Oro y Grunge

Dos mujeres en dos películas muy distintas demuestran la alegría y el dolor de cantar pop y punk

POR PETER TRAVERS | 23 Apr de 2019

<p>Fanning compite por la fama y Moss es una diva del punk.</p>

Fanning compite por la fama y Moss es una diva del punk.


Teen Spirit

Director: Max Minghella

Protagonista: Elle Fanning

★★★

Algunos cantantes comienzan desde jóvenes, mucho antes de saber cómo la industria de la música puede destrozar su talento. Por ejemplo Violet, una soñadora de 17 años interpretada con un tímido encanto por Elle Fanning. Vive en la Isla de Wight, limpiando casas y cantando en bares. Su madre inmigrante polaca (Agnieszka Grochowska) le advierte en contra del concurso de televisión londinense llamado Teen Spirit, que tanto la emociona.

Es una historia tan vieja como el tiempo –o al menos American Idol–, y el guion sigue la formula. El actor convertido en director, Max Minghella, tiene un don para los desvíos impresionantes. Se destacó al interpretar el amor prohibido de Elisabeth Moss en El cuento de la criada, y es el hijo del difunto director inglés Anthony Minghella, quien creció en la Isla de Wight. Los genes pueden haber ayudado a Max con la precisión de los detalles.

Entonces vemos a Violet en su habitación rockeando con Dancing on My Own de Robyn e interpretando a la perfección el dolor de Lights de Ellie Goulding en una audición. La joven escoge a un manager ebrio, Vlad (Zlatko Buric), un fracasado cantante de ópera, para que la ayude a superar obstáculos como la ejecutiva de una discográfica (Rebecca Hall).

El reto de Fanning, de 20 años, es interpretar a una chica introvertida cuyos sentimientos solo puede expresar a través de la música. La actriz, quien canta sin autotune, deja que su voz se desgarre por la final en el escenario de Violet al cantar Don’t Kill My Vibe de Sigrid.

Como aspirante a superestrella del pop, Fanning necesita ser simplemente sensacional y lo es.

Her Smell

Director: Alex Ross Perry

Protagonista: Elisabeth Moss

★★★★

La fama golpea a Becky Something (una ardiente Elisabeth Moss), una punkera de los 90 cuyas pataletas en el backstage queman a todo el que se acerque demasiado. ¿Puede uno comprometerse realmente con una película que lo hace buscar una huida? Con esta sí. El guionista y director Alex Ross Perry divide su cinta en cinco partes en el transcurso de una década. Comienza cuando Becky y su banda –Marielle (Agyness Deyn) y Ali (Gayle Rankin)– rockean con furia en un bar llamado Her Smell, y luego van al backstage, en donde Becky les “arranca las cabezas”. Pero ellas no son las únicas víctimas. El jefe de su sello disquero (Eric Stoltz) tampoco se salva de su ira. Tampoco su exesposo (Dan Stevens), que ahora está a cargo de su bebé, a quien Becky prácticamente no puede ni ver. A medida que la película avanza, la agotada cantante llega a un estudio de grabación, donde se une a una banda joven de riot-grrrl gracias a los celos, y todo parece estar listo para desmoronarse. Que eso no ocurra se debe a Moss, cuya herida abierta de una presentación se cura un poco cerca del final, cuando le canta a su hija Heaven de Bryan Adams con una ternura con visos de esperanza. Su personaje hace que Courtney Love parezca la madre Teresa y expone la humanidad que alguna vez definió y le dio vida a su música. El efecto es devastador.

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