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Fotografía por Richard Avedon / © The Richard Avedon Foundation.

Prince 1958-2016

Estrella del rock, amo del funk, provocador, genial: así creó un mundo que solo él pudo habitar

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El jueves 14 de abril, alrededor de las seis de la tarde, una camioneta negra se parqueó en el Fox Theatre de Atlanta. Faltaba una hora para la función, pero Prince no necesitaba mucha preparación: esta era la octava parada en su Piano and a Microphone Tour, una serie de shows inusuales, casi siempre dos por noche, que vio a uno de los hombres más espectaculares del mundo reducir sus presentaciones a recitales íntimos con un teclado.  “Solo hizo pruebas de sonido durante unos minutos”, le dijo Lucy Freas, la promotora que montó el concierto, a Rolling Stone. Como había sido su hábito durante más de una década —ya fuera tocando él solo en un teatro de 4600 asientos o en una arena con capacidad para 20.000 personas en compañía de una banda— los shows eran espontáneos, montados con en poco tiempo. Freas recibió un correo electrónico con el asunto “Prince” unos pocos días antes. El equipo de Prince buscaba a un promotor independiente, ¿estaba interesada? Freas los llamó a los 10 minutos.

Estos shows en Atlanta habían sido programados en principio para el 7 de abril, y las entradas se vendieron nueve días antes (mucho más que las 32 horas que tuvo el Sony Centre en Toronto para el show de marzo). El Fox Theatre agotó boletería instantáneamente, y Freas ya estaba trabajando en más fechas en Filadelfia, St. Louis y Nashville, así como un concierto de en Miami. Pero la enfermedad obligó a Prince a posponer el show de Atlanta una semana y, cuando llegó esa noche, aún no se sentía bien. “No te preocupes”, le dijo el coordinador del tour a Freas. “Nadie lo sabrá. Él se presentará y va a darlo todo”.

Cuando llegó al escenario para su primer show parecía estar bien, saludando a los fans del frente antes de sentarse en el piano para tocar una versión de Little Red Corvette con pedazos de Dirty Mind y el tema de Peanuts. Fueron 80 minutos hipnóticos. El piano fue el primer instrumento de Prince —su padre, John Nelson, trató de ser pianista de jazz— por eso esa noche fue un regreso a casa, a la fuente de la música de Prince (“Mi padre no me enseñó eso”, dijo en broma durante una divertida versión de Chopsticks. “Lo aprendí solo”). En algunos momentos se sentía como si las canciones tomaran forma por primera vez, como si fuesen breves vacilaciones que daban paso a nuevas ideas. Otras —especialmente en el segundo show, cuando tocó una poderosa versión de Black Sweat, del álbum 3121— se sentían completamente hechas, su voz y los ritmos cimentados por su mano izquierda llenaban todo el espacio.

Como con tantos artistas visionarios, hubo un período durante la carrera de Prince —casi durante todos los 80— cuando parecía saber qué iba a pasar, cuando su música parecía vivir en el futuro, y luego él ensamblaba ese futuro a nuestro alrededor. Quizás debido a eso hubo momentos en el Fox Theatre que se sienten ahora como una premonición. En su show de las 7 hizo una versión de A Case of You, de Joni Mitchell, una de sus artistas favoritas. El año pasado, Mitchell fue encontrada inconsciente en su hogar de Los Ángeles, después de sufrir un aneurisma cerebral (desde entonces se ha recuperado parcialmente). También tocó Heroes de David Bowie, un tributo a un artista que había fallecido apenas tres meses antes, y quien había sido —como el mismo Prince— incansable y consciente de su arte e imagen, retando las normas de género, a nivel sexual y musical. La canción trata sobre el deseo de trascender —alcanzar un momento de gloria que pueda convertir lo perecedero en eterno— y Prince personificó las letras, comenzando cada línea con un golpe de voz que luego flotaba hacia arriba.

PLANETA PRINCE: DURANTE EL PURPLE RAIN TOUR, ENERO DE 1985. THE LIFE PICTURE COLLECTION/GETTY IMAGES.

En el show de las 10, su tercer y último bis comenzó con Sometimes It Snows in April, de Parade de 1986, una apología del personaje que Prince interpretó en la película Under the Cherry Moon, Christopher Tracy. “A veces quisiera que la vida nunca acabara”, dice el coro. “Todas las cosas buenas, dicen, nunca duran”. El show concluyó con Purple Rain. Prince le metió fragmentos de The Beautiful Ones y Diamonds and Pearls, luego regresó a la canción de 1984 que anunció su ascenso al estatus de megaestrella. El público se le unió en el famoso falsete del final, aplaudiendo con las manos, elevando las voces. Y luego terminó.

Tres semanas antes —después de conciertos en Montreal y Toronto— celebró fiestas en clubes locales. En el club Everleigh de Toronto, el show de después del concierto llegó mucho tiempo después de la hora de cierre. “Eran las 3:00 o 3:30 de la mañana”, cuenta el promotor Rubin Fogel. “Había volado en su jet privado. No podía volar hasta las 6:00 de la mañana debido a un toque de queda aeroportuario. Por eso decidió tocar”.

