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Yordano resurge con Después de todo y media década repleta de historias

Hablamos con el legendario músico italo-venezolano sobre su último disco, el primero desde su operación de trasplante de médula
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Yordano con su guitarra.

Cortesía prensa Yordano

La música de Yordano ha marcado a generaciones enteras, convirtiéndose en la banda sonora de miles de parejas y hogares donde en las mañanas de los domingos todavía suenan canciones como Manantial de corazón o Locos de amor. Los que nacimos en los años 90 lo escuchamos porque nuestros padres se enamoraron con la voz del italo-venezolano de fondo, y los de más atrás seguramente dedicaron uno que otro tema cuando estaban en el colegio o la universidad. 

El que creció en América Latina tuvo que escuchar, al menos, su nombre, así no recuerde los temas. Si usted tiene menos de 30 años, es posible que la música de Yordano haya jugado un papel para su nacimiento. Si no me cree, pregúntele a sus padres por esta letra: “Me tiro a la calle, a caminar esta tristeza/ Quiero perderla entre la gente, atravesando soledades/ Para dejar que corra libre un manantial de corazón/ Voy a dejar que corra libre un manantial de corazón”.

Desde comienzos de los 80, cuando debutó como solista con Negocios son negocios, Yordano no ha parado de hacer música. La pausa más larga en toda su carrera llegó a su final este 2020, con el lanzamiento de Después de todo, un álbum que se cocinó durante más de cinco y con el que el ícono latinoamericano vuelve al ruedo después de una dura batalla contra el cáncer, que incluyó un trasplante de médula en 2015. Pasó media década en la que acumuló un montón de historias musicales y personales que se ven reflejadas en un disco que tiene un peso que va más allá de lo musical; es también un puño en la cara a la enfermedad, una carta con la que dice que acá está y acá se queda.

Yordano venía dándole vueltas a un disco de covers con sus clásicos favoritos de artistas como Tom Waits, Jimi Hendrix, Bob Dylan o John Lennon, mientras tenía eso en mente, “Íbamos a hacer un concierto en Caracas. Pensando en eso se me ocurrieron dos canciones, Una vez más y Dime”, dice desde su casa en Queens, en Nueva York, donde está en confinamiento pasando la pandemia. Aclara que después del trasplante ya pasó por su propia cuarentena porque “el sistema inmunológico quedó muy comprometido”. 

Estuvo seis meses encerrado cuidándose tras su operación en 2015. Al final de ese periodo, el músico venezolano Cheo Pardo (exintegrante de Los Amigos Invisibles) lo visitó en su casa “y ahí se puede decir que empezó el disco”. Hablaron de música hasta la madrugada y Yordano le mostró los dos temas que tenía pensados para un nuevo álbum. Aunque en su cabeza había música y seguía componiendo, físicamente había perdido casi 30 kilos y daba los primeros pasos hacia su recuperación.

Apenas pudo cruzar la puerta de su casa, fue al estudio con el grupo Los Crema Paraíso, también venezolanos y relacionado con Los Amigos Invisibles. Al mismo tiempo, le llegó un proyecto para hacer un álbum tributo con sus canciones. De ahí surgió El tren de los regresos, un homenaje a Yordano en el que participaron, entre otros, Franco De Vita, Carlos Vives, Andrés Cepeda, Santiago Cruz y Kany García.

“Al principio yo no iba a participar, pensaba que por las condiciones en las que estaba en ese momento no podía”, dice el músico, y entre risas añade, “Pero dije que por qué no me invitaban. Y lo hicimos a distancia. Mis partes las grabé aquí en Nueva York. Así se empezaron a dar las dos cosas, en paralelo, y empecé a salir”.

Al año del trasplante, Yordano se fue a Caracas, donde también grabó una buena parte de lo que se convertiría en El tren de los regresos. Sin embargo, tuvo que “regresar de emergencia porque se me complicó la cuestión. Por los síntomas, parecía que la enfermedad había regresado con fuerza, aunque al final fue una recaída. Y luego me dio una neumonía. En Caracas tuve varias circunstancias de salud que no resultaron bien”.

Su médico en Nueva York le recomendó que regresara lo más rápido posible. Apenas pudo, tomó un vuelo a la Gran Manzana. Llegó “casi sin plaquetas”, que son las partes de la sangre que paran las hemorragias al ayudar en la coagulación. Fue directamente al hospital a urgencias. Al final todo resultó bien. Mientras tanto, la música no paraba: en Caracas, antes de las complicaciones, incluso hizo conciertos.

Después de todo es un disco que está lleno de historias. Luis Perdomo, quien toca el piano y había grabado Por estas calles con el cantante a comienzos de los 90, se cruzó con é hace unos años en las calles de Nueva York. “Yo escucho desde un carro que pasa, que me están gritando, ‘¡Yordano! ¡Es Luis Perdomo! Espérame y me estaciono’”, cuenta el artista. 

El día que finalmente iba a grabar los teclados en Brooklyn con Perdomo, un teclista que recorre el mundo junto a su instrumento, “Me llaman del hospital y me dicen que vaya inmediatamente porque tenía el azúcar altísimo. Mi médico me dice que salga del estudio, pero yo no podía irme, llevaba más de un año persiguiendo a Luis Perdomo para que tocara”. El doctor le dijo que se pusiera a tomar muchísima agua. “Yo no quería llegar a urgencias en un coma diabético, ya había estado en coma tres veces por temas difíciles de la recuperación del trasplante”.

La idea original era que el disco se llamara Una vez más, pero cuando Después de todo llegó a su cabeza cobró mucho más sentido. Ha sido una travesía que empezó a mediados de 2015 y la recuperación del trasplante dura unos seis años. En estos cinco años que han pasado hasta ahora, Yordano ha pasado por un montón de situaciones, entre la recuperación, recaídas y el asesinato de su hermano Evio Di Marzo en 2018. “Eran tres pasitos pa’ atrás, cinco hacia adelante”, explica. Igual, nunca paró de componer.

El álbum terminó teniendo un trabajo de producción en equipo entre Cheo Pardo y Yordano, y cuando se escucha con atención queda claro quién iba manejando en cada tema. Por ejemplo, en Solo ilusión y Qué linda te ves (esta última la describe como un encuentro entre La Fania y Brasil), Pardo estuvo mucho más involucrado, mientras que en Enamorarnos otra vez (con un pequeño solo de guitarra) y Para qué llorar (que la describe como un punto de encuentro entre Juan Gabriel y Keith Richards), Yordano estuvo a la cabeza.

Hoy se escucha saludable, y este año incluso estuvo de gira por Europa hasta que el coronavirus lo empezó a perseguir. Cantó en Valencia, Barcelona y Madrid; luego pasó por Italia para tocar por primera vez en Roma, la ciudad donde nació. Cuando llegó a Tenerife “empezó a alcanzarnos la pandemia” y su último concierto fue en Madeira, Portugal el 8 de marzo. Tuvo que cancelar la presentación en Milán.

Mientras pasa la locura del coronavirus, Yordano está en Queens con su esposa Yuri. Seguramente sigue componiendo, ninguna enfermedad ha hecho que pare de hacer música, y su salud va por buen camino. A sus 68 años tiene muchas historias detrás, pero prefiere mirar hacia adelante, donde hay algún otro disco en la mira y, seguramente, una nueva gira una vez pase todo.