El gran engaño del heavy metal

Un metalero frustrado creó un personaje, se inventó una gira falsa y se promocionó como un salvador del hard rock

POR DAVID KUSHNER | 20 Mar de 2019

<p>Fotografías por LeAnn Mueller</p>

Fotografías por LeAnn Mueller


A finales de 2018, Jered “Threatin” Eames, un mechudo de 29 años vestido de negro, me recibe en un hotel de West Hollywod. Se ve pálido y algo enfermo; se está recuperando de un vuelo desde Fráncfort y de la semana más loca de su vida, en la que intentó vivir su fantasía de rockstar pero quedó al descubierto como un embaucador enigmático. “Era imposible que me pusieran atención como rockero en 2018, a menos de que hiciera algo que despertara curiosidad”.

En noviembre del año pasado, managers de bares de rock en todo el Reino Unido comenzaron a compartir una historia bastante extraña. Threatin, un intérprete de pop metal, había reservado sus sitios para una gira por 10 ciudades europeas. Sin embargo, ellos nunca habían oído hablar de él antes de que un promotor los contactara prometiéndoles conciertos con gran aforo. Threatin tenía una gran fanaticada, likes y cientos de comentarios en los videos de sus conciertos en Youtube, en los que aparecía ante miles de fans. Como si fuera poco, su credibilidad la respaldaban páginas web de un sello disquero, managers y una compañía de relaciones públicas. Además, su página de Facebook mostraba cientos de seguidores confirmando asistencia a su gira europea, en la que promocionaría su álbum Breaking the World.

Sin embargo, a pesar del revuelo, casi nadie asistió a los shows. El cuarteto de Threatin tocaba en recintos vacíos mientras su esposa Kelsey filmaba. Curiosamente, al músico parecía no importarle; simplemente tocaba como si el sitio estuviera lleno. Cuando, confundidos, los dueños de los bares lo confrontaban, él afirmaba que la falta de público se debía a la mala promoción. “Era claro que había algo extraño”, dice Jonathan Minto, barman de The Exchange, un bar donde se presentó Threatin, en Bristol, “pero no llegamos a imaginarnos la dimensión de lo que ocurría”.

Intrigados, Minto y sus amigos echaron un vistazo a la página de Facebook de Threatin y notaron que la mayoría de los fans vivía en Brasil. “Nos empezamos a dar cuenta de que los seguidores eran falsos”.

Y es que todo resultó ser una farsa: las páginas, la disquera, la compañía de relaciones públicas y de management provenían de la misma cuenta de GoDaddy. Las multitudes de los videos de los conciertos pertenecían a imágenes de archivo. Los asistentes confirmados nunca aparecieron. Cuando se regó la voz del aparente engaño, los dueños de los bares se preguntaron, perplejos, por qué alguien se tomaría la molestia de viajar semejantes distancias solo para tocar en recintos vacíos.

El resto de la gira se canceló y Threatin despareció sin ninguna explicación. La singular historia pronto se hizo viral y fue difundida en sitios de metal e incluso en el New York Times, que se refirió a ella como “un sorprendente engaño, incluso para 2018”. Mientras tanto, Threatin permaneció en silencio, excepto por una publicación en la que escribió: “¿Cuáles son las noticias falsas? Convertí un lugar vacío en titular internacional. Si estás leyendo esto eres parte de la ilusión”. En eso tiene razón. En una época en la que los artistas se esfuerzan para que se fijen en ellos, este misterioso metalero se convirtió en el centro de atención con uno de los trucos publicitarios más excéntricos de la historia reciente.

Cuando le pregunto a Eames, que romperá su silencio conmigo, lo admite todo: fue un truco audaz y desesperado de un artista de death metal frustrado que había intentado hacer las cosas de manera tradicional pero había fracasado. “Es un truco publicitario”, dice, “pero la música es real”.

Eames creció en Moberly, Missouri –un pueblo de 13 mil habitantes–, y quería salir de allí como fuera. “Lo primero que vez cuando llegas es un cementerio en una loma”, dice. “Cuando me iba o llegaba al pueblo, pensaba: ‘Esta es la metáfora perfecta para este lugar. Yo no quiero morir aquí’”.

