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La entrevista ROLLING STONE: El legado Santos

Hablamos con el presidente sobre estos ocho años, los aciertos sociales, sus desafíos económicos, los retos frente a la opinión pública, y sobre su legado más importante: el proceso de paz.

POR DIEGO ORTIZ | 06 Aug de 2018

<p>Mesa editorial: Ricardo Durán, Bibiana Quintana, Alfonso Pinzón, Laura Vázquez, Rodrigo Torrijos. <i>Foto por Andrés Espinosa</i></p>

Mesa editorial: Ricardo Durán, Bibiana Quintana, Alfonso Pinzón, Laura Vázquez, Rodrigo Torrijos. Foto por Andrés Espinosa


“Estamos dejando un país mucho mejor del que estaba hace ocho años, no solamente porque es un país sin Farc, con paz, sino un país con mucha menos pobreza, con menos desigualdades. Somos el país de América Latina que más redujo la desigualdad; no lo dice el Gobierno, lo dice la CEPAL, lo dice el Banco Mundial. Esta revolución de la infraestructura, la tecnología le está llegando a todos los municipios de Colombia, fibra óptica y banda ancha. Hicimos de la educación una educación gratuita para todos los niños y niñas de Colombia en los colegios públicos. La salud es hoy un derecho fundamental y hay cobertura universal. Y, sobre todo, los derechos de los colombianos son hoy mucho más fuertes y están más garantizados de lo que estaban hace ocho años” - Juan Manuel Santos.

Hace un poco más de un año empecé una conversación con el equipo del presidente Santos. La idea era hacer una entrevista de salida de su mandato. Quería hablar con él sobre estos ocho años, sus aciertos sociales, sus desafíos económicos, los retos frente a la opinión pública, y en especial sobre su legado más importante: el proceso de paz.

ROLLING STONE siguió muy de cerca todo el proceso desde sus inicios. Respaldamos de manera categórica el en el referendo, porque estamos convencidos de que la paz es el primer paso para la construcción de una sociedad más justa y menos desigual. Hemos buscado mostrar diferentes ángulos de la escena política para llevar respuestas a nuestros lectores. Preferimos alejarnos de la opinión parcializada entrevistando a los protagonistas de manera abierta, sin restricciones, y fuimos realmente relevantes en las últimas elecciones presidenciales

El presidente Santos será recordado como uno de los mejores mandatarios en la historia reciente de Colombia. Además, fue el único que logró materializar un proceso de paz con las Farc. Su Gobierno, entre muchos otros aciertos, se caracterizó por algunas posturas progresistas en torno al respeto de las minorías y los derechos fundamentales, lo que se contrastó con una economía neoliberal enfocada en el extractivismo y la inversión extranjera, que dejó como resultado que el agro colombiano atraviese por uno de los momentos más difíciles en su historia. No obstante, durante su periodo, Colombia se estableció como una sociedad más segura y estable en la que muchos pusieron los ojos desde afuera. Se alejó de manera certera de la oscuridad que representó el Gobierno anterior, y siguió su propio camino hacia la búsqueda de una verdadera democracia.

Nos reunimos el 9 de julio en la casa de Nariño. El presidente Santos entró al salón protocolario y saludó a cada miembro de mi equipo por su nombre. Se veía tranquilo, bastante entusiasta y realmente interesado en tener la entrevista. Su equipo fue respetuoso. Entendieron desde el principio que no enviaríamos preguntas para aprobación. No hubo restricciones de contenidos o temáticas, y al final, tampoco de tiempo. Esta no es una entrevista Frost vs. Nixon. El legado del presidente Santos son las bases para la construcción de una Colombia más justa y equitativa que medirá su propia voluntad en los próximos cuatro años.

Pocos días antes de que esta edición entrara a la imprenta, Álvaro Uribe renunció a su curul en el Senado en medio de una tormenta política que involucraba a la Corte Suprema de Justicia, a paramilitares, abogados y periodistas. En medio de todo eso, con su gran rival político sufriendo un revés gigantesco, The Economist despidió a Santos asegurando que la historia lo juzgará con bondad. Lo más seguro es que así sea.

