Creciendo con Game of Thrones

Maisie Williams y Sophie Turner hablan de su inquebrantable hermandad, sus increíbles años adolescentes y el final más esperado de todos

POR BRIAN HIATT | 16 Apr de 2019


Ha habido todo tipo de escenas sobrenaturales, varias de ellas bastante desagradables, en Game of Thrones de HBO, cuya octava y última temporada comienza en abril: resurrecciones, premoniciones, viajes en el tiempo, una sombra asesina, un ejército de muertos vivientes, una reina a prueba de fuego, un dragón zombie y dragones normales. (Y en la categoría de antinaturales, una cantidad realmente extraña de incesto). Pero uno de los primeros eventos inexplicables de GoT, es mucho más tranquilo y hasta dulce. Desde el momento en que la Maisie Williams de 12 años vio a la Sophie Turner de 13, en 2009 en su primera lectura de guion para ver si tenían química en los papeles de las hermanas Stark, su conexión fue profunda e increíble. “Prácticamente somos mejores amigas desde ese momento”, dice Turner, ahora de 23 años. “Pensé que Sophie era la chica más genial que había visto”, dice Williams, de 21. “Entiendo por qué hacen esas lecturas para ver si hay química, porque cuando la hay, es innegable. Somos mejores amigas. Lo pudieron notar en ese momento y debió ser mágico ver a estas dos chicas pasarla de lo mejor estando juntas”. Incluso ante la audición que podría cambiar sus vidas, “ese día hubo muchas risas”, dice Nina Gold, la directora de reparto (quien también descubrió a Daisy Ridley para la trilogía actual de Star Wars). “Maisie parecía tener un alma vieja en un cuerpo muy pequeño, muy parecida a Arya. Sophie era más como una niña pequeña, lo que ciertamente ya no es”.

Ese año, Game of Thrones tuvo su primera fiesta de fin de grabaciones en Belfast, Irlanda, después de que los actores y el equipo terminaron de filmar el primer capítulo, que nunca se transmitió. Los productores David Benioff y D.B. Weiss se dieron cuenta a tiempo de que era tosco y difícil de seguir. Cambiaron a varios de los personajes esenciales y volvieron a grabar, salvando la serie. Turner y Williams, entre los miembros más jóvenes, pueden haber sido las primeras en sentir que algo no estaba bien. Como lo recuerdan Weiss y Benioff en una entrevista por correo electrónico, las chicas se veían angustiadas en la fiesta: “Las recordamos llorando y abrazándose porque se querían mucho después de apenas unas cuantas semanas. Y tenían miedo de no volver a verse si no escogían el show. Era un miedo razonable. Pero estamos muy agradecidos de que no sucedió y pudieron pasar todos esos años juntas y con nosotros”.

Hacia el final de la primera temporada de Game of Thrones, la vida de los Stark colapsó cuando la realeza arresta al líder de la familia, Eddard Stark (Sean Bean) –un hombre decente entre víboras–, por cargos falsos, que termina en su decapitación. Arya se esconde disfrazada de niño y planea su venganza, mientras Sansa se compromete con el monstruoso niño rey, Joffrey. Las niñas fueron abandonadas sin protección, pasando de la inocencia a la experiencia más oscura en arcos narrativos desgarradores que siempre han sido el núcleo emocional de la serie.

Después de eso, Turner y Williams no volvieron a filmar una escena juntas hasta que sus personajes se volvieron a encontrar en la séptima temporada en 2016. Y puede que haya sido lo mejor. “Era una pesadilla trabajar con nosotras. Si estás con tu mejor amiga, jamás van a terminar un trabajo. Era lo más difícil del mundo intentar estar serias. Creo que realmente se arrepintieron de ponernos juntas en algunas escenas. Fue difícil”, comenta Sophie.

Ahora que las dos actrices son adultas, eso ha cambiado. O algo así. “Era genial tener a dos personas increíblemente ingeniosas jugando entre tomas”, escriben Benioff y Weiss. “Aunque sí decidieron comenzar a hablar con un acento inglés norteño, el cual puede ser real y puede ser una invención de ellas. Como nosotros somos estadounidenses, no pudimos distinguirlo. A veces hablaban en ese acento todo el día; cada tanto aparecía en una escena y les teníamos que recordar que Sansa y Arya no hablan así”.

