Orlando Duque en el borde

Haciendo gala de pragmatismo, humildad y perseverancia, uno de los deportistas colombianos más impresionantes de los últimos tiempos revisa su historia y reflexiona en torno al riesgo, la edad y la vida en las alturas

POR RICARDO DURÁN | 07 Oct de 2019

<p>En Croacia, en el “Ojo del Dragón” de Rogoznica. <b><i>FABIO PARRA</i></b></p>

En Croacia, en el “Ojo del Dragón” de Rogoznica. FABIO PARRA


Acá está la medallita de oro pa´ Colombia”, dijo Orlando Duque en un video que grabó poco después de ganar el Campeonato Mundial de Clavados de Altura el 10 de mayo en Cozumel, México. Era el Día de la Madre, y doña Jael debió sentirse muy orgullosa. Por enésima vez.

Duque dedicó la medalla a un país que solo se fijó en él cuando ya había sido campeón al menos siete veces. Es un deportista que ha llegado lejísimos a pesar de la falta de apoyo por parte de quienes sacamos pecho cada vez que el vallecaucano se sube a un nuevo podio y nos hace olvidar por un rato el fútbol que invade permanentemente todos los espacios de los medios masivos. Ha puesto en boca de todos un deporte del que no sabíamos absolutamente nada hasta hace pocos años.

Trece títulos mundiales y dos notables apariciones en el libro de Guinness Records (una de ellas por un rarísimo puntaje perfecto en sus clavados) deberían hacer que nuestros ojos siguieran con más frecuencia los escalofriantes saltos de Duque alrededor del mundo.

La suya es una historia llena de curiosidades, viajes y aventuras; el puesto de frutas de su madre, las huelgas quefrustraron su paso por la universidad, el servicio militar obligatorio, un circo/zoológico en Austria, lesionescomplicadas, y un palmarés tan notorio como la sencillez con la que nos atiende desde su casa en el paraíso de Hawái. Horas antes de su viaje a las costas mexicanas, que lo verían coronarse campeón por decimatercera ocasión, Rolling Stone habló con este gigante que no le teme a las alturas, a la edad o al retiro.

¿Es cierto que la primera vez que usted saltó a una piscina no sabía nadar?

Cuándo era niño me metía a la piscina, tocaba el fondo y sabía que si me empujaba, salía del agua. Eso lo sabía; yo flotaba y chapoteaba y pataleaba; la primera vez que me tiré a una piscina de clavados dije: “Yo he nadado”, pero la piscina de clavados mide 5,40 metros de profundidad… Ahora veo el fondo y sé cómo es la piscina, pero de niño me paraba en la orilla, miraba para abajo y lo único que veía era azul. “¿Será que yo sé nadar? Pues hagámosle”. Yo me tiré y dije: “Miremos a ver qué pasa”. Salí chapaleando a la orilla y me dije: “Ah, no, fresco que yo sí sé nadar”.

¿Cómo aprendió a nadar?

Eso sí… no me acuerdo. Con mi familia íbamos mucho al río cerca a donde vivía mi abuela. En el río uno va a meterse porque no es muy profundo. Siempre me acuerdo de estar en el agua pero no sé exactamente quién me enseñó a nadar. Iba con mi hermano, iba con mi mamá, iba con mis primos.
Pero que yo me acuerde que alguien
me haya dicho: “Venga, mire que es que así es como se nada”, no. Yo aprendí a chapalear, a flotar y el nadado de perrito; así nadaba.

Eso es muy típico de la gente que nace o se cría en tierra caliente, todo el mundo sabe nadar, pero nadie recuerda cómo aprendió.

Sí, exacto. Yo me iba con la familia a la piscina, al río o a lo que fuera y uno terminaba metido en el agua y ni sabía qué era lo que estaba haciendo.

YO ME TIRÉ Y DIJE: “MIREMOS A VER QUÉ PASA”. SALÍ CHAPALEANDO A LA ORILLA Y ME DIJE: “AH, NO, FRESCO QUE YO SÍ SÉ NADAR”.

