El Amazonas no es únicamente un tema brasileño

Los estudios sobre el estado de la Amazonía en Brasil, Colombia, Perú y Ecuador no son alentadores

POR SANTIAGO DE JESÚS | 22 Aug de 2019

<p>El humo del incendio en Brasil ahora viaja por el continente.</p>

El humo del incendio en Brasil ahora viaja por el continente.


Las imágenes de los incendios en la Amazonía brasileña han recorrido el mundo entero. Las reacciones en redes han dado para todo. El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) escribió en su cuenta de Twitter: “Hubo un lamento mundial cuando se incendió la catedral de Notre Dame. ¿Por qué no tenemos el mismo nivel de rabia cuando se quema el Amazonas?”. Por su parte, los ciudadanos de São Paulo vivían con un cielo extrañamente nublado; en realidad era el humo que había viajado miles de kilómetros.

Vale la pena aclarar que algunas de las imágenes que rodaron por Internet no eran de estos incendios. De acuerdo a France-Presse, se compartieron fotos de bosques quemándose en Estados Unidos y del mismo Amazonas pero en 1989.

Según el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE en portugués) de Brasil, que empezó a documentar los incendios en 2013, en 2019 han sucedido 72,843 siniestros de este tipo en territorio brasileño. Esto significa un aumento del 80% en comparación al año pasado en el mismo periodo. De acuerdo al INPE, es como si cada minuto se destruyera un terreno en el Amazonas del mismo tamaño de una cancha y media de fútbol.

A la hora de encontrar a los responsables de esto, se lanzan dardos desde ambos lados. Los grupos ambientalistas aseguran que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, es el gran responsable, pues desde que asumió el cargo ha debilitado las medidas de control medioambiental y cortó el presupuesto de las organizaciones que trabajan por el medio ambiente. En campaña hablaba de explorar todo el potencial económico del Amazonas.

Bolsonaro respondió diciendo, “Ahora están sintiendo el pinchazo de la falta de fondos. Tal vez las organizaciones no gubernamentales están detrás de estos actos criminales, para generar una atención negativa hacia mí y hacia el gobierno. Esta es la guerra a la que nos enfrentamos” (¿cómo le pondrán a esta? ¿“La guerra contra los bosques”?) Lo curioso es que todo esto sucedió unas semanas antes de la reunión regional de Naciones Unidas, organizada en Salvador, Brasil, para tratar el cambio climático.

Aunque Brasil ha sido el gran protagonista en los últimos días con los incendios en el Amazonas, la realidad es que el pulmón del mundo es compartido por otros países, y la responsabilidad no cae únicamente en los brasileños.

Este año, en Colombia, el IDEAM dijo que en 2018 se perdieron 197.159 hectáreas de bosque, en 10% menos que 2017 (el año con la peor deforestación con 219.973 hectáreas). Sin embargo, el 70,1% sucedió en el Amazonas, 5% más que el año anterior. En 2016, la WWF concluyó que la Amazonía tiene seis grandes amenazas: las concesiones mineras (esto sin hablar de la minería ilegal), las hidroeléctricas, la construcción de carreteras, la agricultura intensiva (la actividad que más ha afectado), la deforestación y el cambio de políticas de protección.

En el informe Condenando el Bosque, la Agencia de Investigación Ambiental profundiza en los vacíos legales que los comerciantes de madera aprovechan entre Perú, Colombia y Brasil. El mercado negro de permisos para conducir lanchas y transportar productos se mueve a la luz del día, y la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, que debería encargarse de revisar que la madera que llega de otros países es legal, “no está haciendo control sobre este marco regulatorio en Leticia”. Como las autoridades no hacen su trabajo, terminan comercializándose especies como el cedro, cuya extracción se prohibió en 2015.

En Perú la situación tampoco deja mucha esperanza. De acuerdo al Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP), la parte sur en el territorio peruano ha sido azotada por la minería ilegal y la agricultura extensiva. Cerca de la frontera con Brasil y Bolivia, se han quemado y tumbado árboles para la actividad agrícola. Es una relación viciosa en la que el aumento de la minería lleva una mayor demanda de alimentos.

El año pasado se unieron Amazon Conservation Team y Ecocienciamuestra para profundizar en cómo se ha visto afectada la Amazonía ecuatoriana. En el Parque Nacional Yasuní viven pueblos indígenas sobre una rica reserva de petróleo, lo cual se ha convertido en un problema para todos. Por un lado quieren extraer ese oro negro, y por el otro defienden la protección del parque y de la comunidad Waorani.

A través de una consulta popular se aprobó la reducción el área petrolera en el parque de 1.030 hectáreas a 300. Entre los micos que entraron, de acuerdo a Mongabay, aunque se amplió la zona protegida, al mismo tiempo se permitió la extracción en una zona de amortiguamiento que debería ayudar a “proteger a los grupos en aislamiento voluntario”. En el segundo informe se profundizó en las áreas que pasaron de ser bosques, a ser utilizadas en grandes cultivos de palma de aceite y para ganadería.

Si se suma la deforestación amazónica entre el 2000 y 2017, contando los territorios de los nueve países (Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Guyana, Surinam y Guyana Francesa) que tienen parte del bosque, sería un total de 29,5 millones de hectáreas, el mismo tamaño de todo Ecuador, informó la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada.

Este año, la misma red publicó el informe Amazonía en la encrucijada. Con colaboradores de Bolivia, Venezuela, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú se llegó a la conclusión de que el 68% de las áreas protegidas y territorios indígenas están en amenaza. Esto quiere decir que hay proyectos para vías, hidroeléctricas, minería y extracción de petróleo.

La respuesta oficial no ha sido muy alentadora. A las acusaciones de Bolsonaro, se sumó el mensaje del presidente de Colombia, Iván Duque, que escribió a través de Twitter, “La tragedia ambiental en el Amazonas no tiene fronteras y debe llamar la atención de todos. Desde el Gobierno Nacional ofrecemos a los países hermanos nuestro apoyo para trabajar conjuntamente en un propósito que nos urge: proteger el pulmón del mundo”. Por su parte, el gobierno de Bolivia anunció que compró un avión SuperTanker para controlar los incendios en Santa Cruz y los que se presenten a futuro.

El daño ya está hecho, y aunque las noticias se han enfocado en Brasil, la Amazonía es responsabilidad de nueve países, y en cada uno hay problemas que solo agigantan la deforestación, los cultivos extensivos, la industria mortal de la carne, la minería (legal o ilegal), el tráfico de madera, los incendios y un largo etcétera que está acabando, poco a poco, aunque cada vez más rápido, con la selva tropical más grande e importante del planeta.

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