La nueva Norah

Después de haber comenzado una familia, la cantautora regresa con un ataque sorpresivo, lanzando un LP que aborda momentos oscuros y a su famoso padre

POR JONAH WEINER | 13 Jan de 2017

<p><b>Foto: Danny Clinch</b></p>

Foto: Danny Clinch


En un par de días Norah Jones se pondrá una capa y bailará hasta más no poder durante unas horas. Está en Los Ángeles, tiene programado grabar un video para su nuevo sencillo, el turbulento Flipside —primer clip de la cantautora en el que realiza movimientos—. “Es una canción divertida para bailar, estaba bailando cuando la escribí”, dice.

El rodaje comienza el domingo. Hoy es viernes por la noche y Jones está en un salón en un acogedor estudio en Santa Mónica, donde cantará un set de canciones de una hora para un centenar de personas, mostrando material de su excelente nuevo álbum, Day Breaks. “Ayer estaba ensayando el video, y mi corazón no había palpitado tan fuerte desde que era niña”, dice Jones. Le pido que me describa la coreografía. “¿Jeff Vandiver?”, dice comprobando el nombre del bailarín de aeróbicos de los años 80.

Sara Oda, amiga y colaboradora de Jones, saca su teléfono y nos muestra un video vintage de Vandiver en Youtube. “Una mierda así es lo que hago”, dice Jones riéndose.

Jones es una artista que rara vez es asociada con una frecuencia cardíaca alta: casi 15 años después del lanzamiento de Come Away With Me, ganador de varios Grammy y responsable de más de 11 millones de copias vendidas, ella sigue probando que es una maestra de la suavidad. Sin embargo, en canciones como Flipside se inspiró en eventos caóticos mundiales para agitar un poco las cosas: “El asunto de los refugiados en Europa, la violencia armada en nuestro país, los ataques terroristas, la tensión entre la policía y la comunidad afroamericana y la gente a la que le han disparado. Este último año ha sido intenso”, dice.

Ella comenzó a escuchar aquel track furioso y bailable de jazz en vivo de 1969, Compared to What, escrito por Les McCann y Eddie Harris, cuya letra trata de la Guerra de Vietnam y la religión organizada. “Esa canción todavía es relevante”, dice Jones. En Flipside, a pesar de su animado video, ella se siente frustrada y, a la vez, es recriminatoria. “If we’re all free / Then why does it seem we can’t just be [Si todos somos libres / ¿Entonces por qué parece que no podemos serlo?]”, canta.

En otros lugares de Day Breaks, Jones emplea una estrategia de composición que ha perfeccionado desde su debut: introducir historias oscuras dentro de superficies aparentemente apacibles y bellas. Tragedy cabalga sobre un surco tan relajado que uno podría no notar que habla de un alcoholismo devastador. En su cover de Don’t Be Denied, la dolorosa autobiografía de Neil Young, Jones ajusta partes de la letra para dibujar paralelos entre la vida de Young y la suya: crecer con un padre ausente (su padre fue el fallecido y legendario Con su esposa de hace 24 años, Trudie Styler. Ravi Shankar); encontrar consuelo en la música; lidiar con el vacío que acompaña a la fama. “Creo que no he estado en el lugar donde estaba Neil, pero me puedo relacionar con esa parte de la canción”, dice. El álbum en general es tranquilo, pero retumba con malestar. “Es un ataque sorpresivo”, dice Jones.

El último álbum de Jones fue Little Broken Hearts, de 2012, hecho con el productor Danger Mouse, a raíz de una ruptura. Desde entonces, la vida de Jones ha cambiado enormemente: se casó con un músico (para mantener su privacidad, me pide que no mencione su nombre) y fue madre dos veces, dando a luz un hijo y, más adelante, a una hija. Le pregunto si hay una canción en el álbum nuevo que no hubiera podido escribir antes de ser madre. “La canción que relaciono con mis hijos, And Then There Was You, en realidad la empecé antes de tener hijos”, responde.

