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Carlos Santana recuerda el ambiente espiritual de Woodstock

“Significó la unión de todas las tribus”, recordó el artista

POR CARLOS SANTANA | 06 Aug de 2019

<p>Santana (derecha) y el bajista David Brown durante su presentación en Woodstock. <i>Tucker Ransom/Hulton Archive/Getty Images</i></p>

Santana (derecha) y el bajista David Brown durante su presentación en Woodstock. Tucker Ransom/Hulton Archive/Getty Images


Daba un poco de miedo salir y conectarse a ese mar de pelo, dientes, ojos y brazos. Era increíble. Nunca olvidaré el sonido de la música rebotando en ese campo de cuerpos. Nunca olvidas ese sonido.

Para toda la banda fue maravilloso. Pero no fue fácil mantener los pies en la tierra porque había tomado unas sustancias psicodélicas bastante fuertes antes de subir al escenario. Cuando llegamos, a eso de las 11 de la mañana, nos dijeron que no íbamos a tocar antes de las 8:00 p.m. Entonces pensé, “Bueno, creo que comeré algo psicodélico, y cuando ya me esté bajando, tendré que subir, me sentiré bien”. Cuando estaba en el punto más alto, como a las dos de la tarde, alguien dijo, “Si no van ya, no tocan”.

Estuvimos toda la tarde ahí, y pude ver lo mejor del festival, que fue Sly Stone. Creo que nunca volvió a tocar así de bien, salía humo de su afro. Musicalmente, Altamont fue mejor que Woodstock. Lamento que haya salido gente herida, pero tengo que decir que todos tocaron de una forma increíble: Grateful Dead, Jefferson Airplane, nosotros.

Woodstock tenía un ambiente más espiritual, era una celebración espiritual. Woodstock significó la unión de todas las tribus. Quedó claro que había mucha gente que no quería ir a Vietnam, que no estaba de acuerdo con Nixon ni con el sistema. Los que empezaron ese movimiento en Haight-Ashbury me enseñaron la diferencia entre los tratos y los ideales, entre los artistas y los estafadores. Ellos no eran falsos, a diferencia de los que usaban pelucas en los comerciales que promocionaban los éxitos de los 60. La gente real era genial. Se veían indígenas y blancos enamorados de la vida. Woodstock fue parte de todo eso. Fue el mismo movimiento que sacó a las personas de Vietnam y que sacó a Nixon.

Algunos lo llamaron un área desastrosa, pero yo no vi a nadie hecho un desastre. Vi a muchos uniéndose, compartiendo y pasando un buen rato. Si eso era perder el control, entonces se necesita perder el control al menos una vez a la semana. Tal vez sea muy inocente, pero eso es lo que noté. Había muchos estímulos positivos, artísticos y creativos. En los 60 la gente no iba a los conciertos a emborracharse o conquistar mujeres; iban a ser bombardeados por la música y ser llevados a otro lugar. Cuando salías, sabías que no ibas a ser el mismo. No ibas a un concierto a escapar. Ibas a expandirte.

Muchos estafadores en Estado Unidos convirtieron al rock en una corporación como Gap o McDonald’s. Escuchas la misma basura en cada centro comercial. Necesitamos más personas como Jimi Hendrix o Jim Morrison. Necesitamos más rebeldes y más renegados.

En cuanto a la película, no me gusta que esos lentes de ojo de pez me hacen ver como un bicho, pero en general estoy muy agradecido. Siempre le digo a mi esposa que somos muy afortunados porque tenemos muchísimo recuerdos y un video que lo demuestra. Estoy muy agradecido por haber tenido la oportunidad de tocar en Woodstock. Podría seguir en Tijuana, al otro lado de la frontera y sin papeles.

Una versión de esta historia fue publicada originalmente en agosto de 1989 en la edición impresa de ROLLING STONE.

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