Reseña: The Wall de Pink Floyd

Roger Waters, la cabeza detrás del álbum, explora su intimidad y resalta la locura de un mundo malévolo y deshumanizado

POR KURT LODER | 08 Nov de 2018

<p><i>The Wall<b><i> </i></b></i>es el álbum conceptual más sorprendente de Pink Floyd.</p>

The Wall es el álbum conceptual más sorprendente de Pink Floyd.


Aunque en términos sonoros no iguala a Dark Side of the Moon, el decimosegundo álbum de Pink Floyd, The Wall, es el logro conceptual más asombroso de su carrera. El bajista Roger Waters, quien escribió todas las letras y la mayor parte de la música, presenta un punto de vista oscuro y multifacético de la sociedad británica después de la Segunda Guerra Mundial. Es tan deprimente y ácido que hace parecer a cualquier melancólico como un Peter Pan.

The Wall es una síntesis de las obsesiones de Waters, con las que ya estamos familiarizados: su brutal misantropía en Animals, la crisis de los treintas en Dark Side of the Moon, la percepción opresiva de la industria de la música en Wish You Were Here y el miedo a enfrentar la locura que envuelve todos los álbumes. Pero en los momentos que Animals parece ser engreído y petulante, The Wall ataca con una furia genuina y aterrorizante.

El álbum, que parece un laberinto circular, es un encierro constante que resalta la locura de un mundo malévolo y obsesionado con reducir cualquier esfuerzo de sus ciudadanos. El relato comienza con el nacimiento y el amor asfixiante de una madre. Luego, revelan los traumas y trastornos que sufrió el pequeño tras los bombardeos de Blitz.

“Did you ever wonder

Why we had to run for shelter

When the promise of a brave new world

Unfurled beneath a clear blue sky?


[Alguna vez te has preguntado,

¿por qué tuvimos que buscar refugio,

cuando la promesa de un mundo nuevo y valiente

se abría debajo de un cielo azul?]

Como Roger Waters lo ve, incluso el logro más brillante en la vida (en su caso, el estrellato internacional) es una burla a la mortalidad. Esa pequeña esperanza de salvación que se asomaba de a poco en Animals desapareció: las mujeres son retratadas como muñecas sexuales y los hombres fueron abandonados para revolcarse en una insoportable frustración. Todas estas condiciones se trasforman en una prisión. Y su recluso se rinde ante The Trial (un cataclismo musical extraño), en donde todos los tormentos de su pasado convergen para el esperado fin: la muerte.

Es una temática triste y oscura. Los fans más antiguos de Pink Floyd encontrarán el número suficiente de riffs potentes y matices guitarreros (In the Flesh), junto a una de las baladas más bellas que el grupo ha compuesto (Comfortably Numb). Además, su interpretación vocal, de principio a fin, es apasionada, clara y de primera calidad (One of My Turns).

Sin embargo, tiene algunos problemas. A pesar de que la duración de The Wall está justificada por su amplitud temática, la música sí parece un poco estirada. Bob Ezrin, el maestro del heavy metal y quien coprodujo el LP junto a Waters y el guitarrista David Gilmour, le da su toque de rock pesado a unas canciones (en especial a Young Lust), pero por lo general no es capaz de igualar el brillo sónico que el ingeniero Alan Parsons le dio a Dark Side of the Moon. Tal vez, los fans más devotos de Pink Floyd no se enganchen en la primera escuchada del álbum, pero cuando los atrape (y se den cuenta del panorama poético de sus letras) querrán escapar lo más rápido posible.

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