“Estaba pensando en mi esposo, pero la terminé después de tener a mi hijo”. Es el momento más dulce y tranquilo del álbum. Tiene frases sobre el descubrimiento de ese amor que cambia la vida. “No siento que ser madre me haya cambiado musicalmente, pero ha cambiado mi forma de oír algunas canciones de amor”, continúa Jones. “Hay algunas canciones que he conocido toda mi vida, y ahora que tengo hijos digo: ‘¡Oh! ¡Se trata de esto! O tal vez no, pero así pienso en este momento’”.

Gran parte de Day Breaks nació en la cocina de Jones en Cobble Hill, Brooklyn, donde conserva un “piano (espineta) art-deco” a pocos metros de la nevera, “cubierto de cuentas y basura”. Fue allí donde ella y su marido comenzaron a desarrollar las ideas que eventualmente completarían el álbum. Jones dice que, al principio, el primer objetivo era componer material que atrajera al legendario saxofonista Wayne Shorter, con quien ella había tocado en el aniversario de Blue Note Records, y al cual quería tener en el álbum. Y funcionó: Shorter es uno de los grandes del jazz que aparece en Day Breaks. En este álbum Jones se adentró en sus influencias jazzísticas como nunca antes, componiendo en piano. Aunque es pianista de jazz, se alejó un poco de ese camino cuando su carrera despegó, al grabar prácticamente solo canciones compuestas en guitarra.

Sin embargo, ella todavía insiste en que Day Breaks no es una regresión. “La gente dice: ‘¡Oh, has vuelto a tus raíces, has completado el círculo!’. Yo les digo: ‘No, estoy avanzando’. Ahora soy mejor música. No hubiera podido hacer este álbum a los 20 años”.

Foto: Robert Mora/Getty


Come Away With Me fue un éxito de época, pero Jones describe ese periodo de su vida como triste. “Se trataba de estar ocupada, de que me dijeran lo grande que era, y de oír detractores”, dice. “Cuando uno se vuelve exitoso la gente quiere destrozarlo porque es exitoso o analizarlo porque está triunfando. ‘Eso no es tan bueno’, es lo único que uno oye”. Así que está feliz haciendo todo en una escala más pequeña estos días: tocando en bares de jazz, haciendo giras lo menos posible, vendiéndoles discos a los verdaderos fans en vez de vendérselos a hordas de gente en el mainstream.

Aunque su casa de Brooklyn cuesta varios millones de dólares, ella dice que su vida es excesivamente modesta —ni siquiera tiene auto, aunque está pensando comprar uno para transportar a sus hijos en el ferri con mayor facilidad—. Una noche cualquiera es fácil encontrarla en el sofá viendo televisión y durmiéndose “dolorosamente temprano”.

Le gusta The Last Man on Earth y adora la comedia en general, algunas veces hasta el punto en el que se avergüenza de sí misma. “La otra noche toqué en un concierto tributo a Tom Petty, y Kristen Wiig cantó algunas armonías conmigo”, dice Jones. Es una cantante fantástica, y yo estaba tratando de ser su fan. Y pensé: ‘De pronto seremos mejores amigas’. Pero siempre trato de ser chistosa con gente que está en el mundo de la comedia”. Niega con su cabeza. “No tengo amigos famosos porque siempre actúo como una tonta”.

La comedia también aparece en unos de los recuerdos más felices de Jones con Shankar, quien murió murió en 2012, a los 92 años. En un punto su relación estuvo llena de vacíos y tensiones acumuladas. “Hubo una fase un poco incómoda cuando empezamos a reconocernos, había muchas mierdas que necesitaban solucionarse”, dice. Pero lo lograron y las cosas terminaron bien.

“Sentí que podíamos ser una familia. Disfrutaba los momentos en los que nos reuníamos, cuando mi madre preparaba un buen almuerzo para mi padre y mi madrastra cuando venían a la ciudad, después de tantos años de locuras y de no vernos. Bromear, hablar de películas tontas”. ¿Por ejemplo? Jones hace una pausa como si estuviera decidiendo si contarme algo. “Está bien: él quería ir a ver El gurú del amor cuando salió, así que la vimos. Luego de verla le dije: ‘¿Cómo te pareció la película en una escala de 1 a 10?’. Me dijo: ‘Cero, pero la disfruté’”. Hace una pausa y se ríe estrepitosamente acordándose de la anécdota. “No sé si él habría estado muy feliz de que la gente supiera eso. Pero esas eran las cosas buenas”.

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