La furia de Gary Clark Jr.

El cantante y guitarrista se sentía estancado a nivel creativo y encasillado como un blusero. Para avanzar, liberó su sonido y recurrió a la rabia que sentía viviendo en los Estados Unidos de Trump

POR PATRICK DOYLE | 14 Mar de 2019

<p>Fotografía de Andres Kudacki</p>

Fotografía de Andres Kudacki


Es más de media noche, pero Gary Clark Jr. quiere continuar. El guitarrista está en una sala oscura en Arlyn Studios, al sur de Austin, enseñándole una canción llamada This Land a su banda. Lleva allí toda la noche y solo ha hecho pausas para fumar porro y tomar whisky. La canción es un estruendoso blues marcado con un bajo sintetizado, un beat de hip hop y una guitarra con efecto wha. La letra habla acerca de vivir “en 50 acres en medio del país de Trump” cerca de un vecino que “no ve la hora de mandarme a la policía”; y el coro dice: “Corre, negro, corre / Regresa al lugar de donde viniste”. Clark quiere que la canción salga bien porque cree que es la más importante que ha compuesto. “Relata lo que significa ser negro en el sur de Estados Unidos”, dice.

Clark escribió la canción luego de un enfrentamiento con su vecino cerca de su rancho de 50 acres a las afueras de Austin, donde vive con su esposa, la modelo Nicole Trunfio, y sus bebés, Zion y Gia. Un día, el músico fue donde el hombre a decirle que su burro estaba deambulando por su propiedad. “Fue muy irrespetuoso delante de mis hijos”, comenta Clark. “Y, para mí, esa mierda no es un juego. Me dijo que era imposible que yo viviera en ese lugar. Me preguntó quién era el verdadero dueño y me puse furioso. Tengo un terreno grande y me he partido el culo para poder comprar un sitio que mi gente pueda disfrutar. Este tipo no tiene por qué cuestionarme”.

Clark, de 34 años, ha padecido esta clase de insultos toda su vida. Todo comenzó cuando tenía nueve o diez años y vivía en Oak Hill, un barrio de clase media en Austin. “Las ofensas raciales comienzan a tus espaldas y todos se ríen”. Al explicar otras cosas que inspiraron la canción, comenta: “Que me dijeran ‘nigger’ todos los días; que la gente me quisiera tocar el pelo; que metieran mierda en mi buzón; que llegaran a mi casa con banderas confederadas gritando ‘negro, vuelve a África’; que escribieran ‘nigger’ en la cerca de mi casa”.

La elección de Trump en 2016 y sus políticas llevaron a Clark a escribir acerca de esos horrores. Describe un sentimiento de incredulidad al ver cómo eran tratados aquellos que se atrevían a hablar en contra del racismo, en concreto Colin Kaepernick, cuya posición ante los asesinatos de afroamericanos por parte de la policía lo llevó a acusar a la NFL de chantaje. “¿Cómo se pudo salir de proporción esta mierda con Kaeprenick? Protestar en silencio por el hecho de que la policía no cumpla con su juramento”.

Clark se conmueve describiendo una reciente visita al Museo Nacional de Derechos Civiles en el Motel Lorraine en Memphis, donde asesinaron a Martin Luther King Jr. “Entras y ves una réplica de los esclavos encadenados en los barcos”, dice. “Cuando llegamos aquí ni siquiera se suponía que sobreviviríamos. Por eso grito: ‘Jódanse, estoy aquí, y voy a hacerlo por todos los que han sido maltratados por haber nacido de cierta manera’... Creo que es el momento indicado para hacerlo”.

This Land apareció en el momento preciso. Antes de ella, Clark sentía que se había estrellado contra una barrera creativa. El set que impulsó su carrera en el Crossroads Guitar Festival de Eric Clapton en 2010 convenció a muchos de que iba a salvar el blues e incluso el rock. Obama lo invitó a la Casa Blanca dos veces y dijo que era “el futuro”. Buddy Guy lo comparó con T-Bone Walker. Pero sus primeros dos álbumes –Blak and Blu de 2012 y The Story of Sonny Boy Slim de 2015– no tuvieron éxito comercial ni lograron capturar la explosiva energía de sus shows en vivo. La disquera sugirió que para su siguiente álbum trabajara con un productor veterano como Rick Rubin o Pharrell, y él dijo que estaba abierto a esas ideas. “Pero yo sabía que en realidad no lo estaba”, comenta su mánager Scooter Weintraub. “En su mente tenía una visión de lo que quería hacer”.

