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Los 10 discos más grandes del grunge

Clasificamos los álbumes que marcaron a una generación a punta de Nirvana, Pearl Jam, Hole y compañía

POR ROLLING STONE | 06 Jun de 2019

<p>Kurt Cobain, Eddie Vedder y Chris Cornell, entre otras figuras, cargaron la batuta del grunge en los 90.</p>

Kurt Cobain, Eddie Vedder y Chris Cornell, entre otras figuras, cargaron la batuta del grunge en los 90.


Hace 25 años, Kurt Cobain predijo que el grunge se olvidaría. “Va a ser cosa del pasado”, le dijo a ROLLING STONE. Eddie Vedder estaba en la portada de Time y el periódicos The New York Times se preguntaba: “¿Cómo una palabra de seis letras cuyo significado era mugre y basura se transformó en un género musical, una declaración de moda y un fenómeno pop?”. La palabra quedó en el pasado, pero la música de esa época sigue siendo vital.

Eso es porque, les guste o no el término a las bandas, el grunge fue un movimiento. En menos de una década, Nirvana y otros grupos de Seattle habían salido de la nada para dominar la cultura pop, reconstruyéndola a su imagen y semejanza. Las letras eran desgarradoras y honestas, crearon un entorno inclusivo para mujeres y otras personas marginadas por el rock mainstream de los 80, y prescindieron del artificio del estrellato. Pero tras unos años, todo pareció desvanecerse y el nu metal pasó a ser el nuevo objeto brillante del rock.

El grunge no había muerto; Pearl Jam, Mudhoney, Alice in Chains y los Melvins seguían en pie, y su esencia se había integrado a la cultura. Por eso nuestros editores escogieron los discos que lideraron rankings, pero también a los héroes desconocidos, incluso de la prehistoria del grunge. Prepárate para una inmersión en riffs crudos, baterías violentas, letras desgarradoras y modas callejeras.

10. Vs. de Pearl Jam (1993)

La idea original de Pearl Jam era llamar a su segundo disco Five Against One, que era una frase de la canción Animal y una forma con la que Eddie Vedder confesaba que no se sentía cómodo con sus cuatro compañeros de banda y el mánager Kelly Curtis. El cantante quería que volvieran a sus raíces del “hazlo tú mismo”. “En el primer disco estábamos viviendo en un sótano”, dijo Vedder. “En el segundo me sentía muy alejado de eso. Sentía que era muy difícil escribir un álbum”. De algún modo, lograron superar sus diferencias y trabajar juntos, creando clásicos como Go, Daughter, Dissident y Elderly Woman Behing the Counter in a Small Town, que ayudaron a vender casi un millón de copias en la primera semana. Y eso que casi ni hicieron entrevistas ni grabaron un solo video. No importa lo que quisiera Vedder, Pearl Jam era muy grande y había demasiado talento como para fallar.

9. Superunknown de Soundgarden (1994)

En 1994 el grunge había tomado las emisoras, los festivales (Lollapalooza) y MTV, pero ¿hacia dónde se dirigía musicalmente? Soundgarden lo sabía. El grupo quería mostrarle al mundo que no se trataba de la moda del mes, sino de la nueva fase del rock. Como le dijo después s ROLLING STONE, “Teníamos que demostrar que merecíamos tocar en escenarios internacionales, y tener videos en televisión, y sonar en la radio, que no era una moda”. Frente a esa presión, la banda compuso su set de canciones más robustas, del rock de borrachos con Drown Me a la psicodelia oscura de Black Hole Sun, y el productor Michael Beinhorn tomó la potencia de la primera época de la banda para formar algo colosal. El resultado fue un disco que, como el IV de Led Zeppelin, reveló facetas nuevas y sutiles. Uno de los grandes discos de hard rock de la historia.

8. In Utero de Nirvana (1993)

El último disco de estudio de Nirvana era un grito. No un grito estilizado como su predecesor, sino un aullido de dolor y frustración, el desafío más contundente hacia una industria que nunca había entendido a esta banda. Es un álbum con sarcasmo agrio (Serve the Servants, Radio Friendly Unit Shifter), ira purificadora (Scentless Apprentice, Milk It) y nervios llenos de crudeza (Pennyroyal Tea, Frances Farmer Will Have Revenge on Seattle). La rabia de Cobain pierde el foco en algunos momentos (fíjate en Rape Me, demasiado cruda para funcionar como la declaración feminista que pretendía ser), pero esa intensidad autodestructiva hace que In Utero sea un documento esencial del grunge.

Cuando salió en septiembre de 1993, ya habían mitos sobre el álbum. Luego de su inesperado ascenso al estrellato, Nirvana había contratado al ingeniero Steve Albini para ayudarlos a hacer un disco fuerte y poco comercial, para que el sello se negara a editarlo. Como cualquier cuento, solo habla de una parte de la verdad. Cobain le diría a STONE que hablaba en chiste cuando dijo que quería que el título fuera I Hate Myself and I Want to Die [Me odio a mí mismo y quiero morir]. “Soy un tipo mucho más feliz de lo que la gente cree”, aseguró.