ASESINA POR NATURALEZA Los años de formación de Williams en la serie no siempre fueron sencillos: “Tenía 15 años y pensaba: ‘¡Solo quiero ser una chica y tener un novio!’. Ahí fue horrible. La primera vez que me dieron un sostén en mi remolque, pensé: ‘¡Sí, soy una mujer!’”.
ASESINA POR NATURALEZA Los años de formación de Williams en la serie no siempre fueron sencillos: “Tenía 15 años y pensaba: ‘¡Solo quiero ser una chica y tener un novio!’. Ahí fue horrible. La primera vez que me dieron un sostén en mi remolque, pensé: ‘¡Sí, soy una mujer!’”.


En el verano de 1991, un novelista de género convertido en guionista de televisión abrió su Word desactualizado, listo para crear un nuevo mundo. George R. R. Martin tenía 42 años después de terminar de escribir guiones para un Ron Perlman con cabeza de león en el drama de CBS La bella y la bestia y tener más de una década de, aclamada pero no lucrativa, prosa de ciencia ficción, horror y fantasía a su nombre. Se supone que estaba intentando hacer otra novela de ciencia ficción, pero se acordó de la escena de un cuento diferente: jóvenes que encuentran cachorros de lobo huérfanos sobre la nieve manchada de sangre.

Ese fue su primer vistazo a los hombres de la familia Stark, el clan central de lo que se convertiría en la serie de libros de Martin, Canción de hielo y fuego, y más tarde, uno de los shows de televisión más ambiciosos. Sin embargo, Martin sabía que la familia todavía no estaba completa. “También quería algunas chicas”, dice 28 años después, sentado en su oficina de Santa Fe, Nuevo México, donde todavía está trabajando en el sexto y penúltimo libro de la serie, utilizando el mismo viejo procesador de palabras.

Para el momento en que su narrativa llegó a Winterfell, la fortaleza cubierta de nieve que los Stark llaman hogar, Martin había creado a “dos hermanas muy, muy diferentes”. El autor estableció su historia en un mundo donde el aliento de un dragón es un arma de destrucción masiva y los muertos vivientes (White Walkers) son una amenaza para la civilización, pero tomó los elementos menos fantásticos de la Europa medieval, incluyendo los roles limitados de las mujeres. “La Edad Media fue muy patriarcal”, dice Martin. “Soy cuidadoso con generalizar demasiado, pues eso me haría ver como un idiota. Reconozco que la Edad Media duró cientos de años en muchos países, pero en general, las mujeres no tenían muchos derechos y estaban acostumbradas a hacer alianzas matrimoniales. Hablo de las mujeres de clase alta, por supuesto, las campesinas tenían aún menos derechos”.

Al mismo tiempo comenta que “esa también era la época donde toda la idea del romance cortesano nació; el galante caballero y la princesa. De cierto modo, el arquetipo de la princesa de Disney es el legado de los trovadores de la era romántica en la Francia medieval”. Cuando conocemos a Sansa, al comienzo del libro y la serie, es una feliz –y algo creída– residente de un mundo aislado, una princesa de Disney que está destinada a un mar de horrores.

“Al puro comienzo, ve el mundo de color rosa, completamente ignorante de quién es la familia real. Es como cualquier fan de Justin Bieber, no se da cuenta que Justin también tiene su lado oscuro”, dice Turner. Ella también era fanática cuando era más joven, “una Belieber con toda una pared de mi habitación dedicada a él. David y Dan siempre me dijeron: ‘Mira a Joffrey como si fuera Justin Bieber e imagina esa vida’. ¡Ese es el truco para que Sophie actúe!”.

Arya siempre estuvo destinada a ser lo opuesto, “una chica que muestra su descontento ante las funciones que le imponen; no quiere coser, quiere pelear con una espada, y le gusta cazar y luchar en el lodo”, explica Martin. “Muchas mujeres que he conocido tienen características de Arya, especialmente cuando yo era joven en los 60 y 70. Conocí muchas jóvenes que ya no creían en el ‘debo casarme y ser ama de casa’. Decían: ‘No quiero ser la señora de alguien, quiero ser mi propia persona’. Y ciertamente eso hace parte de la personalidad de Arya”.