En Atlanta no hubo fiesta después. Se fue directamente al aeropuerto y, alrededor de las 11 de la mañana, una llamada de emergencia llegó desde el avión. El Dassault Falcon 900 estaba a menos de una hora de Minneapolis, pero el jet aterrizó en Moline, Illinois. Aunque se dijo que era gripa —la misma causa que se usó para cancelar los shows en Atlanta la semana anterior—, han salido reportes de que supuestamente Prince fue tratado por una sobredosis, probablemente Percocet, en un hospital local, y que luego se fue porque no había ningún cuarto privado disponible. Los shows habían tenido su precio: algunas fuentes aseguran que tenía problemas de cadera, que posiblemente datan de hace 30 años por lesiones que sufrió durante el tour de Purple Rain.

La noche siguiente, el sábado 16 de abril, se veía frágil pero animado según las personas que asistieron a una fiesta en Paisley Park. Mostró una nueva guitarra pero la dejó en el estuche. “No puedo tocar la guitarra en estos días”, dijo. Según afirmó Jon Bream en The Star Tribune de Minneapolis, entretuvo a una multitud de 300 personas con su versión de Chop
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en un piano púrpura. Luego bromeó sobre las plegarias elevadas en su nombre.

La mañana del jueves siguiente, el 21 de abril, Prince fue encontrado muerto en un ascensor de Paisley Park. Algunas fuentes dicen que había estado viviendo solo en un apartamento del segundo piso, en la parte de atrás de su complejo de 19.800 metros cuadrados. Se llamó al 911 a las 9:43 de la mañana, pero los médicos no pudieron revivirlo y Prince fue declarado muerto a las 10:07 de la mañana. Tenía 57 años.

Esa noche en Minneapolis, las calles alrededor de First Avenue —el club en el que se filmaron los shows musicales de Purple Rain— estaban cerradas mientras miles de personas se reunían para bailar y cantar la música de Prince. No estaban solos. Bailaron en Los Ángeles y en Brooklyn, en donde Spike Lee abrió las puertas de su compañía de producción 40 Acres and a Mule y un DJ tocó a todo volumen las canciones de Prince a lo largo de la noche.

Prince’s Hot Rock: Edición 394-28 de abril de 1983. Prince tenía apenas 24 años cuando apareció en su primera portada de ROLLING STONE, en 1983. Era justo cuando Little Red Corvette empezaba a despegar, pero ya estaba rodeado por un aura de misterio, debido en gran medida a su reciente decisión de no hablar con la prensa. “Se empezaron a regar rumores, y su silencio los alimentaba”, escribió Debby Miller, quien habló con todo el equipo de Prince menos con el músico mismo. “¿Es Prince su nombre real? ¿Es blanco o es negro? ¿Es un tímido príncipe o un rey déspota?”.

Se reunieron para representar las canciones, que siempre hablaron sobre la comunidad; utopías de libertad musical y sexual con títulos como Uptown, Paisley Park o Erotic City. Al convertirse en cualquier cosa que podía ser una estrella de rock, se convirtió en el farsante más grande y encantador que ha existido. “Soy blanco o negro? ¿Soy hetero o soy gay?”, preguntaba en una canción. La única respuesta era sí. Cambiaba su voz de hombre a mujer, y se rodeaba a sí mismo de misterio y una ropa impecablemente hecha a la medida (cuando decidía usar algo de ropa), ofreciendo fantasía en su imagen y en su música. Esas fantasías eran escandalosamente sexuales y apasionadamente religiosas, a veces al mismo tiempo. El rock & roll siempre ha atravesado lo sagrado y lo profano; Prince le apuntó a lo apocalíptico y pornográfico.

Más que ninguna otra estrella de los 80, Prince trajo los sueños del rock & roll del pasado al presente: usó el abrigo de Jimi Hendrix, lució el bigote de Little Richard, dominó los pasos de baile de James Brown, todo esto sobre máquinas de beats, mostrando que la historia puede convertirse en el sonido del futuro. “Estimados amigos, estamos aquí reunidos para superar esta cosa que llaman vida”, entonaba al principio de Purple Rain, convirtiendo el álbum que lo catapultó al estrellato en la ceremonia de un matrimonio pop. Aunque los oyentes fueran blancos o negros, heterosexuales o gay, compartían la unión consagrada por su música.

Ahora se ha ido, y por eso en Minneapolis, en Los Ángeles y en Brooklyn lo honraron de la única forma que tenía sentido: bailando en las calles.

