Jonathan Wilson mantiene vivo el rock psicodélico

Fue uno de los guitarristas en el último álbum de Roger Waters, lo está acompañando en su gira Us + Them y, en medio de ese proceso, publicó una odisea musical

POR SANTIAGO ANDRADE | 07 Nov de 2018

<p>Jonathan Wilson en modo psicodélico. Foto por Andrea Nakhla</p>

Jonathan Wilson en modo psicodélico. Foto por Andrea Nakhla


Roger Waters se ve como un muñequito de juguete junto a la gran pantalla que está detrás de él en sus conciertos. Pero es fácil de reconocer, es el tipo canoso del medio y, bueno, es Roger Waters. Con él hay toda una banda de músicos de primer nivel que lo acompañan recorriendo el mundo en los shows más impresionantes de la actualidad. Cualquiera que haya podido verlos en vivo sabe que el sonido es impecable, los visuales hipnóticos y que, una vez acaban la presentación, es como despertar de un sueño. Algunos se preguntan si verán algo tan grande otra vez en sus vidas.

Al lado de Waters, últimamente, está Jonathan Wilson, un tipo de pelo largo y barba tocando la guitarra. Suele hacer algunos solos de David Gilmour en los temas de Pink Floyd y canta una que otra canción de la legendaria banda británica. También fue uno de los guitarristas en Is This the Life We Really Want?, el álbum más reciente del bajista. Además, ha trabajado con Elvis Costello, Erykah Badu y coprodujo los tres primeros discos de Father John Misty, aunque también dejó su huella en God’s Favorite Costumer.

Entre giras con Waters y su labor como productor, Wilson sacó adelante un álbum como solista titulado Rare Birds. Comenzó a componer y escribir en 2015, en otoño de 2016 entró al estudio y 12 meses después lo había terminado. Durante ese año también grabó y mezcló Pure Comedy de Father John Misty, además de comenzar a trabajar en Is This the Life We Really Want? Su amigo Nigel Godrich (productor de Radiohead desde OK Computer), quien estaba trabajando con Waters, lo llamó y le contó que necesitaban un guitarrista. Al poco tiempo se reunió con la banda en el estudio.

“Hay cosas que toqué ese día que están en el disco”, le cuenta Wilson a ROLLING STONE. “Desde el primer momento hubo una conexión. La relación creció, luego pasamos el proyecto a mi estudio (en su casa en Los Ángeles) y nos hicimos amigos”.

Wilson es conocido por sus producciones análogas y grabaciones en cinta. Normalmente esto se usa para capturar una parte del sonido, como el bajo y la batería, pero él lo utiliza en todo el disco. “Por ejemplo, cuando sacas fotos con rollo, lo colores se ven de cierta forma, las cosas se ven más bonitas”, explica. “Con el sonido pasa lo mismo. La cinta graba los instrumentos de un modo especial”. Para poder hacer esto tiene una mezcla de equipos nuevos y viejos, gigantescos, caros y que “hay que estar arreglando todo el tiempo”. Es una colección que ha estado creciendo por dos décadas, pero asegura que él puede escuchar la diferencia y que usted también.

Así hizo todo Rare Birds, y teniendo en cuenta la cantidad de sonidos que hay en el disco, es algo impresionante hoy en día. Muchos éxitos actuales, ya sea en Estados Unidos o América Latina, suelen tener teclados, secuencias, una caja de ritmos, una voz y no mucho más. Son producciones bastante minimalistas. Wilson estaba “intentando dejar una marca sonora, un álbum que se diferenciara de los demás”.

“Quería recopilar los sonidos de mi vida y unirlos con cosas que quisiera escuchar. Por eso hay colores y texturas tan diferentes”, comenta. “Sabía que estaba buscando algo maximalista, donde hubiera muchas cosas que encontrar. Siento que es un buen objetivo hacer un disco que, al oírlo por décima vez, la gente siga descubriendo algo nuevo”.

Apenas comienza There’s a Light se puede escuchar una guitarra acústica y un teclado. Luego entra la batería, el bajo y otra guitarra, esta vez eléctrica. A medida que avanza la canción hay sonidos que vienen y van, como la voz de las coristas. Esto sin hablar de los efectos que puede utilizar en un mismo instrumento. Pero el maximalismo es evidente en Loving You, su colaboración de más de ocho minutos con Laraaji, donde emprende un viaje sonoro digno de la psicodelia y la experimentación setentera.

