De Armenia a los X Games, un sueño en dos ruedas

Andrés Felipe Pardo se convirtió este año en el segundo colombiano en participar en el evento más grande de deportes extremos

POR SANTIAGO DE JESÚS | 08 Nov de 2019

<p><span>Shapol volando este año en los X Games de Minneapolis. </span><i><b>Cortesía Andrés Felipe Pardo</b></i></p>

Shapol volando este año en los X Games de Minneapolis. Cortesía Andrés Felipe Pardo


La bicicleta es un símbolo nacional en Colombia. Los triunfos deportivos más importantes en la historia del país se han dado a punta de pedalazos. Allá arriba está el Tour de Francia de Egan Bernal, el Giro de Italia de Nairo Quintana, las Vueltas a España de Lucho Herrera y el mismo Quintana, y los oros Olímpicos de Mariana Pajón.

El camino para estas conquistas comenzó hace décadas, con las primeras apariciones de los escarabajos en Europa; este año sucedió algo parecido, con el debut de Andrés Felipe Pardo en BMX en los X Games de verano. Hace unos años el skater David González se había convertido en el primer colombiano en llegar al evento de deportes extremos que reúne a los mejores en diferentes disciplinas.

Acá es donde Tony Hawk se convirtió en leyenda con el primer 900 en tabla, es donde Travis Pastrana escribió su nombre en letras de oro con el primer doble backflip en moto y Ronnie Renner rompió el récord mundial de step up. Deportistas como Shaun White, Bob Burnquist, Nyjah Huston, Dave Mirra y Mat Hoffman son solo algunos de los grandes nombres que se han colgado medallas de oro en los X Games. Estos dos últimos son referentes en BMX, pero no en la categoría de Pardo.

Shapol, como le dicen los amigos, se enfoca dirt, aunque también hace calle y skatepark. Se trata de una modalidad en la que los circuitos y rampas se hacen en tierra, pero el objetivo no es ser el más rápido, sino hacer los mejores trucos y tener el mejor estilo. En los X Games, lo ideal es no pedalear dentro del circuito, el impulso desde la salida y de cada aterrizada debe ser suficiente para recorrer la pista. Si no entendió, acá está la presentación de Pardo en Minneapolis, es mucho más fácil ver para entender.

Trucos difíciles, bien ejecutados, con aire y aterrizados sin mayores problemas. Sorprendió en el primer bombo clasificatorio, pero después llegaron nombres como Ben Wallace, Andy Buckworth y Dawid Godziek para dominar la tarde. No importa que no haya pasado a las finales, lo de Shapol en los X Games dejó una muy buena impresión, pero hay que destacar cómo ha llegado hasta allá: trabajando con las uñas y rompiéndose el lomo.

Pardo agarró cuando pequeño la cicla y con sus amigos del barrio hacían rampas chiquitas para saltar. Desde niño le gustó lo extremo, y las primeras competencias en las que participó fueron de dirt jump en el barrio La Cecilia en Armenia. Luego ese terreno lo usaron para hacer un conjunto residencial. Con su parche de amigos le metieron la ficha, organizaron un concurso pequeño e hicieron una exhibición en la plaza de toros.

“Gracias a eso nos dieron un lote en el Parque de los Sueños”, recuerda Shapol. “Ahí tenemos una pista. En este momento está un poco dejada porque no se puede tapar. El sol y el agua acaban con los saltos. No está esa cultura, ese sentido de pertenencia de tener que trabajar por lo que uno quiere. Nosotros no teníamos nada, entonces si queríamos algo nuevo, pues lo construíamos. También era muy difícil conseguir repuestos”.

Siempre que salía del colegio, se iba a saltar con su bicicleta, y todo el tiempo libre se la pasaba rodando. Sus referentes no eran Mirra ni Hoffman, sino los riders colombianos. Admiraba a Cristian Porras, Santiago Muñoz, los hermanos Ospina o Alejandro Caro.

Al año de empezar a concursar, ya comenzó a viajar a otras ciudades como Cartago y Cali, luego pasó a Bogotá y Medellín. La excusa para salir de Armenia eran las competencias, pero por ahí veía una pista o un skatepark que le llamaba la atención y se quedaba unos días más, siempre con el apoyo de sus papás.

En 2011 salió a rodar en concursos en Ecuador, a donde regresó al año siguiente y en 2013, siempre guardando algo de plata con la mente en algo más grande. En 2014 se fue a México y con el paso del tiempo ya no solo iba a concursar, sino que se quedaba entrenando con la gente que iba conociendo en el camino. Esos primeros viajes internacionales eran torneos en skateparks. Luego pasó unos meses en Estados Unidos y más tarde llegó a Europa a competencias grandes de dirt y escenarios con los que acá en Colombia únicamente se puede soñar.

“La temporada en Europa comienza en mayo y termina en septiembre, pero yo solo me puedo quedar tres meses”, explica Pardo. “Pero en ese tiempo hay mucha competencia, cada ocho días hay concursos de dirt, de parque, de calle”.

Después de pasar por campeonatos de la FISE World Series de la Unión de Ciclistas Internacional (UCI) y tener buenos resultados, este año coronó con los X Games en Minneapolis. “Nunca pensé estar ahí, así como nunca imaginé salir del país a montar bicicleta. El día que vi la invitación en mi correo fue una bomba, sentí que los sueños se hacen realidad”, revela Shapol. Recibió la noticia en Francia, mientras se recuperaba de una lesión en la clavícula. “No sabía si iba a poder, pero tuve dos meses para cuidarme”.

Pardo llega a todas las competencias a punta de ahorros, de la plata que gana en las competencias, de la venta de partes de bicicletas que puede conseguir con sus contactos, de su marca de ropa que se llama La Baita, el patrocinio que tiene con Mutanty de Medellín –que evita que se preocupe por la cicla–, y en Francia tiene un amigo que lo ha ayudado con toda desde que lo conoció.

Se ha forjado su carrera a punta de esfuerzo y pasión por montar bicicleta. Desde el inicio ha tenido el apoyo de sus papás y en el camino ha encontrado aliados que lo han ayudado a llegar a lugares con los que apenas soñaba, sobre todo en un país donde los deportes extremos no tienen una presencia muy fuerte. En Bogotá y Medellín hay buenas escenarios, pero de ahí a que salgan profesionales es otro cuento.

“Hay muchos niños entrenando, ahora más fácil conseguir una cicla cómoda y son unas máquinas, hacen muchísimos trucos. Llegan a un nivel muy alto, pero como no hay tanto apoyo toman otros caminos”, opina Pardo. “Se necesita una motivación, llegan a una edad donde en su casa tampoco hay muchos recursos. No hay personas que sean patrocinadas y puedan vivir del deporte. En otros países hay gente que vive de esto, acá hay que sobrepasar esa barrera del no se puede”.

Pardo ha logrado romperla. Para él esto no es un trabajo, e insiste en verlo como un hobby y en disfrutarlo siempre. Si quiere concursar en Francia, Estados Unidos, México o Ecuador, tiene alguien que lo reciba con los brazos abiertos. Lleva años pedaleando contra la corriente y, con esa mentalidad, poco a poco se está haciendo un nombre en el circuito internacional. “La bicicleta es lo más bonito, abre espacios en todo el mundo”, sentencia. Él, tal vez sin siquiera saberlo, está abriendo un espacio que en Colombia se sigue viendo por encima del hombro. Ya viene siendo hora de ponerle atención a esto.

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