7. Temple of the Dog de Temple of the Dog (1991)

La muerte de Andy Wood, el cantante de Mother Love Bone, en marzo de 1990, devastó a la comunidad rockera de Seattle. El líder era amigo de Chris Cornell, con quien también vivía, y canalizó todo su dolor en canciones nuevas como Say Hello 2 Heaven y Reach Down. Se las mostró a Jeff Ament y Stone Gossard, de Mother Love Bone, y se enteró de que acababan de formar una nueva banda con un tipo de San Diego llamado Eddie Vedder. Por eso decidieron reunirse para homenajear a Wood y grabar bajo el seudónimo Temple of the Dog. El proyecto no daba para un disco completo. “Era una época en la que los discos eran más importantes”, le contó Cornell a ROLLING STONE en 2016. “Para nosotros era algo catártico y divertido”. Tras la impactante muerte de Cornell en 2018, estas canciones sobre pérdida y dolor adquirieron otro sentido.

6. Dirt de Alice in Chains (1992)

Tras el éxito de su debut de 1990, Facelift, Alice in Chains estaba listo para llevar su música a un público más amplio gracias a MTV, ahora que Nirvana había abierto las puertas. Su aparición en la película Singles –con Would? junto a Soundgarden y Pearl Jam en la banda sonora– era un buen comienzo. A diferencia de muchos, Alice se inspiraba más en el heavy metal que en el punk, una premisa evidente en su primera canción destacada, Man in the Box. En Dirt también había una nueva influencia en su música: la heroína. Con canciones oscuras y sucias como Them Bones, Rooster y la elocuentemente titulada Junkhead, el disco reflejaba la adicción del líder Layne Staley. “El disco pasa de glorificar las drogas a un estado completamente miserable, y a un cuestionamiento de lo que alguna vez pensé que funcionaría para mí”, confesó para ROLLING STONE en 1992. “Al final del disco es bastante obvio que no funcionó tan bien como yo pensaba”. Angie Martoccio

5. Superfuzz Bigmuff de Mudhoney (1990)

Mudhoney jamás llegaría al estatus de las estrellas de Seattle, pero Superfuzz Bigmuff probablemente sea el disco más influyente de la lista. El EP original (1988) sacudió el underground gracias a su franqueza inquebrantable. La voz quejosa del líder Mark Arm y el solo de guitarra de Steve Turner definían Need, mientras que los riffs esquivos de No One Has y las bajadas de In ‘n’ Out of Grace demostraban el rango de la banda. Superfuzz consolidó el sonido que Nirvana y sus secuaces estaban buscando. En la película Singles, Cameron Crowe transformó Touch Me I’m Sick en Touch Me I’m Dick para el grupo de grunge de ficción Citizen Dick; Sonic Youth la versionó, y Kurt Cobain robó el concepto de Sweet Young Thing (Ain’t Sweet No More) en Negative Creep. “Si Superfuzz no hubiera estado en los rankings británicos por un año, ¿quién sabe qué habría pasado con Nirvana?”, dijo Bruce Pavitt de Sub Pop a Spin en 1993. “Estábamos improvisando, tratando de mantenernos juntos”, le dijo Arm a ROLLING STONE en 2008. “Y así seguimos”.

4. Live Through This de Hole (1994)

Live Through This es el sonido de Courtney Love hecha pedazos. El segundo disco de Hole es una montaña rusa sobre la codependencia, la maternidad y el feminismo, donde ella deja claro que era más una heroína del rock que la villana que retrataban. El timing fue insospechadamente trágico: salió días después de que se encontrara el cuerpo de Kurt Cobain. El título parecía una profecía pero, aun antes de la pérdida, Love tenía algo que demostrar, y con este disco lo hizo con creces. Juega con su imagen pública (Plump), reflexiona sobre la depresión posparto (I Think That I Would Die) y es brutalmente honesta acerca de las inseguridades en una relación (Doll Parts). Su voz salta de una vulnerabilidad femenina a gritos que parecen arrancados de las profundidades del estómago. Tras los duelos por las muertes de Cobain y la bajista Kristen Pfaff, que falleció de sobredosis tres meses después de la publicación del disco, Love se dispuso a ser un ícono por derecho propio. “Me gusta pensar que no me quieren solo por compasión, y la única forma que tengo de mostrarlo es probar que lo mío es de verdad”, le dijo Love a ROLLING STONE en 1994. “Esa era la idea detrás de Live Through This”.