Los temas largos son la regla en Rare Birds, el más corto, que le entrega el título al álbum, dura un poco menos de cinco minutos. Pero eso no lo hace menos llamativo. Como productor tiene la oportunidad de experimentar en el estudio, y cuando descubre un sonido que le parece interesante, lo anota para usarlo más tarde en sus canciones. En ese corte, la guitarra tiene una distorsión que él considera un secreto.

“Me han preguntado qué utilicé o ese sonido de dónde viene”, confiesa el artista, “pero es algo complicado que se hace en el estudio. Hago ese tipo de experimentos mientras trabajo… He descubierto cosas que sirven para darle un tono distinto a ciertos temas”.

La cantidad de color en sus composiciones es evidente cuando toca en vivo y se compara la presentación con la grabación. Aunque sigue sonando impecable, es muy complicado recrear el trabajo de estudio en concierto por las limitaciones que tiene. Cuando se escucha la interpretación que hizo de There’s a Light en el show de Conan, queda claro que la versión del álbum es más profunda. Ni con un grupo de siete personas logra que suene como en Rare Birds.

“Lo que hago es escoger las partes que tienen que estar ahí y puedo usar ciertos trucos o samplers para completar las canciones”, explica Wilson. “No siento que a nuestro show en vivo le haga falta algo, pero sería muy bueno poder tener un grupo entero”.

En el álbum también es clara la influencia que tuvo Roger Waters y, por ende, la música de Pink Floyd. Mientras trabajaba en Is This the Life We Really Want?, “Hacía algunas canciones con él, luego regresaba a Rare Birds”, comenta el guitarrista. “Él estaba por ahí mientras yo adelantaba algunas cosas. De algún modo me dio un tono ‘floydiano’”. La primera canción del disco, Trafalgar Square, tiene desde el primer momento un aura psicodélica que podría tener sus raíces en The Dark Side of the Moon, con el eco de la guitarra que queda retumbando suavemente en la mente.

Wilson nació en 1974, entre The Dark Side of the Moon y Wish You Were Here, pero su primer contacto con la música fue con el bluegrass porque su padre hacía parte de una banda. Luego se enamoró del jazz, siendo baterista de diferentes grupos e incluso considerado, en un punto, una promesa del género. Como guitarrista siempre ha sido fanático de David Gilmour y le encanta The Final Cut, aunque prefiere tocar sus partes de Is This the Life We Really Want? antes que cualquier canción de Pink Floyd.

“Hago un par de cosas, como Mother”, explica. “Para mí eso es suficiente, de otro modo sería aburrido. No quiero estar en este momento de mi vida y mi carrera tocando exactamente lo que hizo alguien en los 70. Ese no es mi objetivo, sin importar qué banda sea”. Además, con sus composiciones puede improvisar y soltarse un poco en el escenario.

Pero la vida lo llevó a tocar con Waters y ya ha estado junto al bajista en más de 160 conciertos en Europa, Australia, Canadá y Estados Unidos. Él llama a Wilson el “hippie permanente” de la banda, porque “todos los grupos deben tener uno”, como escribió en su cuenta de Twitter. El mes pasado comenzaron la parte latinoamericana de la gira Us + Them en Brasil. Luego estuvieron en Uruguay y Argentina, pasarán por Santiago de Chile, después Lima y el 21 de noviembre será el turno de Colombia. Un día antes, Wilson ofrecerá un concierto acústico en Bogotá.

Waters ha explicado que con este tour quiere dejar claro que no hay un “nosotros” [Us] y “ellos” [Them], sino que todos somos seres humanos. Que esa separación es arcaica e inútil. Y aunque el bajista es la estrella de sus presentaciones, junto a la inmensa pantalla que lo acompaña, también es una oportunidad para ver a los grandes artistas que están a su lado, como Lucius y Jon Carin (colaborador de Pink Floyd, The Who y David Gilmour).

Pero vale la pena poner el ojo y el oído en Jonathan Wilson, que aunque no sea un nombre reconocido, es uno de los músicos más interesantes del rock actual. En Rare Birds lo demuestra, además, Roger Waters no va a dejar su trabajo en manos de cualquiera. Los fanáticos del rock setentero, progresivo y psicodélico que estaban buscando un artista que mantenga vivo ese espíritu, acá lo tienen.

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