Clark decidió producir el álbum por su cuenta. Trabajó con un coproductor/ingeniero en Arlyn durante meses en las baterías, bajos y sintetizadores (antes de llamar pesos pesados, como la baterista Sheila E, para grabar). El resultado es This Land, que abarca desde el Delta blues, al dub reggae, pasando por himnos de soul y canciones épicas que recuerdan a Prince, capturando la promesa de Clark de manera alucinante. “Quería que todas las notas y las letras tuvieran un significado”, dice. “En los discos anteriores había mucho énfasis en la guitarra: uno toca un solo de guitarra salvaje y a nadie le importan las letras. Eso no es lo que quiero. Me gustan Quincy Jones, Stevie Wonder, Ray Charles. Me gustan los arreglos de Cab Calloway. Me interesa la composición. Eso es algo a lo que nunca le había puesto atención”.

Clark estaba nervioso cuando los ejecutivos de Warner Bros. oyeron el álbum por primera vez: “Había mucho silencio, muchos suspiros…”.

Es una tarde tranquila en Antone’s, el bar de blues más famoso de Austin. Kingfish, un blusero de 19 años está probando sonido, pero Clark aún no ha llegado a la entrevista programada. Finalmente llega media hora después, habla con su mánager un momento y luego se sienta sin quitarse sus gafas negras. Las conversaciones con él pueden ser desconcertantes; se queda mirándolo a uno después de la pregunta, y lo deja seguir hablando. (Pero entre más se demora en responder, la respuesta es más profunda). “Gary no es complaciente”, dice Weintraub. “A veces la gente piensa que está disgustado. A mí también me ha pasado. Pero unos días después llega de muy buen ánimo a saludarme”.

Clark se siente a gusto en Antone’s. Su padre, un vendedor de autos, lo comenzó a traer a este lugar cuando tenía 15 años, edad en la que interpretó Pride and Joy de Stevie Ray Vaughan de manera excepcional. El dueño del bar, Clifford Antone, quien había sido mentor de Vaughan, comenzó a guiar a Clark haciéndolo subir al escenario con grandes del blues como Lazy Lester y Pinetop Perkins. “Era un muchacho y su voz era la misma de su guitarra”, comenta el guitarrista Jimmie Vaughan. “Tocaba con esa misma voz interior que, para mí, es la señal de que se trata de un verdadero artista”.

Antone fue encarcelado en 2000 por traficar más de cinco toneladas de marihuana y murió pocos años después. Cuando el bar cerró en 2014, Clark ayudó a salvarlo. Invirtió en él con un amigo de la infancia y lo abrieron nuevamente cerca de su ubicación original en el centro. “Todas las oportunidades que he tenido en mi vida han sido gracias a este sitio”, comenta Clark. “¿Cómo no hacer parte de esto? Es todo para mí”.

Clark con Eric Clapton en el Madison Square Garden. El Crossroads Guitar Festival de Clapton ayudó a despegar la carrera de Clark en 2010. Para el inglés, el texano fue una revelación. “Le escribí una carta diciéndole: ‘Gracias, me haces querer volver a tocar’”, recuerda Clapton.
Clark con Eric Clapton en el Madison Square Garden. El Crossroads Guitar Festival de Clapton ayudó a despegar la carrera de Clark en 2010. Para el inglés, el texano fue una revelación. “Le escribí una carta diciéndole: ‘Gracias, me haces querer volver a tocar’”, recuerda Clapton.


Al mismo tiempo, el músico tiene una relación conflictiva con el blues. Luego de firmar con Warner Bros., debutó con Bright Lights, un guiño a Jimmy Reed, y una serie de explosivas actuaciones en festivales, en donde interpretó a Jimi Hendrix, B.B. King y Albert King con una perspectiva para el siglo XXI. Pero en el camino comenzó a sentirse encasillado como el tipo que se presentaba en los Grammy y en el Hall de la Fama a tocar blues. “Muchos quisieran que tocara covers de Hendrix todo el tiempo”, afirmó en 2013. Incluso dice que ha pensado salir de gira sin su instrumento. “Prince era uno de los mejores guitarristas del mundo, si no el mejor, pero uno no piensa en él como guitarrista, ¿verdad?”. Me encanta ser un guitarrista texano. Eso tiene mucha actitud. Pero también puedo hacer otras cosas”.

