Tarantino, o el arte de coger la historia a balazos

Dispara su nueva película anunciando que solo le queda un tiro y anuncia que quiere irse dando en el blanco. Érase una vez en Hollywood es consecuente con su apuesta

POR RODRIGO TORRIJOS | 15 Aug de 2019

<p>Fotografía por Levon Biss</p>

Fotografía por Levon Biss


No le creemos a Tarantino; el tipo es un enfermo, un obsesivo, un fanático. Está enamorado del cine, de sus personajes y de su oficio. Sus películas lo respiran, y Érase una vez en Hollywood no solo lo confirma, lo eleva al paroxismo. Tras verla estamos seguros de algo; esta cinta de casi tres horas, excesiva, brillante, que rinde fulgurante tributo a sus histéricos caprichos, no es la penúltima antes de su retiro. No creemos en sus amenazas, señor Tarantino.

Hitler merecía ser acribillado con la sevicia del final de Bastardos sin gloria, Marcelus Wallace merecía su redención al final de Pulp Fiction, y la historia del cine tendría a bien una ráfaga interminable de sus extravagancias. Sin embargo, ha sido enfático: “Lo he hecho por mucho tiempo y creo que hay un final. Debe haber un final. No es como si tuviera que seguir trabajando hasta que ya no pueda hacerlo o hasta que ya no sea bueno. Me gusta la idea de hacer diez películas fuertes y dejar caer el micrófono diciendo: ‘Intenten igualarlas’”. Aunque no le creamos y nos alegre no creerle, nos encanta repasar esa sensación de enfermedad profunda cinematográfica que salpica estas respuestas, en la que indagamos sobre los orígenes de su nueva película, Èrase una vez en Hollywood.

La cinta protagonizada por Margot Robbie, Leonardo Di Caprio y Brad Pitt, recorre un par de días en la vida de un villano decadente de series de TV y películas de baja calidad. El tipo es acompañado por su doble, aparentemente inspirados en Burt Reynolds y el profesional que hacia sus escenas de acción, Hal Needham. Aunque podría decirse que el personaje de Di Caprio también tiene mucho de Clint Eastwood y esos hombres rudos que vieron morir los westerns. A través de esta pareja Tarantino se da la oportunidad de homenajear y reflexionar sobre la mítica industria del entretenimiento. Se da un festín entre sus géneros favoritos: hay algo de western, thriller, buddy movies, musical y por supuesto gore, hay tripas, flema.

El mayor peso de la cinta está en la pareja villano/doble, en esa relación con un mundo nuevo, que es tocado tangencialmente por una Margot Robbie limitada a la sensualidad. Robbie es la encargada de dar vida a la real Sharon Tate, quien fuera la esposa del director de cine Roman Polanski y una de las víctimas fatales de los crímenes de la familia Manson. Estos asesinatos sucedieron en agosto de 1969 en el Spahn Ranch, un viejo rancho abandonado, en donde se rodaban películas de vaqueros y al cual accedieron los miembros del culto dirigido por Charles Manson para ejecutar una brutal masacre contra las personas indefensas de la casa. Murieron siete personas, incluida Sharon, que estaba embarazada.

Cortesía UIP.
Cortesía UIP.


En Érase una vez en Hollywood también hay presencia de luminarias como Al Pacino, Dakota Fanning, Kurt Rusell, Margaret Qualley, Maya Hawke y el recientemente fallecido Luke Perry. El papel de Manson estuvo a cargo de Damon Herriman.

El buen oído de Tarantino se hace presente en una banda sonora exquisita en la que podemos escuchar temas como The Letter de Joe Cocker, I Can’t Turn Your Loose de Otis Redding, Out Of Time de los Rolling Stones o California Dreaming de José Feliciano.

Con los elementos que definen su estilo, no resulta una sorpresa que la cinta haya sido estrenada en el Festival de Cannes, en donde había triunfado con su debut como director Perros de la reserva (1992) y la segunda incursión, que lo consagraría con la Palma de Oro tras Pulp Fiction (1994). Tarantino ha sido nominado en cinco ocasiones a los premios Oscar por guion y dirección, ganó en dos ocasiones la estatuilla a mejor guion por Django sin cadenas en el 2012 y Pulp Fiction en el 94.