Benioff y Weiss tuvieron que forjar su propio rumbo durante las últimas dos temporadas, después de pasar los libros de Martin. “He sido muy lento”, dice el escritor con un notable dolor. “Los puntos principales del final serán cosas que les dije hace cinco o seis años. Pero también habrá cambios y muchas cosas que añadiré”.

El invierno llegó a Westeros y a este barrio aburguesado en el oriente de Londres, donde la estación se presenta en forma de cielos oscuros que gotean lluvias heladas, en lugar de una tormenta de nieve por todo el continente que podría durar una generación. A las 9 a.m. en punto, una animada pero adormecida Maisie Williams que acaba de bajar de un avión proveniente de París, entra a una cafetería gourmet al lado de su apartamento. Tiene un suéter negro de cuello alto, unos pantalones de cuero y unas botas Coach con estampado de leopardo. También tiene un bolso de Coach con dibujos animados. Solía tener un acuerdo de patrocinio con la marca, que incluía un día de compras gratuitas. “Me siento muy mal, pero me veo bien”. Últimamente le gusta mucho el rosado; su corte de pelo con capul, es de un tono rosado metalizado, que hace un fuerte contraste con sus cejas negras. Sus uñas también son rosadas. “Es mi color favorito. Todos los días en la oficina –fundó una red social para gente creativa llamada Daisie– saco mi laptop rosada con mi pelo rosado y utilizo un saco rosado y tengo un fondo de pantalla y protector rosados. Por mucho tiempo pretendí que mi color favorito era el verde; pensé que no era feminista si mi color favorito era el rosado. Luego decidí que era una estupidez”.

LA DAMA DE WINTERFELL En la primera temporada, Turner se basó en su experiencia como Belieber. “David y Dan siempre me dijeron: ‘Mira a Joffrey como si fuera Justin Bieber e imagina esa vida’. ¡Ese es el truco para que Sophie actúe!”.
LA DAMA DE WINTERFELL En la primera temporada, Turner se basó en su experiencia como Belieber. “David y Dan siempre me dijeron: ‘Mira a Joffrey como si fuera Justin Bieber e imagina esa vida’. ¡Ese es el truco para que Sophie actúe!”.


El pelo, en particular, es una declaración de independencia o al menos de querer un descanso de la actuación. “Supongo que subconscientemente me lo tinturé porque no quería trabajar. Es una buena forma de detenerme, y se siente muy bien, siento que soy así. Toda mi adolescencia he luchado con poner un sello a mi apariencia, pero también intentar ser un lienzo en blanco como actriz”.

Su tardía aceptación del esquema de colores de la Casa de los sueños de Barbie también es una reacción a una década de su vida como Arya Stark, en la que pasó una parte de sus años adolescentes asesinando personas vestida con tonalidades de café y suciedad. En el camino hubo algunos vestuarios obligatorios que eran incómodos. “Me estaba convirtiendo en mujer”, dice suspirando, “y luego tenía que usar esta cosa que la reina se ponía. Creo que tiene que tener un sostén que le pone los senos debajo de las axilas. Y empeoró porque a mí me seguían creciendo, y me pusieron un poco de grasa abdominal para compensarlo. Tenía 15 años y pensaba: ‘¡Solo quiero ser una chica y tener un novio!’. Ahí fue horrible. La primera vez que me dieron un sostén en mi remolque, pensé: ‘¡Sí, soy una mujer!’”.

Turner dice que esa época fue “muy difícil” para Williams. “Está pasando por todos esos cambios, y aun así tiene que lucir como una niña pequeña, tener su pelo corto y lucir completamente diferente a cómo se siente por dentro. Creo que envidiaba que yo podía usar los vestidos y tener un maquillaje y peinado lindos. ¡Yo quería los pantalones y la ropa de chico!”.

DAMA DE HONOR. Turner en la primera temporada.
DAMA DE HONOR. Turner en la primera temporada.


