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Tame Impala nos lleva a lo más alto

Kevin Parker, el mago del pop psicodélico, abre su bóveda de trucos sonoros
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Ilustración por Janelle Barone

Tame Impala

The Slow Rush

Kevin Parker es un genio del rock progresivo con corazón pop, que crea sinfonías coloridas y psicodélicas con Tame Impala, un proyecto de estudio que creció hasta ser una banda lo suficientemente grande como para encabezar Coachella. Su pelo largo y sus composiciones espaciales parecen salidas de una época que ya se terminó, en la que los músicos de los 70 se aislaban en los estudios, viviendo a punta de té psicodélico y discusiones filosóficas. Pero Parker es un tipo moderno y su música funciona porque tiene el equilibrio ideal entre el esplendor de un viaje con los sentidos alterados y el brillo de cada detalle. En parte, por eso Rihanna hizo un cover de una de sus canciones, y Parker trabajó con Lady Gaga y Kanye West, entre otras estrellas.

The Slow Rush es el primer disco de Tame Impala desde Currents de 2015. Parker aún canta como un Bee Gee con el alma del mayor Tom de Bowie, flotando entre los beats de funk, disco y trip hop, decorados por texturas en sintetizador y melodías relajantes. Incluso cuando las canciones se desvían hacia loops difusos o muchos movimientos en una pequeña fracción, sientes que todo fue a propósito, como si se hubiera preocupado de perfeccionar hasta el más mínimo golpe del hi-hat. No sería ninguna sorpresa que hubiera un ejército de músicos detrás del disco, pero en los créditos solo dice: “Toda la música fue escrita, interpretada y mezclada por Kevin Parker”.

Hace lo mismo que Brian Wilson en distintos momentos. One More Year abre el álbum con grandeza y limpieza, junto a una batería disco, un bajo sutil y una guitarra al estilo Chic, mientras Parker canta sobre un futuro perfecto. Tomorrow’s Dust es una sombra del mejor folk de hippies con un sonido acústico, los bongós, los sintetizadores laser y una letra sobre lo marginal.

A Parker no de la pena mostrar sus influencias. Glimmer es una muestra de su amor por el house de Chicago y el techno de Detroit. En On Track es un poeta de soft rock, y el teclado al inicio de Might Be Time es una señal muy clara de que es el tipo de persona que tiene una copia de Breakfast in America de Supertramp en su sala, y otra en su casa en la playa.

¿Qué significa la suma de todo esto? ¿Qué tanto aporta? No es que sea una obra maestra. Un álbum entero con el falsete de Parker puede ser demasiado, más allá de lo cautivante que sea la experiencia musical. Si le pones demasiada atención, parece más una exposición ostentosa de su sonido que una colección de canciones. Pero como música ambiental es un viaje genial. “Bebamos esta poción mágica de amor y emoción”, canta en Instant Destiny. Así que acuéstate, relájate y tómate un trago, te tranquilizará.