Y después de su proceso de aprendizaje en la Selección de clavados del Valle del Cauca y con el equipo de las Fuerzas Armadas (cuando prestó servicio militar obligatorio), ¿nunca pensó en meterse en forma con los clavados olímpicos y seguir ese camino?

Yo diría que mis mejores años fueron por allá en los 90, cuando estaba saltando muy bien. Tuve una fractura en la mano en el 92 y ahí cambiaron un poquito las cosas. En esa época la Federación nos dio una marca mínima para clasificar supuestamente a los Olímpicos de Barcelona. Nos pusimos a entrenar y un amigo mío, César Suárez, y yo hicimos esa marca mínima. Y nosotros dijimos: “Perfecto, nos vamos a los Juegos Olímpicos”, pero para eso hay que clasificar en otras competencias y a nosotros nunca nos habían llevado. Me imagino que en la Federación pensaron que nadie iba a hacer este puntaje, y lo terminamos haciendo nosotros dos. Nos dijeron: “Cupos para Colombia en clavados no hay, ni siquiera sabían que ustedes existían”. No contaban con que íbamos a estar ahí, entonces nos cancelaron eso. Eso fue lo que hice antes de moverme a los clavados de altura. Yo competí con la selección Colombia, gané medallas en suramericanos, en centroamericanos, luego en los juegos del Pacífico.

Hoy en día tenemos un equipo olímpico ya más establecido, una selección Colombia más fuerte, que viaja constantemente. En este momento están en Londres compitiendo en la serie mundial. En ese tiempo eso no existía. Ahora están en todo ese proceso olímpico para Río; saben que hay clavadistas colombianos, si clasifica alguno, ahí está el cupo. En el tiempo que yo saltaba en Colombia era casi que a nivel local únicamente.

El cielo es el límite, y Orlando Duque sabe volar. FABIO PARRA
El cielo es el límite, y Orlando Duque sabe volar. FABIO PARRA


Cuando se fue para Europa, ¿lo hizo por la oportunidad de ir a trabajar a Austria o por otras razones?

Yo estaba varado. Estaba estudiando en la Universidad del Valle, universidad pública, estudiando ingeniería. Estábamos en paro, en ese tiempo la universidad estaba muy emproblemada. No sé si todavía sigue así, espero que no. Nos demorábamos muchísimo en avanzar un semestre. Yo seguía haciendo clavados en el tiempito que me quedaba, por la misma razón; si no estaba estudiando y no había universidad, pues al menos hacía eso.

No estaba ganando plata ni haciendo nada, viviendo en la casa de mi mamá, mantenido. Mi mamá me apoyaba con todo, pero uno se empieza a dar cuenta de que así no se puede.

Y con la universidad en paro, sin plata para pagar una privada; había que buscar algo. Me salió una oferta para ir a trabajar a Austria. A un amigo mío estaba trabajando allá, y le dijeron que necesitaban un clavadista, entonces dijo: “Yo conozco un colombiano muy bueno, si les interesa”. Me mandaron un contrato por tres años y yo dije: “Vámonos a ver qué pasa, al menos voy a ganar un dinerito afuera. Vuelvo con ese dinero a ver qué hago, terminar la universidad o lo que sea”. Era más como buscar esa opción.

¿Cómo era su vida allá en Viena?

Era la primera vez que iba a Europa. Creo que era abril cuando me fui y estaba haciendo todavía muchísimo frío. Llegué a trabajar a un safari, a un zoológico básicamente, y vivíamos allá. Teníamos un área donde vivían todos los artistas, los trabajadores; y al otro lado estaban los animales. Era una cosa emocionante, era un equipo grande.

Éramos como 14 personas; había australianos, gringos, canadienses, colombianos, había un venezolano. Era chévere porque todos estábamos en el mismo cuento; todos haciendo clavados, vivíamos juntos entonces hacíamos un asado entre todos, nos comíamos una carne, nos tomábamos una cervecita.

Era difícil, sobre todo por el clima. En Austria hace frío casi 9 meses del año y 3 mesecitos de verano. Nosotros trabajábamos 7 meses y medio, entonces era bastante frío. Pero el show era muy divertido. Hacíamos 3 shows al día entre semana, 4 el fin de semana, y teníamos un día libre. Era un trabajo en el que hacía lo que me gustaba hacer.