EL ÚLTIMO SHOW: EN EL FOX THEATRE EN ATLANTA, EL 14 DE ABRIL DE 2016, UNA SEMANA ANTES DE SU MUERTE. AMIEE STUBBS

Prince rogers nelson nació el 7 de junio de 1958 en el Mount Sinai Hospital de Minneapolis. Desde el principio llevó consigo el peso y la esperanza de los sueños de su padre. John Nelson lideraba un grupo llamado Prince Rogers Trio, aunque trabajaba de día en Honeywell, una empresa que fabricaba desde termostatos hasta partes de aviones. “Bauticé a mi hijo como Prince porque quería que hiciera todo lo que yo quise hacer”, dijo una vez John. Su madre, Mattie Shaw, era una cantante que recordaba a Billie Holiday. Había cantado con el trío de John, pero dejó de hacerlo luego de que se casaron. La pareja ya tenía cinco hijos de anteriores relaciones. Mattie era 17 años más joven que John y sus personalidades chocaban. “Mi madre es mi lado salvaje”, le dijo Prince a Rolling Stone en 1985. “Ella es así todo el tiempo. Mi padre es realmente sereno; se necesita de la música para emocionarlo”. Lo salvaje y lo sereno sería una de las muchas contradicciones que personificó a lo largo de su vida.

Llegó joven a la música. “Oía música desde que era muy pequeño”, le dijo su madre a The Star Tribune de Minneapolis en 1984. “Cuando tenía tres o cuatro años iba al centro comercial y cogía cualquier instrumento que hubiera. Tenía que buscarlo, y allí lo encontraba: en la sección de música”. Cuando no tenía más de cinco años, su madre lo llevó a ver tocar a su padre. Era un show de burlesque. Mientras las bailarinas hacían lo suyo, el teatro vibraba con los gritos y la emoción. “Desde entonces creo que quise ser músico”, dijo luego Prince. Lo erótico y la música estaban unidos, el poder de esa combinación se metió en su cabeza y nunca lo abandonaría.

Sus padres eran estrictos adventistas del séptimo día; Prince luego diría que lo que más aprovechó de la religión fue “la experiencia del coro”. Le dijo a Chris Rock en MTV en 1997 que el mensaje de la iglesia “estaba basado en el miedo”, pero que aprendió mucho estudiando la biblia adventista: la iglesia se enfocaba fuertemente en el Apocalipsis previo al regreso de Cristo. Prince comenzaría su innovador disco, 1999, con una canción que convertía la hecatombe en una celebración. Y su álbum más grande tomaría el nombre de la revista adventista Sign of the Times.

Cuando Prince tenía unos ocho años sus padres se separaron. Luego recordaría las discusiones frecuentes; la carrera musical de su padre era un punto de fricción. A su padre “le dolía no haber triunfado, por sus hijos, su esposa y esas cosas”, dijo Prince. “Pienso que la música fue la que separó a mi padre y a mi madre”. John se mudó de la casa en el norte de Minneapolis a un apartamento en el centro de la ciudad. Dejó su piano y ahí fue cuando Prince se acercó al instrumento con seriedad. “Tuve una clase de piano y dos de guitarra cuando era niño”, le dijo al Star Tribune. “Era un mal estudiante, porque cuando un profesor empezaba a enseñarme cosas aburridas, yo empezaba a tocar mis propias canciones”. Para cuando llegó al bachillerato, ya dominaba el teclado, la guitarra, el bajo y la batería.

Poco después del divorcio su madre volvió a casarse y Prince se mudó con su padre. El reencuentro no duró mucho. Cuando Prince tenía 13 años su padre lo echó, tal vez por estar coqueteando con una chica. Años después, Prince recordaba haberlo llamado frustrado desde una cabina telefónica, rogándole por volver. “Me senté a llorar en esa cabina durante dos horas”, le dijo a
Rolling Stone en 1985. “Esa fue la última vez que lloré”.

Se mudó con su tía Olivia, pero sus problemas domésticos generaron una angustia que se manifestó a lo largo de toda su carrera: intentaba armar una comunidad en su banda, pero luego desechaba a los músicos si era necesario; usualmente grababa los álbumes él solo. Él era el único en el que podía confiar. “¿Qué pasa si todos a mi alrededor se separan?”, le dijo a
Rolling Stone en 1990. “Entonces solo quedaría yo, y yo tengo que mantenerme. Por eso debo protegerme”.

Era tímido y callado en público, pero se soltaba con sus amigos. En la escuela era un estudiante desinteresado. La música y el deporte eran sus pasiones. James Harris III (quien luego sería Jimmy Jam) lo conoció en una clase de música de la secundaria. “Apenas el profesor salió del salón, empezamos a improvisar”, dice Jimmy Jam. “Cuando tocaba el teclado era increíble, hacía cosas que yo ni soñaba, y pensaba que yo era un teclista bastante bueno”. Prince entró al equipo de baloncesto en la secundaria, a pesar de no medir mucho más de metro y medio. “Era un gran jugador de baloncesto”, dice Jimmy Jam. “Salía a la cancha y las niñas gritaban. Tenía un afro enorme, y en esos días un afro era un punto a tu favor”.