Clark intentó probar eso en sus álbumes. Blak and Blu se debatía entre el hip hop y el neo soul. “Esperaba a un blusero texano que ha sido comparado con Jimi y Stevie Ray”, se quejó un bloguero. “Lo que oí fue algo que podría ser la música de apertura de un show de variedades de los 80”. Sonny Boy Slim era más guitarrero, pero las canciones no despegaron. Clark dice que recientemente leyó un comentario que afirmaba que no había aprovechado el momento para convertirse en el próximo dios de la guitarra. “Es cierto, no soy un dios del rock, ni pretendo serlo. Solo era un tipo que grababa discos y estaba emocionado porque lo oyeran más de seis personas”.

Con el pasar de los años, sus allegados comenzaron a preocuparse. Su padre, Gary Clark Sr., pensaba que su hijo estaba distraído. “Salía mucho de gira, y solo lo veíamos de vez en cuando”, dice. “En alguna ocasión comentó que estaba cansado. Tuvimos que aprender a manejar eso”. Weintraub, quien ha manejado a Sheryl Crow durante 26 años, sabe escoger el momento para darle a un artista un consejo creativo. Pero luego del fracaso comercial de Sonny Boy Slim, le dijo a Clark que su momento para irrumpir se estaba terminando. “Gary es muy relajado y texano, le gusta hacer las cosa gradualmente”, comenta el mánager. “Pero le dije: ‘No puedes hacer eso. No quiero que tengas 39 años y te vean solo como el sucesor de Stevie Ray Vaughan (algo que le resultaría muy fácil)’. Él quiere tener su proceso, pero la cultura se mueve demasiado rápido. Por eso le dije que no quería que cometiera el error de ir muy lento y perdiera su oportunidad”.

No hace mucho, Clark estaba tocando en el concierto por los 40 años de Austin City Limits, cuando Sean McCarthy, un road mánager de Jimmie Vaughan, le entregó un disco duro lleno de música. Ambos hablaron de hacer un álbum en el que Clark y otros artistas locales samplearan grabaciones viejas de Texas para que estas les llegaran a un público más amplio. Pero había más que eso: contenía 10 mil canciones, que iban desde álbumes perdidos de Wilson Pickett, hasta Vulfpeck, una banda joven y underground de funk jam.

Clark pasó meses oyendo el contenido del disco duro y decidió que la usaría como coautor para samplear sus beats y tomar prestadas sus melodías. Después de que su esposa se iba a dormir, se sentaba con sus audífonos y una consola de grabación MPC a “hacer ruido”. Tomó la melodía de Help the Needy (1970) de Pickett y creó The Guitar Man, una oda gospel sobre la vida de un músico que vive de gira. Tomó Home Cookin –un blues del saxofonista texano King Curtis– y escribió la rockera What About Us. El proceso de grabación casera favoreció al introvertido Clark. Más tarde, le llevó las canciones a Jacob Sciba, su coproductor e ingeniero de vieja data de Arlyn. “Gary me dijo: ‘Este no será un disco de amor’”, comenta Sciba. “¡El tipo amable ya no está! [haciendo referencia a No More Mr. Nice Guy, de Alice Cooper]”.

En Arlyn las sesiones podían durar toda la noche, y las ideas podían venir de cualquier lado. Una noche Clark no se sentía inspirado, entonces salió con Sciba a East Austin a ver algunas bandas de punk; cuando volvieron, grabaron la punkera Gotta Get Into Something, un tema con aires de himno que evoca a Chuck Berry. A veces una canción llevaba a otra; luego de que Clark llevara el dancehall jamaiquino a Feelin’ Like a Million, Sciba y él crearon un mix de dub reggae por diversión; Clark tocó un solo de cuatro minutos sobre la pista, y el resultado fue Highway 71, que suena como Voodoo Chile con un beat de trap. La política y las clases sociales fueron temas primordiales. En What About Us, Clark escribió cómo la camaradería de barrio se esfuma cuando a alguien le va bien (también es una alegoría al cambio climático).