Duque se enfrenta a las alturas en Copenhague, Dinamarca. FABIO PARRA
Duque se enfrenta a las alturas en Copenhague, Dinamarca. FABIO PARRA


Ese trabajo se le convirtió de manera involuntaria en su entrenamiento para lo que vendría después…

Sí, era el único sitio donde yo tenía la oportunidad de entrenar para saltos de altura. Nosotros saltábamos como de 22 metros de altura en ese show. Un amigo australiano y yo nos pusimos a aprender cositas durante el verano cuando se calentaba el clima y nos poníamos a entrenar, a aprender. Cuando vimos por televisión el campeonato mundial, que desde ese tiempo organizaba Red Bull, él y yo dijimos: “¡Qué va, esos clavados los podemos hacer nosotros!”. Entonces nos dedicamos a prepararnos, a entrenar mucho más, y eventualmente me invitaron en el 99 y a él lo invitaron creo que en el año 2000 a competir. De ahí para allá nos dedicamos fue a eso.

Usted ha sufrido lesiones practicando cliff diving, pero la lesión más fuerte que ha tenido ocurrió cuando saltaba en paracaídas, ¿practica otro tipo de cosas que impliquen esa clase de riesgo?

Mucho riesgo no. Lo que pasa es que después del accidente en paracaídas me tuve que calmar un poquito porque lo mío es hacer clavados. Mi deporte en sí implica mucho riesgo; para no arruinar esa carrera paré un poquito. Yo hacía paracaidismo, me gustan mucho las motos también. Cuando estuve en Austria hice un poquito de motocross. Tengo mi moto acá, me gusta andar en moto en la calle. A mí me gusta la velocidad, con un poquito de control.

Hoy en día estoy más tranquilo. Con el accidente que tuve el doctor me dijo: “Yo no sé si vas a poder volver a saltar. Que quedés caminando bien, normal, yo creo que sí. Pero no sé si podés volver a saltar”. Ahí ya entendí lo que pasó: si quiero seguir saltando me toca cuidarme. Hoy en día estoy mucho en la playa, me gusta el mar y con mi esposa nos vamos a caretear, nos vamos a hacer standup y todo eso, pero es mucho más tranquilo.

En todo ese tipo de cosas que usted hace, ¿la adrenalina se convierte en una forma de vida o en una cosa medianamente adictiva?

Sí, los clavados son muy, muy emocionantes. La competencia de pronto es muy estresante, pero cuando yo hago proyectos de clavado estilo libre, o cuando estoy saltando por ahí, es muy emocionante. Cuando se encuentra un sitio diferente para saltar, uno sabe que va a sentir esa emoción, esa adrenalina… Yo a veces salgo del agua y me tiemblan las manos de la emoción. Siento esa velocidad, siento la aceleración, el estruendo de la caída, el mismo golpe. Es casi lo que siente un boxeador; ellos están peleando y sienten los golpes y se emocionan y quieren más. Eso siento yo. Esa sensación de caer, la aceleración, se siente el viento en la cara, uno hasta escucha el zumbido en los oídos, eso es emocionante. Como que uno quiere un poquito más.

¿Cómo trabaja la parte mental de controlar el cuerpo, la disciplina y sobre todo la concentración?

Después de tanta preparación física, el cuerpo retiene ciertas cosas automáticas. Casi como caminar. Uno se para de una cama o de una silla y no tiene que decir: “Pongo un pie adelante, pongo el otro”, sino que uno sale caminando porque se le vuelve un poco automático todo. Lo mismo para nosotros. No es tan sencillo como caminar, pero las cosas se vuelven más repetitivas.

Hasta 10 metros los clavados se vuelven un poquito repetitivos, y eso fue lo que me aburrió a mí de esa parte del deporte. Ya cuando está uno a 25, 27, 30 metros de altura ya viene ese componente mental que dice: “Cuidado que se va a matar”. Es como que tú te pares de la cama caminando y llegues al balcón, ahí tu cuerpo te va a decir: “Pare de caminar que se va a caer y se va a matar”. A mí me pasa eso. Ahí es donde tengo que hacer mi preparación mental y visualizar mis clavados. En mi cabeza repito una y otra vez todos esos pasos para asegurarme. Debería ser automático porque yo sé qué es lo que tengo que hacer para el clavado, pero la mente me dice: “¡Cuidado!”. Yo sé qué tengo que hacer, aunque tenga ansiedad logro sobrepasar eso y hacer mi clavado.