A pesar de la pinta de artista de glam metal que muestra en la red, en persona, Eames parece un duende gótico, un tipo brillante que habla rápido y con convicción. Comenzó a tocar guitarra a los 10 años y “practicaba todos los días”, según afirma. Y junto a su hermano, Scott, cinco años mayor, se sumergió en el metal gracias a la colección de discos de su padre. “Nadie del pueblo se interesaba en esta música como nosotros”, dice Scott, guitarrista de NEVALRA y Thy Antichrist. En el colegio, los dos hermanos (Jared, en el bajo, y Scott, en la guitarra) formaron Saetith, un grupo de death metal, que, según Scott, era visto solo como una banda de hermanos.

Con el apoyo de sus padres (quienes se negaron a dar su testimonio), los hermanos practicaban obsesivamente y tocaban riffs satánicos como Mass Graves of Decapitated Christians, delante de un telón de fondo casero lleno de cruces invertidas y pentagramas color rojo sangre. Jered comenzó a curtirse tocando en bares locales antes de ser mayor de edad. “Desde el colegio, él quería ser el centro de atención”, dice Scott. “Cuando nos bajábamos del escenario yo seguía siendo Scott, pero él no volvía a ser Jered”, recuerda. “Llegaba a las reuniones familiares con chaqueta negra y gafas oscuras, como si estuviera en un show. En un punto ya nos fastidiaba”.

En breve, los hermanos Eames se convirtieron en la versión de Oasis de Moberly. Mientras Scott pensaba que Jered estaba en un viaje egocéntrico, este último creía que su hermano no estaba dando lo suficiente. “No estaba a la altura, y él era el hermano mayor”, comenta Jered. “Siempre supe que yo era mejor”.

Un afiche de la gira de Threatin. Casi todo lo que les dijo a los dueños de los bares era falso.

Jered afirma que solo permanecía en Saetith por consideración a sus padres. “Mi mamá decía que la banda era la que mantenía la unidad”, comenta. Los dos hermanos grabaron demos e incluso encabezaron un show en Puerto Rico. Pero Jered quería tocar un rock más melódico, algo como Queen o David Bowie, todo lo que Scott consideraba demasiado suave. Los conflictos internos no cesaban entre ellos. “Simplemente no nos entendíamos”, dice Jered. “Pero tratábamos de hacer que funcionara”.

Jered se mudó con su novia Kelsey a los 17 años; se ganaba la vida trabajando en un restaurante de comida rápida y asistía a Columbia College, donde obtuvo un título en Psicología y comenzó un máster. “Siempre me he sentido fascinado por el comportamiento humano, el marketing y por la forma en que se le puede implantar una idea a alguien en la mente”, comenta. Pero, según él, su cuerpo lo traicionó. Cuando tenía 20 años, comenzó a toser sangre de un momento a otro. “No tosí poco, el lavamanos quedó lleno de sangre. Sentí que me iba a morir”. Pero a pesar de las súplicas de Kelsey, quien era enfermera, él se negó a buscar ayuda médica porque pensaba que los médicos eran ineficientes y no sabrían qué hacer.

La perspectiva de la muerte y las crecientes tensiones familiares lo inspiraron a marcharse de Moberly para siempre. Decidió irse a Los Ángeles, donde habían surgido bandas durante décadas. A su familia no le gustó su decisión. Además, tampoco les contó acerca de su extraña dolencia por miedo a que lo presionaran a quedarse. A mediados de 2012, Eames y Kelsey empacaron sus pertenencias en una camioneta y dejaron atrás aquel pueblo muerto para lograr sus objetivos.

“Uno oye con frecuencia que es fácil ser descubierto por Internet”, me dice Eames. “Pero es todo lo contrario”. Y aunque estaba ansioso por emprender una carrera musical por su cuenta en Los Ángeles, aún estaba recuperándose de su fracaso con Saetith. Él y su hermano habían hecho las cosas de manera tradicional: habían tocado sin cesar, se habían promocionado, contactado disqueras… Pero todo había sido en vano.