Quisiera empezar preguntándole si hay algún momento personal que lo haya conmovido y que pueda resumir el camino que lo llevó a ser presidente.

Muchos momentos de mi vida donde vi que, si yo podía servir, si yo podía hacer algo por mejorar la vida de los demás, bien valía la pena. Pero eso fue como una acumulación de eventos a través de mi vida. Aunque yo nunca estuve obsesionado, como mucha gente cree, por ser presidente, sí lo tenía en la mente, siempre por ese motivo.

¿No hubo un momento que recuerde en específico que lo haya encaminado hacia allá? ¿O hubo un momento que usted recuerde en el que dijera “quiero ser presidente”?

Recuerdo que cuando di el salto del periodismo a la vida pública me tocó, como primer ministro de Comercio Exterior, abrir la economía. Me fui para Nueva York a una conferencia para vender el país y a traer inversión. En la mitad de la conferencia, [explotó] una bomba en Bogotá. Llegó la noticia y, por supuesto, la conferencia fracasó. El presidente de una empresa importante americana me dijo: “Ministro, mientras ustedes tengan esa guerra y esa violencia, nunca van a poder atraer realmente a los inversionistas”. Y eso me motivó muchísimo a pensar en cambiar este país, sobre todo en materia de la guerra y la apertura económica, estaba también en materia de modernización. Y la única forma que podía hacer eso era siendo presidente.

¿Cómo se define como líder y cómo quiere ser recordado en los libros de historia?

El liderazgo es algo que se va ejerciendo a través de la vida, de las oportunidades que se le presentan a uno, y de los momentos difíciles. El liderazgo realmente se pone a prueba en los momentos difíciles. A mí me ha tocado liderar la guerra, que es un liderazgo fácil, vertical. Uno está de un lado, los malos del otro, uno recoge la gente y dice, “vamos contra los malos”. Pero me ha tocado liderar también haciendo la paz y eso es mucho más difícil, porque es un liderazgo mucho más horizontal; en lugar de dar órdenes hay que persuadir, hay que eliminar prejuicios, hay que cambiar sentimientos. Y ese tipo de liderazgo es mucho más difícil. Por eso creo que me han tocado diferentes tipos de liderazgo.

¿Cómo quiero que me recuerde la historia? Hay una frase que a mí me gusta mucho de un gran escritor americano, Emerson, que dice que la felicidad se puede definir si al final de la vida uno puede recordar algún momento en que algo se hizo para hacer tan solo a una persona mejor, que su vida sea mejor. Me gustaría ser recordado como una persona que luchó mucho para que los colombianos, y el mundo en general, fueran mejores.

El mayor logro de su Gobierno, y además gran parte de su legado, tiene que ver con el proceso de paz que firmó con las Farc, y además le dio el Premio Nobel, ¿qué fue lo más difícil que tuvo que enfrentar durante las negociaciones?

Lo más difícil tal vez fue generar confianza en la contraparte y luego ir derrumbando prejuicios y obstáculos que un proceso de esta naturaleza siempre enfrenta. Y ahí la palabra clave es perseverar. Perseverando es como se logra eso.

¿Cuál cree usted que ha sido el verdadero interés de la extrema derecha en entorpecer el proceso de paz?

Hay personas e intereses a quienes les conviene mantener la guerra, la confrontación, porque son muy buenos para manipular los miedos. Los miedos en la política cuando se manipulan son muy efectivos.

¿Para manipular al país?

Al país, claro, las guerras son muy propicias para eso. Los miedos son más fáciles de manipular estando en guerra, en conflicto. Hay otros a los que les gusta la confrontación como arma política. Entonces, si hay paz, no hay esa confrontación y sus armas políticas se debilitan. Hay diferentes intereses de diferentes sectores políticos que ven en la paz una coyuntura no tan favorable como si se continuara el conflicto armado. Además, también hubo una cuestión puramente política, un enfrentamiento político personal. Si yo hacía la paz otros quedarían, como dicen, rezagados, entonces ahí también hay intereses de esa naturaleza.

¿Qué le faltó al proceso de paz para gozar de una mayor aceptación por parte del pueblo colombiano?