Aparte de esa visualización yo hago ejercicios de respiración cuando estoy acostado o relajado. En ese momento en que la mente te dice: “Cuidado”, se te acelera la respiración, se te aceleran los latidos del corazón. Entonces yo tengo que respirar para bajar ese estrés y esa excitación, calmarme un poquito y concentrarme mejor. Es un proceso largo, no se hace de un día para otro.

VOLANDO EN YUCATÁN: A los 40 años, Orlando Duque se mantiene como campeón indiscutido de una disciplina sorprendente. FABIO PARRA
VOLANDO EN YUCATÁN: A los 40 años, Orlando Duque se mantiene como campeón indiscutido de una disciplina sorprendente. FABIO PARRA


Hay que ejercitarse para llegar a esos niveles de concentración…

Sí, yo puedo hacer toda la parte física, sentirme fuerte y sentirme bien. Si eso está desconectado, ahí no pasa nada. Hay ciertos clavados que hacen otros clavadistas y yo no los hago. Ni siquiera los veo en mi mente, ni siquiera me los imagino, mientras que yo veo mis clavados y los repito en mi cabeza cuando quiero. Yo sé exactamente qué voy a sentir, sé exactamente qué voy a ver. Entonces al momento de hacerlo puedo resumir todo eso, son una cantidad de pasos, y yo los puedo resumir en tres pasos muy fáciles para entender y hacer el clavado.

¿Y cómo maneja ese momento en el que la mente le dice: “Cuidado que se va a matar”?

Tomo un par de pasos hacia atrás y digo: “Un momentico, yo sé lo que estoy haciendo”. Ahí yo me devuelvo mentalmente a la técnica de lo que tengo que hacer en el clavado. Entonces hago un par de movimientos, como una mímica y en mi cabeza lo estoy repitiendo. Siento qué es lo que voy a hacer y ya en ese momento estoy calmado. Ya digo: “Bueno, listo, vamos”. Ahí estoy mirando el equipo de seguridad, los jueces, a quién sea y digo: “Bueno, voy para el agua”. Ya he sobrepasado esa preocupación. Ya estoy sintiendo otra cosa diferente, no está ese miedo, la mente ahora piensa: “Hagamos una buena salida para que el trabajo funcione bien”.

Uno como espectador cae en cuenta de muchas cosas cuando —después de saltar— ve que ustedes salen del agua e indican a los buzos que está todo bien, eso hace que uno piense en todo lo que implica este deporte, y todo lo que podría salir mal.

A nosotros nos preguntan que por qué salimos así (dando la señal que indica que todo está bien). Lo más complicado del salto son esos primeros metros bajo el agua. La mitad del cuerpo que está sumergida ya está desacelerando, mientras la otra mitad todavía trata de acelerar, entonces hay una compresión muy fuerte.

Debajo del agua pueden pasar muchas cosas que los que están afuera no notan. Se separan las piernas, no se puede respirar porque se golpea el estómago. Hay gente que pierde el conocimiento bajo el agua. Y como se arma una burbuja grande de aire, esa misma burbuja te saca a flotar.

Si simplemente confiaran en que el clavadista sacó la cabeza… si nosotros no salimos diciendo que todo está OK, inmediatamente los buceadores están encima. Porque se ha dado eso, sale la gente flotando y no están respondiendo, entonces de una vez hay que atenderlos. O sale uno y no puede respirar porque el diafragma se comprime contra los pulmones. Entonces uno está con la cabeza por fuera del agua pero con ese impedimento.

Por emocionante que se vean las cosas desde afuera, y por bien que se vean las cosas por fuera del agua, a veces debajo uno queda totalmente destruido. El golpe es bastante fuerte.