Eames no sabía cómo irrumpir como solista, pero estaba decidido a encontrar la forma. Mientras Kelsey comenzó a trabajar en una oficina, él se obsesionó con su música y vivió austeramente de sus ahorros en una casa que compraron en Herperia, a 130 kilómetros de Los Ángeles. Luego de un año, tenía más de 70 canciones con el típico formato del rock clásico. Él mismo tocó todos los instrumentos –guitarra, bajo, batería y teclados– en todos los temas, incluso en Breaking the World, una canción con tintes de himno, y en Living Is Dying, que en su opinión podría ser el primer sencillo.

Gastó más de USD 10 mil en la grabación, e insistió en que había ahorrado ese dinero por más de una década. “No soy un niño rico”, dice. “Esto no es más que un buen manejo del dinero”.

Entre sus gastos, invirtió unos cuantos miles para que el álbum fuera masterizado por Greg Calbi, ingeniero de artistas de la talla de John Lennon y Bruce Springsteen (uno de los pocos datos verdaderos de la biografía de Threatin). Calbi dice que, mientras masterizaba, nunca interactuó con Threatin más que para trabajar en el álbum. “Desde un punto de vista técnico, no está mal”, comenta el ingeniero. “Es retro y cursi, suena como si fuera de 1987”. Pero, más allá de su sonido nostálgico, Eames quería crear un alter ego similar a los de Bowie. Según él, Alice Cooper, Ozzy Osbourne y Marilyn Manson –sus héroes– se habían personificado como “villanos” del rock y habían tenido éxito. Así, en su mente surgió una idea de marketing que se basaba en el encanto del bien sobre el mal. “Si eres el héroe vas a tener menos atención que el malo”, dice Eames. “Una historia feliz dura un día, pero una tragedia dura toda la vida”.

Su personaje de villano era simplemente su propio ego elevado al máximo, un dios grandilocuente del rock dispuesto a hacer cualquier cosa por su música. Se hizo llamar Threatin, un nombre que consideró sonoro y ‘tortuoso’. “Al carajo lo que piensen los demás. Haré lo que sea para que el rock vuelva a ser el centro de atención”, afirma.

El autoproclamado evangelista del metal estaba fascinado con artistas como Andy Warhol y Andy Kaufman, su comediante favorito, quien manipulaba astutamente a los medios y al público con rutinas que mezclaban la realidad y la ficción. La naturaleza desesperada que sustenta la farsa de Eames también puede haber sido impulsada por el miedo a estar enfermo. “Si uno cree estar cerca de la muerte, quiere lograr las cosas con rapidez”, comenta. Por eso, decidió concebir a Threatin como una estrella.

Un afiche de la gira de Threatin. Casi todo lo que les dijo a los dueños de los bares era falso.
“Es un truco publicitario”, dice Jered “Threatin” Eames. “Pero la música es auténtica”


Eames creó una página de una disquera falsa, Superlative Music Recordings, incluyó una historia ficticia (“…fundada en 1964 luego de la aparición de los Beatles en The Ed Sullivan Show. . . ”) y se incluyó en una lista de artistas falsos (“The Great White . . . February Morning . . . Box Tops . . . Jered Threatin”). “Sabía que la gente la miraría y pensaría que se veía bien”, comenta.

También creó sitios web falsos para sus publicistas, Magnified Media PR; una agencia de booking inexistente, StageRight; y llenó su página de Facebook de seguidores ficticios. “Trataba de crear el ‘efecto de arrastre’”, dice. “El hecho de que la gente se fije en estas cifras –que son manipuladas con facilidad– y las considere un mérito, también demuestra una gran falencia en la industria musical. Con el efecto de arrastre listo, Threatin lanzó Breaking The World el 25 de agosto de 2017.

El álbum vendió cerca de 200 copias, pero aún faltaba su estocada final: una gira. (Para esta, practicó tanto sus movimientos escénicos que terminó en silla de ruedas por un tiempo). A mediados de 2018, bajo el alias de Casey Marshall, negoció con bares europeos y gastó USD 5 mil, con los que reservó 10 escenarios desde Inglaterra hasta Alemania para tocar en noviembre.

