Por qué Rogue One es una mejor película de que El despertar de la fuerza

Tanto el episodio del año pasado como el spinoff de este se apoyan en la nostalgia, pero solo una de ellas dice algo con esa herramienta

POR SEAN T. COLLINS | 27 Dec de 2016

<p>Tanto <i>El despertar de la fuerza </i>del año pasado como el <i>spinofff </i>de este año se apoyan en la nostalgia de los fans, pero solo una logra traspasar el chiste interno y decir algo con eso. <b> Lucasfilm/ILM.©2016 Lucasfilm Ltd. All Rights Reserved.</b></p>

Tanto El despertar de la fuerza del año pasado como el spinofff de este año se apoyan en la nostalgia de los fans, pero solo una logra traspasar el chiste interno y decir algo con eso. Lucasfilm/ILM.©2016 Lucasfilm Ltd. All Rights Reserved.


Olviden el subtítulo: desde literalmente sus primeros segundos, que evitan el impacto pavloviano de los títulos de la serie y la inconfundible fanfarria del tema compuesto por John Williams, Rogue One establece su intención de ser algo muy distinto a “una historia de Star Wars”. La primera película de la franquicia ambientada fuera del marco de la trilogía desde que George Lucas dio a luz esta galaxia lejana en el remoto año de 1977, el spinoff/precuela del director Gareth Edwards tiene un ritmo y tono propio. Los paisajes son más sucios que majestuosos. La acción es castigadora antes que rítmica (en un sentido apto para la familia, pero igual). Los personajes son guerrilleros hoscos antes que rufianes desafortunados u hombres y mujeres que le dan forma al destino de la galaxia. Comparada con las emociones del retroceso de El despertar de la fuerza, en la que J.J. Abrams y su equipo lucharon por recapturar el sentimiento de la trilogía original, esta se siente como una película propia.

Pero, como una paradoja digna de confundir a un Maestro Jedi, Rogue One también está profundamente relacionada con la historia y mitología de Star Wars. El equipo de escritores compuesto por John Knoll, Gary Whitta, Chris Weitz y Tony Gilroz construyó una historia completa en torno a una vieja broma entre fans: ¿por qué en nombre de Palpatine el Imperio construiría su arma máxima, la Estrella de la Muerte, para que explotara como súper nova con solo un disparo bien puesto?

Desde esta premisa ñoña, el filme se desarrolla hacia atrás. (Se vienen spoilers, pero eso ya lo sabían). Cuenta la historia de Jyn Erso (Felicity Jones), la hija adulta y criminal del científico esclavizado por el Imperio Galen (Mads Mikkelsen). Aparentando trabajar para sus captores, el Erso mayor secretamente intenta destruir el proyecto para aniquilar planetas desde adentro, incorporando en la máquina una debilidad para luego arriesgar su vida y socializar esta información con la Alianza Rebelde. Los momentos finales de la película se llevan a cabo minutos antes del inicio de la primera saga, conocida ahora como Una nueva esperanza, con una Princesa Leia parcialmente digitalizada recibiendo archivos digitales que contienen el talón de Aquiles de la estación de batalla. El resto – a manos de R2-D2, C-3PO, Luke Skywalker y Obi-Wan Kenobi– es historia.

Si este vínculo ultra directo con el inicio de la saga no fuera suficiente, Rogue One está llena de abundantes referencias. Adicionalmente a la aparición de una Leia digital, su antagonista del Episodio IV Grand Moff Tarkin es un personaje principal –esto a pesar de que el actor Peter Cushing haya muerto hace más de dos décadas–. Y esta resurrección digital apenas roza lo superficie de lo que la película le ofrece a los fans más profundos de Star Wars, ya que hay abundantes cameos en cada esquina. R2-D2 y C-3PO pitan y se quejan respectivamente unos pocos segundos para la felicidad de los fans. Ponda Baba y Dr. Evazan, también conocidos como el tipo con cara de morsa y su extraño y sociópata amigo de la escena de la cantina, se encuentran con los personajes principales Jyn y Cassian Andor (Diego Luna); el último presenta su artificiosa frase “¡Tienes que tener cuidado!”. El líder rojo y el líder dorado, los comandantes del ataque a la Estrella de la Muerte del clímax de la película original, aparecen a través de imágenes recicladas del cuarto de edición original.

Pero esperen, ¡aún hay más! Desde el diseño del set a las clasificaciones de los droides, se hace referencia constante a los primeros filmes. AT-AT, AT-ST, el retro futurismo de las intimidantes estaciones espaciales del Imperio, todo eso aparece. También hay uniformes e incluso peinados que la galaxia no ha visto desde 1977. Aparecen planetas clave como Yavin IV (los cuarteles generales de la Alianza) a Mustafar (el planeta de lava sin nombre pero inconfundible en que Obi-Wan castiga la naturaleza Sith de Anakin Skywalker). Incluso el Universo de Star Wars que no aparece en las películas está a la mano, apareciendo los cristales kyber y Saw Gerrera, un personaje de las varias series animadas que hizo Disney de Star Wars.

El elenco de Rogue One discute la primera película de la Antología de Star Wars.

