David Keenan: “El punk es una fuerza que recorre históricamente la cultura”

El escritor escocés nos contó sobre su amor por el post-punk y su novela This Is Memorial Device

POR SANTIAGO DE JESÚS | 23 May de 2019

<p>David Keenan en su paso por Bogotá. <i>Cortesía British Council</i></p>

David Keenan en su paso por Bogotá. Cortesía British Council


La leyenda de David Keenan dice que tocó en el mismo concierto en el que debutó Oasis en Glasgow, Escocia en mayo de 1993. Su banda se llamaba 18 Wheeler y se encargó de abrir el toque en el King Tut’s Wah Wah Hut, un bar emblemático del rock británico. Por ahí pasaron Rage Against the Machine, Radiohead, Blur, Pulp y Beck, entre otros. Pero Keenan, a pesar de ser un amante de la música, se dedicó a las letras.

Creció en un pequeño pueblo escocés llamado Airdrie, a unos 20 kilómetros al este de Glasgow, leyendo reseñas de discos del legendario Lester Bangs y escuchando agrupaciones de post-punk como Joy Division o Siouxsie and the Banshees. Su última novela, This Is Memorial Device, se pudo conseguir en la última Feria Internacional del Libro de Bogotá, donde estuvo presente gracias al British Council.

La historia trata de Memorial Device, una banda de post-punk que nace en este pueblo olvidado donde “no es fácil ser Iggy Pop”. Es un pequeño lugar donde todos conocen a todos y ser el tipo contestatario y rebelde es mucho más complicado. En palabras de Keenen, “requiere más compromiso con el arte y con un estilo de vida”.

El escritor ha reseñado álbumes y entrevistado a grandes músicos. Es un estudioso de la historia del rock del siglo XX y uno de los grandes conocedores de post-punk. “Había punk antes del punk”, asegura en un hotel al lado de Corferias. “Lo que pasa es que, poco a poco, se estaba llegando a ese punto. Pero ya estaban The Stooges y Lou Reed con The Velvet Underground. Me parece que el punk es una fuerza que recorre históricamente la cultura. Incluso diría que poetas como Arthur Rimbaud y Charles Baudelaire son muy punks”.

Con un acento escocés gruesísimo, una gabardina de cuadros y una bufanda gris (desde lejos se nota que es de otro país), Keenan profundiza sobre el sentido del arte. Para él, debería ayudar a la gente a encontrar otro lado de la vida. Precisamente eso fue lo que hizo el punk. Le abrió las puertas a una parte de la sociedad que no tenía acceso a un contenido artístico, escupiéndole una cultura diferente en la cara y gritándole con tres acordes que no hay que ser un prodigio para hacer arte.

A él le pasó algo similar con el post-punk. En un pueblo en el que no sucedía nada, los adolescentes empezaron a tomar una imagen de un movimiento que, en ese entonces, se sentía muy lejos de Airdrie. Keenan era todavía un niño cuando sucedió, pero abre los ojos cuando recuerda lo que veía. Los hombres con maquillaje, las mujeres con pantalones plateados, los peinados excéntricos, le dieron vida a unas calles de un lugar perdido en el tiempo.

“Estas personas fueron mártires del arte. Había algo de locura en todo eso. Y yo no veía sus críticas, yo veía que tomaban la vida en sus propias manos”, dice. “Eso es lo que amo del punk rock. No es el ‘no futuro’. Yo creo que, en realidad, significa ‘No hay futuro, solo es el presente”.

Pensando en esos mártires del arte, a Keenan se le ocurrió Memorial Device. Es el grupo que representa a todas las bandas que nacieron en el seno de un movimiento, pero que únicamente tocaron una vez, que solo grabaron un demo, que sacaron un solo fanzine. Porque es fácil ver la historia de Gang of Four en Internet, pero muy pocas veces se le hace un homenaje a las decenas de agrupaciones que lo intentaron, fallaron, pero que en un punto pedalearon por una respuesta contracultural.

“En Memorial Device, hay personas que, muchos años después de la era del post-punk, miran hacia atrás y se dan cuenta de que, aunque pensaban que solo eran un montón de mierda, una banda que nadie escuchó, que nunca salieron en ROLLING STONE, hicieron algo importante, algo increíble”, explica Keenan sobre la banda de su imaginación. “Por eso me pregunto, ¿podemos reconocer un momento importante en el presente o únicamente nos percatamos cuando miramos al pasado?”.

Al ser una novela que trata de una banda, la conversación fluye con tranquilidad del libro a la relevancia del post-punk en la historia del rock. Para Keenan, en un aspecto plenamente cultural, fue más importante que el punk. En una época donde lo progresivo mandaba la parada, era necesario volver a lo básico. Lo que hizo el post-punk fue reconstruir a partir de esa deconstrucción.

“El punk sucedió en las grandes ciudades. Nueva York, Londres, y se volvió viral, terminó contagiando a pequeños pueblos de clase trabajadora”, explica el escocés. “A esta gente, entonces, se le metió un ideal avant-garde a través del punk”. Con el post-punk también se experimentó con el dub reggae y el free jazz, sumado a la idea del “hazlo tú mismo”, ahí es cuando se volvió más interesante. Y fue a través de las ciudades más pequeños y los pueblos que dejó de estar centrado en las capitales, para tomarse, por unos años, a todo el Reino Unido.

Sin embargo, la gran tragedia del artista y de los músicos es que muchas veces ven su arte como una etapa adolescente o de rebeldía. Por eso muchos movimientos son tan efímeros. También hay una parte importante de la presión social de “conseguir un trabajo de verdad” o “ponerse serio”. Keenan lo resume en una palabra mucho más contundente: “Rendirse”. Los personajes en Memorial Device terminan arrepintiéndose de eso, de perder esa energía una vez crecen.

“Esa es la energía que hace que tu vida cambie constantemente, y si te olvidas de eso, te olvidas de vivir”, sentencia. “A la gente le encanta mirar hacia atrás y sentir nostalgia. A mí no me interesa. Mi libro es sobre las personas cuyo espíritu fue destruido por la ‘realidad’ y de los que lograron mantener la llama encendida. Mi mamá siempre me dice, en chiste, que soy la misma persona y que hago lo mismo que hacía a los 16 años. Y estoy orgulloso de eso”.

Al principio de Memorial Device, uno de los personajes dice que, en realidad, ni se trata de la música. Keenan habla de la “travesía”. Se refiere al mundo que se abre cuando una persona empieza a explorar una expresión artística. De la gente que conoce en el recorrido. De los conciertos con los amigos que también cruzaron esa puerta. De la intensidad de un pogo. Del viaje al regresar a casa a la salida de un toque. De la borrachera en el bar. “Todo esto es la travesía”, concluye. “Y fue gracias a la música que pasó toda la magia”.

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