Miguel Mateos: del 88 al 2018

ROLLING STONE habló con el legendario rockero argentino para recordar el Concierto de Conciertos que se realizó hace 30 años en Bogotá y repasar la historia de Solos en América, un álbum con el que muchas cosas cambiaron

POR RICARDO DURÁN | 12 Oct de 2018

<p>​Fotografía por María Camila Carrasco</p>

​Fotografía por María Camila Carrasco


Al amanecer del 18 de septiembre de 1988 Bogotá vio salir al escenario de El Campín a Miguel Mateos. Llevaba una chaqueta de cuero y una Fender negra, estaba rodeado por una banda de lujo y abría su presentación con Solo una noche más. Esa canción había aparecido tres años atrás en Rockas vivas, un álbum en vivo que vendió más de medio millón de copias para convertirse en el disco de rock más vendido en Argentina hasta que fue desbancado por El amor después del amor, de Fito Páez, en 1992.

Horas antes de su salida a la tarima, El Campín había estado a reventar (hay quienes hablan de 60,000 boletas vendidas) durante las actuaciones de Los Prisioneros y Toreros Muertos*. Sin embargo, para el show de Mateos, que empezaba con unas cinco horas de retraso, quedaban apenas unas diez mil personas que lo acompañaron a ver salir el sol mientras él ofrecía el espectáculo más potente y furioso del Concierto de Conciertos.

Teóricamente no era la mejor forma de presentarse por primera vez ante el público colombiano, pero las circunstancias no dieron otra alternativa; en esa madrugada Mateos no llamó a la puerta, la rompió de una patada. Su grito de “¿Qué es lo que quieren? ¡Carajo!”, pasó a la historia junto al “Bogotá, del putas Bogotá”, de Elsa Riveros, cantante de Pasaporte.

A partir de ese día, Miguel Mateos fue visitante asiduo de nuestros coliseos y teatros, que llenaba con facilidad. Sus canciones se metían constantemente en los listados de las emisoras juveniles y en las de baladas, solo era comparable con Soda Stereo porque su trabajo fue más consistente que el de muchos colegas; algunos se mostraban erráticos en su producción discográfica, y otros no habían aterrizado con firmeza en Colombia.

Aunque Llámame si me necesitas terminó convertido en jingle para telefonía celular, y Obsesión (“mi canción más frívola”) sigue sonando en muchas fiestas de cuarentones, hoy algunos parecen haberlo olvidado, y varias generaciones no conocen su música. Algo pasó en los años 90, esas cosas misteriosas de la industria y sus modas, y dejó de aparecer en los medios masivos, aunque siguió sacando discos.

De cualquier modo, muchas de sus canciones marcaron a una generación que sigue fiel; el olvido es relativo, y no está muerto quien pelea. La prueba irrefutable se vio el pasado 11 de agosto (día en el que se dio esta conversación), cuando Mateos llenó el Teatro Colsubsidio, agotando la boletería con dos semanas de anticipación. Durante ese show nadie se preguntó qué iba a ser cuando grande (treinta años es un montón de tiempo), pero sí hubo mil personas dispuestas a agradecerle a este hombre por haber estado allí cuando más lo necesitaron.

Empecemos por hablar de 1988, tal vez la primera vez que usted vino a Colombia fue para el Concierto de Conciertos, ¿cómo recuerda ese evento, en el que tuvo que tocar ya al amanecer?

Sí, fue un evento que ha quedado en la historia de la música latina, algo no esperado para mí. Me recordaban recién que eran épocas convulsionadas para Colombia. Algún representante mío de aquella época me había dicho, “¿Te parece, Miguel?, no sé...”. A mí me parecía que era bueno, soy muy cabeza dura, y dije “Sí, vamos, es un evento importante, grande”. No era un evento específicamente de rock, había varios géneros, había otros artistas de distintos géneros. ¿Vos asististe?

Sí, tenía 14 años.

Mirá vos.

En el cartel estaba José Feliciano…

Exacto, extraordinario artista, por eso, era multigénero, digamos. Estaba en ciernes toda esta gran movida cultural del “Rock en tu Idioma”, que se generó en México e hizo reflotar y salir del underground a artistas colombianos, chilenos, argentinos, mexicanos…

Fue el inicio, digamos, de una relación maravillosa con este país. Yo tenía que tocar a medianoche, y toqué a las cinco de la mañana; me dormí en el backstage porque no daba más, me hice una siesta ahí. Y me despertaron: “Che, Miguel, salí”. Cuando salí estaba amaneciendo y de lo que yo había visto en el Campín, que había 50 mil personas, habían quedado apenas diez mil “acólitos” a los cuales yo me entregué en una ofrenda; “¡Si esta gente esperó lo que esperó!”.

