Stranger Things y los secretos de Hawkins

La serie de ciencia ficción ha convertido a Eleven en un ícono del género, pero alrededor de los actores también hay un equipo que se rompe el lomo para darle vida a los 80

POR SANTIAGO DE JESÚS | 27 Jun de 2019

<p>​Fotografía cortesía NETFLIX</p>

​Fotografía cortesía NETFLIX


Millie Bobby Brown está grabando una escena en Starcourt, el nuevo centro comercial de Hawkins que Netflix armó en Atlanta. Tiene puesta una camisa amarilla con patrones negros y tirantas. La cámara se planta en su cara. Es una mirada que ya se ha visto antes, en las dos primeras temporadas. Baja un poco la cabeza y apunta sus ojos hacia arriba mientras respira con fuerza, llenando de tensión su cuerpo cuando extiende un brazo. “Cut!”, grita uno de los hermanos Duffer. Brown se relaja, mueve su cabeza de un lado al otro y grita. Sabe que tiene que hacerlo mejor.

Are you ready, Millie?”, preguntan en el set. La actriz mueve sus brazos de un lado al otro y asiente. “Ready, let’s go”, dice con confianza. La cámara enfoca su rostro y vuelve a poner esa cara, con su brazo hacia adelante. “More, more, more!”, pide uno de los Duffer. “MORE, MORE TENSION!”. Eleven (ha dejado de ser Millie) aprieta los labios, sus cejas vibran, parece que sus dedos se encalambraran. Unos segundos de silencio. “Cut!”, anuncia el otro Duffer. Brown sonríe, salta y aplaude. Vuelve a ser la niña sin poderes de 14 años. Y sabe que esa es la toma.

Unos minutos antes estaba con un grupo de periodistas de todo el mundo que viajaron hasta Atlanta para entrevistarla; a ella y al resto de niños y adolescentes de Stranger Things, la joya de ciencia ficción que ha metido al género en el corazón de una nueva generación. Si en los 80 estuvo Back to the Future, con Marty McFly y Doc, y Star Wars, con Luke Skywalker, la Princesa Leia y Han Solo, la referencia de hoy son Eleven y su grupo de amigos.

Brown es la estrella de la serie y lo sabe. Cuando se presenta, los saluda a todos con una sonrisa y un sánduche en la mano. “Perdón, es que estaba muerta de hambre”, dice y le pega un mordisco a su comida. Se sienta y cruza las piernas. A su lado está Sadie Sink, quien interpreta a Max. Ella es más callada y tiene una risa tímida. Millie es expresiva, cuando habla mueve las manos, su sánduche parece que podría salir volando en cualquier momento y se nota la espontaneidad. No le importa hablar con la boca llena; a los periodistas les resbala que lo haga.

“En caso de que no sepan mi nombre, soy Millie”, comenta en chiste con su acento británico, muy distinto al que utiliza en la serie. Con una voz más suave, Sadie también se presenta y ambas se ríen. A diferencia de lo que pasaba en la segunda temporada, en la que había algo de raye y envidia entre Eleven y Max, en la vida real son muy amigas.

Sadie cuenta una historia en la que fueron a un centro comercial (“Yo ya no puedo ir”, confiesa Millie, por eso le gusta tanto el set de Starcourt) y empezaron a hacer bromas. Cuando veían que había descuento, corrían hacia la tienda y se caían, a propósito, frente a las personas. Al terminar la entrevista, las dos se van a unos saltarines que hay en la sala y se ponen a jugar. A pesar de la fama, de lo que han tenido que vivir en la serie y de tener temporadas de televisión encima, todavía conservan algo de su espíritu infantil.

“Hay muchas relaciones, ahora tengo novio y no me gusta estar de novia”, revela Millie al referirse a la nueva temporada. “Eleven está empezando a comprender las relaciones. No se entiende a ella misma, imagínate lo que le pasa cuando está con un chico. Todo es nuevo para ella”.

Cortesía NETFLIX LA ESTRELLA ADOLESCENTE La cara de Millie Bobby Brown ahora es conocida en todo el mundo gracias a su actuación como Eleven, que ya hace parte de la historia de la ciencia ficción en la televisión.Cortesía NETFLIX


En ese proceso de autodescubrimiento es que El cambia su mirada frente a Max. “Ahora somos mejores amigas”, dice Millie. Como Max tiene su propio estilo y se conoce a ella misma, la ve como un ejemplo a seguir. Brown explica que son esas situaciones en la que ambas están en un grupo de amigos, pero no se caen bien. Solo con el paso del tiempo es que aprenden a quererse.