Prince lo logra: Edición 429-30 de agosto de 1984. Purple Rain estaba a pocas semana de su estreno cuando Kurt Loder fue a Minnesota a hacer la segunda nota de portada para RS. De nuevo, el músico se negó a sentarse para una entrevista. Esta vez se fue en medio de las fotografías de prueba, obligando a la revista a utilizar una imagen de la primera sesión de Prince para RS. “La imagen que uno tiene de este niño genio es oscura e incierta”, escribió Loder. “Eso es lo que quiere”.

Su primera banda llegó a los 14 y se llamó Phoenix y luego Soul Explosion. Prince tocaba la guitarra, su amigo André Simon Anderson (quien luego sería conocido como André Cymone) tocaba el bajo. Cuando su tía se cansó del ruido de la banda, Prince terminó viviendo en la casa de André. Soul Explosion ensayaba en el sótano. “Teníamos la filosofía de que cuando el resto del mundo estaba comiendo pavo, viendo partidos de fútbol y haciendo esas cosas, nosotros necesitábamos ensayar”, dice Cymone. “Íbamos a ser súper estrellas, y si queríamos serlo teníamos que practicar”. Había un toque de queda musical a las 10:00 de la noche, pero Prince se mudó al sótano, donde podía tocar su guitarra hasta las 4:00 de la mañana. Estos hábitos nocturnos de composición musical lo acompañarían el resto de su vida.

A los 16 años estaba escribiendo sus propias canciones. La banda se convirtió en Grand Central (con Morris Day en la batería) y luego en Champagne. Un demo llamó la atención de Chris Moon, dueño de un estudio local. Cuando el resto de la banda salió para ir a almorzar, Prince se quedó. “Miré desde el cuarto de control al estudio y estaba tocando la batería”, dice Moon. “Luego lo vi tocar un poco de piano. Después dejó de hacerlo y empezó a tocar el bajo”. Moon quería a alguien que pudiera ponerle música a unas letras en las que estaba trabajando. Le propuso una sociedad, y eventualmente le dio a Prince las llaves del lugar. Le tomó cerca de seis meses aprender a manejar el estudio para poder grabar sus sesiones en solitario.

Moon le mostró un demo a Owen Husney, un promotor de Minneapolis. “La mayoría de los artistas tienen un sonido predecible”, dice Husney. “Este no era así. Estaba buscando crear algo nuevo. Y cuando oí esa voz vulnerable de falsete dije: ‘Quiero proteger a esta persona’”. Se convirtió en su mánager, y recaudó USD50.000 para que Prince pudiera tener nuevos instrumentos y un lugar para vivir. Luego creó un elaborado kit de prensa para vender a su nuevo artista.

Warner le ofreció un contrato por tres álbumes y contrató a un Prince de 19 años en 1977. La disquera quería que el músico colaborara con Maurice White de Earth, Wind and Fire. “No se había secado la tinta del contrato con Warner, y dijo: ‘Nadie va a producir mi álbum’”, recuerda Husney. Se programó una sesión para que Prince le demostrar a la disquera que no necesitaba ayuda en el estudio. “Puso una pista de guitarra y lo hizo bien”, recuerda Lenny Waronker, quien ese momento era el jefe de A&R de la disquera. “Luego puso la batería. Guau. Te dabas cuenta: la guitarra estaba asegurada, el tiempo era bueno, se notaba que era fácil para él”.

UN MOMENTO INUSUAL: Prince se ve ensimismado. El famoso fotógrafo Platon en el obturador. Fotografía por Platon

Cuando Waronker salía del estudio Prince le dijo: “No me saques como un artista negro”. Mientras crecía, Prince fue trasladado a la escuela de un suburbio blanco, escuchaba la estación de rock KQRS de Minneapolis y tocaba versiones de Carole King en el bachillerato. Conocía los dos mundos y sabía que tendría más poder al controlarlos ambos, no solo uno. Escribió una lista de artistas que lo inspiraron: Fleetwood Mac, Jimi Hendrix, Eric Clapton, The Rolling Stones. En Warner pudieron pensar que estaban firmando a un chico que podía tocar y producir su propio trabajo como Stevie Wonder, lo que hubiera sido suficientemente sobresaliente. Prince estaba haciéndole saber a la compañía que ese era solo el punto de partida.

No fue un comienzo fácil. Según el libro de Ronin Ro, Prince: Inside the Music and the Masks, el debut de Prince en 1978, For You, costó 170.000 dólares, casi tres veces su presupuesto. La música presentaba una nueva perspectiva —melodías de pop ligero que elevaban ritmos de R&B, mientras una guitarra rockera los volvía a bajar—, pero se sentía sin aire, como si un hombre se hubiese encerrado con estos sonidos durante mucho tiempo, tal como había sucedido. Aunque el sencillo Soft and Wet llegó al Número 12 de los listados de R&B, el álbum se vendió poco, y cuando Prince montó una banda, Warner no quería gastar dinero para enviarlos de gira.