El concierto fue memorable, el concierto trasciende las fronteras de Colombia. Me encuentro colombianos en Chicago, en Miami, en Los Ángeles, en México, en Perú, en Buenos Aires ahora hay una gran cantidad de compatriotas. De hecho, el médico que atiende a mi padre es colombiano. Mi padre no está muy bien de salud, está internado, y uno de los médicos de cabecera es compatriota tuyo, un chico maravilloso. Así que, ¿qué me une a Colombia desde ese momento hasta acá? El rock & roll. Salir a tocar a las cinco de la mañana en esas circunstancias, ¿más rock & roll que eso?

En esa época, hablando del estallido que tuvo el rock en español, los medios colombianos aseguraban que eso tenía mucho que ver con lo ocurrido durante la Guerra de las Malvinas y la prohibición de difundir música anglosajona con las radios argentinas, ¿qué tanta razón le da usted a ese planteamiento?

No, el rock argentino va más allá de las Malvinas, va más allá de las dictaduras, tiene más de 50 años. Al contrario, es el momento, el lugar, las circunstancias… de repente a mí me entregaron una bandera: “Tomá, salí adelante, que te van a seguir”. Y yo digo, “¿Quién?” [Risas]. Atrás, en el momento, no había nadie, boludo. Pero lo hicimos y se gestó una movida cultural trascendente, irrepetible, que generó una artística maravillosa a lo largo y ancho de Latinoamérica, me siento muy honrado de haber participado.

El Concierto de Conciertos fue uno de los hitos de toda esa movida, ¿no? Tal vez tocar mi primer concierto en los EE. UU. fue otra, el primer concierto de rock en español en los EE. UU. fue mío también, al poco tiempo, en el Palace de Hollywood, en Los Ángeles. Pero el Concierto de Conciertos es una cosa inexplicable, es una suerte de Woodstock Latino. Yo me encontré con colombianos en el Louvre que me decían, “¡Miguel, yo estuve!”. No sé, si hubieran estado todos, hubiera visto a 200 mil personas [Risas]. Todos estuvieron, los que me encontré en el Louvre, los que me encuentro en Buenos Aires, los que me encuentro en Santiago de Chile, ¿qué sé yo?... Mirá lo que es la leyenda, cuando no existe, hay que hacerla, es una leyenda.

Para 1988 usted venía con su álbum Atado a un sentimiento, de 1987, pero antes ya se había abierto un poco el camino, usted empezó a sonar acá con Solos en América. Ese es un disco que tiene por lo menos cuatro clásicos del rock iberoamericano: Llámame, si me necesitas, Cuando seas grande, Es tan fácil romper un corazón y Mi sombra en la pared. La gente no parece muy consciente de eso, pero debo recordarle que yo soy uno de sus acólitos… ¿cómo recuerda usted el proceso creativo de ese álbum?

Después de Rockas vivas, y con un dinero que habíamos juntado porque fue un éxito muy importante en mi país, yo me dije “bueno, vamos a conquistar el mundo” [Risas]. ¿Cuántos años tenía? Es decir, “vamos a dar a conocer lo que hacemos”. Lo que hace un tipo como yo, cuya mamá es profesora de piano de una escuela pública, ahora está jubilada. Pero mi vieja es la que me sentó al piano. A mostrar lo que escribía en un barrio de clase media-baja en Buenos Aires cuando se junta con otros cuatro chicos, uno de ellos es mi hermano, Alejandro Mateos.

Fotografá por Rodrigo Torrijos
Fotografá por Rodrigo Torrijos


Y con ese primer gran éxito decimos, “bueno, vamos a grabarlo a La Meca, en donde hacen los discos que escuchamos nosotros, y decimos ‘Wow, como suena esto, mirá boludo, como suena el tambor, la voz del cantante, los coros, qué bien mezclado que está, boludo, vamos allá...’”.

Fuimos y nos encerramos en uno de estos moteles de cuarta de Los Ángeles, que aparecen tanto en las películas, en dos habitaciones muy paupérrimas, obviamente. Ni siquiera tengo ganas de recordar, mirá, las condiciones en las que estábamos. Pero conseguimos hacer un disco en Los Ángeles.

Yo había hecho un periodo de preproducción en Buenos Aires con Alejo y con Cachorro López, que es hoy un productor exitoso, y en aquel momento formaba parte de lo que fue Miguel Mateos/Zas. Llevábamos como una maquetita en un casetito de mierda y allá trabajamos durante 21 días.

