Mabiland: la pasión en tiempos de Instagram

Hace mucho tiempo no aparecía en Colombia una voz con tanta fuerza, un susurro que se convierte en un grito decisivo ante una sociedad llena de machismo, racismo y homofobia. Los oídos empiezan a abrirse ante su verdad

POR RICARDO DURÁN | 21 May de 2019

<p>​Fotografía tomada por David Rugeles con HUAWEI P30 Pro.</p>

​Fotografía tomada por David Rugeles con HUAWEI P30 Pro.


“Yo Primero fui la Hija de Esmirna antes que Mabely, Mabe, Mabi o Mabiland. Esmirna es la mujer de mi vida”. Así dice el post que la cantante chocoana publicó en Instagram a mediados de abril para celebrar el cumpleaños de su madre. “El motor cuando todo se me apaga dentro. La única persona en quien mi confianza está a pleno”, añade a través de la red social que más emplea para comunicarse con sus miles de seguidores.

Esmirna es trabajadora social, y su hija asegura que “tiene un vínculo muy fuerte con la problemática de la ciudad [Quibdó], con todo lo que pasa allá. Me inculcó mucho eso de leer cosas, a mí me gustaba mucho. Fui muy nerda, incluso hasta en la universidad. Y me mostró la música de otra manera”. Ella le mostró a Nina Simone, a Biggie, a Whitney Houston, Louis Armstrong y Ella Fitzgerald. También le mostró a Chocquibtown. “En mi casa había un mundito que éramos mi mamá y yo; ella me mostraba libros que yo en la calle no tenía. Entonces en la calle me tocaba adaptarme, y eso fue lo que me costó mucho allá”.

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Mabiland es pequeña, delgada, y puede parecer muy frágil y tímida. Por momentos hay que acercarse para escuchar lo que dice. Sin embargo, cuando sube al escenario, una especie de arrebato se apodera de ella y sus dimensiones se multiplican. Se mueve por la tarima con la convicción de quien ha encontrado su voz.

En Colombia tenemos montones de buenos cantantes, pero no abundan los artistas con voz propia, con una capacidad interpretativa inconfundible y un carácter que les permita decir lo que no todo el mundo quiere oír. A veces ocurre un milagro, y alguien con esas características atrae la atención de los medios y del público.

Mabely Largacha nació en Quibdó, donde “es muy difícil una escena cultural o escena musical”, dice a ROLLING STONE horas antes de presentarse en el Festival Centro, en febrero de este año. “Mejor dicho, allá es puro vallenato, salsa, reguetón y chirimía. O sea, como que no hay cabida para otras músicas, el hip hop está muy presente, pero es muy callejero”.

“Te llevo aquí en mi pecho, no te olvido / Oh, Quibdó, mi pueblito tan querido…”, canta Mabiland en un video que publicó a mediados de 2014. En su ciudad natal se crio junto a su madre y su abuela. Escribía canciones y poemas desde los 11 años; tal vez eso la llevó a trabajar más tarde con proyectos de rap, pero era claro que nunca iba a adaptarse del todo en Quibdó; la ciudad no parecía ofrecerle las herramientas necesarias para encontrar sus propios caminos.

Cortesía prensa Mabiland
Cortesía prensa Mabiland


La violencia empezó a hacerse más evidente, la gente de su edad poco a poco se convirtió en la nueva carne de cañón para el conflicto. “Quibdó se calentó”. Ya es un cliché decir que el Chocó, un departamento estratégico y lleno de riquezas, está completamente abandonado por el Estado, un aparato sostenido por quienes pontifican alegremente desde la comodidad de su Twitter.

