El momento de Mitski ha llegado

La rockera indie favorita de Lorde incursiona en el pop y se entrega a la alegría

POR REBECCA HAITHCOAT | 10 Oct de 2018

<p>FOTOGRAFÍA POR LeAnn Mueller</p>

FOTOGRAFÍA POR LeAnn Mueller


Mitski Miyawaki creció en una familia que se mudaba constantemente por los trabajos de sus padres — de Japón a Turquía, China, República Democrática del Congo y otros países — y pasó la mayoría de su adolescencia soñando despierta. “Me la pasaba mirando por la ventana del auto”, dice Mitski mientras maneja en medio del tráfico en la hora pico de Los Ángeles. “Me entretengo sola, invento historias en mi mente. Ahí es donde surgieron muchos contratiempos y malentendidos como adolescente”.

Uno de los peores tuvo que ver con su deseo de entrar a la industria musical. Como muchas jóvenes, Mitski se obsesionó con hacer dietas y ejercicio. “Si soy hermosa, me descubrirán y podré cantar”, pensaba entonces.

La juventud de hoy tiene la suerte de que Mitski le enseña a ver el mundo con claridad. La cantante y compositora de 27 años, conocida por sus canciones devastadoras y guitarras distorsionadas, se ha vuelto una heroína de la generación de mujeres que crecieron con Internet. Los álbumes Bury Me at Makeout Creek de 2014 y Puberty 2 de 2016 están repletos de comentarios con los cuales es fácil identificarse si uno está lleno de sentimientos que no puede controlar. “One morning this sadness will fossilize / And I will forget how to cry… I will go jogging routinely / Calmly and rhythmically” [Un día esta tristeza se fosilizará / Y olvidaré cómo llorar… Haré jogging diariamente / Calmada y rítmicamente], canta en Fireworks, de Puberty 2.

Este año, Mitski incursionó en el pop; fue telonera en la gira de primavera de Lorde, escribió canciones para artistas cuya identidad no puede revelar y sacó un nuevo LP, Be the Cowboy, que contiene su canción más pegajosa hasta el momento. “No veo por qué escribir un montón de palabras solo para expresarme libremente. Quiero que alguien me entienda”, dice la cantante.

Mitski prefiere no comentar sobre las dificultades amorosas que inspiran sus discos. “Ya di mi alma y mis canciones, no quiero dar mi vida también. Quiero guardar algo para mí”, dice.

Be the Cowboy suena como un punto decisivo en su carrera: todavía entiende el dolor, pero parece no querer seguir ahogándose en él. “Es genial crecer”, dice Mitski con una sonrisa. “No tienes que estar sintiendo todo el rato. ¡Es un alivio!”.

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