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¿Quién es Santa Fe Klan?

Indagamos en la música y los caminos del rapero que está pateando las rodillas del rap latinoamericano con su “Santa Cumbia”
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Cortesía Santa Fe Klan

A sus 21 años Santa Fe Klan ya cuenta con casi una década de experiencia en el rap y 16 haciendo música. Desde los cinco tocaba un acordeón que le regaló su papá, a los nueve ya andaba por las fiestas sonideras acompañando a sus hermanas, tocaba teclados y se entusiasmaba cuando los sonideros le permitían coger el micrófono para mandar saludos a su gente de la comuna Santa fe. Luego llegó el rap como una fiebre que clavó sus uñas en la espalda de las empinadas calles de tierra de su colonia. Se pegó al movimiento, grabó su primera canción a los 13, a los 14 montó su propio estudio. 

El conocimiento de su negocio lo llevó a mudarse de Guanajuato a Guadalajara, pasó de la periferia de una ciudad turística en donde se consume masivamente el rap a un centro estratégico desde el que se produce industrialmente, pero conservó el nombre de su barrio como emblema. Bajo ese nombre ha editado ya las placas Por Costumbre, Seguimos Radicando y Bendecido, bajo la tutela de Alzada Récords. Además de centenares de sencillos y colaboraciones, entre las que se cuentan feats con nombres que van desde el colombiano Nanpa Basico hasta Run The Jewels. 

Sus números se han hecho fuertes, su proyecto ha destacado dentro del rap por entrar con letras crudas entre las dinámicas de la pobreza para extraer la belleza y la poesía cotidiana. Con una arriesgada nueva placa en la que contó con la producción de los poderosos Toy Selecta (Control Machete) y Camilo Lara (Instituto Mexicano del sonido) Santa Fe Klan vuelve a colgarse el acordeón y nos entrega un trabajo brutal que distancia su camino del rap para encontrar en la cumbia, el vallenato y la música regional mexicana una raíz vibrante, desde la cual se entona el nacimiento de algo. 

Durante la pandemia Ángel (su nombre real), compró un acordeón colombiano “bien chido” y empezó a trabajar en tocarlo de nuevo. Sintió que tenía ya muchas canciones de rap y empezó a explorar de nuevo los sonidos que marcaron su origen, allí estaban las cumbias, los corridos y la música regional mexicana. Esto lo llevó de vuelta a sus orígenes, siempre se ha referido a su Santa Fe como un “lugar para volver”, comúnmente regresa para llevar ayudas a los muchachos del barrio, a celebrar las fiestas de la virgen o como dice, a llorar y recordar tiempos que no fueron mejores.

Santa Fe Klan ayudando a su barrio. 

Su nuevo trabajo Santa Cumbia recorre texturas y ritmos con los matices inesperados que garantizan productores de la talla de Selecta y Lara, pero en el fondo logra conmover y conectar por su sencillez, por la valentía de liberarse del beat y el sample y orientarse hacia el sonido orgánico de un parche que toca y canta con lo que haya en la calle, así pone al barrio a bailar, y a pensar en la vibración nostálgica y profunda que viene de un acordeón. 

El viaje de Santa Cumbia parte de una cumbia lenta, dubsera y melancólica “de calle oscura”, luego nos sorprende con María, un tema de esos que prende una fiesta que ya está muriendo. Soledad es la tercera canción, al llegar a este punto la declaración de principios ya está firmada. Los elementos de hip hop se reducen a una sonoridad lejana y lo que fluye es una canción que no va a pedir permiso para sonar en emisoras populares, en un podcast de vanguardia o en donde la gente quiera que suene.

Luna y Mar con su ritmo contagioso de paseo sampuesano suena al punk bailable y explosivo que Joe Strummer de The Clash soñó cuando escuchó las cintas del maestro Andrés Landero. Esta noche carga de nuevo con vientos y cadencia de barrio, los ecos de una calle vacían y peligrosa en la madrugada “somos perros de guerra de esos que se aferran. Suena a una rabia orgullosa de música de barrio. 

Santa Cumbia está marcado por letras que cantan al amor y la frustración y cuenta con títulos como Carmen, que el artista ha significado como una de las pistas más personales en la que canta a la fortaleza de su abuela para superar la muerte de su abuelo. Según ha expresado este disco además lo llevó a volver a las historias que las mujeres de su barrio contaban y que él escuchaba a cierta distancia. Dice que creció con muchos hermanos de calle, pero solo con dos hermanas, por eso cuidarlas, respetarlas y “hacerlas respetar” era un tema importante en su vida y tal vez una de las claves que diferencian su lírica de otras, ya que si bien mantiene la visión cruda de calle también logra comunicarse más con una sensibilidad que patea las rodillas de los códigos del machismo. 

La sección final del disco, compuesta por los tracks Tu partida, Sonidero y Guadalupe son una muestra de la versatilidad del artista, una podría haber sido un éxito de Selena, la otra lleva la herencia de Celso Piña y Sidestepper a una farra de barrio, Guadalupe le apuesta al baile y el movimiento, a un coro que se queda en la cabeza para recordarnos que Santa Fe Klan llega al panorama traspasando formatos y anunciando nuevos caminos para la cumbia y la hibridación cultural. Llega para llevarnos de vuelta a un lugar común, para recordarnos que hay sonidos como el tambor y la guacharaca, que son capaces de unir a los ignorados de un continente que tiene una cultura demasiado poderosa como para estar de rodillas esperando novedades lejanas que no dialogan con nuestra esencia.