“La situación social era muy fuerte; entre 2009 y 2012, cuando me tocó la adolescencia, era un caos y había mucha violencia. Hubo unos grupos muy fuertes de toda esa problemática social de guerra que se metieron en los barrios y cambiaron la dinámica de funcionamiento de una sociedad que era muy tranquila, hasta donde yo recuerdo mi niñez”, dice. “Quibdó, como toda Colombia, tenía sus problemas, pero no a ese nivel. Me tocó ver cómo amigos de esos grupos de rap con los que empecé allá, terminaron muertos por situaciones en las que ni siquiera estaban metidos”.

La mala calentura de la ciudad coincidió con su ida a Medellín en 2013 para estudiar Comunicación Audiovisual. Allí el azar se encargó de ponerla sobre un escenario para que cantara por primera vez ante un teatro lleno. Entonces las preguntas se hicieron más profundas y las posibilidades comenzaron a hacerse visibles.

A través de su cuenta de Instagram es posible entender algunas de las fuerzas que impulsan su vida y su música.

“Ya en Medellín fue diferente, fue como ‘mira, acá hay una oportunidad, acá hay otra’. Fui formando lo que yo llamo una familia porque ese es mi equipo, mi banda”, señala. “De hecho, vivimos juntos”.

En ese proceso terminó trabajando con el guitarrista y productor Alexander Zapata (The Magic One). Él empezaba a producir sus primeras cosas y ella comenzaba a generar la materia prima necesaria para publicar algo. Hicieron un EP titulado Ciclos y no tenían la intención de sacarlo, pero entonces conocieron las plataformas digitales de distribución. En los primeros seis meses no pasó prácticamente nada. No se afanaron porque entendían que estaban apenas empezando un proceso y configurando un equipo de trabajo.

“He tenido que romper cadenas en tus juegos / Rodear a mis problemas, platicarle a mis miedos”, canta en Juegos, la primera canción de Ciclos. “Cuida tus fichas a la hora de jugar / Pensá muy bien antes de cualquier paso dar”.

Diego Londoño, periodista de El Colombiano incluyó el EP en el listado que publicó con los mejores discos de 2016. Junto a Mabiland aparecían Kraken, Diamante Eléctrico, Systema Solar, Revólver Plateado y Edson Velandia, entre otros.

El tiempo pasó y ella finalmente le dijo a Álex, “yo quiero hacer un álbum, tengo unas canciones, voy a definir realmente una investigación seria de lo que quiero contar”. Esa idea apuntaba, de forma tremendamente ambiciosa, al descubrimiento personal de la propia Mabely: “la investigación se trataba de mí, entonces creo que fue mucho más difícil porque empieza desde por qué actúas de cierta manera, por qué tu mamá y tu papá se juntaron, por qué actúas como él o como ella en ciertos momentos. Por qué me costaba entender muchas cosas de mi relación con Quibdó, que era una relación de amor y odio, porque es mi raíz, es mi ciudad y la quiero, pero también me cuesta mucho entender ciertas problemáticas y maneras de funcionar de la ciudad. Entender Medellín desde la perspectiva de alguien que llega de una ciudad donde no tenemos un cine, no tenemos un teatro, no hay oportunidades para la música”. Todo eso era lo que buscaba cuando empezó a trabajar en lo que se convertiría en 1995, un disco titulado así por el año de nacimiento de la cantante.

COMIÉNDOSE LA TARIMA Durante su presentación en el pasado Festival Centro se quejó con vehemencia porque muchos de sus fanáticos no lograron comprar entradas para el show. Cortesía prensa Mabiland
COMIÉNDOSE LA TARIMA Durante su presentación en el pasado Festival Centro se quejó con vehemencia porque muchos de sus fanáticos no lograron comprar entradas para el show. Cortesía prensa Mabiland


Lo más complicado de ese proceso creativo tuvo que ver con la necesidad de ponerse ante un espejo. Si con su ciudad tenía una relación de amor y odio, lo mismo le pasaba consigo misma. “Cuando ya tuve todos esos momentos, toda esa condensación de ideas… cuando ya hice eso, empecé a buscar referencias, le empecé a mandar a la banda referencias de música”. Estas iban desde Ella Fitzgerald hasta trap y raperos de los noventa.