Son nueve canciones las del disco, es una cosa medio rara. Y después hicimos como dos remixes, en aquel momento… fuimos de los primeros en hacer remixes. Bajo ningún punto de vista pensamos ni imaginamos lo que estábamos haciendo… al volver a ese mugriento hotel después de cada sesión de grabación, estábamos haciendo un disco que iba a tener semejante trascendencia.

Como ha pasado históricamente con muchos discos, que no sabían, no lo podíamos entrever, pero estábamos haciendo historia. Así que, esos cinco muchachitos que estaban ahí, vírgenes [Risas], se encuentran con el panorama de lo que era el Hollywood del 85, 86, y se genera Solos en América.

En principios llego con ese disco a México, no nos conocía nadie, y nos proponen un primer concierto en un lugar de mil personas… bueno, fueron tres mil y quedaron mil afuera. El lugar estaba atestado, tocamos con Caifanes y grupos importantes de la escena, pero eran underground, ¿me entendés? Tal cual yo, yo venía como un argentinito que traía una canción. Esto parece una cosa fácil, pero la radio mexicana no nos tocaba. En Argentina había ya una historia de rock, había radios dedicadas, pero, en México pensaban, “esto es un mes, es una moda de un mes y va a pasar”.

Aparte, con una batería tan fuerte, y el mono gritando sobre la libertad y la consigna… no les gustaba. Todo lo demás es historia.

¿Cómo fue la respuesta de Argentina a Solos en América? Usted venía de Rockas vivas, uno de los discos más vendidos del rock argentino.

Fue dispar. En principio no se entendió ese disco en mi país, y yo me enojé mucho porque en definitiva es la visión de un argentino de clase media-baja que veía al mundo, no solamente a la Argentina, ahora empezaba a ver el mundo. Dicen “pinta tu aldea y pintás el mundo”, pero con mi background tanguero, de porteño… mi madre me hizo estudiar en conservatorio, siendo un músico de rock… me parecía que empezábamos a ver el mundo. Tardaron en darse cuenta; me costó, me costó hasta críticas. “¿Para qué se va allá?, si grabó todos los discos acá, en el barrio…”. Tardaron años en darse cuenta. De todas formas, yo tenía una gran fanaticada, y el público, de alguna manera, me siguió respondiendo. Pero bueno…

Vamos a Solos en América, la canción, ¿qué tanta carga política y social hubo en la composición de ese tema?

Yo terminé esa letra en Los Ángeles, era la primera vez que veía a la Argentina desde afuera. Yo no había salido mucho del país, había ido un poco a Uruguay y creo que a una playa de Brasil, cerca del sur. Era ver la Argentina desde los Estados Unidos, ver a Latinoamérica hace 30 años. Hoy es diferente el asunto, pero en aquel momento era un patio totalmente desunido, con identidades diversas, y no nos dábamos cuenta de que hay muchas cosas que nos ponen en común. Eso es Solos en América.

Se lo pregunto porque hay una historiadora colombiana muy importante, se llama Diana Uribe, y tiene un espacio de radio que ya hace parte de nuestra cultura popular; ella hizo un programa sobre el rock argentino en la guerra de Las Malvinas y dijo que Solos en América era usted diciendo que América había dejado sola a la Argentina durante la guerra de las Malvinas, que esa era su mirada, ¿no tiene nada que ver con eso?

Mirá, no voy a develar demasiadas cosas sobre las canciones porque ese es el maravilloso misterio. Vos tenés una vivencia que nadie tiene, y si yo te digo que Atado a un sentimiento es “esto”, me vas a decir “No, vos sos un pelotudo, no puede ser así”, ¿y qué hago yo para eso? ¿Qué sentido tiene que te diga eso?

Sería una cosa un poco tendenciosa de mi parte decir algo así. Me sigo maravillando con las interpretaciones y las reinterpretaciones de las canciones. Mirá el contenido de esa canción, que hoy día, 30 años después, se sigue viendo por una historiadora que toma un tema para hacer un soliloquio, un manifiesto… me siento honrado realmente, ¿qué puedo decir?

A mediados de los ochenta se fue a EE.UU. a grabar Solos en América. Aparentemente muchos le dieron la espalda por eso, a pesar de que ya Charly García lo había hecho para Clics Modernos, y luego Soda Stereo lo hizo al producir Doble Vida.

Sí, lo escribí desde Los Ángeles, en el año 86, fue una de las últimas letras que terminé en el estudio, porque lo último que escribo son las letras. Así que es una gran visión, me voy a permitir felicitarla y agradecerle. Así que si sos tan amable, hacele llegar mi salutación.