Le faltó pedagogía, le faltó tener más efectividad para contrarrestar las mentiras que durante tanto tiempo se dijeron sobre el proceso, que calaron. Yo me siento de cierta forma culpable, porque fui demasiado confiado, yo no pensaba que la gente estuviera creyendo todo lo que decían diciendo del proceso: que las Farc iban a tomarse el poder, que íbamos a abolir la propiedad privada, que íbamos a eliminar el Ejército y la Policía.

¿Considera que estas mismas personas que engañaron al país, son los que van a gobernar ahora?

Algunas sí. La verdad es que hubo, como le decía, muchas mentiras y calumniaron el proceso. Después, los propios responsables de eso confesaron que habían ganado con las llamadas “posverdades” sobre el proceso. Son los mismos, muchos de ellos, los que van a estar en el Gobierno.

Haciendo el balance. Juan Manuel Santos aprovechó la entrevista con Rolling Stone para revisar sus ocho años de gobierno, un periodo que seguramente quedará grabado en la historia de Colombia. Fotografía por Andres Espinosa
Haciendo el balance. Juan Manuel Santos aprovechó la entrevista con ROLLING STONE para revisar sus ocho años de gobierno, un periodo que seguramente quedará grabado en la historia de Colombia. Fotografía por Andrés Espinosa


¿Y cree que los medios de comunicación fueron responsables de ayudar a transmitir eso?

Yo creo que los medios, algunos, sí le hicieron eco a cosas que realmente eran totalmente absurdas y aquí hay una frase que utilizó en el pasado un gran político de extrema derecha que dice: “Mienta, mienta, que de las mentiras algo queda”. Pues aquí se mintió tanto, no hay proceso más calumniado, y de esas mentiras mucho quedó. Pero lo que estamos viendo es que esa neblina que genera la polarización política se va disipando con el tiempo, el viento se la va llevando y la verdad aflora y eso es lo que está comenzado a suceder con el proceso de paz.

Usted estuvo involucrado en el periodismo por muchos años. Siempre ha sido un defensor de la libertad de prensa, y precisamente en estas pasadas elecciones los medios de comunicación pudieron estar entre los grandes perdedores, por lo evidente de su parcialidad. ¿Qué opina, por ejemplo, del apoyo que el periódico El Tiempo le dio abiertamente a Iván Duque y qué tanto pudo esto manipular la opinión pública en un momento tan importante para el país?

Los periódicos nacieron como expresiones de los partidos políticos. Siempre tuvieron una parcialidad política, entonces no me parece nada extraño porque eso sucede aquí y sucede en todas partes del mundo, que los periódicos tomen posiciones. Lo que sí es importante es que la información sea objetiva. Creo que, en términos generales, en el caso de El Tiempo, que conozco porque era el periódico de mi familia, eso se cumplió; les dieron espacio a todos los candidatos. Y en estas elecciones en general, los candidatos tuvieron garantías suficientes para considerar que las elecciones fueron imparciales, trasparentes y además fueron las elecciones más seguras, donde más gente participó, y tal vez las más observadas en la historia de Colombia. Eso me satisface mucho porque quiere decir que nuestra democracia salió fortalecida.

Hace un año nadie sabía quién era Iván Duque. ¿A qué cree que se deba que tenga la votación más alta de la historia?

Bueno, la votación más alta de la historia se debe a que la población está creciendo, yo también tuve la votación más alta de la historia cuando fui elegido en el año 2010.

Y posiblemente también más gente votó ahora porque era más seguro hacerlo…

Aquí hubo más confianza en que el voto vale, precisamente por todo lo que se ha venido haciendo en materia de transparencia en las elecciones. Por primera vez realmente los dos candidatos sí representaban dos tendencias diametralmente opuestas. Aquí vamos a tener el congreso más plural de toda nuestra historia, y por primera vez casi el 25 % del Congreso va a ser de congresistas representando partidos verdaderamente alternativos. Todo eso animó a la gente a salir a votar, y como el país se dividió en dos corrientes muy claras, pues Iván Duque, que fue de la corriente que ganó, obtuvo la mayoría de los votos.

