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Una tarde al lado de No te va gustar

Hace unos meses estuvimos junto a la banda uruguaya, desde el hotel hasta el concierto, en su paso por Bogotá
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Emiliano Brancciario dejando el alma en el acústico.

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No te va gustar salió a las seis de la mañana de Medellín. Unos integrantes se ven cansados y con los ojos llorosos, como si se acabaran de levantar; otros sí los tienen bien abiertos y andan hasta sonriendo. “Algunos salieron en la noche. Yo me quedé, soy responsable”, bromea Emiliano Brancciari, vocalista, cuando vamos a coger la van para ir al Teatro Jorge Eliécer Gaitán, donde en unas horas los uruguayos tocarán su show acústico, ese que vienen presentando para celebrar sus 25 años de carrera. 

En el camino hay calma y hablan poco. Suena Flaca de Andrés Calamaro y después Oye mi amor de Maná. Atrás Emiliano canta en voz baja, “No me digas que no”. Llegamos y en el parqueadero del teatro hay una chica que le pide una foto al vocalista. Le dice que sí con una sonrisa y le tira el chiste que rápido, que tienen que ir a la prueba de sonido.

Adentro, Denis Ramos saca su trombón, Mauricio Ortiz su saxofón. Las sillas y los tapetes en el escenario ya están acomodados cuando llegamos. “Si te querés sentar acá, estar atrás, como querás”, me dice Emiliano. Prefiero quedarme ahí en el escenario un rato, puede ser lo más cerca que estaré de compartir una tarima con NTVG.

***

Bogotá está en un típico día bogotano: nublado y con lluvia; queda clarísimo el porqué de ese apodo que es la nevera. Todo el día ha estado así, pero igual la ciudad recibe con los brazos abiertos a NTVG. La banda se está quedando cerca al Museo Nacional, una buena zona para caminar, tomarse una cerveza o un café. En el restaurante del hotel nos encontramos con Brancciari, que tiene gafas oscuras, una camisa azul y jeans claros. Él pide un café caliente, yo una gaseosa bien fría.

En la celebración de ese cuarto de siglo, los uruguayos (aunque Emiliano es argentino) también sacaron Memorias del olvido, un libro escrito por Mateo Crespo en el que repasan su carrera. “Fue súper interesante. En principio no nos lo tomamos con mucha seriedad, hasta que empezaron las entrevistas (…) Se empezó a poner interesante con el periodista amigo que iba a escribir el libro, uno iba recordando cosas que tenés guardadas, o mirando fotos”.

Junto al libro, el grupo lanzó el disco Otras canciones, en el que reversionaron sus temas junto a colaboradores de primer nivel como Jorge Drexler, Draco Rosa, Julieta Venegas y Catalina García. Además, en casi todo el álbum tocan junto a Flor de Toloache, una agrupación de mujeres mariachis que conocieron hace unos años en los Latin Grammy. 

La idea era que “los clásicos de la banda fueran totalmente reversionados”, me explica Brancciari, “que estuviéramos ofreciéndole a la gente y a nosotros una canción nueva, ya sea por el cambio de estilo, porque la canta otra persona o porque la movimos de tonalidad e hicimos nuevos arreglos. Esa era la pauta para que los clásicos entraran. Hubo varios con los que no pudimos, por ejemplo Tan lejos o Memorias del olvido”.

Mientras seguimos hablando del disco y las colaboraciones, suena un golpe seco y cerca. Junto a nosotros hay una mancha que antes no estaba ahí. “Uy se pegó una paloma contra el vidrio”, dice Emiliano y se distrae por un rato, “pobre”. Luego retomamos el hilo. La idea original de este formato acústico fue de MTV para grabar un Unplugged. La idea le gustó a todo el grupo, que aceptó y empezó a trabajar. Ya tenía fechas cuadradas y hasta la gira organizada alrededor de esa grabación, pero por algunos problemas en Argentina se cayó el proyecto.

Por esa misma época se les terminaba el contrato con el sello Pop Art (que al sur del continente tiene a casi todas las grandes bandas de rock argentino) y decidieron jugársela por la independencia. Siguiendo esa misma línea, también apostaron por hacer la grabación acústica por su lado. 

“Nos dimos cuenta de que fue la decisión acertada porque hubiéramos tenido que ceder un montón de cosas en cuanto a lo artístico, se ve como queremos que se vea, invertimos el tiempo y el dinero como nosotros quisimos”, confiesa Brancciari. “Terminó siendo algo mucho mejor a lo que nos hubiera pasado. Con el tiempo también nos dimos cuenta que estábamos pensando en la novelería de aquel MTV de los 90 del Unplugged de Nirvana, de Eric Clapton, de Soda Stereo, y estábamos en realidad haciéndolo con un canal de realities”.

***

“¿Vos escuchás algo raro, Leo?”, pregunta en la prueba de sonido el baterista Gonzalo Castex, el único que ha estado desde el inicio del grupo con Brancciari, “¡LEO! Ah, mirá, estás acá. ¿Le escuchás algo raro?”. No está fácil de cuadrar la batería. Un ingeniero habla de la vibración a un lado y asegura que ya no la escucha. “Bueno, vamos”, dice Emiliano y aplaude. Está que se canta. Suena la percusión, el bajo improvisa. La banda se acomoda para terminar de cuadrar sonido. Martín Gil, trompetista, saca su celular. Un par de selfies, graba el teatro vacío (que en unas horas va a estar a reventar y con todos los puestos ocupados) y ya está todo listo. 

Silencio.

La batería de Comodín da la entrada. Los vientos suenan bien, pero algunos micrófonos todavía deben ser cuadrados y en un platillo de la batería hay problemas. Pero ya saben qué hace falta. Con el segundo intento de Comodín ya va el juego de luces. Una cosa es ver a una de las bandas más grandes de América Latina tocando en Rock al Parque, pero es otro cuento verlos probar cada instrumento y a solas. Esto no es un juego de niños.

Emiliano por momentos toma el rol de director, es parte de ser la punta de lanza de la banda, un papel que ha asumido a pesar de su timidez. “Dame menos bongó”, dice. Y cuando llega Duina del Mar, prueban su micrófono con Chau. Él da las señas con el dedo para subir o bajarle; levanta su guitarra acústica pidiendo más volumen. Igual, ya esta máquina de rock en español está aceitada. “Se acabó el recreo”, dice el guitarrista Pablo Coniberti.

Denis saca su celular y le muestra una canción funky al teclista Francisco Nasser. Luego va al micrófono de Emiliano, sostiene el teléfono y le dice al guitarrista, “Sácame esto en la viola”, mientras tararea, “Tarara-tarara”. Después va a donde el bajista Guzmán Silveira y repite el ejercicio. Llega Pilar Cabrera, que cantará en el show, con su hija. Mientras arreglan su sonido, Denis insiste con esa canción que se quiere sacar.

Al final suben, uno por uno, los ganadores de un concurso que pudieron ver la prueba de sonido. Uno a uno los reciben los uruguayos. “Participante número dos”, bromea Emiliano. Y cada uno de ellos, de ellas, muestra los dientes con timidez, sin creer que están sacándose fotos sus héroes. En unas horas estarán derramando lágrimas.