El libre albedrío de Crudo Means Raw

El MC cocina a fuego lento las últimas joyas que lanzará en su próximo álbum, Esmeraldas

POR DAVID VALDÉS | 01 Feb de 2018

<p>Crudo Means Raw es uno de los integrantes de La Gra$a, junto a Métricas Frías, Zof Ziro, Mañas y Granuja. Cortesía Crudo Means Raw.</p>

Crudo Means Raw es uno de los integrantes de La Gra$a, junto a Métricas Frías, Zof Ziro, Mañas y Granuja. Cortesía Crudo Means Raw.


Fernando Bustamante, A.K.A. Crudo Means Raw, no tiene una historia de superación por contar. No pasó hambre, ni creció entre balas. “No es una historia muy divertida. Tengo que ponerle un twist”, dice entre risas. Pero es un enfermo por los beats y los punchlines.

Nació en Nueva York y creció escuchando a Ice Cube, a Kris Kross y a Rubén Blades junto a su madre. Se distraía dibujando y escribiendo, y logró canalizar su energía en el arte. “Siempre ha sido mi método de sublimación y desahogo. Y la música es la forma de arte más liberadora”, dice el MC. Pasó su adolescencia en Medellín y se comenzó a empapar con hip hop desde pequeño, rapeando con un grupo llamado MDL Crew, que también integraba el mismísimo J Balvin. En medio del freestyle y la universidad –estudiaba diseño gráfico- decidió regresar a Nueva York, a “camellar para comprar equipos” y a consolidar un espacio de trabajo en donde pudiera crear beats. Su obsesión por los instrumentales, repletos de jazz y soul, las conversaciones y las historias pasajeras derivaron en su primer álbum, Voyage: El pasaje. “Es el trabajo más purista que he hecho. Fue un simple capricho”. Los 62 minutos de melodías, samples y grabaciones cotidianas llamaron la atención del colectivo Moebiuz. Se comenzó a juntar con la nueva ola de artistas paisas de hip hop, como Granuja y Zof Ziro de Gordo Sarkasmus y Métricas Frías y Mañas de Doble Porción.

Expandió sus fronteras trabajando en la producción de El Círculo, el último álbum de Kase.O, y se convirtió en la mano derecha del rapero español. Se consolidó como uno de los productores de hip hop más prometedores de Colombia y, una vez se ganó una reputación, sorprendió a la escena con un álbum en el que también rapeaba, e incluso cantaba.

Cuando lanzó Todos tienen que comer calló bocas y demostró que no solo sabe hacer instrumentales (“La mala pa’l que dice que solo sirvo para instrumentales”, dice en Hubiera), sino que también tiene skills, para hablar de inquietudes personales en temas como Benny Blanco y Sangre en el pool party. Los detalles minuciosos y la pureza en sus sonidos enriquecieron el universo del álbum, y Crudo permitió entrever los retazos de su vida sobre el amor, sus críticos (“muy difícil ser MC en la ciudad de Medellín”), sus pensamientos –a veces se pone filosófico con el tiempo- y las ganas de repartir pistas y versos.

“Lo que pasa es que yo retrato todo lo que hago en el presente. Trato de ser lo más cotidiano y menos trascendental. Algo complejo ponerlo fácil”, comenta. Después del lanzamiento sintió que la gente lo malinterpretó y se desesperaba por transmitir lo que él quería, pero eso ya no le preocupa. “La gente cree que soy un picado, o agrandado. Eso ya no me estresa”. Crudo quiere tener una vibra positiva, sin quejas ni amarguras, viviendo de su música y rapeando sobre lo que se le dé la gana. “No hay que seguir un patrón estético o una forma de decir las cosas que los otros aprueben”, confiesa. “¿Por qué hay que ser un damnificado para ser rapero en Colombia?”.

Después de lanzar con La Gra$a (un grupo junto a Doble Porción y Gordo Sarkasmus) su álbum homónimo, Crudo cocina a fuego lento las últimas joyas para su próximo disco, Esmeraldas. En febrero publicaría su primer sencillo, un vistazo de su tercer álbum de estudio. “Se llama Esmeraldas porque las canciones son unas gemas colombianas. Están hechas con una libertad completa, como mantra y como estado mental”, dice Crudo. “Sin pensar en los formatos o los ‘ismos’, radicalismos, machismos o racismos… es pura libertad”.

En Colombia, y en el mundo, el rap se ha tomado las calles, los barrios y hasta las emisoras, y no es una casualidad. La marea de la nueva ola partió en mil pedazos los estigmas y Crudo es uno de los responsables. Navegan entre las críticas y callan bocas; así se vive el rap en Colombia.

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