Frontera verde, frontera de Guerra

El director colombiano más reconocido de la actualidad se sumerge -muy bien rodeado- en un proyecto que traza una línea difusa entre mística, imaginación e instinto

POR RODRIGO TORRIJOS | 16 Aug de 2019

<p>​Cortesía Netflix</p>

​Cortesía Netflix


Una cosa es selva y otra manigua. En la selva se elevan ceibas milenarias, corren ríos impetuosos y reinan las fieras. La manigua no existe en el esplendor, es un amasijo de ramas, bejucos y plantas bajitas entre las que se escabullen todo tipo de especies, pero igualmente está viva y palpita verde. Es profusa la manigua, responde bien a la voz que los indios tainos elevaron para definirla como una “abundancia desordenada”. Frontera verde se ubica entre la selva y la manigua. Atraviesa a tientas entre matorrales y lugares comunes, pero logra abrirse camino hacia un lugar sagrado desde el cual se presenta rebelde e inclasificable.

Ciro Guerra dirigió el primer capítulo, fue productor ejecutivo y creativo de la serie. Se unió a una idea de Diego Ramírez Schremp, cabeza en Dynamo Cine (Historia de un Crimen: Colmenares, La cara oculta, Distrito Salvaje, Narcos). La semilla era tan etérea y poderosa como decir “un thriller en el Amazonas”, pero la creatividad de Guerra y su experiencia con El abrazo de la serpiente encajaron a esa promesa como un simple punto de partida. Así, Frontera verde se convirtió (en palabras de Ciro) en un “policiacocosmicoselvaticofeministapsicodelico”, según comentó en su conversación con ROLLING STONE.

​Guerra estrenará Waiting For The Barbarians (protagonizado por Johnny Deep y Robert Pattinson) en la competencia oficial del legendario Festival de Cine de Venecia. Para Frontera Verde volvió al Amazonas y a los protagonistas de El abrazo de la serpiente. Cortesía Netflix.
​Guerra estrenará Waiting For The Barbarians (protagonizado por Johnny Deep y Robert Pattinson) en la competencia oficial del legendario Festival de Cine de Venecia. Para Frontera Verde volvió al Amazonas y a los protagonistas de El abrazo de la serpiente. Cortesía Netflix.

Lo imaginado debía tomar un lugar importante en esta apuesta, según Guerra. Trató de elaborarla desde otra quimera; más allá de preocuparse por retratar y “etnografizar” a las comunidades indígenas, o emplazarlas en algún lugar de la imagen, como extras o víctimas habituales, apostó de nuevo por contar la historia desde ellos, en su idioma (probablemente sea la primera serie hablada en ticuna y español). Recurrió a esos rostros conocidos, oriundos de la región, que lo habían acompañado en sus travesías previas, y estructuró su propio mito. Para él era fundamental que fuera creíble y que fueran los mismos indígenas quienes se interpretaran, ya que el contacto con esa selva mística les da una sabiduría y una verdad que es imposible de inventar. Angela Cano, la actriz que interpreta a Ushe, aseveró que las escenas que compartía con estos “actores naturales, experimentados” le requería un esfuerzo extra, ya que no respondían a una actuación, debía buscar más a fondo para hablarles con verdad y obtener de ellos respuestas reales.

Frontera verde no se refiere a un hecho especifico, un suceso histórico, ni trata de explicar la cosmogonía aborigen, fue un ejercicio que los llevó a internarse en una premisa original; “tras años desaparecidos, unas personas aparecen muertas pero no han envejecido”. Para resolver ese misterio la gente de Frontera verde se trasladó a la selva y desató una historia.

Cortesía Netflix.
Cortesía Netflix.

Ciro insistió en la imaginación, ya que solo desde allí, desde soñar lo que los indios sueñan, de la cotidianidad de quien convive con este territorio místico, podría contar una historia que se librara de la imagen de “los otros”, con la que se ha recargado la representación cultural de los pueblos originarios. Este discurso ha servido de tribuna para que algunos críticos juzguen su obra, especialmente a partir de Pájaros de verano, la codirección con su exesposa Cristina Gallego estrenada en la edición de Cannes de 2018, en donde la etnia, la esencia tribal y los códigos milenarios de los Wayuu rescatan una obra de género bastante llana. Uno de los retos principales resultó en volársele a la “exotización”, y llegar a hacer de esta serie, algo que fuera más allá de una serie de policías con indios.

