1280 Almas y la banda sonora de una catástrofe

por DAVID VALDÉS | 17 Sep de 2018


Posteado el 17 Sep de 2018 - 1:40 PM



<p>Gabriel García Márquez cierra <i>Cien años de soledad</i> con la frase: “...las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad en la tierra”. <i>Marteko Euriak</i>, el último álbum de 1280 Almas, resucita ese mismo sentimiento. Después de una carrera de más de 25 años y su consagración como una de las bandas más icónicas de la historia del rock colombiano, 1280 Almas está cansada de la indiferencia y describe paso a paso nuestro camino hacia el apocalipsis.</p>

<p> Una vez más, el sentimiento al que apelan es colectivo y acertado, oportuno a nuestra situación, pero sin una corriente política clara. ¿Por qué? Después de tantas advertencias, como <i>El platanal</i> y <i>Surfeando en sangre</i>, no hemos aprendido, al punto que lamentarse y corregir no es una opción. Su intención lírica no fue lo único que cambió. En su renovación lograron compaginar la crudeza de sus palabras con un sonido más pulido y limpio, pero con la misma esencia que ha marcado generaciones a través de sus letras transgresoras y dicientes.</p>

<p> Dos factores fueron definitivos para esto: el primero que notarán está en la llegada del guitarrista Francisco Nieto. “La génesis del rock nacional fue con Pacho, Héctor Buitrago y Dilson Díaz. Ellos son los precedentes de todos”, dice Juan Carlos Rojas, el bajista. Después de su paso por La Pestilencia y La Derecha y de trabajar en proyectos personales (su álbum como solista, <i>Tripulación</i>), Nieto fue convocado por las Almas y encajó a la perfección. “Es una chimba tocar con Pacho porque es reencontrar las raíces y eso se nota en el disco. Tenemos que hablar de él como el gestor de un sonido. Hay sonidos que son al estilo Pacho Nieto”. Su aporte cayó como anillo al dedo en una situación difícil para las Almas, quienes se preguntaban si continuar con el grupo o tomar distintos caminos.</p>

<figure style=“text-align: left;”><img alt=“GRABADO EN EL PAÍS VASCO Las Almas confiaron en la producción de Haritz Harreguy. Sin duda, fue una excelente decisión.” src=“https://www.rollingstone.com.co/themes/site_themes/rollingstone/images/img-notas/almas_8.png” width=“100%&quot;”><figcaption><b>Grabado en el País Vasco</b> Las Almas confiaron en la producción de Haritz Harreguy. Sin duda, fue una excelente decisión.</figcaption>

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El Mono, Hernando Sierra, el guitarrista de siempre de las Almas, se había ido a vivir fuera del país y hubo una sensación de desencanto en el grupo. Surgió una disyuntiva que obligó a la banda a decidir. Aunque estaba dispuesto a seguir con el grupo, las relaciones a larga distancia nunca funcionan (“eso es como tener una novia en el extranjero”, dice el cantante Fernando Del Castillo) y el proceso de composición sería más lento y desgastante. La única salvación era encontrar un guitarrista, y no podía ser cualquiera, tenía que ser alguien como Pacho. Las cosas siempre terminan encajando en su lugar.</p>

<p> La renovación sonora tampoco fue una casualidad. La banda viajó al País Vasco para grabar el álbum, en la búsqueda de un engranaje que nunca habían podido encontrar, ese no sé qué que le da vida a las canciones. “Siempre nos faltaba algo. Era una incógnita que siempre quisimos resolver. El ‘Gordo’ [Juan Carlos] le guerreaba tenazmente a la producción, pero no lo podíamos alcanzar”, confiesa Fernando. Viajaron a la tierra de grupos icónicos del punk y rock en español como La Polla Records, Eskorbuto y Fito y Fitipaldis, sacaron provecho de la inversión y experimentaron en un estudio que nunca habían pisado. Fue un salto al vacío, confiando en que podrían descifrar ese rompecabezas sonoro con la ayuda del ingeniero Haritz Harreguy. El resultado fue muy satisfactorio. “Encontramos a un tipo con mucha claridad, que sabe hacer que uno suene como quiere sonar”, dice con alivio Fernando. “Eso fue lo que logramos y más nos vale, porque el chistecito fue bien caro”.</p>