Por otro lado, a los niños parece que les gusta estar cuadrados. Finn Wolfhard, quien interpreta a Mike, asegura que “es malo para ellas. Me parece que Lucas y Mike chocan cinco después de una cita”. Caleb McLaughlin (Lucas) y Noah Schnapp (Will) están con él y los dos se totean de la risa. Son tres amigos entre 14 y 17 años que se molestan todo el tiempo. Cuando uno dice un chiste, el otro se lo celebra y lo sigue. En medio de las carcajadas, continúan hablando del noviazgo.

“Es la experiencia de toda la juventud y la ignorancia de una relación en pareja. Es que somos muy jóvenes y no estamos listos para esto. Son niños que no están preparados para lo que… hacen… los adultos”, explica Caleb con una pausa en la mitad en la que se le sale una sonrisa pícara.

Finn complementa y asegura que esta tercera temporada es distinta a las anteriores. “Sucede en verano, que no había pasado antes. Todo ocurría durante el colegio, Navidad o Halloween. Pero ahora están en el punto más alto, disfrutando la vida, en lo mejor de la adolescencia, el Sol brilla, y de repente algo pasa”. Cuando habla del Sol, Caleb empieza a molestarlo en voz baja: “Sistema solar, espacio, galaxia, vía láctea”.

De nuevo, se ríen los tres y comienzan a discutir lo que no les gusta del verano ochentero. La tercera temporada sucede en 1985, con Back to the Future en las salas de cine y Skeleton Crew de Stephen King en las librerías. El calor en Atlanta, donde se graba la serie, ha hecho un poco incómodas las escenas al aire libre. Pero lo peor, asegura Caleb, son las pantalonetas cortas. Tampoco ayudó que creciera durante la temporada. “Las odio. Mis muslos están ahí afuera, expuestos”, dice. Y, otra vez, todos sueltan la risotada.

Matt y Ross Duffer empezaron a creer en el mundo de Stranger Things en 2013, inspirados, principalmente, por Steven Spielberg y Stephen King, con películas como Encuentros cercanos del tercer tipo, Poltergeist, y libros como It o Firestarter. En el primer guion que escribieron la historia sucedía en la Costa Oeste, era una carta de amor a Tiburón y se llamaba Montauk.

Cuando la serie fue estrenada en 2016, David Harbour (el policía Jim Hopper) no vio publicidad en el metro de Nueva York. Estaba convencido de que sería un fracaso y evitó meterse a Internet. Los Duffer también se alejaron de las redes sociales.

Jonathan y Nancy resuelven casos con olfato periodístico. Cortesía NETFLIX
Jonathan y Nancy resuelven casos con olfato periodístico. Cortesía NETFLIX


Convencidos por sus amigos, que estaban sorprendidos del éxito, los hermanos decidieron ver qué decía la gente. Había teorías sobre los monstruos y los poderes, los fanáticos hacían sus propios dibujos y en Melbourne se pintó un mural de Barb. El vestido rosado, las medias altas y la peluca de Eleven llegaron a todas las tiendas de disfraces para Halloween. El fenómeno Stranger Things estaba trascendiendo la pantalla para entrar a ser parte de la cultura popular; y aunque es muy pronto para decirlo, no es difícil creer que los que están creciendo con Mike, Lucas, Dustin y Will, mantengan vivas las icónicas imágenes del show.

Aunque los Duffer son la mente detrás de la serie, a su alrededor hay un equipo impresionante que revisa cada detalle. Las puertas de Starcourt parecen una máquina del tiempo. Apenas se entra al set se pueden ver las luces de neón típicas de los 80 en las columnas del centro comercial. En el segundo piso está el cine, con Back to the Future y Day of the Dead en cartelera. El vinilo de The Dream of the Blue Turtles, el primer álbum solista de Sting, decora la tienda de música. En los electrodomésticos hay radios, teléfonos gigantescos para la casa, walkmans y tornamesas. Las tiendas de ropa tienen bikinis para el verano, camisas de cuello largo al estilo The Cars y camisetas coloridas. Pero todo en su justa medida, no cae en los clichés ni se convierte en una parodia.

El centro comercial también se transforma en el lugar perfecto para explorar todo lo que hay alrededor de los protagonistas. Los deportistas populares comparten el mismo espacio con los punks, los seguidores de Boy George y los fanáticos de Hulk Hogan. Ahí también están los personajes de Joe Keery (Steve) y Maya Hawke (Robin), vendiendo helados en Scoops Ahoy con unos disfraces de marineros totalmente ridículos que aparecieron en uno de los primeros adelantos de la tercera temporada.