Con su imaginación adentrándose en la manigua, Guerra se ubicó en el presente y apuntó hacia todo lo que había quedado fuera de El abrazo de la serpiente; las dinámicas actuales de desplazamiento, las mafias de la madera, los colores, la rumba, la música y un despertar del mundo hacia la sensibilidad y la fuerza femenina. En cuanto al aspecto personal; a la dimensión autoral de alguien que ha visto su vida transformada en años recientes por el éxito, pero apunta a crear esta obra en medio de un país que va hacia el otro lado, en donde los líderes sociales son asesinados, la intolerancia política aflora y la esperanza se diluye. Guerra señala que “es imposible desligarlo a uno de lo que hace, todo eso está presente pero trato de que sea invisible a la vez”. En esta serie Ciro vuelve a una narración densa, mucha más sombría; al mezclar los ingredientes y dar sabor a un producto que se construiría en comunidad con otros directores, lo hizo quemando amargura, entropía y pocas palabras. Esta protagonista de Frontera verde, escueta y lejana se parece más al protagonista de Los viajes del viento, a quien pareciera pesarle la vida.

Las actrices Juana del Rio y Ángela Cano, junto a la directora Laura Mora impulsan un caudal de fuerza y misticismo. Cortesía Netflix.
Las actrices Juana del Rio y Ángela Cano, junto a la directora Laura Mora impulsan un caudal de fuerza y misticismo. Cortesía Netflix.

La historia llegó remando desde afluentes contrarios [coincide en esto con la única película colombiana nominada al Óscar], por un lado el Occidente encarnado en Helena (Juana del Río), una policía que vuelve a la región que hace mucho había abandonado, para solucionar la masacre de unas misioneras. Por el otro está Yua, interpretado por Miguel Dionisio Ramos, el indígena ticuna que encarnó a Manduca en El abrazo de la serpiente, él es ahora un hombre de 200 años que recorre la selva buscando el favor de Ushe. Él es una presencia espiritual que mantiene el equilibrio y ella es una chica descubriendo los misterios de la selva. Yua es uno de “Los eternos”, unos caminantes solitarios que, según la historia, existen hace siglos en las selvas y pueden conectarse con los árboles y dialogar con distintas formas de vida.

Helena entra a la selva con la lógica occidental, buscando respuestas concretas a preguntas concretas. Pero según Laura, a Helena y a la serie les va pasando lo mismo, se alejan del canon occidental y se funden en una forma de conocimiento superior. Quien quiera sumergirse en esta Frontera verde debe estar preparado para ser traicionado; la razón no es la fuerza que domina en esta apuesta.

Al parecer, Guerra entendió bien lo que una empresa como Dynamo y una maquina ávida de etiquetas como Netflix, pueden hacer al tener esto sobre la mesa, con la tentación de reducirlo a “una serie del director de El abrazo de la serpiente”. Se rodeó de un gran equipo y se dispuso también a aprender de ellos. Laura Mora, que había dirigido antes capítulos para Escobar: el patrón del mal y el inspirado largometraje Matar a Jesús, se encargó de varios capítulos y celebró ese espíritu de creación en familia, de tribu en busca de singularidad que guió a esta producción. En la dirección también participó Jacques Toulemonde que había sido coguionista y había asistido a Ciro en El abrazo de la serpiente. En palabras de Laura: “Cada uno metió lo suyo”. Ciro estableció el tono, Jacques se adentró en los personajes y ella se encargó de unir piezas, dar ritmo y momentos. Para Laura sería fácil “falsear” la selva en otros lugares, pero la energía y la mística de este proyecto solo podrían capturarse allí. Para ella, la selva es algo que no solo se mete en la pantalla sino que atraviesa a los creadores y termina por convertirse en un personaje más de la historia.

Cortesía Netflix.
Cortesía Netflix.

Para Guerra las fronteras son escenarios de encuentro, de reconocimiento, pero también de choque y conflicto; Frontera verde se desarrolla en la triple frontera, entre Colombia, Brasil y Perú, y está impregnada de esa mezcla efervescente de culturas, más que conveniente ya que también hay fronteras de géneros que colindan en ella, va de thriller al cine noir y al drama existencial, y eso se siente también en las decisiones sonoras que terminan de dar profundidad a lo planteado. El choque entre ese funk brasilero, la psicodelia de la cumbia andina y las experimentaciones que involucran elementos ancestrales y música electrónica disparan a Frontera verde hacia otras alturas. Sin lugar a dudas los que se aventuren encontrarán en Frontera verde un producto único, regido por otros sistemas argumentales y de pensamiento, renovador en esa maraña de series que cada día se parecen más las unas a las otras. No es la selva vibrante de National Geographic. Es densa y pesada, una aventura que requiere paciencia. Los aventureros tendrán que estar dispuestos a explorar lo desconocido, comprender otros lenguajes y, en cierto momento, a mirar hacia dentro y descubrirse enredados en la manigua.

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