CUANDO ESTÁ UNO A 25, 27, 30 METROS DE ALTURA YA VIENE ESE COMPONENTE MENTAL QUE DICE: “CUIDADO QUE SE VA A MATAR”.

Ya han pasado 30 años desde su primer salto en esa piscina en Cali. Hoy ya tiene 40 años. ¿Cómo funciona el tema de la edad en el cliff diving?

En cliff diving eso es un poquito extraño. En parte porque el deporte necesita una parte técnica que uno se demora varios años en desarrollar. El cuerpo tiene que estar formado, si no es así, no vas a aguantar ese impacto; a un niño de 15 años no lo podemos poner a jugar fútbol contra mayores porque no tiene capacidad para defenderse. Puede tener la capacidad técnica para manejar el balón, pero al chocar contra una persona desarrollada no va a tener la misma potencia. El enfrentamiento de nosotros es contra el agua, y el agua no cambia. En el impacto con el agua tenés que estar fuerte para aguantar.

Primero está esa parte de desarrollo técnico y físico del crecimiento; empezamos un poquito tarde. Para nosotros los 23 años es apenas la edad para empezar. A los 23 muchos deportistas ya se están retirando. En gimnasia olímpica, en natación, hasta en los clavados mismos se están retirando
porque ya están “viejos”. Nosotros estamos empezando.

La otra parte es que uno también necesita un poquito de madurez mental al momento de asumir que algo puede pasar, uno tiene que decir: “Bueno, ¿a qué me estoy enfrentando? Ah sí, yo estoy preparado para esto”.

Cuando no se tiene esa madurez mental, lo que le ha pasado a la gente menor es que se han accidentado tratando de hacer cosas para las que no están listos. Esa longevidad depende de uno. Yo he sido la excepción; tengo 40 años y aún sigo ahí entre los que estamos peleando por los primeros puestos. Los mejores clavadistas que se han retirado en los últimos años se han retirado como de 45, 46 años más o menos. Pero en la mitad o hacia el final del ranking de los 10 primeros. Yo he sido la excepción al estar metido entre los cuatro o cinco primeros casi siempre. No es porque yo haya sido de buenas, sino que yo me dedico todo el día, todos los días, a entrenar.

Los que hemos pasado los 40 años todavía compitiendo somos los que le hemos dedicado mucho tiempo. Esos componentes son los que hacen que sea un poquito más larga la trayectoria.

El retiro normal viene por una lesión. Yo he sido el único que se ha lesionado, después del accidente en paracaídas, y pudo volver a competir y a ganar.

En El Morro de La Habana, Cuba. FABIO PARRA
En El Morro de La Habana, Cuba. FABIO PARRA


Usted no tiene hijos…

No.

Los hijos deben cambiar la perspectiva a la hora de practicar un deporte como el suyo…

Yo creo que sí. En Red Bull somos 400 o 500 atletas en todo el mundo y hay unos deportes que son una locura. Hay muchos que tienen sus hijos y sus familias, y de una manera u otra les funciona; ahí van. Para mí es más complicado el tema de los hijos por el tiempo. Nosotros estamos de viaje constantemente. Estuvimos en Colombia cinco semanas, llegamos (a Hawái) el martes de la semana pasada, hoy es lunes y ya nos vamos para México. Volvemos la otra semana el lunes, y nos vamos el martes a Francia por dos semanas. Volvemos un día y nos vamos a Texas. Ahí volvemos cinco días, y nos vamos a Europa. Imagínate uno eso, si lo sufrimos mi esposa y yo, imagínate con un bebé…

La parte del deporte no, el riesgo yo lo asumo con mucha responsabilidad. Esto no es una locura. De la misma forma en la que se limitaría uno por un hijo debería limitarse por su familia, y yo lo hago.

¿Alguna vez ha pensado en retirarse para dedicarse a otra cosa?