Maisie ya superó todo eso. En general, es una joven completamente liberada, que irradia tanta juventud que es contagiosa. Le encantó Game of Thrones, pero también fue una obligación constante durante la mitad de su vida. “Lo que más me ha impactado sobre el final del programa, no es el final”, comenta la joven actriz. “Es como si fuera libre, puedo hacer cualquier cosa”. Tiene una década de dinero del mundo del espectáculo en el banco; esencialmente se ganó un fondo fiduciario propio. “Es como el momento en el que realmente puedes disfrutar de todo aquello por lo que has trabajado tan duro. En los últimos seis meses he hecho eso”. Pasó la víspera de Año Nuevo en Berlín, disfrutando de un periodo de 24 horas sin parar. (“Salí a las 8 p.m. y llegué a mi casa a las 8 p.m. Estuvimos en todas las fiestas y en ninguna a la vez”).

Tiene una película de gran presupuesto en espera, como la mutante Wolfsbane en el spinoff de los X-Men, Los nuevos mutantes. Pero la cinta parece estar atrapada en el limbo corporativo por la compra pendiente de Disney de Fox. La actriz no tiene pelos en la lengua al hablar sobre la situación. “Quién sabe cuándo putas saldrá”, dice. Se supone que iban a regrabar algunas escenas para “hacerlas más aterradoras”, pero todavía no ha sucedido. Dice que cuando vio a uno de sus colegas, Charlie Heaton, le preguntó qué carajos estaba pasando con la película, pero tampoco supo responderle. Williams sonríe. “¡Posiblemente esta entrevista haga que se apuren!”. Si algún día llega a salir, a ella y a Turner –quien interpreta a Jean Grey en las películas principales de X-Men– les encantaría que juntaran a sus personajes. “Sería increíblemente estúpido si no lo hicieran”, añade.

Las opciones de Maisie son más emocionantes en comparación con su infancia en Bristol, Inglaterra, donde el dinero era escaso. También hubo algo de oscuridad, una situación la cual mencionó, pero no explicó. Se mudó a los 16 años, no para alejarse de su familia, sino porque quería su espacio propio después de haber compartido su habitación con dos hermanas. Sus padres se separaron cuando ella tenía cuatro meses, y dice que su padre biológico no forma parte de su vida. (“Mi padrastro es mi padre y lo amo”). Menciona una hostilidad en su historia familiar. “Fue una situación que mis hermanos, mi mamá y yo sufrimos”, dice, sin querer profundizar. “Nos unió, pero no hizo que nada fuera más sencillo”.

Gobernando Winterfell esta temporada. “Al comienzo tenía envidia de Maisie porque tuvo la oportunidad de ser genial”, comenta.
Gobernando Winterfell esta temporada. “Al comienzo tenía envidia de Maisie porque tuvo la oportunidad de ser genial”, comenta.


Lo canaliza todo en Arya, en el dolor del trauma y la capacidad de violencia, tanto frenética como calculada, del personaje. (“Puede que Arya tenga un número de víctimas más alto que cualquier otro personaje principal en la serie”, relatan Benioff y Weiss. “Pero de una u otra manera, casi siempre tiene una razón para esa violencia”). “Me inspiré en muchas emociones reales. Cuando tenía 12 años, la gente siempre me decía: ‘¿Cómo puedes… ¿En qué te inspiraste?’. Ellos no conocen mi pasado. Es algo liberador el poder explorar estas emociones en un ambiente sano. Cuando tenía 12, 13 años, me ayudó bastante el volverme loca y luego ir a casa y decir: ‘Wow, qué buen día’”, comenta Williams.

La actriz realmente disfrutó de los momentos más sangrientos de Arya. “Puedes sentir la adrenalina”, dice de manera soñadora. “Es increíble porque todo es fingido, no importa. ¿En qué otro momento puedes hacer eso? Hubo una toma que hicimos al final de la tercera temporada cuando apuñalo a un tipo en el cuello. Me dieron una bolsa de arena y un cuchillo falso e hicieron que corriera la sangre. Me dijeron: ‘Solo hazlo, ¡apuñálalo!’. Dios, lo puedes sentir”. Bebe su café y añade: “Fue bueno”.