El estilo violento y calculado abrió una puerta en los 90; su éxito sirvió a una multitud de voces independientes que supieron apropiarse de un segmento de la industria, renovando sus opciones. Con Érase una vez en Hollywood nos enfrentamos a un autor que ha sido integrado a esa industria, que ha transitado del margen hacia el centro y quien probablemente se sienta ante las nuevas sensibilidades y el agotamiento propio con la incertidumbre, la nostalgia y el fastidio de quien ve surgir los nuevos tiempos. Nos enfrentamos también a la obra más personal, para el hijo de una mujer soltera que a los 16 años encontró en la televisión y el cine una buena forma para mantener calmado a un chico hiperactivo, al que curiosamente nombró como un indio interpretado por Burt Reynolds en un programa de TV.

Érase una vez… en Hollywood representa el mejor estreno comercial de Tarantino en su carrera, además ha hecho un inusual trato con Sony que le garantiza la propiedad de los derechos económicos de la cinta. Cortesía UIP.
Érase una vez… en Hollywood representa el mejor estreno comercial de Tarantino en su carrera, además ha hecho un inusual trato con Sony que le garantiza la propiedad de los derechos económicos de la cinta. Cortesía UIP.


Dice Quentin que hace nueve años estaba rodando con un actor viejo, y el tipo tenía un doble de riesgo. Durante la película no se había presentado una oportunidad para ponerlo a trabajar, pero en cuanto el viejo vio el hueco, hizo que lo incluyeran. El especialista en escenas llegó al rodaje y ya no era tan parecido a la estrella, era más gordo, más viejo, y el nombre de Quentin Tarantino, la película, y todo lo demás le importaban un pepino. Para él su jefe era la estrella a la que doblaba.

“Recuerdo verlos sentados, hablando entre ellos, y pensé: “Es una relación interesante. Olvida a esos dos, solo piensa en la idea de dos tipos que han estado juntos por muchos años. Es una relación fascinante. Quizá, si alguna vez hago una película sobre Hollywood, esa sería una manera interesante de comenzar la historia. Esa fue la chispa”, asegura Tarantino.

Durante seis años la idea interesó al director, la mayor parte del tiempo buscaba descifrar los personajes, pero se empezó a preocupar por la historia, por hacerlos pasar por unas situaciones dramáticas y existir en una película, imaginó varias tramas, pero finalmente abandonó la idea tradicional y se quedó con la de vivir unos días de la vida de estos tipos andando por Los Ángeles.

“Tenía curiosidad de tratar con estos personajes y, en particular, la idea de tener tres personajes que representan distintas caras de Hollywood" Cortesía UIP.
“Tenía curiosidad de tratar con estos personajes y, en particular, la idea de tener tres personajes que representan distintas caras de Hollywood” Cortesía UIP.


Al respecto Tarantino opina: “Tenía curiosidad de tratar con estos personajes y, en particular, la idea de tener tres personajes que representan distintas caras de Hollywood me llamó la atención. Está Sharon, quien vive la gran vida; Rick Dalton, cuyo momento pasó. Y también está su doble, Cliff, quien está atado a la decadente estrella. Él representa a un montón de personas que han trabajado en Hollywood todas sus vidas y no tienen nada. Y, en esta ciudad, esa gente puede vivir uno al lado del otro. En este caso, es algo figurativo y literal. Así que, la idea era explorar esa época de Los Ángeles y de Hollywood con estos tres personajes”.

Aunque siempre consideró a Brad Pitt y a Leonardo Di Caprio, no se aferró a la idea para crear la historia a partir de ellos; sabía que juntar a dos megaestrellas podría consumirlo, pero esa puerta había quedado abierta. El caso de Margot Robbie fue diferente. Había concluido el guion, que compartió con algunos amigos, y todos le preguntaron: “¿Vas a conseguir a Margot Robbie como Sharon Tate?”, y él les respondió que lo intentaría porque se trataba de la mejor actriz del momento. “Justo cuando estaba conspirando para conseguirla, me llegó una carta de ella. Pensé que era una trampa. Pero no, solo era una carta preciosa que decía lo mucho que había apreciado mi trabajo durante tanto tiempo, y que si había algo, le encantaría trabajar en ello. Fue como música para mis oídos. De inmediato llamé a su agente y concreté una cita para tomar un café”.

Sharon Tate es sin lugar a dudas una de las figuras enigmáticas de Hollywood, el aura de tragedia que cubrió su muerte tras los asesinatos cometidos por el clan Manson requería que Tarantino se aplicase a fondo para construir una versión de la historia en la que la violencia no fuera el elemento determinante.