<p> Como homenaje al euskera, la lengua del País Vasco, decidieron darle un nombre inusual a su última producción: <i>Marteko Euriak</i>, que en español significa “Lluvias de Marte”. 1280 Almas evidenció un trasfondo político y social en sus letras en los anteriores álbumes, desde su nacimiento y debut con <i>Háblame de horror</i> de 1993, pero en este optaron por otra cosa. No le dieron la espalda a sus ideales o a sus acostumbradas confesiones, sino que desataron una gran dosis de furia contra la falta de interés que perciben en la sociedad frente a las crisis que afronta. “Uno solo recibe indiferencia cuando se preocupa por el hijueputa mundo. A la gente solo le importa su beneficio personal y no que todo se vaya a la mierda”, asegura el vocalista. “Es un agotamiento y un desencanto. La idea de que uno está solo contra el mundo”. Aunque sus canciones tratan temas universales, alcanzan una intimidad y una franqueza que despierta a cualquiera con la idea de una catástrofe inminente. Juan Carlos complementa: “Lo hemos dicho y lo hemos advertido: ‘sigan votando por los mismos’. Ahora vamos directo al apocalipsis. Es una posición política…”. “O apolítica”, añade Fernando.</p>

<figure style=“text-align: left;”><img alt=“NOSTALGIA E INDIFERENCIA Las letras del nuevo álbum son directas, transgresoras y atemporales.” src=“https://www.rollingstone.com.co/themes/site_themes/rollingstone/images/img-notas/almas_6.jpg” width=“100%&quot;”><figcaption><b>Nostalgia e indiferencia.</b> Las letras del nuevo álbum son directas, transgresoras y atemporales.</figcaption>

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<i> Marteko Euriak</i> es la fiel representación de un disco atemporal, porque pudo haber sido publicado tanto en 1998 y 2018 como en 2038. Sus temas nos conciernen a todos, en especial a los colombianos, que hemos presenciado y padecido una guerra que parece eterna, atemporal. “Lo que nos hemos dado cuenta en estos últimos tiempos de elecciones es que estamos patinando en un loop del que no escapamos desde hace 100 años. Sigue siendo válido hablar de eso y recalcarlo porque alguien tiene que hacerlo”.</p>

<p> Lo mismo se puede decir de sus conciertos. Apenas se suben a la tarima parece que nos transportamos a los 90, con un puño arriba, una cerveza y el grito unísono de ¡alegría! “Creo que es obvio que cuando gritamos ¡alegría! no es para que se pongan contentos. Cuando se atraviesan coyunturas nacionales, insistimos con que eso tenga una carga de resistencia. Seguir parados en la raya”, asegura Fernando. El 19 de julio pasado presentaron de principio a fin<i> Marteko Euriak</i> con una euforia que descarta cualquier sentimiento de cansancio (fueron casi tres horas de concierto) y demuestra la experiencia de unos tipos que han recorrido un largo y tortuoso camino.</p>

<p> Si esta es la banda sonora del apocalipsis, bienvenida. Hay suficientes motivos para llorar, lamentar, poguear y perdonar. Ya hemos tomado nuestras decisiones y de la mano de las Almas nos encaminamos hacia un atardecer infernal. “Si vamos a la mierda todos tenemos la culpa y fue nuestra responsabilidad. Para los colombianos es necesario tener un amo, un jefe psicópata, que nos dicte qué hacer en detrimento de nuestra libertad y justicia”, vocifera Fernando. Todo indica que hemos escogido el camino de las estirpes condenadas. Acompañemos a las Almas cuesta abajo.</p>

<figure style=“text-align: left;”><img alt=“PACHO FUE CLAVE El exguitarrista de La Pestilencia y La Derecha encajó a la perfección en las Almas. Les dio ideas frescas y la seguridad de un aporte profesional y original.” src=“https://www.rollingstone.com.co/themes/site_themes/rollingstone/images/img-notas/almas_4.jpg” width=“100%&quot;”><figcaption><b>Pacho fue clave.</b> El exguitarrista de La Pestilencia y La Derecha encajó a la perfección en las Almas. Les dio ideas frescas y la seguridad de un aporte profesional y original.</figcaption>

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