Cuando obtuvo el personaje era tan joven que todavía no había decidido ser actriz. Pretendía ser una bailarina, pero la contactó un agente que la vio en una clase de improvisación. Arya fue la segunda audición que hizo. “Recuerdo mirar a todas estas chicas lindas y sentirme desarreglada”, relata. “La anterior audición a la que asistí, me dijeron: ‘Vamos a cambiarte el top’. Recuerdo sentirme humillada y pensar que había algo mal conmigo. Antes de eso audicioné para escuelas de ballet con mis mallas sucias y mis dientes torcidos, y todos esos niños apasionados del teatro parecían salidos de una propaganda. Incluso así de joven, podía sentir eso”, comenta sonriendo. “Pero para Arya es perfecto. Eso era exactamente lo que querían. ¡Jódete con tu sonrisa perfecta!”.

Maisie es tan animada y expresiva como Arya es reservada y con una expresión indescifrable. “Cuando soy yo misma, la gente me pregunta: ‘¿Qué pasa?’. Y es porque no soy consciente de lo que mi cuerpo está haciendo y siento las emociones apenas aparecen”. Como Arya, ella siente que puede acceder a algo casi sobrehumano. Parpadea menos y su respiración se vuelve más superficial. “Me siento muy consciente. ¿Conoces la película Sin límites? Así me siento. Arya es muy calculadora en cuanto a cómo se comporta, no le gusta que la gente sepa lo que está pensando”.

LECCIONES DE BAILE. Williams como Arya en la primera temporada.
LECCIONES DE BAILE. Williams como Arya en la primera temporada.


La actriz hace poco pasó por una fase inexplicable en la que sus propias emociones parecían inaccesibles. No podía llorar, ni en pantalla ni fuera de ella. (“Ya salí de esa etapa. Lloro todas las semanas”). Coincidió con la octava temporada en la que aparentemente Arya se reconecta con su humanidad. “Fue increíble y fue en el momento perfecto porque Arya está comenzando a sentir de nuevo”, explica. “Así que fue hermosa la manera en la que estaba funcionando, porque usualmente intento interpretar a Arya sin emociones, mientras siento de todo. En esa ocasión, yo no sentía nada, mientras intentaba sentir algo, y funcionó... creo”.

Si la dama de Winterfell te pide tomar un shot de tequila con ella, el protocolo te obliga a cumplir. En realidad, Sophie Turner no se parece tanto a Sansa Stark, incluso si su elegante acento la delata. (“Comencemos esta fiesta”, dice). Su pelo recogido en una coleta alta volvió a su rubio natural, ha adoptado un look estadounidense con una camisa blanca y jeans azules, con unos zapatos de bolos rojos. En su dedo anular hay un enorme diamante, cortesía de su prometido Joe Jonas, quien diseñó el anillo. La joven actriz tenía ganas de jugar bolos, así que fuimos a un área privada en Bowlmor en Manhattan, cerca del apartamento que comparte con Jonas. (“Nuestra habitación todavía está llena de cajas, y tenemos a dos perros con nosotros”, comenta).

“Apuesto a que Maisie no se tomó un shot en la cafetería”, dice, levantando una bola de bolos. Decide ponerse “Boy George” en la tabla digital de resultados, afirmando que se parecen. Cuando las bebidas llegan, ella se toma la suya y sonríe. “Ugh, odio cómo sabe, pero te emborracha”. Williams describe a Turner como la pareja más simpática que te puedas imaginar; incluso leen juntas guiones que no son de Game of Thrones. Luego, Sophie también anima a los otros jugadores con mucha emoción: “¡Tú puedes! ¡Eso fue increíble!”.

En su bíceps izquierdo hay un tatuaje oculto de un triángulo basado en la “teoría de Platón que el alma está compuesta de tres partes: razón, espíritu y apetito”. Su hermano Will tiene uno igual; se supone que él es la parte del “espíritu”. Su hermano mayor, James, es la “razón”, pero no quiso hacerse el tatuaje. “Yo soy el apetito, porque tengo hambre de todo. Necesito todo. No en un sentido material, pero necesito hacer estos trabajos y tengo que consumirlo todo. Y también me gusta comer”, comenta la actriz. En la parte trasera de su brazo derecho está el contorno de un conejito con algo extraño en sus patas traseras. “No tiene ningún significado. Mucha gente dice que parecen dos conejos tirando”.