El Instagram de Mabiland refleja –como es apenas lógico– todos sus gustos, admiraciones e influencias. Allí aparece gente como Mac Miller, Rihanna (“Mi artista favorita de esta época”), Donald Glover, Amy Winehouse, 2Pac, Jean-Michel Basquiat, Kendrick Lamar, J. Cole, Aretha Franklin o Chester Bennington. Hay, además, guiños a Alcolirykoz (con su portada en ROLLING STONE en 2017), LosPetitFellas, y varias apariciones junto a Goyo y Chocquibtown.

La grabación de 1995 se financió con los fondos de una beca y con un dinero que los padres de Mabely le tenían guardado desde sus quince años, cuando ella no quiso que se le hiciera una gran fiesta. Ella se negó a grabar el disco en un estudio, y se empeñó en que se hiciera fuera del estudio. “Les dije ‘quiero grabar como se grababa antes, que se llevaban toda la parte técnica a alguna finca, a alguna casa’. Entonces encontramos una finca en Guarne, y allá adaptamos todo; recuerdo que en un cuarto había colchones para grabar las voces”. Entre octubre y noviembre de 2017 el álbum ya estaba listo y luego lanzaron Cuánto más, el primer sencillo. La cosa empezó a recibir visibilidad y apareció la figura de Juan Daniel, el mánager que se sumó para ayudar a darle una visión al proyecto.

ESMIRNA Y MABELY Su madre le permitió conocer todo un mundo de música que sería determinante en su futura carrera. Cortesía prensa Mabiland
ESMIRNA Y MABELY Su madre le permitió conocer todo un mundo de música que sería determinante en su futura carrera. Cortesía prensa Mabiland


Mabiland diseñó la portada del disco, y la propuesta estética empezó a tomar forma en cuanto a lo visual. El álbum se lanzó en la primera semana de febrero, y pocos días después empezaron a ver la respuesta de los medios, que querían conocer a la dueña de semejante voz. “El álbum se estaba volviendo viral, pero súper underground”, recuerda. “No es que le hubiéramos apostado económicamente para publicitarlo, era la gente”. El dinero se había acabado, y el proceso que se había empezado sin mayores expectativas [“Todo el mundo te dice que la industria de la música es una basura”] estaba dando los primeros frutos.

Los bares y pequeños festivales empezaron a llamar, y solo en Bogotá tuvieron la oportunidad de presentarse más de 10 veces. La crítica fue muy benévola con 1995, y al final de 2018 aparecía en muchos medios como uno de los grandes discos nacionales del año.

Todo eso representó un impulso enorme para un proyecto que estaba siendo reconocido por el público, la prensa y muchos artistas que empezaron a buscarla para hacer colaboraciones. Comenzaron a llegar los que ella llama “halagos excesivos”, y algunas disqueras empezaron a hacer propuestas. Ahora la humildad cede un poco de terreno y dice: “El día que firme tiene que ser porque tengo un contrato tan hijueputa que todo el mundo va a hablar de eso, porque no me sirve entrar a una disquera a ser una artista más a la que van a tener esperando. En el momento en que entre a una disquera va a ser para entrar fuerte, a que ellos me sumen, y a sumarles a ellos”.

Siente que ya ha hecho mucho como independiente, y cree que ha llegado el momento de tomar una decisión al respecto. Va a necesitar mucha suerte para salir bien librada en las grandes salas de juntas; la espera una jungla más espesa que las del Chocó.

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Los festivales en que participa un artista se han convertido en un complicado indicador que hoy tienen los medios y promotores para calcular la relevancia de los artistas; en ese aspecto Mabiland también ha salido victoriosa. Su recorrido ha sido más sólido y convincente que el de la gran mayoría; al momento de esta publicación ya se había presentado en Hermoso Ruido, Festival Centro, South By Southwest, Vive Latino, Estéreo Picnic, y pronto se posará la cereza sobre el pastel: Glastonbury, en Inglaterra.

