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Snow Owl vuela en silencio hasta lo más alto de la música

¿Maluma? ¿J Balvin? Juan García-Herreros es el artista que el presidente debería invitar a una reunión
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García-Herreros en modo Snow Owl, con la pintura del guerrero.

GAB PHOTO

Juan García-Herreros tenía menos de 10 años cuando su familia se mudó a Nueva York. Una tarde estaban caminando por la ciudad y él vio a un tipo poniendo música en la calle, gritaba que era el mejor bajista de todos los tiempos, que había creado esas canciones. Unos 20 años después, García-Herreros leía la biografía Jaco: The Extraordinary Life of Jaco Pastorius, en la que cuentan los días en los que el legendario bajista vivió en la calle. Estuvo pidiendo limosna en Washington Square Park, el mismo lugar donde le dio unas monedas al que estaba poniendo vinilos. Era Jaco.

Mientras estaba leyendo el libro de Bill Milkowski recibió una llamada para ser el bajista del proyecto de la big band que homenajea la música de Pastorius. Terminó recorriendo el mundo tocando sus canciones, manteniendo vivo su legado y continuando con la evolución del bajo.

“Todos llegan a Jaco Pastorius, obviamente, al capo. En la Florida fue muy fácil enamorarse de su música porque él era de allá. Aprendí todo, todo lo que hizo en el bajo. Hasta me sangraban los dedos. Así me gané la beca para Berklee, tocando los solos frente a la comisión”, dice desde su casa en Viena, Austria mientras hace maleta para viajar a Moscú, Rusia, donde tocará con la orquesta de Hans Zimmer. También ha estado junto a Christina Aguilera, Elton John y Lalo Schifrin.

García-Herreros en realidad quería ser pianista, pero su hermano casi que lo forzó a tomar el bajo para tener una base rítmica con batería. En ese entonces ya vivía en Estados Unidos, en la Florida, después de que su familia escapara hacia Nueva York del conflicto armado en Colombia durante los años 80. No tenían muchos recursos, pero en el colegio había una profesora que creía en su talento.

Con su contrabajo-guitarra, un instrumento que pocas personas en el mundo dominan. CORTESÍA SNOW OWL

“Ella me dio la llave de la escuela. Yo entraba en las noches y estudiaba cuando estaba cerrada”, recuerda. “Era una locura porque a veces tenía que estudiar con las luces apagadas o llegaba la policía. Estaba hasta las tres o cuatro de la mañana”.

Empezó con el rock noventero de Nirvana y Pearl Jam. Después su abuela le dijo que tenía que conocer la música colombiana; ahí aprendió las líneas de bajo de Fruko. Luego estudió el papel del instrumento en el mundo. Viajó a Turquía, donde tocó con las estrellas pop de allá; pasó por África; y aprendió con los maestros de Europa y Asia.

“Yo siempre he dicho que el primer sonido de calidad que una persona escucha es como un bajo, y es el corazón de la mamá”, explica. “Nosotros nacimos en frecuencias bien graves, pero siempre supe que iba a ser músico”.

En 2017 regresó a Colombia para tocar en Jazz al Parque, donde presentó su álbum The Blue Road, el primero de una trilogía bajo el nombre Snow Owl. García-Herreros tiene herencia wayúu y arhuaca, y hay una creencia indígena que dice que los animales nos ayudan a venir del mundo espiritual al mundo físico. El cacique le dijo que a él lo trajo un búho blanco [snowy owl].

Ese primer disco se refiere al camino espiritual. The Red Road, que lanzará este año, es el camino del guerrero, y se siente en The Horde, el adelanto que lanzó el año pasado con un regreso a ese rock pesado que lo enamoró cuando agarró el bajo. El tercer álbum es The Yellow Road, un balance entre ambos senderos. “Por una linda coincidencia son los colores de la bandera de Colombia”, dice, “es un homenaje muy importante que le estoy haciendo a mí país”.

García-Herreros con Heinz Fischer, expresidente de Austria. CORTESÍA SNOW OWL

Aparte de todo esto, hace 10 años Heinz Fischer, expresidente de Austria, lo invitó a ser embajador de integración. “Quiso que yo fuera un ejemplo para los desplazados. Nos aseguramos de que tengan sus clases de alemán para armar un futuro en el que todos nos ayudamos”, explica. “Puede que yo no hable farsi o árabe, pero si le pongo un instrumento a una persona y toco con ella, empezamos a hablar, es una oportunidad de curar algo en el mundo”.

Juan García-Herreros, Snow Owl o como quiera llamarle, demuestra que se puede vivir de la música sin venderle el alma a un grupo de disqueras que buscan el sonido que más plata mueva. Ya viene siendo hora de mirar hacia otro lado, cambiar de emisora y rescatar este tipo de figuras, que aparte de crear música increíble, trabajan por una sociedad mejor.

Olvídense por un rato de las gafas oscuras, las mujeres semidesnudas y las fiestas en yates; de las canciones de amor y desamor que dicen lo mismo cada ocho días; de los realities que solo crean copias de las copias de unas copias. Acá hay alguien que está cuestionando los límites de la música con su creatividad. Mejor miremos hacia allá.