Steve Harrington comenzó siendo el tipo malo de la serie. El típico gomelo de bachillerato que se levanta a la niña linda e inocente, viene de una familia con plata, le importa un carajo la amiga de su nueva novia y detesta estudiar. Su combo, al principio, era un tipo con el que molestaban a todos los marginados del colegio y la pareja de su amigo de toda la vida. La idea de los creadores, al inicio, era matarlo en la primera temporada; pensar que se convertiría en uno de los personajes más queridos era una locura. Pero eso es parte de lo que hacen los hermanos Duffer con sus actores. “Nos enamoramos de Joe”, dice Ross Duffer en el libro Worlds Turned Upside Down. A medida que avanza la serie, cambian el guion para que se acomode a los intérpretes.

Cuando a Joe le preguntan cómo hizo para pasar de ser el villano, a uno de los adolescentes más carismáticos del show, él solo responde que quería asegurarse de humanizar a Steve. Al comienzo “hace cosas malas, pero no piensa que está siendo malvado. Solo hace lo que cree que es lo mejor en cierta situación”, comenta.

La verdadera respuesta la entrega Maya: “Me cuesta imaginar que hubieras seguido siendo el antagonista porque eres chistoso, dulce y amable. Es imposible mantener a una persona así en un rol oscuro”. Joe simplemente mira hacia abajo, abre un poco los ojos, levanta la cabeza y dice: “Bueno, gracias”. Ambos se ríen de la situación.

Al final de la primera temporada, Steve ya había mostrado un lado más sensible cuando fue a la casa de Nancy (Natalia Dyer) a pedirle perdón y terminó peleando contra el Demogorgon. En la segunda el cambio fue mucho más profundo, al punto de convertirse en una especie de hermano mayor para Dustin, dándole consejos para conquistar niñas en el colegio y ayudándolo a ganar confianza en sí mismo.

“Es chistoso pensar que, a esa edad, un par de años es una diferencia gigantesca. Si uno se fija en eso, es genial ver que tengan una relación tan cercana”, dice Joe. “Creo que se debe a que Steve, en muchos sentidos, es inmaduro, y Dustin es muy maduro. Entonces hay un punto en el medio en el que se encuentran. A veces parecen una pareja de viejitos casados, me da mucha risa ver eso”.

En la serie, Dustin es el más inteligente. En la primera temporada descubre la puerta hacia el Upside Down al darse cuenta de que las brújulas no apuntan al norte. En la vida real, Gaten Matarazzo también es el más elocuente. Por la forma en la que se expresa, cómo trata a Priah Ferguson –quien interpreta a Erica, la hermana menor de Lucas– y cómo habla sobre su condición, pareciera un adulto atrapado en un cuerpo de 16 años.

“Me alegra que los Duffer la hayan puesto en la serie. Ha sido una plataforma para CCD Smiles, la fundación”, dice Gaten sobre la disostosis cleidocraneal, una enfermedad que afecta el desarrollo de los huesos. “Creo que la forma cómo Dustin vive con esto, es igual a cómo yo lo hago. Para mí siempre ha estado ahí, entonces no es nada raro”.

Al lado de Gaten está Priah, que, en palabras de todos los entrevistados, va a ser la nueva estrella de Stranger Things. “Es un ejemplo a seguir en cuanto a talento, preparación y profesionalismo. Creo que yo nunca voy a llegar a su nivel”, manifiesta Maya entre risas. Finn asegura que “tiene el mejor sentido del humor de la serie. La gente va a amar ese personaje”.

Su dinámica con Dustin también es uno de los puntos más altos en la tercera temporada. “Creo que es una relación sarcástica de hermano y hermana, entre el amor y el odio”, explica Gaten. “Siempre están molestándose, pero al final se preocupan el uno por el otro y aprenden que tienen muchas cosas en común. Es parecido a lo que pasó con Dustin y Steve, solo que ahora Erica es el padawan y Dustin el maestro”.

Maya, Steve y Dustin, el nuevo equipo, en Scoops Ahoy. Cortesía NETFLIX.
Maya, Steve y Dustin, el nuevo equipo, en Scoops Ahoy. Cortesía NETFLIX.


Cuando Priah, que está en uno de sus primeros encuentros con la prensa, pasa unos cuantos minutos en silencio, Gaten le pregunta si le gustan las películas de terror para que se suelte. Después, al hablar de los actores con más experiencia en la serie, se voltea, la mira y le dice: “Tú empezaste cuando eras muy pequeña, ahora tienes 12 años. En un punto, la gente te va a mirar y decir: ‘¡Ella ha estado haciendo esto toda su vida!’”, se detiene un segundo y ambos se ríen. Ferguson lo mira con una sonrisa, como si su hermano mayor le estuviera dando una lección. “Entre más joven empieces, tendrás más experiencias al crecer. Por eso debes agradecer las oportunidades que tienes ahora”.