Algunos editorialistas han llamado a dejar de lado a Tarantino, acusando a sus obras de ser misóginas por ser consideradas excesivamente violentas contra las mujeres. Cortesía UIP.
Algunos editorialistas han llamado a dejar de lado a Tarantino, acusando a sus obras de ser misóginas por ser consideradas excesivamente violentas contra las mujeres. Cortesía UIP.


Con respecto a la investigación requerida para crear el personaje de Tate, el director expresó que su preocupación lo llevó a moverse en los linderos entre fantasía y la realidad: “Indagué mucho sobre el personaje, así que fui fiel a la investigación y eso me afectó. No obstante, la hice un personaje para mí, también es una especie de metáfora. Primero, representa este nuevo Hollywood hippie, la gran vida de Hollywood, la vida que Rick ya no tiene y de la que ni siquiera es parte porque no pertenece al Hollywood hippie. Entonces ella representa eso, pero también hay otro nivel. Todo lo que leí sobre Sharon la hacía sonar como un ángel sobre la tierra. Todos lo decían. Por eso, ella es como un ángel sobre la tierra, cuidando la película, la ciudad y el espíritu de la cinta”.

Según Tarantino, Hollywood siempre ha tenido un sistema de clases, y la reunión de estos tres personajes permitiría evidenciar el choque: “Aunque parezca extraño, es un sistema que se basa en el mismo Hollywood. Puedes ser un tipo normal de Brooklyn, pero si te conviertes en una estrella de cine, estarás en la cima del sistema y todos te prestaran atención. Eso es lo interesante del momento en el que está basada la película, porque sacudieron el sistema de clases como si fuera un globo de nieve. Y la nieve todavía está cayendo, asentándose. Todavía tenemos las estrellas de cine, pero se están desvaneciendo”. Una anécdota complementa la idea del director: “En los Globos de Oro vemos cómo a las estrellas de televisión les toma 45 minutos llegar al escenario, ¡porque están atrás! Recuerdo cuando Burt Reynolds ganó su Globo de Oro por Evening Shade. Llegó al micrófono, señaló al frente y dijo: ‘Recuerdo cuando me sentaba ahí’”.

Cortesía UIP.
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Pero además de las lógicas internas de Hollywwod Tarantino también se refiere a esa sensación de nostalgia, ante lo que muchos consideran ‘los años dorados de Hollywood’. Si bien la industria parece continuar produciendo dividendos, Érase una vez en Hollywood tiene los colores de su ocaso. “Es posible que se hagan más películas, pero tienen menos valor. Mire, le diré la diferencia usando los 90 como ejemplo: provengo del movimiento cinematográfico independiente. Era un movimiento legítimo. Era algo que tenía poder comercial. No solo eran películas que los hípsters de Los Ángeles o los hípsters de Berkeley veían, la gente las veía en Chicago, en Austin, Texas, en Nebraska. El cine alternativo atraía a los jóvenes de la misma forma que la música alternativa”.

Los productores de Érase una vez en Hollywood han expresado que consideran esta cinta como la más personal de la filmografía de Tarantino, y el autor explica el punto usando Roma, de Cuarón, como referencia: “Es un fragmento de memoria. En todos sus sentidos y formas, esta película es un fragmento de memoria para mí, como Roma lo fue para Alfonso Cuarón. Debido a que vivía en el condado de Los Ángeles en 1969, vivía en Alhambra en ese momento. Recuerdo lo que salió en la televisión, en las cadenas de televisión y en la televisión local. Recuerdo a los presentadores de esa época”, confiesa el director, nacido en Knoxville, Tennessee.

Cortesía UIP.
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En medio de una industria amenazada y transformada por el streaming, el romanticismo de los teatros puede ser visto ya como un anacronismo, pero Tarantino confiesa que disfruta ver cintas en una sala de cine, rodeado de gente. Y con respecto al hábito de ver sus propias películas en proyecciones públicas, termina diciendo lo siguiente: “Trabajo muy duro en mis películas y en todo, así que para mí, la verdadera recompensa es ver las películas con público, especialmente porque hay risas. Quiero ver la reacción del público. Mientras edito la película, es casi como si pudiera escuchar las risas o los gritos de asombro o a las personas preguntándose qué pasará después, cosas así. Las aplico en mi imaginación todo el tiempo. Pero no sé si las películas realmente tienen efecto hasta que las veo con un público, cuando lo veo reaccionar. Las proyecciones de los festivales son increíbles y las premieres son muy divertidas, pero nada supera al hecho de verlas con un montón de personas que podrían estar haciendo cualquier cosa que quisieran, pero decidieron gastar su dinero en una boleta para ver mi película”.

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