En otras palabras, Rogue One contiene más alusiones a Star Wars y tesoros ocultos que la colección de juguetes de un niño de ocho años y una exhibición en el Comic-Con de San Diego combinados. Entonces, ¿cómo es que la película de alguna manera se siente más fresca que la nostalgia que presenta El despertar de la fuerza?

Recuerden la mayoría de los escenarios y el pulso de la historia de El despertar. Los tres planetas en que se desarrolla la mayoría de la acción –Jakku, Takodana y la Base Starkiller– evocan el desierto, el bosque y los paisajes árticos de Tattooine, Endor y Hoth, respectivamente, locaciones importantes para la trilogía original. La historia se centra en una joven adulta en un mundo arenoso, despertando su potencial dictado por la fuerza de cara a la oposición que le presenta un guerrero con máscara negra del Lado Oscuro, reemplazando Rey y Kylo Ren a Luke Skywalker y Darth Vader. Amenazas con tentáculos ponen en peligro a nuestros héroes, con los rathtars de Han Solo representando la dianoga de Una nueva esperanza y el sarlaac de El regreso del Jedi. Peligrosas peleas uno a uno y escapes por un pelo dominan las secuencias de acción, como pasaba en El Imperio contraataca y Una nueva esperanza. Los chicos buenos intentan destruir una súper arma al encontrar su debilidad secreta, un punto dramático tan similar que el mismo Solo hace una broma al respecto. Las muy entretenidas actuaciones de los relativamente nuevos Daisy Ridley y John Boyega, los contendores Oscar Isaac y Adam Driver, e incluso los veteranos Harrison Ford y Carrie Fisher pueden disfrazarlo, pero en términos generales, esta es una película muy conservadora.

Por contraste, Rogue One parece una forma de vida alienígena. Sin nieve. Sin bosque. Algo de arena, pero en su mayoría como los alrededores de Jedha, una ciudad sobrepoblada como las que las series nos han mostrado desde la metrópolis llena de rascacielos de Coruscant en las secuelas. No hay peleas uno a uno que te dejan al borde del asiento ni escenas de escape con “¡yahoos!” celebratorios; de lo único que escapan estos personajes es de la muerte, y solo brevemente. Hay un monstruo con tentáculos, pero se le utiliza como un método de “interrogación mejorada” en vez de ser presentado como el depredador último. La meta de la batalla flota a flota final no es destruir una súper arma, sino presentar una interferencia hasta que el método para destruir dicha súper arma pueda salir de su escondite y ser preservado hasta que el momento apropiado llegue. De manera más importante, ninguno de los personajes principales nuevos –ya sea que estén con la Fuerza o a servicio del Lado Oscuro– es un hombre o mujer del destino… porque ninguno de ellos, literalmente ninguno de ellos, sobrevive al final de la película. En lo que se refiere a la supervivencia y la celebración, esto hace que El Imperio contraataca se parezca a El regreso del Jedi. Está haciendo algo que ninguna película de Star Wars ha hecho antes: retratar la vida y muerte de todos los que se sacrificaron para que los Skywalker, sus amigos y enemigos puedan decidir el destino de la galaxia.

Esto no quiere decir, necesariamente, que esta sea la receta de una película clásica. A solo días de haber visto por primera vez Rogue One, es difícil decir si sus intentos por innovar dentro del marco de Star Wars sean cien por ciento exitosos. La falta de secuencias de acción con ritmo tradicional pueden ser elecciones deliberadas, pero sus altos y bajos inteligibles habrían sido bienvenidos en medio del derramamiento de sangre al estilo insurgente. Un bocado de cualquiera de las coloridas vistas de las primeras seis películas hubiera sido bienvenido después de un par de horas de polvo, oscuridad y lluvia cayendo (aunque la playa tropical final se destaca marcadamente gracias a la naturaleza sombría del resto de la película). ¿Y asesinar a todos los personajes principales? Ninguno de los antecedentes fuera de la franquicia se han atrevido a hacer eso, ya sea en películas como Doce del patíbulo o Salvando al soldado Ryan, westerns como Los Siete Magníficos o clásicos del horror y la ciencia ficción como La Cosa o Depredador. Tratar de meter esta oscuridad en los esquemas de Lucasfilm podría ser resultando una empresa quijotesca.

Pero es algo que nunca le hemos visto intentar a estas películas, y eso es lo principal. Mientras que El despertar de la fuerza se contentaba a sí misma dándole un brillo contemporáneo a una fórmula que ya se sabe que funciona, Rogue One se arriesgó a hacer algo nuevo. La primera usaba la nostalgia como una especie de divisa y el servicio a los fans como un golpe; esta adición semi periférica al canon usa estos dos elementos para crear un ritmo energético y construir una narrativa a la manera de las grandes películas, pero también como una forma de crear una declaración. La guerra es el infierno, no importa si fue hace mucho, mucho tiempo e involucró a robots AT-AT. Conocemos el costo porque sabemos cuál es el resultado. El despertar de la fuerza es una tragedia griega; Rogue One busca ser una humana. No importa cuántos Tarkins computarizados le añadas a la mezcla, esa es una ambición que vale la pena rescatar.

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