El nuevo grupo pasa la mayor parte del tiempo en Starcourt. Como Steve trabaja allá, Dustin lo visita porque ahora parecen mejores amigos. Maya, que habla cuatro idiomas, se interesa en las extrañas grabaciones que están intentando traducir y acaba metida en todo el misterio. Por su parte, Erica llega a Scoops Ahoy buscando helado gratis y termina haciendo parte de esta familia. “Era la sensación de un equipo que necesitaba una nueva identidad”, explica Maya, y Joe añade: “Lo que pasa esta temporada es completamente nuevo. Y me encanta”.

El montaje del centro comercial está revisado hasta en el aspecto más detallado. La tienda de GAP tiene la misma imagen que había en Indiana en 1985, con las mismas bolsas y el mismo catálogo que estaba en esa época. La ropa que le ponen a los maniquís también la utilizan algunos personajes. El proceso de investigación fue minucioso y hasta tedioso, pero le entrega un realismo a la pantalla que aporta significativamente a la ambientación de la serie.

Con ese contexto de fondo, la escena en la que Eleven y Max se van de compras es como ver una película de mediados de los ochenta en alta definición. Es un mundo completamente nuevo para que El, en medio de su adolescencia, vaya definiendo su personalidad. A través de su ropa también se cuenta la historia de su transformación hacia una adolescente que espera, algún día, poder vivir una vida común y corriente.

Incluso los objetos que muchas veces pasan desapercibidos son revisados por un grupo que se dedica a investigar y chequear que, por ejemplo, las botellas de Coca-Cola sean las mismas de 1985. Ese año, en Estados Unidos se presentó la New Coke, pero las latas ahora solo se consiguen en subastas de Internet. Los propmakers tuvieron que comprar un par en eBay, escanearlas, recrear el diseño y pegarlo en un envase que tuviera la misma forma y tamaño de la original. El único que encontraron fue el de un producto de agua de coco.

Lo mismo sucedió con las cajetillas de cigarros y las cajas de chocolates. Hasta los walkie-talkies que utilizan fueron elegidos a partir del catálogo de archivo de las tiendas de juguetes. Son los mismos que un grupo de preadolescentes de esa misma clase social y estrato económico podía comprar en Indiana a mediados de los 80.

Los dibujos en el sótano de Mike, en Castle Byers y en el cuaderno de Will, que están relacionados con historias y personajes de Calabozos y Dragones, pasaron por un conjunto de asesores que son o fueron jugadores. Los artistas trabajaron con un libro llamado The Monster Manual y mano a mano con los propmakers para que estas ilustraciones fuesen fieles al juego de rol.

En el Hawkins Post, el periódico en el que Jonathan (Charlie Heaton) y Nancy comienzan a trabajar durante el verano, se escribieron noticias a partir del archivo de los diarios de ciudades pequeñas de Indiana. Cada artículo que sale trata un tema que sería interesante para esa zona en 1985.

La mirada de Eleven que todos conocemos… y que muchos temen. Cortesía NETFLIX.
La mirada de Eleven que todos conocemos… y que muchos temen. Cortesía NETFLIX.

La primera temporada de Stranger Things se enfocó en la aventura de los niños de Hawkins y todos los misterios dentro del pueblo. En la segunda hubo un tono mucho más oscuro, los Duffer aprovecharon para explorar a profundidad sus influencias del cine de terror. Según Finn, en la tercera “se unen la diversión de la primera y el horror de la segunda”.

La nueva temporada comienza como una comedia veraniega. Eleven y Mike están explorando su relación; Billy (Dacre Montgomery) es salvavidas en la piscina de Hawkins y sigue coqueteando con las mamás; Hopper lidia con la adolescencia de su hija y le pide consejos a Joyce (Winona Ryder); Steve y Robin parecen salidos de una típica película de dos amigos entrañables y chistosos.

Pero siempre hay algo tenebroso rondando el pequeño pueblo y, esta vez, promete ser más grande que antes. Ahora, además, hay un trasfondo político mucho más claro que le da una nueva capa a la serie, que crece con sus protagonistas y el público que la mira en todo el planeta, que convirtió cada adelanto en tendencia mundial. Estamos frente a un fenómeno de las plataformas digitales que nunca se había visto, y que ni siquiera Eleven podría detener con sus poderes.

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