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Taylor Swift reimagina su pasado en Fearless: Taylor’s Version

La nueva versión de su álbum de 2008 es incluso más apasionante que la original
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Beth Garrabrant

Taylor Swift

Fearless: Taylor’s Version

“Viví y aprendí”, canta Taylor Swift a los 85 minutos de su nueva versión de Fearless, su álbum de 2008. Hace menos de dos años, la cantautora anunció que volvería a grabar una parte de su catálogo musical con el fin de reclamar su propiedad, luego de que los masters de su discografía con el sello Big Machine fueran adquiridos por el empresario Scooter Braun. El objetivo de este proyecto es bastante claro: tomando prestada una frase de Tim McGraw, cuando piensen en Fearless, Swift espera que tengan en mente la “versión de Taylor”.

Que los músicos regraben su catálogo tras tener disputas con las disqueras es un cuento viejo en la industria. No obstante, hay pocos precedentes de un artista que haya emprendido esta tarea de una manera tan notoria como Swift, quien se ha lanzado en ello con la ambición, el presupuesto y fervor creativo que suele reservarse para un álbum regular. Al hacerlo, ha logrado que el pragmatismo de la industria se convierta en una celebración retrospectiva de su vida artística: en parte es un regalo para los fanáticos más fieles, en otra es la reedición de un material de archivo y también es un proyecto personal.

Swift comienza su enorme misión con Fearless, el LP que la posicionó como una artista completa. “No sé cómo se pone mejor que esto”, canta en el tema que le da el título al disco, ahora como una provocación. Pero a diferencia de la mayoría de las regrabaciones, aquí las nuevas versiones de algún modo suenan menos pulidas que las originales. Su voz se siente más baja, pero la mayoría del tiempo hace un gran esfuerzo por imitar el sonido de Nashville que tenía en 2008. Para ello, trajo de vuelta a gran parte de los músicos de sesión del álbum e incluso llamó a Colbie Caillat (una gran influencia) para que hiciera los coros en Breathe.

La cantante claramente ha estudiado sus entonaciones vocales en Fearless, incluso recreando de forma extraña las risas que aparecen a lo largo de Hey Stephen. Pero su voz de 30 años es más completa, profunda y más segura de sí misma. Swift se apropia de sus primeras influencias country pero únicamente hasta cierto punto: ya no intenta que “back” rime con “laugh” en Come in With the Rain.

La compositora tiene razones válidas para regrabar su catálogo, pero ninguna cantidad de libertad le permite superarse del todo. Cuando un artista versiona sus grabaciones antiguas, por más ingeniosamente que lo haga, es inevitable extrañar el peso emocional y la idiosincrasia adolescente de las originales, elementos presentes en su mezcla country: la manera en que su voz alcanzó un tono único digno de Regina Spektor y Shania Twain en You Belong With Me, o la forma en la que interpreta el melodrama Fifteen como solo puede hacerlo una joven de 18 años para quien tres años parecen una eternidad.

Después de escuchar la parte regrabada de Fearless: Platinum Edition, la media docena de temas inéditos y originales son una mirada reveladora de su proceso creativo. Allí está presente el fraseo de Swift que en We Were Happy, referencia a The Moment I Knew de la era Red. Otras canciones como You All Over Me o That’s When, alteran el espacio-tiempo de la cantante al desplegar unas colaboraciones con artistas más modernos como Jack Antonoff y Aaron Dessner, irrumpiendo en su country pop de mediados de los 2000. Esta no es la primera ocasión en la que trabaja con Keith Urban (¿recuerdan Highway Don’t Care?), pero seguramente es la primera vez en la que Dessner añade sus loops de batería a una canción coescrita por un chico (Scooter Carusoe) que escribe éxitos para Brett Eldredge.

Para finalizar, hay canciones que son más estremecedoras ahora que hace 13 años, por ejemplo Change, un tema que interpreta desde la experticia. Inicialmente la compuso sobre estar en un pequeño sello independiente en Nashville, Big Machine, y se motivó a terminarla luego de ver al dueño del sello, Scott Borchetta, entre lágrimas cuando ganó su primer premio CMA. Aquí su significado se torna más oscuro, reflejando el paso de la disquera de un pequeño negocio, a formar parte de un sistema complejo que la Swift más joven pensó que podría conquistar junto a Borcheta. “La batalla fue larga… Saldremos vencedores esta noche”, canta de modo sugerente. ¿Qué podría hacer Swift con tan gloriosa ironía? Cantará aleluya.