No, en eso no he pensado. He pensado en que algún día voy a dejar de competir, más no de hacer clavados. Tengo proyectos para hacer cosas que tienen que ver con clavados después de la competencia. He pensado en parar la competencia porque la parte del entrenamiento es lo más difícil, lo más cansón. Yo me tengo que ir al gimnasio a pedalear una hora y media, después irme a la piscina a hacer clavados por una hora, y en la noche a hacer pesas otra hora y media. Eso es todos los días. La parte de competencia se disfruta mucho pero no vas a estar a un nivel alto si no estás entrenando. Eventualmente uno se cansa y el cuerpo se cansa. Pero en el riesgo que yo asumo sé lo que estoy haciendo y sé que estoy preparado. Ese entrenamiento al que le pongo tanto tiempo es para poder enfrentar ese riesgo y salir adelante.

En el comienzo a usted le costó mucho el paso por el colegio, sin embargo, ahora usted es el mejor del mundo en lo que escogió como proyecto de vida, ¿eso no lo ha llevado en torno a una reflexión sobre el sistema educativo?

¡Sí, claro!, tuve una reunión hace poquito con uno de mis patrocinadores, la gente de Noraver Gripa, y me preguntaban cómo era yo estudiando. Y entonces les dije: “Yo perdí un par de años”, y nos estábamos riendo. Luego les dije: “Ojo, no era porque yo no fuera inteligente”. Yo sé que soy muy inteligente. Pero a mí no me interesaba lo que me estaban enseñando. Yo tenía que ir a la clase y todo era sobre un texto que no me interesaba. Entonces no había una conexión ahí, un salón con 40 estudiantes y uno sentado por allá atrás hablando de lo que fuera, del partido de fútbol; todo menos prestarle atención al profesor.

En las materias que me gustaban, yo era el mejor. Me encantaban los números, me encantaba la química, me encantaba la física. Yo prestaba atención, lo entendía porque era lo mío. Pero nunca había esa retroalimentación de un profesor para decir: “Venga, ¿a usted por qué no le interesa la geografía o la historia? ¿Qué es lo que pasa?”. En lugar de eso, era: “Apréndase esto porque le voy a hacer un examen”. Hacia el final lo hice más porque sabía que
me tenía que preparar; entendiendo que necesitaba ciertas cosas para salir adelante.

Con la Medalla de Oro de la Copa del Mundo FINA 2015, en Cozumel, México. CORTESÍA ORLANDO DUQUE
Con la Medalla de Oro de la Copa del Mundo FINA 2015, en Cozumel, México. CORTESÍA ORLANDO DUQUE


En deportes como el suyo, o en la gimnasia, en muchos otros que no tienen casi apoyo, uno puede pensar que no es Colombia la que gana cuando ustedes alcanzan sus triunfos. La verdad es que ustedes ganan a pesar de venir de un país en el que solo se les pone atención cuando ganan por fuera. ¿Usted cómo se siente frente a eso?

Realmente el deporte en Colombia es complicado. Yo he vivido todos los niveles posibles de eso; clubes, selección Valle, selección Colombia, nacional, mundial. El apoyo no existe, al menos en mi deporte. Hay otros en los que sí hay un poquito más de interés económico y hasta político. Las entidades que manejan el deporte hoy en día ahí en Colombia son cosas muy políticas. Yo lo veo difícil. Por mi lado, compito porque soy un competidor. Lo he hecho desde los 11 años porque a mí me encanta la competencia, medirme contra otra gente. Yo sé que alguien va a ganar y alguien va a perder; a mí eso me gusta.

Hay gente que se alegra muchísimo si yo gano: mi esposa, mi familia, hasta mis colegas se alegran cuando gano porque es gente que me respeta mucho.

Obviamente me parece chévere que el país se alegre porque sé que en Colombia salen tantas malas noticias todo el tiempo, y me parece bonito que salga una buena de parte de uno. Pero en realidad no hemos llegado hasta acá porque el país nos haya apoyado.

Hoy en día nos apoya el fan, la gente que te quiere y te escribe un mensaje que te dice: “Usted es un orgullo”, o un “berraco”, o un “bacán”. Eso a uno le parece chévere. Pero cuando yo necesito 10.000 dólares para viajar a Europa y pagar mi pasaje y sacar una visa, eso le ha tocado a mi familia y a la empresa privada. En realidad muchos de esos títulos que vemos hoy en día se deben más al apoyo que se recibe de la empresa privada.