¿Qué sintió cuando ganó Iván Duque?

Que la democracia se manifestó, que el pueblo colombiano, como el pueblo de cualquier democracia, se cansa de ver a los mismos funcionarios en los cargos oficiales y quiere cambios. A mí me gustó mucho que los dos candidatos que salieron fueran opositores míos porque eso fortalece la democracia. Mi partido, y yo ahí influí, no tuvo candidato. Yo soy totalmente contrario al caudillismo, no me gusta ni voy a tratar de perpetuarme en el poder, por eso eliminé la reelección, y a mí me parece muy importante algo que en este caso se dio, y es que las instituciones democráticas salieran fortalecidas.

Hablando de cambio, ¿no cree que hubiera sido mejor para el país una tendencia de izquierda en este momento?

Yo soy de lo que llaman extremo centro, yo soy de la tercera vía. Yo soy muy progresista en la parte social y bastante conservador en la parte económica. Cualquier extremo para mí es malo, yo creo que aquí lo que el país más necesita es políticas de centro, políticas moderadas, y yo espero que el próximo Gobierno no se vaya a la extrema derecha, como muchos están diciendo. De pronto, si hubiera sido de izquierda, se hubieran ido a la extrema izquierda, que tampoco creo que le convenga al país.

¿Y es por eso que hace ocho años usted se desmarcó del uribismo?

Yo me desmarqué del uribismo más bien porque el uribismo se desmarcó de mí, porque pretendía que yo me fuera para la derecha. Y yo mantengo mi posición. Pretendían que yo nombrara inclusive los funcionarios que ellos querían y les dije que no. El presidente es el presidente y creo que eso fue lo que generó un distanciamiento cuando hice acercamientos con los vecinos, cuando comencé el proceso de paz, porque en el fondo eso fue más una ruptura por razones eminentemente políticas, no tanto ideológicas. Yo en cierta forma hice lo que mi antecesor quiso hacer y no tuvo éxito. Por ejemplo, el proceso de paz, tener buenas relaciones con Chávez, con Ecuador, y no sé por qué a ellos les molestó tanto que yo lo hiciera cuando ellos también lo quisieron hacer.

¿Hacia dónde cree que iría Colombia si el presidente logra controlar el Congreso y las cortes?

No creo que vaya a lograr controlar el Congreso y las cortes porque afortunadamente las instituciones en Colombia son muy sólidas.

¿Es imposible realmente que se pueda hacer?

Por ejemplo, la Corte Constitucional no va a tener ningún cambio en los próximos cuatro años. Ahí hay una garantía de que los acuerdos de paz se van a tener que cumplir porque la Corte Constitucional es la última palabra en eso. Yo lo que espero es que el próximo presidente pueda unir al país en torno a ciertos aspectos fundamentales. Si alimenta la polarización le va a suceder lo que a cualquier líder que polariza a un país, y es que la polarización produce estancamiento y falta de gobernabilidad. Ojalá eso no suceda por el bien del país. Yo creo que, si a cualquier presidente le va bien, le va bien al país.

¿Cuál es su perspectiva frente a la situación actual del paramilitarismo?

Hay ciertas regiones del país en donde el paramilitarismo sigue existiendo; terratenientes que quieren impedir, por ejemplo, la restitución de tierras, entonces tienen o financian sicarios para asesinar gente. Estamos detrás de ellos, pero nunca como los tuvimos en el pasado.

¿Qué información tiene usted acerca de los asesinatos recientes de los líderes sociales?

Ese es un tema que a mí me preocupa muchísimo porque está empañando todo este esfuerzo que estamos haciendo. Eso tiene diferentes orígenes: en unas regiones del país son esos grupos de terratenientes con cierta afinidad con los antiguos paramilitares, incluso algunos de ellos están ahí involucrados, que no quieren que las tierras se les devuelvan a los campesinos. Por otro lado, los que manejan el negocio del narcotráfico, incluyendo los carteles mexicanos, que no quieren que la sustitución voluntaria de cultivos sea exitosa porque se quedan sin materia prima y están asesinando los líderes que están promoviéndola. Por otro lado, hay también disputas por el control del territorio en algunas zonas que son corredores de narcotráfico. Tiene diferentes orígenes y por eso hicimos un esfuerzo de todos los estamentos políticos, como una especie de compromiso de rechazar esos asesinatos. Vamos a reforzar todo lo que tenemos a nuestro alcance para disminuir y ojalá eliminar por completo lo que está pasando.