Necesitaba que su próximo álbum fuese un éxito. Prince, de 1979, era denso y ambicioso. En vez de los vientos típicos del R&B, Prince apuñalaba sus teclados y guitarra, y la música se inclinaba hacia el pop post punk de bandas como The Cars o Blondie. El sencillo I Wanna Be Your Lover coronó los listados de R&B y alcanzó el Número 11 del Billboard Hot 100, vendiendo 500.000 copias.

BABY, I’M A STAR: Durante su inolvidable show en el Super Bowl, Miami, 2007. KEVIN MAZUR/WIREIMAGE

Su álbum de 1980, Dirty Mind, celebraba los placeres orgiásticos, desde hacerlo simplemente toda la noche, a hacerlo en un trío, hacerlo con la novia camino a su boda, hacerlo con extraños y hacerlo con tu hermana. Según estas canciones, no había nada que no pudieras hacer. La música era igualmente colorida. Teclados helados de new wave se calentaban con una guitarra funk, y aunque algunas de las melodías tenían un clasicismo sesentero, el sonido era absolutamente nuevo, tan desnudo que parecía reggae dub, una música de sustracción. En la cáratula del disco, Prince llevaba un gabán sobre unos calzoncillos negros. ¿A qué audiencia estaba apelando? ¿La negra? ¿La blanca? ¿Los hombres? ¿Las mujeres?

Esta se convertiría en la dinámica fundamental del pop de los 80; como Prince, Michael Jackson y Madonna se valieron del sonido y la imagen para trascender las fronteras de la raza y los géneros musicales y sexuales de formas que electrificaban y unían a las audiencias. Pero Prince fue el primero con Dirty Mind. Llegó al número 45 en los listados de álbumes de Billboard, pero su impacto fue mayor. El crítico Robert Christgau llamaba a Prince “el primer artista comercialmente viable que en esta década ha reclamado la visión de Lennon, Dylan y Hendrix”.

Esa visión no podía contenerse en un álbum por año. Necesitaba más. Después de que el tour de Dirty Mind finalizara en abril de 1981, quería crear una banda de funk y se acercó al grupo Flyte Tyme  —que incluía a Jimmy Jam en los teclados y a Terry Lewis en el bajo— con una idea: él escribiría, produciría y tocará el material, ellos lo interpretarían en las giras. Bautizando a la nueva banda como The Time, Prince grabó las seis canciones de su álbum debut en dos semanas. Luego, durante 10 días de agosto, grabó su cuarto álbum propio, Controversy. El lanzamiento en octubre coincidió con una invitación interesante: The Rolling Stones querían que Prince abriera sus conciertos en el Memorial Coliseum de L.A, frente a audiencias de 100.000 personas el 9 y 11 de octubre. Prince abrió el primer show —que también incluía en el cartel a George Thorogood y The J. Geils Band— a las dos de la tarde. “Salió con una gabardina y una tanga”, dice el líder de J. Geils, Peter Wolf. “Cuando se abrió el gabán, el público no entendía del todo. La gente empezó a rechazarlo, a gritarle, a tirarle cosas”. Prince no pudo finalizar su set. Dos días después, las cosas se pusieron aún peor. Volaron botellas al escenario durante la primera canción, y Prince a la mitad de otra.

Con su exesposa, Manuela Testolini, en los Óscar, Los Ángeles, 2005. KEVORK DJANSEZIAN/AP IMAGES

Fue la última vez que Prince teloneó a alguien. Después de eso, construyó su propio mundo.

Empezó a trabajar en su quinto álbum, 1999, a principios de 1982. Tenía 23 años y estaba entrando en un período dorado: durante los tres años siguientes parecía que cada mañana tenía una canción nueva, y cada canción era un éxito. Tenía entonces tres bandas: su propia banda (The Revolution), The Time y un trío de mujeres en ropa interior que llamaba Vanity 6. Poco después también estaba creando música para la percusionista Sheila E. Era incansable, a veces trabajaba durante tres días sin dormir. “¿Tengo que comer?”, preguntó a Rolling Stone en 1985. “Quisiera que no”.

Para finales de 1985, había hecho 15 álbumes en siete años —siete bajo su nombre, tres para The Time, dos para Sheila E. y uno para Vanity 6, Apollonia 6 y The Family—. Esos álbumes generaron 13 éxitos del Top 20 en el Billboard Hot 100. El sonido de Minneapolis —esa mezcla de pop, funk y rock, guiada por el sintetizador del que Prince fue pionero— estaba en todas partes, especialmente después de que Jimmy Jam y Terry Lewis, a quienes Prince había despedido de The Time, empezaron a producir una serie de éxitos para artistas como The S.O.S Band, Klymaxx y Janet Jackson. También estaban las canciones de Prince que se volvieron enormes éxitos para Chaka Khan (I Feel for You, 1984), Sheena Easton (Sugar Walls, 1984) y The Bangles (Manic Monday, 1986).

