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Viejo es el viento, pero aún puede tumbarte

Con más de 50 años de historia a sus espaldas, la banda británica conserva intacta la capacidad para crear discos memorables
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Morse, Gillan, Paice, Airey y Glover; el Deep Purple del siglo XXI.
Cortesía Alafonte

Deep Purple

Whoosh!

Hoy cualquier artista puede comprar la visibilidad en las redes sociales, pueda pagar por reproducciones falsas en las plataformas, y puede pagar para aparecer en los medios más importantes, sin embargo, no hay suficiente dinero en el mundo para comprar la experiencia ni la maestría que llega con esta. La cosa es que Deep Purple no es cualquier banda, y tampoco necesita de las baratijas que hoy enloquecen a muchos otros.

Para hacer este estupendo Whoosh! la banda ha trabajado por tercera vez consecutiva con el legendario productor Bob Ezrin, responsable de álbumes como Avalancha (Héroes del Silencio), The Wall (Pink Floyd) o Destroyer (KISS), la combinación ha funcionado perfectamente una vez más. Han creado un disco en el que una agrupación con tantos años encima sale victoriosa evitando la tentación de repetirse una y otra vez. Es muy probable que el secreto esté en gran medida en el trabajo de Ezrin y en el aporte del teclista Don Airey, que reemplazó al gigantesco Jon Lord a comienzos de siglo, pero nunca ha mostrado la intención de copiar su genialidad. Airey contribuye al darle colorido, diversidad y sofisticación al sonido de Purple; es un tipo que sabe lo que hace, por eso ha trabajado con gente como Ozzy Osbourne, Whitesnake o Rainbow.

La voz de Ian Gillan no tiene el mismo filo de los setentas, y serías muy tonto si esperaras eso, pero conserva ese timbre inconfundible que lo mantendrá siempre entre las más grandes voces del rock. El baterista Ian Paice y el bajista Roger Glover siguen conformando esa sección rítmica mítica, versátil y contundente. De Steve Morse (guitarra) no es necesario hablar mucho, es el virtuoso de siempre, un tipo al que muchos le agradecemos la continuidad de Deep Purple sin el magistral e insoportable Ritchie Blackmore.

Aunque pueda caer en algunas fórmulas, este es un álbum brillante, que se disfruta con fluidez. Step by Step sería perfecta para una película de cine negro, Man Alive reflexiona sobre las posibilidades de nuestra extinción, Remission Possible es una instrumental corta y entretenida, Nothing at All se mueve entre la esperanza y la amenaza mientras suena divertida y medieval sin caer en la ñoñez. Las publicaciones especializadas de todo el mundo (sí, aún quedan revistas especializadas en rock clásico) han respondido con aplausos y reseñas muy favorables, de las que ningún dinero puede comprar.