Se dirige a una sala de billar que tiene dos sillas enormes que parecen tronos. “Muy apropiado”, dice mientras se sienta en una de ellas. Turner tiene otro proyecto grande, X-Men: Dark Phoenix, que se estrena en junio. Tiene esperanzas con esta película, pues la llama “una Dark Phoenix bien hecha”; un pequeño golpe a la terrible X-Men: la batalla final, que dañó esa misma historia. “Casi todas las escenas en Dark Phoenix son las más intensas que he hecho”, comenta.

En el set de la última tempora- da. “Intento interpretar a Arya sin emociones, mientras siento de todo”, comenta.
En el set de la última tempora- da. “Intento interpretar a Arya sin emociones, mientras siento de todo”, comenta.


Ser el personaje principal del título en una franquicia de superhéroes conlleva algo de presión. “Estoy nerviosa todo el tiempo”, dice, aunque no lo parece. A pesar de su aparente ligereza de espíritu, Turner ha tenido, lo que ella describe como problemas de salud mental. “Por supuesto, depresión, ansiedad, todas esas cosas. Todavía lo experimento, pero he ido a terapia. Estoy tomando medicamentos y me siento mucho mejor. El hecho de hablar con alguien, cambió mi vida”.

Se sintió ofendida por las publicaciones en redes sociales que sugerían que la novedosa honestidad de las celebridades sobre esos asuntos era “una moda”. En todo caso, son simplemente jóvenes famosos que siguen tendencias más grandes. “Definitivamente es una cosa generacional. Mi mamá todavía me pregunta por qué necesito un terapeuta”, dice Turner

Sophie solo es una “persona muy emocional”, con una cantidad enorme de empatía. Solía acostarse y literalmente “llorar por mi personaje”, lamentando los interminables peligros de Sansa a manos de algunos de los peores hombres de cualquier mundo. “Las cosas que esa chica ha sufrido son increíbles y horribles”, comenta. Sansa tuvo un viaje lento hacia el dominio de su entorno; ella siempre fue más inteligente de lo que parecía, y Turner nos mostraba con cuánta precisión examinó su mundo a través de ojos azules.

Los padecimientos de Sansa llegaron a su punto más bajo en la quinta temporada, cuando se casó con el monstruoso Ramsay Bolton. En su noche de bodas, la violó en frente de otro personaje; una escena agonizante de ver y que podría ser la más controversial en la historia del show. Estaba lejos de ser el único momento de violencia sexual en Game of Thrones y para algunos, aquello fue la gota que derramó el vaso. “La violación no es una trama necesaria”, escribió Jill Pantozzi del sitio feminista The Mary Sue, y anunció que el sitio dejaría de “promover” Game of Thrones. Benioff y Weiss defendieron el episodio, pero, aparentemente, es una cuestión sensible. Cuando les pregunté cómo esa reacción cambió su enfoque, eliminaron la pregunta de la entrevista por correo.

Turner anticipó las críticas y simplemente no está de acuerdo. “Creo que la reacción fue incorrecta porque esas cosas pasaron”, dice mencionando las raíces medievales de GoT. “No podemos descartarlo y no ponerlo en un programa de televisión donde todo se basa en el poder, y esa es una manera muy impactante de demostrar que tienes poder sobre alguien”.

Para Sophie, el hecho de que la temporada terminaba con una Sansa “empoderada” que preside la merecida muerte de Ramsay Bolton –ella ayuda a que él sea comido vivo por un grupo de sus propios perros hambrientos–, “lo convirtió en una gran historia. El matarlo con los perros, fue la escena más satisfactoria. Me puso muy sensible porque por mucho tiempo he querido que se enfrente a las personas que la han maltratado”. Turner también disfrutó de la séptima temporada, ya que una nueva y astuta Sansa finalmente comenzó a dominar los ritos de poder de la serie. Más de una de las teorías de fans dicen que el programa terminará con Sansa tomando el trono de hierro como la gobernante de Westeros; una posibilidad remota, pero totalmente posible.

“Al principio le tenía envidia a Maisie, porque ella podía hacer todas las peleas con espadas y ser genial. Yo pensaba: ‘Sé que mi personaje es muy poderoso’. Sansa se adapta mejor que Arya. Si Arya hubiera estado en la situación de Sansa desde el principio, hubiera hecho que le cortaran la cabeza. Y si Sansa hubiera estado en la posición de Arya, Sansa hubiera sido acosada hasta la muerte… Era frustrante lo lento que era, pero eso lo hace más satisfactorio. Estoy feliz de que apenas acabe de descubrir su poder”, explica Turner.