En los Olympic Studios, 1988. FRANK GRIFFIN/PHOTOSHOT

Prince había buscado todo esto, pero bajo sus propios términos. Nadie hubiera predicho que triunfaría con canciones sobre el fin de los tiempos o una mujer sexualmente voraz, o que podría aumentar el poder de su creciente fama al negarse a conceder entrevistas. Sin embargo eso es justamente lo que pasó con 1999. Empezó a trabajar en el álbum en Uptown, su estudio casero de Minneapolis, y luego se fue al Sunset Sound en L.A., grabando tanto material que le insistió a Warner lanzar un álbum doble. La disquera —entusiasmada por un éxito que Prince había creado para The Time, 777-9311— aceptó. El álbum llegó en octubre de 1982, y cuando se fue de tour para apoyarlo, Vanity 6 y The Time fueron teloneros. Su universo estaba tomando forma.

Los shows fueron demenciales. Era un héroe de la guitarra que podía bailar como James Brown, luego saltar y correr a los teclados para lanzarse en otro solo. Y en la primavera de 1983, la radio y MTV acogieron Little Red Corvette —su oda a una chica que guarda condones (algunos usados) en sus bolsillos— y le abrieron la puerta a las ventas de platino.

Prince quería una audiencia masiva tan amplia como su propia visión de su música. Jackson, cuyo monstruoso álbum Thriller fue lanzado un mes después de 1999, era su rival. “Michael no era el contendor más grande a exterminar”, dijo el guitarrista de The Revolution, Wendy Melvoin. “Era todo el mundo”.

En julio de 1996, tocando en el Today Show, de NBC. RICHARD DREW/AP IMAGES

Su banda, The Revolution, mezclaba razas y géneros; ese fue el primer paso: “Su sueño era que fuéramos una mezcla de Fleetwood Mac y Sly and the Family Stone”, dice Lisa Coleman, quien tocaba los teclados. Decía Prince que “quería una comunidad más que cualquier otra cosa”. Los jam durante las pruebas de sonido empezaban a dar forma a nuevas canciones. El próximo álbum sería más colaborativo que todo lo que había hecho.

Purple Rain no sería solo un álbum. Prince quería hacer películas también. William Blinn, quien escribió el primer borrador de lo que sería el guion de Purple Rain, recuerda cómo la historia tomó forma cuando Prince se sentó en el piano y le tocó a Blinn algo de la música de su padre y empezó a hablar de él. “Es como si estuviese resolviendo su propio misterio. Una búsqueda honesta para entender quién era”, dice Blinn. “Ahorró todo su dinero y lo metió en la película”.

El director Albert Magnoli pasó un mes en Minneapolis con Prince y su banda, The Time y Vanity 6. Reescribió el guion y se enfocó en la rivalidad musical entre The Revolution y The Time, y el drama doméstico que el personaje de Prince, The Kid, soportaba en su casa. Los estudios de Hollywood no estaban interesados, y los mánagers de Prince buscaron al presidente de Warner Bros., Mo Ostin, quien puso 2 millones a cambio de regalías futuras. Era una película inteligente. Con un presupuesto de USD7,2 millones, Purple Rain recaudó 68. El disco fue Número Uno y se quedó en esa posición durante 24 semanas, llegando a vender más de 10 millones de copias.

CON LA MODELO DAMARIS LEWIS EN UN JUEGO DE LOS GOLDEN STATE WARRIORS, EL 3 DE MARZO DE 2016. CARLOS AVILA GONZALEZ/“SAN FRANCISCO CHRONICLE”/POLARIS

Prince había entendido, como James Brown cuando grabó Live at the Apollo en 1962, que si más personas podían experimentar el poder de su show en vivo, podrían reconocer el carácter único de su talento. La película le dio la fama que ansiaba. Y cuando se manifestó el salvaje éxito del álbum, fue también en sus propios términos. When Doves Cry, el primer sencillo, era el pop más extraño que alguien había llevado al Número Uno: no tenía bajo, iba guiado en cambio por una guitarra, teclados y el quiebre de su insigne caja de ritmos. Y Purple Rain, que llegó al Número Dos, mostraba cuán diferente era de Michael Jackson. El último había necesitado que Eddie Van Halen tocara la guitarra en Beat It, su éxito rockero. El solo que explota en la balada de Prince era tocado por él mismo.

El tour de Purple Rain comenzó en noviembre de 1984. “No lo puedo comparar con nada más que con los Beatles”, dice Alan Leeds, el tour mánager de Prince en esa época. Pero esas multitudes rugiendo también marcaron el fin de la era dorada. Las cosas no volverían a ser las mismas.

En abril de 1985 prince anunció que se tomaría un descanso de las presentaciones en vivo y lanzó su séptimo álbum,  Around the World in a Day. Se negó a dejar que Warner promoviera un sencillo o mercadeara el álbum en las tiendas de discos. Así empezó un período de recogimiento que realmente nunca terminó. Luego de que Around the World in Day abandonara rápidamente el Número Uno, Prince cedió y permitió que Warner se enfocara en Raspberry Beret como sencillo y video. Fue el Número Dos en el Billboard Hot 100.