En las islas Aran, de Irlanda. DEAN TRAMAL
En las islas Aran, de Irlanda. DEAN TRAMAL


¿A qué ha tenido que renunciar usted para disfrutar todo lo que ha disfrutado?

A muchas cosas… Tiempo con mi familia; me tuve que ir del país aunque yo vivía feliz en Colombia. Yo no sacrifiqué eso, fueron elecciones mías. Yo decidí irme de Colombia y alejarme de mi familia porque estaba buscando otro futuro. Son cosas que uno elige y hay que manejarlas. Hoy en día mi esposa viaja conmigo constantemente porque es algo que no podemos comprometer. Yo vivo afuera de la ciudad siete meses del año, si no nos vemos por siete meses, eso como que no es un matrimonio.

Sí ha habido cosas de las que uno se ha tenido que alejar. A veces está el partido de fútbol en la televisión, y yo quiero verlo, pero me toca ir al gimnasio. Entonces voy a entrenar, y voy a la piscina, quisiera sentarme a tomarme una cerveza con mis amigos.

Esto fue lo que decidimos hacer. Sí, hay cosas que uno extraña, pero si hubiéramos elegido de otra forma no estaríamos donde estamos ahora. Son elecciones que uno hace y tiene que vivir con eso.

Usted ha dicho que se considera una persona afortunada. La oportunidad de hacer lo que más le gusta en los lugares más bellos del mundo, alcanzando tantos triunfos, ¿no lo ha llevado a buscar un camino espiritual?

No. Yo creo que hay algo muy grande, ya sea la naturaleza, o un extraterrestre, lo que sea… algo que creó esto donde estamos sentados, porque esto es muy bueno. Yo crecí en Colombia siendo religioso. Mi familia es del Cauca y la Semana Santa allá es una cosa bien grande. Pero habiendo tenido la oportunidad de moverme por casi todo el mundo y experimentar tantas cosas buenas y malas, me vuelvo más práctico que espiritual. Yo sé que el blanco es blanco y el negro es negro y que hay muchas cosas en el medio. Lo que yo conozco, lo que yo entiendo, en eso creo, porque si no le estás comiendo cuento a lo que otra gente te diga.

A mí lo que me gusta es hacer las cosas bien, sea lo que sea.

En mi deporte tengo ese contacto con la naturaleza, con sitios muy bonitos. Se sienta uno a veces a ver y a pensar y dice uno: “Soy muy afortunado al poder hacer esto como mi trabajo”.

Yo creo que hay algo muy grande, ya sea la naturaleza, o un extraterrestre, lo que sea…” Duque en Leticia. FABIO PARRA
Yo creo que hay algo muy grande, ya sea la naturaleza, o un extraterrestre, lo que sea…” Duque en Leticia. FABIO PARRA


¿En algún momento de su vida trazó un plan para alcanzar todo esto o sus logros han sido el resultado de algo que ha ido creciendo más allá de sus decisiones?

Mi plan ha sido sobresalir en las cosas a las que he dedicado mucha energía. Yo me he sorprendido muchas veces porque me he dado cuenta de que cuando le he dedicado el tiempo y la energía a esas cosas que quiero lograr, he sobrepasado mis metas.

Yo quería ser buen clavadista y fui el mejor de Colombia por muchos años. Cuando empecé a hacer clavados de altura lo hice porque me gusta muchísimo y cuanto me di cuenta, ya había ganado cinco o seis campeonatos mundiales. Ahí miraba para atrás y decía: “Yo como que soy muy bueno para esto”. Creo que era porque al frente tenía una meta que quería alcanzar, y que ya había conseguido, pero quería seguir adelante.

Sí he logrado mucho más de lo que había pensado. Es difícil planear eso, si vos le preguntás a cualquier deportista: “¿Usted qué quiere hacer?, todos queremos ser campeones olímpicos. Pero, ¿cuál es el plan para llegar allá? Es un poquito más complicado, especialmente en Colombia. De niño mi plan no era ser campeón mundial de clavados de altura. Hay que adaptar ese plan a mitad de camino. Yo quería ser el mejor de los clavados y he sobrepasado eso varias veces.

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