Ella ve un paralelo entre Hollywood y Westeros. “Me parezco mucho a Sansa”, comenta la actriz. “Cuando entras y piensas que será todo un sueño, te das cuenta que tienes que ser muy estratégico. Y Harvey Weinstein es Joffrey o Ramsay. Probablemente peor, un White Walker”. Sophie nunca ha tenido que trabajar con Weinstein, pero otra figura desacreditada, Bryan Singer, dirigió las anteriores películas de X-Men. Singer también dirigió Bohemian Rhapsody: la historia de Freddie Mercury y Turner repitió lo que dijo la estrella de esa película, Rami Malek: “El tiempo que pasé con él, como dijo Rami, fue incómodo”.

La infancia de Turner en el centro de Inglaterra fue mucho más cómoda y tranquila que la de Sansa, dividiendo su tiempo entre el set de Game of Thrones y el colegio. (Por un tiempo, tuvo a un acosador en el colegio: “Fue horrible”, dice con naturalidad). Sus rebeliones de adolescente eran extremadamente normales, como sacar a escondidas vodka de la casa de sus padres para beber con sus amigos en el parque. Como Williams, al comienzo planeaba ser bailarina, y a los 11 años rechazó la admisión a la altamente competida Royal Ballet School, prefiriendo las clases de actuación.

Turner nunca pensó que se comprometería tan joven o en lo absoluto. “Me estaba preparando para estar soltera toda mi vida”, comenta. “Cuando conoces a la persona correcta, simplemente lo sabes. Siento que tengo un alma mucho más vieja de lo que tengo en edad. Siento que he vivido lo suficiente para saber. He conocido suficientes chicos para saber, he conocido suficientes chicas para saber. No me siento de 22 años, me siento de 27, 28”. Y en cuanto a la parte de las “chicas”: “Todos experimentan, es parte de crecer. Amo su alma, no su género”, explica mientras encoge sus hombros.

El año pasado, en su último día de grabación en Irlanda del Norte, Williams seguía en su fase de no llorar. Se sentía insensible. “Volví a mi remolque después de terminar y me di una ducha porque estaba sucia; Arya siempre está sucia”, comenta. Salió, limpia de Arya Stark, y recibió “el sol de un día precioso”. Fue al remolque del asistente del director y tomó una cerveza mientras el equipo oficialmente marcó el final: “Hemos terminado con Game of Thrones”. “No salí esa noche porque no quería despedirme de todos nuevamente. No puedes decirle adiós para siempre a este programa. No puedes poner esa carga en ningún día, es como un divorcio, toma mucho tiempo”, explica Maisie.

En cuanto a Turner, ella lloró mucho, “porque lloro por todo”, comenta. Se sintió particularmente conmovida cuando Benioff y Weiss le dieron un storyboard de su escena favorita de Sansa, que resultó ser la última escena de todo el programa. Turner ya lo colgó en una pared de su casa y nadie lo ha notado.

“Me siento satisfecha con el final de la serie”, dice. “Cada arco narrativo tuvo un buen cierre”. (Williams ofrece una pista misteriosa: “Después de leer la octava temporada, volví a ver la primera temporada; hay muchas similitudes”). Benioff y Weiss mencionaron los dos finales que admiran: “Breaking Bad pudo terminar exitosamente. Siempre hablamos del final de Los Soprano, tan controversial como fue en ese momento, es difícil imaginar un mejor final para esa serie o cualquier otra”.

Pase lo que pase, al menos pudimos ver a Sansa y Arya Stark de nuevo juntas en su casa, aunque sea por poco tiempo. “Sansa, durante todo este programa, la única razón por la que ha querido sobrevivir es por su familia”, dice Turner, quien tiene un tatuaje de “la manada sobrevive”, citando al programa. “El poder de la familia y la unidad es tan poderoso que mantiene a las personas con vida. Eso es lo más importante que me ha dejado la serie: la familia lo es todo”. Sophie sonríe sentada en su trono de bolera con un cigarrillo electrónico. “Creo que papá Stark estaría muy orgulloso de nosotras”, comenta.

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