Prince habla: Edición 456-12 de septiembre de 1985. La frase de la portada lo decía todo. Después de negarse a decir una palabra durante años, Prince finalmente estaba listo para adentrarse a una profunda entrevista para promover Around the World in a Day de 1985, que no lograba alcanzar las ventas de Purple Rain. “Solía molestar a los reporteros al principio”, le confesó al escritor Neal Karlen, “porque quería que se concentraran en mi música… No vivo en el pasado. No toco mis anteriores discos por una razón. Hago una declaración y luego me muevo a la siguiente.

Su conexión con su banda empezó a deteriorarse. Había elevado a Wendy y a Lisa al estatus de estrellas, un reconocimiento de sus habilidades y contribuciones, y una señal de que podía tratar a las mujeres más que como objetos sexuales. Sin embargo, ellas querían más participación creativa y se fueron en 1986, luego de su siguiente álbum, Parade, la banda sonora de la desastrosa película Under the Cherry Moon, que el mismo Prince dirigió.

Sus últimos dos álbumes habían sido Número Uno; Parade llegó al Número Tres, y nada más, a pesar de su sencillo Número Uno, Kiss. Cuando le dijo a Warner que su próximo álbum sería triple, la disquera se negó. Siempre se había salido con la suya hasta ese entonces, pero perdió la pelea. Entonces hubo una contradicción indiscutible: el álbum que demostró ser su más grande trabajo también fue la prueba de que su poder ya no era absoluto.

Condensó su álbum triple en uno doble: Sign ‘O’ the Times. Tenía paisajes de pop onírico como Starfish and Coffee y The Ballad of Dorothy Parker; ejercicios con base funk como Housequeake y Hot Thing; y un trío de canciones que formaba su exploración más tierna del romance y el género: If I Was Your Girlfriend, Strange Relationship y I Could Never Take the Place of Your Man. Se mantiene como uno de los mejores discos de los 80, pero Prince ya no era imparable. Sign ‘O’ the Times llegó al Número Seis, y su suerte pudo haber mejorado con una gira, pero Prince se negó a llevar a los Estados Unidos la producción que había montado en Europa. En cambio, optó por hacer un filme en vivo, grabado principalmente en un escenario de su recientemente construida propiedad de Paisley Park en la Minneapolis suburbana.

EXPERIENCIA DORADA: EN EL HOLLYWOOD PALLADIUM, LOS ÁNGELES, MARZO 7 DE 2014. “HAGO LO QUE SIENTA BIEN EN EL MOMENTO”. DIJO PRINCE. JEFF KRAVITZ/GETTY IMAGES

En 1987 le presentó un álbum crudo a Warner Bros. llamado The Funk Bible, y luego experimentó una visión nocturna que lo convenció de que el álbum era muy rabioso para ser lanzado. Le pidió a la disquera que destruyera más de 400.000 copias de lo que sería conocido como The Black Album. A cambio, les dio una colección más elevada a nivel espiritual y musical, Lovesexy de 1988, pero quería que todas las canciones estuvieran agrupadas en una canción continua en el CD, para poder controlar la experiencia de escucha. No logró llegar a los listados del Top 10; era el primer álbum que no lo lograba desde Controversy. Peor aún: el tour de Lovesexy —su primera gira por los Estados Unidos en tres años— arrojó pérdidas.

Molesto porque Warner no le dejaba lanzar su música al ritmo que él quería, cambió su nombre por un símbolo, pensando que esta nueva identidad estaría exenta del contrato discográfico de Prince. Cuando se dio cuenta que no había forma de escapar de ese contrato, empezó a escribirse la palabra “esclavo” en la frente. Se convirtió en una figura ridícula. “Eres el único esclavo dueño de la plantación”, le dijo Alan Leeds. Pero, a su manera caprichosa, Prince era un revolucionario. La relación entre las disqueras y los artistas ha cambiado drásticamente en la era digital, y las preocupaciones de Prince por ser dueño de sus grabaciones maestras y su música son hoy el pan de cada día.

En 1996 finalizó su contrato con Warner. Debería haber sido un momento de celebración. Pero estaba marcado por el estrés y la tragedia. El Día de San Valentín se había casado con Mayte García, una de sus bailarinas, y la pareja esperaba un hijo. Pasó la primavera trabajando en dos proyectos, su último álbum para Warner (Chaos and Disorder) y un set de tres discos que anunciaría su libertad (Emancipation). Según el biógrafo de Prince, Alex Hahn, el 21 de abril —exactamente 20 años antes de su muerte—, después de lo que parecía ser una de sus maratones de trabajo de tres días, García lo encontró desmayado en su estudio de Paisley Park. Lo llevaron al hospital, pero cuando despertó no se quiso quedar.

Las mujeres de Prince: Edición 472-24 de abril de 1986. La cuarta portada de Prince en RS se centraba en las integrantes de su banda The Revolution, Wendy Melvoin y Lisa Coleman, poco antes de que se separaran para formar un dúo de pop.