Siempre tuve la percepción de que una buena parte del público o de la prensa argentina le cobró por haberse ido a grabar a EE. UU., y más adelante le siguió cobrando por trabajar con músicos de allá en un disco como Kriptonita

Parece mentira… es un poco así.

¿Usted siente que fue así?

Sí, pero después me siguieron otros. Después, vino atrás Soda Stereo también, y otros y otros. Después los grandes artistas también empezaron a mirar a Colombia, a Chile, a México… ¿entendés? Esto es música, no jodamos, muchachos. Mi obra me representa, siempre vas a encontrar algo que diga “puta, este flaco está viendo algo que yo no veo, o que vi pero no lo supe”. Y en mis distintos discos lo que hice fue tirarme a la pileta, podía haber repetido fórmulas, pero me sigo hoy tirando a la pileta como un marrano, ¿viste? Vivo afrontando desafíos y toda mi vida ha sido igual, así que nunca me interesó eso. Soy muy agradecido con los fans de toda América, yo sigo haciendo cada dos años giras desde Chicago a Ushuaia.

Esa época de Atado a un sentimiento, no solo para el álbum, sino también en la gira, su banda era como un dream team; estaba Didi Gutman en los teclados, que ahora tiene a Brazilian Girls, tenía en el bajo a Cachorro López (que ha trabajado con Caifanes, Julieta Venegas, Vicentico, Andrés Calamaro, El Cuarteto de Nos), y la guitarra de Ulises Butrón, que hizo Tango Feroz y estuvo junto a Spinetta y Fito Páez.

Sí, antes estaba El Negro García López, que en paz descanse. Un extraordinario guitarrista de rock & roll, no lo olvides.

Cuando usted empezó a venir a Colombia estaba Ulises, El Negro vino luego con Charly en 1989, para la época de Cómo conseguir chicas

Claro, pero él empezó con La Torre, hizo Solos en América, ese es El Negro.

Sí, efectivamente… siempre me supe rodear de buenos músicos y son grandes amigos hoy, salvo alguna que otra disquisición, como en toda banda importante. Cachorro acaba de tocar con nosotros en los conciertos que dimos en Buenos Aires. El Negrito falleció, y a Didi hace tiempo que no lo veo. Julio Lala, que fue el tecladista, que venía de Zas, falleció también. Así es el rock, hermano… estamos todavía acá.

¿Alguna vez ha grabado sin Alejandro?

No, ayer nos cargaban, “¿Cómo les va a los Gallagher del tercer mundo?”. Aunque los Gallagher se separan y se odian y se tiran botellazos entre sí. Nosotros somos hermanos, nos queremos mucho, y aparte Alejo tiene una oreja… es baterista, los bateristas no tienen buena oreja [Risas], esto no lo pongas porque me van a odiar. Sobre todo el de Rush [Neil Peart], yo soy fanático de Rush, ese es un gran baterista. Pero Alejo tiene una oreja fundamental, y fuera de lo que es la relación de hermanos, es una relación profesional muy fuerte que sigue vigente.

Después vinieron los 90 y toda esa movida del rock latinoamericano fue aún más fuerte gracias a MTV Latino, pero en ese MTV Latino sus acólitos lo echamos de menos.

Sí, yo los 90 los inicié con un disco rarísimo, uno de mis más grandes éxitos, que es Obsesión. Si vos ves el disco, ese fue mi último video, creo. Después no, odiaba el hacer videos, odio hacer videos. Pero era así, era MTV, había que poner la cara. Después vivo en Estados Unidos y tengo algunos inconvenientes, fui a aprender. En el 89 me fui a Los Ángeles con mi familia, estuve hasta el 94 y allá hice Kriptonita, mi disco favorito.

Ni siquiera eso lo llevó a MTV Latino, ¿por qué?

Porque es rock & roll, porque es rock & roll. Porque estoy vivo… muchos de mis colegas, muy talentosos, no lo están, o están en condiciones que no… lamentablemente, ¿no?

Sigo teniendo esta pasión de escritor, de compositor, sigo escuchando. Si ves mi playlist, va desde Van der Graaf Generator, pasando por Emerson, Lake & Palmer, por Frank Zappa, hasta The Police. Siempre fui igual, hasta en el más grande éxito masivo y de ventas, hasta en los momentos en que tuve casi cuatro o cinco años desaparecido, dedicándome a leer, a estudiar… soy así.

Por internet circula un concierto suyo de 2006 en el Teatro Ópera en el que toca sus clásicos mezclados con canciones de Bowie, Springsteen, The Cure, Duran Duran, Tears For Fears…

Hice un gran tributo. También fui criticado por eso; después lo empezaron a hacer otros, y sí, es un tributo a mi formación. Fue hermoso ese concierto. Lo tengo grabado y me lo han pedido para editar.