Sin embargo, no todo sale como debería, y su reciente paso por South By Southwest no fue del todo placentero: “Ayer en el show sucedió algo atípico. Nunca en todo el tiempo que llevo haciendo música/shows en vivo me pasó algo así. Lo que parecía un amistoso salto de un colega a la tarima, terminó en un desagradable suceso, donde fui arrojada de manera violenta al otro lado de la tarima y mi integridad física se vio afectada. Como siempre, sea cual sea la circunstancia terminé el show (pero no lo recuerdo). Minutos después entré en shock, y sufrí un ataque nervioso.

Fotografía por David Rugeles tomada con HUAWEI P30 Pro.
Fotografía por David Rugeles tomada con HUAWEI P30 Pro.


Fui revisada, y afortunadamente no pasó a mayores o hasta el momento no hay signos de ello. A todos los que han preguntado muchas gracias por el amor y atención. Ya las autoridades de Austin, la organización del @sxsw se encargaron del asunto. Esto es algo que no debe pasar de ninguna manera, ni un hombre atacar a una mujer como fue en este caso, ni de manera contraria. De corazón espero que el equipo de trabajo de este artista sepa ayudarlo con lo que sea que pasó con él. Que sea la música la que brille. Buen día para todos”. Ese fue su post en Instagram para el 16 de marzo y, al hablar con ella durante el Estéreo Picnic, aseguraba que si hubiera seguido los procedimientos indicados, habría tenido que hacerse una revisión médica formal y poner un denuncio en contra de HOMIE! (@yosoyhomie), el artista responsable de los hechos, pero esto habría impedido su viaje al día siguiente a México, donde se presentaba en Vive Latino. “Al chico, tengo entendido que, lo llevaron a una comisaría allá… yo espero que, de verdad, el equipo del man mire qué fue lo que pasó con él, lo revisen y lo ayuden”, indicó. “Es un punto negro, un punto triste en este capítulo, pero estar en Austin fue increíble”.

En medio de tantas cosas buenas, alguna cosa mala tenía que pasar. Porque no hay un equilibrio perfecto. Y eso se refleja claramente en los conciertos de Mabiland, en sus canciones que hablan de amores intensos, dolorosos, desgarrados y llenos de ardor. El amor que se vive cuando aún falta tiempo para llegar a los 25, cuando puedes darte el lujo de sufrir profundamente por las consecuencias del amor tergiversado y puesto a prueba. “En algún momento estoy muy bien, pero resulta que nada está bien”, reflexiona. “Cuando yo creo que todo está mal, la otra persona cree que todo está bien. A veces no estás en la misma sintonía de la otra persona, y eso genera muchos choques y muchos puntos de quiebre. Creo que eso es lo que he tratado de plasmar… creo que siempre está más mal que bien, pero cuando está bien, está lindo…”.

“Hay cosas que antes no podía tener, cosas tan simples como estas. Yo no pude ver a Amy o a 2Pac, siempre voy a tener esa tusa, pero mi San Valentín me dio estos regalitos…”, dice el post en el que Mabiland aparece con los vinilos de All Eyez On Me y Back To Black. El amor regala discos. “El amor nació libre, y esa libertad se siente plena estando con vos”, dice otra de sus publicaciones.