Ese octubre, la pareja experimentó una pérdida inimaginable: su hijo nació con un extraño desorden genético y murió una semana después. Adolorido, Prince se negó a decir la verdad en una entrevista con Oprah Winfrey a pocos días de la muerte del bebé. “Nuestra familia existe”, dijo. “Es solo el principio”. Pero su deseo no se realizaría. La pareja se separó en 1999.

En 2004 prince reclamó algo que no había disfrutado en más de una década: fue el centro de atención y, una vez más, se debía a su música. El 8 de febrero, abrió los Grammy en Los Ángeles interpretando una mezcla de Purple Rain, Baby I’m a Star y Let’s Go Crazy con Beyoncé, adentrándose un poquito en el éxito de la cantante, Crazy in Love. Durante cinco minutos fue Purple Rain de nuevo, 24 millones de personas se sorprendían ante su liderazgo sobre el escenario. Los Grammy necesitarían seis años para empatar ese rating.

Cinco semanas después, el 15 de marzo, Prince fue incluido en el Rock & Roll Hall of Fame, en una ceremonia que se llevó a cabo en Nueva York. El clímax de la noche llegó con una versión de While My Guitar Gently Weeps de George Harrison. El ex Beatle había ingresado póstumamente esa noche como artista solista, y la canción fue interpretada por Jeff Lynne y Tom Petty, quienes conocían bien a Harrison. Pero el momento final fue para Prince: un momento perfecto. Frente a los guardianes del legado del rock asumió su rol como dios de la guitarra, convirtiendo una canción solemne en algo más emocionante. Su actuación fue lírica pero llena de poder, mientras ponía a gemir y contonearse a su guitarra por casi tres minutos. “Ensayaron un montón de veces”, dice Paul Shaffer, el director musical de las presentaciones del Hall of Fame. “Cada vez sabías que iban a tumbar el techo del lugar. Pero Prince se guardó algo para la actuación misma”. En un punto toca los acordes tan rápido que parece estar compitiendo con sí mismo, un duelo de guitarra de un solo hombre. Tras él está el hijo de Harrison, Dhani, tocando la guitarra acústica y brillando de felicidad.

Poco después de la ceremonia Prince empezó una gira de 89 fechas por los Estados Unidos y lanzó un nuevo álbum a través de Columbia, Musicology. Ahora usaba la industria musical para sus propios fines. Lanzó discos en vivo y rarezas a través de su página web y se aprovechó del poder de promoción de las grandes disqueras cuando le convino. Funcionaba como estrella moderna del pop, ganando dinero de forma confiable en giras y buscando réditos en donde pudiera encontrarlos.

Se había vuelto a casar en 2001 con Manuela Testolini, el mismo año en que se convirtió en testigo de Jehová. La fe duró más que el matrimonio. Se divorciaron en 2006, poco después de que demoliera la casa de Minneapolis que habían compartido. Hizo de Paisley Park su residencia, cuando no alquilaba mansiones en L.A. por U$ 70.000 mensuales.

Prince entra a los 90: Edición 589-18 de octubre de 1990. Un año después de que Batdance le diera su cuarto éxito Número Uno, Prince habló con RS mientras trabajaba en su película Graffiti Bridge y hacía una gira promocionando la banda sonora.

Hubo momentos —como su majestuosa actuación en el intermedio del Super Bowl en 2007— en los que estuvo nuevamente en el centro de la cultura. También hubo caos, en gran medida gracias a él. Su sello de Paisley Park terminó en 1994 y tuvo que despedir empleados en 1996. En el momento de su muerte, ya no funcionada permanentemente. Ya no había ingenieros siempre trabajando por si sentía la necesidad de grabar en medio de la noche. Estaba Prince, su asistente y alguien que se hacía cargo del edificio.

El 19 de abril Prince fue al Dakota Jazz Club en el centro de Minneapolis para ver a la cantante de jazz y R&B Lizz Wright. Se quedó durante todo el set, incluyendo el encore, una rareza en él, y se fue contoneándose con su bastón sobre el hombro.

Dos días después había muerto. Algunos especulan que sus problemas de cadera lo habían llevado a usar calmantes. Se dice que tuvo una cirugía correctiva de cadera en 2010. Al momento de cierre de esta nota, los resultados de la autopsia no han sido completamente revelados.

El 23 de abril se llevó a cabo un funeral en Paisley Park, y sus restos fueron cremados. “Fue silencioso y sombrío”, dice Sheila E. “Las luces eran pálidas. Las velas estaban encendidas. Como Prince hubiera querido. Su música sonaba a bajo volumen. Había muy pocas personas, y no podían creerlo. Esperabas que llegara Prince caminando a saludarte”. Ahora nos saluda a través de su música. Existe, según todas las fuentes, una bóveda llena de material inédito —un número inimaginable de canciones y actuaciones en vivo—, con el que no se sabe qué hacer. No importa realmente. Ya hay suficiente; una sorprendente cantidad. Se dice que hubo un punto en que hacía una canción —al menos una— por día, como si lo guiara esa frase de 1999 sobre cómo nos estamos quedando sin tiempo. Y así es. Pero la música sigue sonando.