This Land fue la última canción que Clark terminó en el estudio. Por un buen tiempo le dijo a Sciba que no le tenía letra. Luego, cierto día, se paró ante el micrófono y desplegó aquella brutal acusación contra el racismo moderno. Sciba se dio cuenta de que Clark tenía la letra todo el tiempo, solo que se había negado a revelarla. “Creo que mi pregunta fue: ‘¿Puedes decir eso?’”, dice Sciba. “Pero mi respuesta inmediata fue: ‘Tienes que decirlo’”. Estaban inspirados, pero tuvieron un problema: Clark se partió su mano derecha. No entra en detalles, pero los médicos la llaman la “fractura del boxeador”, que es el resultado de haber golpeado alguna pared u objeto. La fractura fue tan grave que a Clark le preocupaba no poder volver a tocar su instrumento”.

“Podía ver el miedo en sus ojos”, dice Sciba. “Él estaba acostumbrado a comunicarse a través de su guitarra”. Pero la fractura fue una bendición. Clark compuso Dirty Dishes Blues, en la que tocaba con su pulgar y dos dedos, sin usar el pick –algo que lo hacía sonar muy parecido a su héroe, el guitarrista de seis dedos de Chicago, Hound Dog Taylor. Clark por fin incluyó el blues en el estudio. “No me había dado cuenta de lo feliz que me siento al tocarlo”, dice. “No me había dado cuenta de todo lo que me ha dado. Creo que lo había subestimado un poco”.

Clark con su esposa, la exmodelo de Victoria’s Secret, Nicole Trunfio, en 2017. “Ella es fuerte y eso me gusta. No se deja joder”, dice Clark.
Clark con su esposa, la exmodelo de Victoria’s Secret, Nicole Trunfio, en 2017. “Ella es fuerte y eso me gusta. No se deja joder”, dice Clark.


Cuando Clark tenía alrededor de 20 años viajó a Nueva York por primera vez. Un amigo lo llevó a una fiesta y le presentó a un amigo que tenía un grupo de comedia. Se trataba de Donald Glover. Ambos terminaron en un techo: Clark tocando guitarra y Glover rapeando.

Se volvieron a ver en 2016, cuando Glover invitó a Clark a tocar en The Night Me and Your Mama Met, de Childish Gambino.

Clark cuenta la historia recostado en una silla en un cuarto de amplificadores en Arlyn. Son las 2 de la mañana. El músico tiene los ojos rojos y esta relajado tomándose un whisky luego de haber tocado This Land. Me habla de la habilidad de Glover para crear buenos álbumes, música, películas y comedia: “Es un verdadero artista”. Esa es la clase de creatividad que Clark busca. “Quiero tocar jazz”, dice. Hace poco tocó en una sesión con Wayne Shorter, Robert Glasper, Herbie Hancock, Esperanza Spalding y otros músicos para un proyecto de Miles Davis.

Sin embargo, no quedó del todo satisfecho. “Estaba en una sala con todos los grandes”, comenta. “Y estaba perdido. Me sentí apenado. Me perdí en todos los cambios. Eran acordes sutiles de transición, cosas que no había estudiado realmente. Es importante para mí. No quiero estancarme”. A pesar de lo tarde que es, Clark ha pedido hacer la entrevista en este momento para poder pasar el día siguiente con su familia, antes de salir a una gira con localidades agotadas por Texas.

Clark y Trunfio, una exmodelo de Victoria’s Secret, se conocieron a través de Weintraub, quien los casó en 2016 en Palm Springs, California. Clark afirma que lloró. En Instagram, Trunfio relata su vida familiar: vuelos en jets privados, juegos en el rancho o en la playa… “Es muy tierna”, dice Clark. “También es fuerte y eso me gusta, no se deja joder”. Casi todas las noches en su rancho campestre, Trunfio cocina una estupenda cena y ambos se sientan a “ver el atardecer con una buena botella de vino”. Durante el día, Clark pasea por su propiedad con Zion. “Nos visitan cabras, venados y antílopes, y hay unos halcones hermosos volando alrededor. Oímos ranas en el verano. Es bello”.

Clark se levanta, se pone su chaqueta de cuero y emprende su oscuro camino a casa. Antes de irse aclara algo sobre de la oscuridad de la que habla en This Land: “No me voy quedar sentado permitiendo que eclipse todo lo bueno”, comenta. “Camino por todas las ciudades en donde estoy planeando un show y siempre encuentro amor y abrazos de parte de todas las razas. No voy a dejar que lo que está pasando en este país oculte la grandeza que hay en el mundo. Aquí hay amor. No podemos permitir que la gente nos quite eso”.

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