que uno es el producto de lo que promociona, requieren una convicción constante y hay que ver cómo la sostienes. En mi proceso, como en el de muchas otras personas, es vivirlo, intentarlo, conversarlo, trabajarlo, tener perspectiva.

En mí caso siento que tengo una gratitud muy grande que me sostiene mucho porque digo que un día como hoy estamos tú y yo conversando tranquilos. No estamos en una zona de guerra. Con la perspectiva que me produce tranquilidad y me permite tener un foco para decir quién soy, qué es lo importante, cómo me conecto. Es tomar esa visión súper humanista para seguir adelante.

Hablando un poco más del proceso creativo del disco, es posible construir una teoría sobre el viaje que termina con esa canción de coraje que es La fortaleza, ¿detrás del orden de los temas hay alguna idea?

Sí, lo pensé con un objetivo. Nunca quise herirte estaba en mi cabeza como una intro que resume la debilidad, el momento de dificultad y sufrimiento, y luego sale el sol. Cuando escribí esa canción, que la hice totalmente a capela, podía ser para pedir perdón, pero también la vi como algo que te puedes dedicar a ti mismo.

Luego, la idea del orden fue presentar un capítulo más pop al principio, más exterior y del mundo de afuera, el momento de la celebración; luego va el momento de interiorización y de autoreflexión, como No te alcanzo y Normal mujer, de estar un poco revolcándose en la vida; y después la salida con Amiga cruel o La fortaleza, que es que están estos problemas, pero somos capaces de ver las luces y salir adelante.


“Yo creo que el arte y la música pueden activar e inspirar a otros, es un espacio de conexión sana y verdadera, de la crudeza y del ser humano”.


Cambiando de tema totalmente y saliendo del disco. El año pasado tuvimos manifestaciones en Colombia, pero la chispa que encendió el tema en la región fue lo que pasó en Chile. ¿Cómo ves a tu país ahora, qué está pasando con ese movimiento?

Ahora sigue muy complicado. En Chile estamos pasando por un momento histórico donde hay una revolución con demandas sociales y políticas reales, legítimas y puntuales. Hay un gobierno que no ha sabido responder a estas demandas, y que por lo demás ha respondido con un nivel de represión policial y brutalidad constante, y una invisibilización a las demandas y al daño creado.

Chile tiene una estructura política, social y económica que necesita cambios porque ha sido un desarrollo cojo. Llegó el momento de evaluar ese modelo y decir qué se puede hacer, qué está pidiendo la gente. Una reconstrucción, remodelar el sistema económico, tener agua para todos, tener una salud y educación digna.

Yo creo que el movimiento ha levantado una revolución que tiene que ver con la dignidad, con ver y movilizarse por el otro, porque el desarrollo es colectivo y no solamente para algunos. Entonces esas demandas y ese nuevo paradigma que se quiere construir está lleno de esperanza y fuerza, pero también ha sido con mucho daño y mucho dolor.

En realidad no sé lo que se viene. Están pasando cosas a un costo muy alto y a una velocidad muy lenta, pero sí estamos tratando de movilizar esos cambios para llevar al país a un nuevo Chile. Que de verdad pueda ser de todos y que no tenga los estragos y las estructuras que fueron implementadas por una dictadura.

VALENTINA PALAVECINO

En este contexto del que me hablas, ¿qué puede hacer el arte y la música?

Pucha, pueden ser varias cosas. Yo creo que el arte y la música pueden activar e inspirar a otros, es un espacio de conexión sana y verdadera, de la crudeza y del ser humano. Esto es muy lindo porque hay algo muy importante en esa verdad, en mostrar las cosas como son, en cantarlas como son y poder conectarme y activar a otro.

Eso es importante porque creo que la transformación es individual y colectiva, las dos cosas son paralelas. Y, por otra parte, la música y la cultura popular tienen ese espacio de convivencia, del colectivo. El estar cantando canciones en la calle con miles de personas, de estas mentes y poetas chilenos que siguen a través de su obra, y que retrataban tanto la realidad del país como cosas universales, es una cosa que nos une y nos hace sentir esperanzados. Es algo muy lindo y emocionante que pasa bajo la música y el arte, el sentirse identificado y conmovido con una canción.

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