Sí, yo lo tengo por ahí...

¿Lo tenés vos? ¡Ahora todo es pirata! [Risas] Pero yo lo tengo inclusive para mezclar bien, fue buenísimo.

Cuando uno oye ese concierto siente una valoración muy especial de su parte hacia los 80, ¿qué tenía esa música que la hacía tan especial?

Parece mentira que esa música haya sido de alguna manera no bien preciada. Pero ha sido tan rica en canciones, en atmósferas y en contenidos. Message in a Bottle, por ejemplo, ¿es una canción comercial? ¡Sí, la puta madre que lo es! Pero mira la metáfora, es una genialidad. Dancing in the Dark de Springsteen, parece un “rockito”, pero mirá la vuelta, dejemos de lado la parte musical, la melodía que es sensacional…

Magia en vivo Aunque han pasado 30 años desde su primera vez en Colombia, todavía hay miles de fanáticos que recuerdan su música con muchísimo cariño, y asis- ten a sus emotivas presentaciones.
Magia en vivo. Aunque han pasado 30 años desde su primera vez en Colombia, todavía hay miles de fanáticos que recuerdan su música con muchísimo cariño, y asisten a sus emotivas presentaciones. ​Fotografía por María Camila Carrasco


Fue una época de canciones trascendentales. No sé qué canción hay ahora. Tengo un cúmulo de música en mi cabeza, y estoy haciendo ahora una ópera, por eso tengo mucha música clásica, entonces necesito apelar a elementos. Pero mi playlist es ese que te acabo de mencionar.

Fue una época tremendamente prolífica para todos, no solamente en el aspecto internacional, lo latinoamericano también, es cuando explota realmente y decimos, “¡Nosotros también tenemos algo que decir, carajo! [Risas] Es un género que nos viene de otro lado, este no es el tango, ni la bachata, ni el vallenato, pero tengo algo que decir, lo hago propio, lo hago con identidad”. Y bueno, se deja una huella de tanto valor que se vuelve allí. Mi hijo tiene 26 años y escucha de todo, menos reguetón, gracias a Dios.

Yo estoy un poco al tanto de lo que sucede también con su playlist, pero siempre en los 80, son canciones que son inoxidables. ¿Por qué razón? ¿Cuál es la razón? Hoy escucho a mi público, un flaco de 50 años o de 40, que tiene un hijo de 20, y los veo en los conciertos, gritando, “Voy cortando cadenas”... me resulta tan emotivo…

Creo que se dejó una huella muy difícil de superar, incluso para uno mismo. Tendría que morirme, o una cosa así, para terminar con ese asunto. Pero no, amo la vida, amo lo que hago; creo que soy mucho mejor ahora de lo que era; me he perfeccionado en lo que hago. Soy mejor cantante, mejor pianista, mejor showman, mejor performer. Creo que he aprendido, y me siento simplemente un buen alumno, digamos, en todo esto.

Los 90, ¿qué sé yo?, me quedo hasta Nevermind, para decirlo de alguna manera del punto de vista de rock, como disco de canciones.

¿Cómo es su relación con el rock argentino, con sus colegas?

Fabulosa, buena. Yo soy muy low profile, toda la vida lo he sido. Soy más Leonard Cohen, The Tower of Song. Ya a esta altura, tengo un estudio, no quiero que me afecte el afuera demasiado, estoy haciendo una obra integral para una orquesta sinfónica y coro.

Mi relación siempre ha sido buena porque soy un tipo tremendamente transparente y honesto.

Ya han pasado 30 años desde el Concierto de Conciertos, pero esta noche regresa a un escenario en Bogotá, y tiene la boletaría agotada.

Sí, me dicen que hubiéramos hecho un par más, pero lamentablemente por cuestiones de agenda no fue posible, yo estoy grabando Undotrecua, mi nuevo álbum, que es muy especial. Salió muy rápido esto, y también dije que sí.

Agradezco al público colombiano, sé que es un amor inquebrantable. Un respeto y un cariño en toda la república, en todo el territorio colombiano, no solo en Bogotá; me ha tocado ir a Cali, a Medellín, y a lugares menos conocidos, la verdadera Colombia, el verdadero corazón, y siempre he recibido nada más que afecto, cariño y respeto.

*El cartel completo del Concierto de Conciertos estuvo conformado por Compañía Ilimitada, Pasaporte, Océano, Timbiriche, Franco de Vita, Yordano, José Feliciano, Los Prisiones, Los Toreros Muertos y Miguel Mateos.

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