Durante ocho años usted se caracterizó por la defensa de las libertades. ¿Cree que el nuevo Gobierno continuará con esa actitud progresista?

Yo no creo que sea tan progresista como yo, es más, sé que no lo es. Sí, fuimos tal vez el Gobierno más progresista de la historia reciente del país. Introdujimos reformas para garantizar los derechos de los colombianos; yo lo llamo “un Gobierno reformador y de derechos”. Las comunidades LGBTI, los afrocolombianos, los indígenas, los discapacitados, la libertad de cultos, todos esos fueron aspectos que nosotros fortalecimos en una forma muy importante. No creo que el próximo Gobierno vaya a continuar al mismo ritmo, además le va a quedar difícil, porque ya muchos de esos derechos están consolidados. Habrá un receso en ese sentido, en ese ímpetu reformador.

HACIENDO HISTORIA. Santos y Timochenko firman el acuerdo de paz que logró la desmovilización de la guerrilla de las FARC, la dejación de armas y su participación en política. cortesía de Presidencia de la República
Haciendo historia. Santos y Timochenko firman el acuerdo de paz que logró la desmovilización de la guerrilla de las FARC, la dejación de armas y su participación en política. Cortesía de la Presidencia de la República


Usted tiene un panorama bastante positivo en cuanto a la inversión extranjera en estos últimos ocho años, y eso seguramente se debe a la firma de la paz con las Farc. ¿Es posible que esto retroceda si se siguen obstaculizando los acuerdos de paz?

Es irreversible este proceso de paz. Existen, sí, coletazos de este proceso que no son atípicos. Si usted va a casi todos los países que han tenido negociaciones como la colombiana, quedan reductos, quedan disidentes, que poco a poco van desapareciendo y creo que en Colombia eso va a suceder así. La inversión extranjera va a llegar porque ahora somos parte de la OCDE, tenemos una política económica que espero que el próximo Gobierno continúe, que da cierta confianza a los inversionistas. Además, Colombia es un país muy rico donde estamos haciendo todo lo necesario para ser mucho más competitivos, por ejemplo, la revolución que estamos haciendo a las infraestructuras es algo realmente sin precedentes y eso va a traer más inversión extranjera.

¿Por qué con la caída del precio del petróleo no hubo consecuencias para la economía nacional y cómo hacer la transición a un modelo económico menos extractivista?

Nosotros sufrimos el peor choque externo desde la época de la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado con la caída del precio del petróleo. Pusimos en marcha un ajuste que llamamos “un ajuste inteligente” para no afectar los sectores más vulnerables, porque para mí eso era prioritario, y para mantener en alguna forma el crecimiento económico.

Contrario a lo que sucedió en otros países de América Latina, nosotros continuamos creciendo, a un menor ritmo, pero continuamos creciendo y logramos que no se afectara la pobreza, que no se afectara el empleo. Creo que esa forma de ajuste nos dio muy buenos resultados, por lo menos eso lo dice el Fondo Monetario, el Banco Mundial y todos los analistas. Colombia fue, tal vez, el país que mejor manejó la caída del precio del petróleo.

¿Cómo hacemos para lograr una economía menos extractiva? Eso es bien importante. Colombia tiene que diversificar mucho más sus exportaciones, agregar valor a las exportaciones de materias primas y ahorrar parte de las regalías, como se ha venido haciendo, para invertir en la generación de las condiciones que nos permitan diversificar más la economía.

¿Qué opinión tiene de la lucha contra las drogas? ¿Cree que ha funcionado? ¿Hacia dónde cree va?