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Pero el amor no se siente solo por las personas, se siente por la tierra, y de nuestra tierra brotan dolores inimaginables. En las visuales de sus shows, Mabiland utiliza imágenes de líderes sociales asesinados, y muestra las aterradoras cifras de este solapado exterminio. “Estamos en un país donde olvidar es lo peor que podemos hacer”, dice. “Cuando estaba en el colegio me tocaron toques de queda, me tocó saber que un líder social -que me había dado clases en el barrio- ya no estaba porque en Colombia funcionan las cosas así”. Para ella el artista tiene el deber de ofrecer un punto de vista sociopolítico, aclara que no hace parte de ningún partido, pero le interesa que su público no olvide lo que ocurre en la tierra que ella ama. “Hablar de amor también es eso, es tener piedad y un poquito de conciencia con lo que está pasando. Siento que es importante que yo hable de eso, siento que hago parte de una generación que no puede dejar que las cosas se olviden… Esa falta de amor nos está generando esto. Esa falta de respeto por el otro, por la diferencia está generando esto. Creo que Colombia necesita artistas que hablen y se pronuncien, no que sean cómodos, que toquen, les paguen y vivan su vida tranquila…”.

Amén.

Todos los colombianos nos sentimos con derecho a opinar sobre lo que pasa en el Chocó, sobre las razones por las que el hambre y la pobreza arrasan una de las zonas más ricas del país, sobre los intereses que hay detrás de los grupos armados que se disputan el territorio, sobre la corrupción, el narcotráfico y la minería legal o ilegal. Todos creemos que (por tener un Smartphone en la mano) sabemos lo suficiente como para hablar del tráfico ilegal de migrantes, del abandono estatal, las inundaciones y los niños que mueren por causas absurdas. Todos nos creemos con conocimiento de causa y autoridad moral para hablar de una región que solo recordamos cuando nos conviene. “Yo creo que la falta de educación es la madre de todo”, dice Mabiland. “Cuando tienes un pueblo rico en fauna y flora, y no lo educas para cuidar y trabajar esa tierra, la gente no va a saber elegir. Yo creo que clase política no hay, todo el mundo está yendo por lo suyo, y son muy poquitos los que están interesados en cambiar las cosas”. Las cifras más recientes del DANE indican que Quibdó tiene la tasa de desempleo más alta del país, con 21,6 %, y la opinión pública nacional vive más pendiente de Venezuela que del sufrimiento de regiones como el Pacífico y la Guajira.

Fotografía por David Rugeles tomada con HUAWEI P30 Pro.
Fotografía por David Rugeles tomada con HUAWEI P30 Pro.


“Corruptos hay en toda Colombia. Yo creo que el estado ha sido desentendido, incluso racista con el asunto porque ‘casualmente’ solo pasan estas cosas de esa envergadura en la Guajira, en el Chocó y en el Amazonas. ¿El problema es simplemente que la gente vota mal, o al Estado no le interesan las minorías?”. Es evidente que el tema la apasiona y le duele, ha sido testigo de primera mano de nuestros prejuicios y perversiones como nación racista, clasista, machista y homofóbica.

“Colombia es un país que tiene 20 o 30 países en sí, y nunca ha entendido que deberíamos ser uno”. Amén, otra vez.

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“Me ha tocado montarme a un bus, y hay gente que no se sienta a mi lado porque estoy yo y mi color, son cosas que me han pasado, y tengo dos opciones: cedo ante el miedo y la impotencia que eso genera, o lucho contra eso tratando de aportar y decir ‘yo también pasé por eso’, y abrir un espacio para que otros se atrevan a hablar. Es difícil, hay días en que uno no sabe si llora o se rinde…”.

Fuera del escenario su voz no es el río que inunda las tarimas, pero está llena de las verdades que ha aprendido, de experiencias que evidentemente aún no son suficientes. Su voz es la de una chica de veintipocos que está viviendo algo que jamás imaginó, algo que por momentos llega a superarla y la obliga a tener los pies en el suelo.

Esa voz atormentada, capaz de mezclar el dolor más desgarrador con el placer más dulce, ha conquistado muchísimos oídos, y aún tiene mucho por aprender. Mabely, la hija de Esmirna, lo sabe con certeza, con la misma certeza que en septiembre de 2016 posteó esto en su Instagram: “He estado averiguando, y en todas las religiones me voy al infierno”.

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