Resumen de Game of Thrones: La batalla por Winterfell

La serie finalmente nos entregó el enfrentamiento que esperábamos, pero ahora no sabemos qué se viene

POR SEAN T. COLLINS | 30 Apr de 2019

<p>Nikolaj Coster-Waldau y Gwendoline Christie se enfrentan al ejército de zombies en <i>Game of Thrones</i>. <i>HBO</i></p>

Nikolaj Coster-Waldau y Gwendoline Christie se enfrentan al ejército de zombies en Game of Thrones. HBO


¿Qué le decimos al dios de la muerte? Hoy no fue.

No fue Jon Snow, el verdadero heredero al trono, quien acabó con el Rey de la Noche. Tampoco fue la Reina de los Dragones, Daenerys Targaryen, o el Cuervo de tres ojos, Bran Stark. Con un salto a último minuto y una puñalada frentera, Arya Stark cumplió su destino, ese momento por el que ha entrenado toda su vida e hizo lo que debía hacer, destruyendo al villano de la serie y a todo su ejército. Una mujer que pasó su adolescencia convirtiéndose en una máquina asesina. Es sorprendente que tantos personajes hayan sobrevivida a una noche tan tenebrosa.

Escena tras escena, el capítulo fue una maravilla. La combinación entre el horror de la guerra, con el terror de los zombies y el cine slasher fue una jugada grandiosa por parte de los cocreadores David Benioff y Dan Weiss. El director Miguel Sapochnik, quien ya se había encargado de la Batalla de los Bastardos y Hardhome, unió esos dos enfrentamientos en un solo episodio épico. Los silencios y la melancolía en la música compuesta por Ramin Djawadi plantearon el ambiente perfecto.

Todo comenzó con una introducción sin diálogos y llena de tensión. La llegada de Melisandre; el ataque y la desaparición de los Dothraki; las olas de muertos vivientes. Después, sale Arya esquivando zombies en la biblioteca, Lyanna Mormont mata a un gigante con su último aliento, la pelea final de Theon Greyjoy y la lucha de dragones en el aire. Sin hablar del inmenso animal que abraza a su madre cuando tiene a Jorah Mormont en sus brazos. Todos estos fueron momentos que unieron el espectáculo y las emociones humanas. En esa medida, este capítulo fue una obra maestra.

Bueno, en realidad fue media obra maestra. Muchos personajes, y la humanidad en general, sobrevivieron a la Batalla por Winterfell. Ahora, la serie tiene dos enemigos implacables.

El primero es la comunidad de fanáticos. Desde que le cortaron la cabeza a Ned Stark, el show ha entrenado a su público para que espere al dios de la muerte en cualquier momento. Y desde la Boda Roja hasta la muerte de Oberyn Martell, muy pocas veces ha sido una decepción. El resultado es que siempre esperamos el peor caso posible, y si este no llega, terminamos desilusionados.

Cuando salieron los créditos y casi todos los personajes importantes estaban vivos, se sentía como una oportunidad desperdiciada. No vamos a empezar a hablar de las historias de la televisión y de la importancia de los sujetos en la trama. Sin embargo, que en una guerra de 80 minutos no falleciera alguien realmente importante, más allá de Mormont o Greyjoy, es una movida que sorprende, sobre todo para un público que esperaba más muertes.

El segundo problema es Cersei Lannister. Con la salida del Rey de la Noche, parece que la Reina de Westeros es el enemigo final. Pero no tenemos quejas con ella: Es una mujer que ha mostrado lo peor de su ser, es la gran villana. Y la interpretación de Lena Headey es magnífica.

Pero compararla con el apocalipsis, bueno, ya es demasiado. Es muy complicado, incluso para la Reina más malvada de todas, competir con el símbolo de la muerte. Lo mejor del ejército Lannister va a parecer una tropa de boy scouts al lado de lo que vimos anoche.

Lo que es más importante todavía, es que la rápida victoria frente al Rey de la Noche podría dañar la metáfora central de la serie. Los Caminantes Blancos eran una amenaza para toda la humanidad, mostrando que las rivalidades entre familias no eran el verdadero problema. Ahora, esos enfrentamientos (los Stark contra los Lannister o los Targaryen) son protagonistas.

Todas estas especulaciones televisivas se han traducido en problemas para la series, sobre todo desde que Lost nos enseñó a mirar más allá de la pantalla y a pensar en cualquier tipo de teoría. Pero el arte solo se puede evaluar a partir de lo que vemos, y que una serie deje las puertas abiertas a las interpretaciones puede ser un arma de doble filo. Significa que a la gente le importa la historia y sus personajes, pero también hay una competencia con los guiones que cada quien ha escrito en su cabeza. No hay un arma de acero valyrio que asegura una victoria en esa batalla.

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