Nosotros hemos sido el país que más sacrificios hemos hecho en esta guerra mundial contra las drogas que se declaró hace 45 años y que no se ha ganado, es decir, se ha perdido. El enfoque eminentemente punitivo fracasó. En Estados Unidos hay más personas en la cárcel por delitos relacionados con el narcotráfico que toda la población carcelaria que hay en Europa. Un país solo no puede librar esta batalla, entre todos tenemos que repensar cómo el mundo puede retomar la guerra contra las drogas de una manera mucho más práctica, más efectiva. No metiendo a la cárcel a los consumidores, si no tratándolos como un problema de salud pública. No metiendo a la cárcel a los campesinos, sino tratándolos como víctimas de un negocio controlado por unas mafias. Yéndose detrás de las mafias con más contundencia y más colaboración, por ejemplo, en el lavado de activos que es un tema en donde al mundo le falta mucho por avanzar. Este es un problema que tiene que ser discutido por la comunidad internacional, porque, repito, un solo país no puede vencer a este flagelo tan poderoso y tan dañino.

En el caso colombiano, tenemos ahora, por primera vez, la posibilidad de una solución estructural al problema de cultivos ilícitos, porque por la paz hemos iniciado un proceso de sustitución voluntaria. O sea que, en lugar de forzar a los campesinos, ellos mismos están erradicando y les estamos facilitando los recursos para que siembren otras cosas, entonces no van a volver a resembrar. Por eso, el plan que tenemos, por primera vez, puede ser un plan que nos permita a los colombianos, también por primera vez, dejar de ser, en más de 35 años, el primer exportador de cocaína a los mercados mundiales.

¿Y usted cree que la legalización puede ser una solución al conflicto de las drogas?

Ya la marihuana está legalizada en muchos sitios, y sí me parece que un enfoque diferente al que hemos mantenido de total prohibición es necesario. El tema es discutir hasta dónde se legaliza, o hasta dónde se le quita el aspecto criminal.

Posiblemente, por la televisión o por el cine, esta fama de Colombia en torno a las drogas otra vez está muy fuerte. ¿Qué opina usted de eso?

Esa ha sido una controversia, sobre si es bueno o malo… que las historias de Pablo Escobar y de las mafias de la droga, reviven esa mala imagen de Colombia. Pero también, cuando hace uno el contraste [y dice]: “Mire, eso era Colombia hace unos años, la Colombia de hoy es diferente”, eso también tiene un gran impacto. Mire lo que está pasando con el turismo, a Colombia está llegando mucha más gente, está llegando el turismo a rodos, cosa que antes no sucedía. Y esos turistas son los que más se encargan de difundir la verdad sobre Colombia y que el tema de las mafias, del cartel de Medellín, del cartel de Cali, es historia.

¿Qué sintió cuando ganó el Premio Nobel?

Sentí una emoción profunda, no me lo imaginaba. Al principio creí que era un chiste cuando me llamaron. Después me acercó mucho, sobre todo a las víctimas, que para mí fueron una fuente de energía en todo este proceso y por eso les dediqué el Premio Nobel a las víctimas.

¿Y qué opina al ver que el presidente Trump está dentro de la baraja de los nominados al Premio Nobel de la Paz?

Voy a seguir una regla que muchos han seguido y es no opinar sobre los candidatos a los Premios Nobel [risas].

¿Qué opinión tiene sobre la consulta anticorrupción y qué cree que pasará con ella?

Es una manifestación de un pueblo que está viendo que hay mucha corrupción, pero afortunadamente se está combatiendo. Mire la paradoja que está sucediendo, aquí no es que haya más corrupción, sino que se está destapando y se está combatiendo, entonces la gente percibe que hay más corrupción, pero no es cierto. Lo que pasa es que sí hay más efectividad y más transparencia. Creo que esa consulta, en cierta forma, lo que ratifica es un rechazo de la comunidad, de la ciudadanía frente a los actos de corrupción.

El caso Odebrecht ha dejado capturados a varios políticos en toda América Latina. ¿Por qué cree usted que en Colombia se han tardado tanto las investigaciones y hacia dónde cree que va eso?

Aquí sucede lo contrario. Aquí se hicieron muy rápido, ya los culpables están en la cárcel.