Ya con las fechas listas, contrató tres músicos. El guitarrista Joe Prunera recibió un mensaje de Lisa Goldin, de Aligned Artist Management (otro de los personajes ficticios de Eames), en la que lo invitaba a una audición. En un principio, le pareció que Threatin era demasiado comercial, pero decidió audicionar y, según él, tuvo la impresión de que Eames “parecía ser un músico muy talentoso y sensato”. El baterista Dane Davis, y el bajista Gavin Carney, completaron el grupo y comenzaron a practicar periódicamente.

En septiembre, Eames volvió a la realidad cuando, según él, comenzó a toser sangre de nuevo. El músico afirma que los médicos le dijeron que padecía una afección coronaria anormal que podía llegar a causarle una hemorragia interna mortal. No obstante, dice que se negó a someterse a una cirugía antes de la gira. “Estuve hospitalizado cuatro días, pero ensayé al día siguiente”, comenta. “La música es mi vida”.

Dos meses después llegó a Londres –junto a Kelsey y la banda– para dar su primer concierto en el bar Underworld. Quería que su esposa documentara todas sus maniobras, y ella estuvo más que complacida. “He aprendido a nunca subestimarlo”, dice. A Eames no le importaba si no había público porque, en el mundo que había creado, él ya era una estrella.

El engaño se destapó luego de una semana y seis shows. Eames admite que nunca imaginó cuán negativas y personales serían las reacciones. Todo comenzó con su banda, que se alejó luego de enterarse de la artimaña. “No solo les mintió a los dueños de los recintos y a los medios, también nos engañó a nosotros”, comenta Prunera. Cuando le preguntamos a Eames acerca de esto, su acostumbrada arrogancia desaparece. “Me siento mal por ellos. Ojalá hubieran visto esto desde el punto de vista mediático”.

Pero no solo tuvo que lidiar con su banda, también tuvo que enfrentarse a la horda indomable de Internet. En las redes, su “personaje” no era el único blanco de las burlas, la gente también se burlaba de lo que realmente le importaba: su música. El sitio musical Tone Deaf despotricó de la balada Living Is Dying afirmando que era “tan terrible como se esperaba”.

Eames se defiende de las críticas, en especial de las comparaciones con las hair bands. “De pronto me veo bonito con el pelo largo y una chaqueta de cuero”, dice. “Pero no me pongo licras, ni canto Girls, Girls, Girls”.

Su seriedad confunde a muchos. “Ahora hace ver esto como si fuera parte del plan, pero la única ilusión es la que tiene en su cabeza”, dice Minto. “Parece bastante iluso y extremadamente narcisista”.

Minto no es el único que opina de esta manera. En Moberly, Scott leyó la noticia de Threatin y le dijo a su novia: “Encontré a mi hermano”. Luego de seis años sin hablar con Jered, Scott sintió indignación por el nuevo personaje de su hermano y por su música. “Tiene que ser una broma. No es el mismo tipo”, comenta. “Hace unos años se habría reído de esa música. Nosotros tocábamos black metal”.

Scott espera que haya una reconciliación y, quizá, una reunión de Saetith. Sin embargo, a Jered no le interesan la banda ni la relación con su hermano –a menos de que sea para un documental, que espera hacer con el material visual de Kelsey–. Mientras tanto, algunos de los bares donde Eames se presentó quieren que vaya a tocar. Ad Gosling, manager de eventos del Rebellion, en Mánchester, afirma que “probablemente agote las entradas”. Y es que, a pesar de todas las decepciones, Threatin puede llegar a convertirse en un personaje de culto, como ocurrió con Tommy Wiseau o con la película Disaster Artist –de hecho, la banda inglesa The Perverts ya recreó un tributo titulado Jered Threatin: An Unattended Musical–. Por su parte, Eames espera salir de gira nuevamente y lanzar su siguiente álbum. Y sí, sí tiene planeados más trucos. Según él: “Es muy fácil crear noticias falsas”.

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