3. Ten de Pearl Jam (1991)

Pearl Jam llevaba tocando en vivo apenas tres meses cuando entraron en los London Bridge Studios de Seattle para grabar su primer álbum, en marzo de 1991. En ese lapso habían sido teloneros de Alice in Chains en pequeños clubes de la Costa Oeste, bajo el nombre de Mookie Blaylock, donde probaron canciones nuevas como Black, Even Flow, Alive y Why Go, que luego serían la columna vertebral del disco. Eddie Vedder era nuevo en la escena de Seattle, y acababa de conocer al resto de la banda en octubre del año anterior, pero su aullido grave y sus letras personales eran perfectas para la música de ellos, que se inspiraba más en el punk de los 70 y el rock de estadios que en cualquier cosa de los 80.

Años después, Vedder recordó el disco como un punto de inflexión en su vida. “Era mi primera oportunidad de hacer un disco de verdad, y me enfoqué mucho”, aseguró en ROLLING STONE en 2009. “Estaba en una ciudad nueva, así que esas canciones reemplazaron a mis amigos y mi familia”. Pero nadie se imaginó que Ten sería 13 veces platino, ni que produciría himnos generacionales que siguen sonando en radios y llevaran a Pearl Jam a estadios por todo el mundo.

2. Badmotorfinger de Soundgarden (1991)

Mientras trabajaba en Temple of the Dog, un proyecto que lo obligó a cambiar sus canciones para que fueran más pegajosas y concisas, Chris Cornell tuvo una revelación, y llevó a Soundgarden a una nueva era con Badmotorfinger, el despegue comercial de la banda. Aunque el baterista Matt Cameron le confesó con orgullo a ROLLING STONE que “no hacemos discos pop”, el álbum apareció en pleno auge del rock pesado, y logró tres hits con Outshined, Jesus Christ Pose (gracias, en parte, a que MTV prohibiera su video) y la rítmicamente extraña Rusty Cage, que luego Johnny Cash versionaría. Cada una tenía un riff distintivo y ensordecedor, a la altura del gemido extravagante y perfectamente afinado de Cornell, que convirtió el disco en un clásico. “En Louder Than Love habíamos reemplazado la psicodelia oscura con una pesadez ligeramente visceral, que en este disco volvió, junto con la extravagancia”, dijo alguna vez el guitarrista Kim Thayil. Soundgarden era más pesado que Nirvana y Pearl Jam, pero componía himnos emotivos y se ganaron un lugar entre la primera ola de superestrellas del grunge; el disco llegó al puesto Número 39 del ranking de Billboard 200, y desde entonces fue doble platino. “Me encanta Badmotorfinger porque suena muy bien en el auto”, dijo una vez Thayil. “Tiene cosas raras, como es habitual en Soundgarden. Siempre agregábamos ese elemento extraño. Teníamos la capacidad de no tomarnos muy en serio sin perder el compromiso con lo pesado. Como si nos riéramos mientras te cagamos a patadas”.

1. Nevermind de Nirvana (1991)

A principios de los 90, la música pop estaba en problemas: los raperos usaban sudaderas extravagantes y los rockeros componían baladas épicas de nueve minutos sobre lluvias de noviembre. Pero luego, Nirvana lo sacudió todo con sus explosiones de honestidad salvaje, riffs crudos y letras genuinas durante casi toda la década siguiente. Kurt Cobain cantaba sobre sentirse estúpido (Smells Like Teen Spirit), feo (Lithium) y desilusionado (Something in the Way), y desafiaba las convenciones del hard rock sacando a las mujeres del lugar de objetos (Polly). El disco era tan poderoso que desplazó a Dangerous, de Michael Jackson, del primer puesto de ventas.

Nirvana había madurado mucho desde 1987. Un par de años antes, Cobain ya gruñía sobre esos riffs deudores de los Melvins y Mudhoney, pero las giras –y la producción de Butch Vig, que hizo que todo sonara más fuerte y claro– contribuyeron a crear una obra maestra. “Hoy me da un poco de vergüenza la producción”, dijo Cobain en el libro Come as You Are. “Está más cerca de Mötley Crüe que de un disco de punk rock”.

Pero más allá de un par de armonías vocales y arreglos regrabados, Nevermind seguía siendo punk. Se basaba en un sonido pesado y melódico (la fórmula Pixies fuerte-tranquilo-fuerte) en la furia del nuevo baterista Dave Grohl y en las letras de Cobain. Una línea como “Dios es gay” (Stay Away) era novedad, y Smells Like Teen Spirit inició una era de estrellas de rock a las que todo les importaba un bledo. Cobain se transformó a regañadientes en la voz de su generación. “En Seattle, durante un par de años fue como el Verano del Amor”, dijo Cobain. “Saltar al público y que me mandaran al fondo, y después volver al escenario sin que nadie me dañara… Era una celebración de algo que nadie podía explicar. Pero llegó al mainstream y se acabó”.

A los pocos meses, Ten de Pearl Jam alcanzó el Número Dos; Dirt, de Alice in Chains, subió al Top 10, y Badmotorfinger de Soundgarden fue Disco de Oro. Nevermind desató una ola generacional que revolucionó el rock. Les guste o no, Nirvana cambió la música para siempre.

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