¿Entonces usted considera que ya el caso Odebrecht terminó en Colombia?

No hubo sobornos en este Gobierno, de Odebrecht. No se ha podido comprobar. Y la propia Odebrecht dijo que aquí no ha sobornado a ningún alto funcionario. Aquí ellos participaron en 15 licitaciones y no se ganaron sino una e hicieron un trabajo bien hecho.

¿Pero usted cree que lo intentaron? ¿Intentaron sobornar de alguna manera?

Yo creo que intentaron. Por ejemplo, hay unos políticos que están en la cárcel porque recibieron plata para ver si podían influir en las decisiones del Gobierno. Sí, lo intentaron, repartieron alguna plata y la gente que recibió esa plata está en la cárcel. Por eso, en Colombia, tal vez fue el país donde más rápido se logró llevar a la justicia a los que recibieron los sobornos y eso es algo que creo que se debe resaltar porque la justicia funcionó.

¿Cree usted que estos ocho años lo separaron de su familia de alguna manera?

Mucho, y parte de la ilusión de volver a la vida normal es poderle dedicar más tiempo a mi familia. La vida pública, y sobre todo la presidencia, es muy exigente en muchos sentidos, pero uno de los costos altos es ver uno crecer a los hijos y no dedicarles el tiempo que debía.

¿Qué va a hacer después del siete de agosto?

Soy abuelo por primera vez, estoy muy ilusionado con dedicarle más tiempo a mi familia, a mi nueva nieta, que se llama Celeste. Tengo muchas invitaciones a conferencias, a universidades; voy a repartir mi tiempo entre la parte académica. Voy a escribir. Yo he sido periodista durante muchos años, voy a escribir parte de las experiencias que he vivido. El Premio Nobel también me ha generado mucha demanda en diferentes frentes, pero voy a tomar la vida con calma. Lo que sí le puedo decir es que no voy a molestar a mi sucesor.

¿O sea que es un retiro de la política?

Sí, es un retiro de la política.

¿Usted cree que por su retiro de la política es que muchos se fueron para el bando del Centro Democrático?

No, en el Congreso, y si usted se está refiriendo al Congreso, a muchos congresistas siempre les gusta estar al lado del Gobierno porque los ayuda, los protege, les da prebendas. Eso ha sucedido siempre, no me extraña.

El Nobel de Paz Sus contradictores lo acusaron de haber presionado el proceso para conseguir este reconocimiento. Santos dedicó el premio a las víctimas del conflicto. Cortesía de Presidencia de la República
El Nobel de Paz. Sus contradictores lo acusaron de haber presionado el proceso para conseguir este reconocimiento. Santos dedicó el premio a las víctimas del conflicto. Cortesía de Presidencia de la República


¿Qué se puede hacer —yo sé que ya no depende de usted— por esa gran cantidad de deportistas que hay en Colombia y no reciben el apoyo que reciben en otros países?

Nosotros en estos ochos años nos hemos convertido en potencia deportiva. Coldeportes era una entidad adscrita al Ministerio de Cultura, yo la volví un departamento administrativo. Le multipliqué el presupuesto, inicié programas de fomento al deporte. Por ejemplo, un programa que se llama Supérate, en los colegios, hoy tiene más de 3.800.000 niños y niñas compitiendo y de ahí están saliendo nuestros atletas y nuestros campeones. Estamos ganando competencias deportivas como nunca. Fuimos campeones de los Bolivarianos, y nunca lo habíamos sido, en dos ocasiones y en la última barrimos. Nunca habíamos ganado tantas medallas en los Olímpicos, eso es muy bueno para el país. El deporte es parte de la educación de un país y por eso, para mí, ha sido tan importante. La ley del deporte contiene ayudas a los deportistas, de todas formas, se les está dando más que antes pero no lo suficiente.

¿Le queda tiempo para escuchar música?

Escucho mucha música cuando hago ejercicio [risas]. Yo hago mucho ejercicio. Me pongo los audífonos y escucho música, escucho todo tipo de música. A veces música clásica, a veces me voy a trotar oyendo vallenatos. Como dicen, sí he diversificado mis gustos.

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